ALCORAC

Salvador Navarro

 

Dirigida a las Escuelas de:

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                                                                                                         Circular nº 7  , año V I

                                                                                                         Llubí, 1º de Julio de 2.000

            A mis amigos y alumnos del Curso de

            Evolución Personal, realizado en Las

            Palmas en el mes de Junio pasado.

            Subiendo a un asiento superior un maestro preguntó a un alumno:

          ¿ Hacia dónde vas?

          Y el alumno respondió: “Estoy haciendo una peregrinación sin objetivo”.

          Y el maestro se mostró curioso: “¿Cuál es la importancia de tu peregrinación?”

          “No lo sé”, contestó el discípulo.

          Y el maestro sonriendo le dijo: “No saber es lo más íntimo que hay”.

          El discípulo, súbitamiente, comprendió y alcanzó una gran luz.

          Antes de entrar en esta pequeña historia es bueno que entendamos unas pocas cosas. La primera: los maestros no dicen la verdad. Aunque lo quieran, no pueden. Entonces, ¿cuál es la función de ellos? ¿Qué es lo que hacen? No pueden decir la verdad, pero sí provocar la verdad que está profundamente dormida dentro de tí. Pueden sacudirte y despertarte. Pero no te pueden dar a Dios , porque tú ya lo contienes todo. Has nacido con ello. Te es innato, es tu propia naturaleza. Entonces cualquier persona que finja darte la verdad, está simplemente explotando tu credulidad. Es alguien astuto, pero ignorante también. No sabe nada, ni tiene un vislumbre de la Verdad. Es un falso maestro.

          La Verdad no puede ser dada, porque ya está en tí. Puede ser suscitada, provocada. Una respuesta puede crearse, cierto espacio en el cual surja y te despierte del sueño en que estás.

          El trabajo del maestro es más complejo de lo que piensas. Sería más fácil, más simple, si la Verdad pudiera ser transmitida. Al no ser posible, es necesario usar caminos y medios diferentes e indirectos.

          En el Nuevo Testamento podrás leer la historia de Lázaro, el amigo de Jesús. Los cristianos perdieron el sentido de esta narración. No creo que muchos teólogos cristianos hayan sido capaces de descubrir el significado de la muerte y resurrección de Lázaro.

          Este hombre, era hermano de María y Marta, y un gran devoto de Jesús. En la historia aparece como muerto. Jesús está lejos, y cuando recibe la noticia: “Ven inmediatamente”, ya había pasado dos días y transcurrieron dos días más hasta que Jesús llegó. Pero María y Marta lo esperaban aún, tal era su confianza. En el pueblo se estarían riendo de ellas. ¡Eran tan estúpidas a los ojos de los otros, guardando el cadáver en una cueva, en vigilia día y noche. El muerto comenzaba a oler mal, entrando en descomposición.

          Las personas del pueblo estarían diciendo: “¡Qué tontas! Jesús no puede hacer nada. Cuando una persona muere, ya no hay posibilidad de resucitarla”. Y Jesús llegó. Fué hasta el lugar donde estaba depositado el cadáver, y desde fuera de la cueva llamó a Lázaro. Las personas se juntaron. Deberían estar burlándose: “Este hombre está mal de la cabeza”.

          Sin perturbarse, dice Jesús: “¡Lázaro, levántate!”

          Y la multitud tuvo una gran sorpresa. Lázaro sale caminando de la cueva donde estaba depositado su cuerpo, como quien sale de un gran sueño, como si hubiese permanecido en estado de coma.

          De hecho, es una forma de decir cuál es la función de un maestro. Si Lázaro estaba realmente muerto, eso no tiene aquí ninguna importancia. Liarse con estas cuestiones es absurdo. Sólo los eruditos pueden ser tan tontos. Ningún hombre comprensivo va a encontrar ninguna noticia histórica en esta narración. ¡Es mucho más que eso!  ¡No es un hecho, es una verdad! No es un acontecimiento temporal, es algo más: es algo que ocurre en la eternidad.

          Todos estamos muertos. Nos encontramos en la misma situación que Lázaro. Situados en nuestras grutas oscuras. Todos olemos mal, y deteriorándonos día a día, porque la muerte no es una cosa que viene de repente; estamos muriendo en cada instante que pasa. Desde el día que nacimos, la muerte se acerca, momento a momento, un poco más. Es un largo proceso que puede durar hasta cien años para completarse. En cada segundo, alguna cosa muere dentro de nosotros, pero estamos inconscientes de toda la situación. Seguimos como si estuviéramos vivos, como si supiéramos lo que es la vida.

          La función del maestro es llamar: “Lázaro levántate y anda. ¡Sal de la tumba! ¡Despierta de tu muerte!”

          El maestro no puede darte la verdad, pero sí provocarla. Puede mover algo dentro de tí. Puede iniciar un proceso interno que va a encender una luz, a prender un fuego.

          La Verdad  ya es en tí. Lo ocurrido simplemente es que has juntado mucho polvo a tu alrededor. El trabajo del maestro es negativo: ha de darte un baño, para que el polvo desaparezca.

          Este es, exactamente, el significado del bautismo cristiano. Esto es lo que hacía Juan el Bautista en el río Jordán. Pero las personas siguen entendiéndolo de manera equivocada. Hoy el bautismo parece no tener sentido alguno.

          Juan el Bautista preparaba a las personas para un baño interno. Cuando estaban dispuestas las llevaba dentro del río Jordán, como un símbolo del otro bautizo interno. Podía quitar de tu cuerpo el polvo de siglos. Y, de repente, todo era limpio, claro. Esa claridad es llamada iluminación.

          Cuando, de repente, estás limpio, una gran alegría aparece en tí y, todo tu ser, cada fibra de tu cuerpo, mente y alma, danzan en tu interior. Un grito de placer brota de tu interior ante la iluminación. De repente, las estrellas bajan del cielo y tú eres parte de la danza eterna de la existencia.

          Dice el poeta:

                                        ¡Danza hasta que las estrellas desciendan del techo!         

                                        ¡Danza, danza, danza hasta que tú desaparezcas!”

            Sí, esto es lo que sucede, no es una cosa que tengas que hacer. Es algo que, aunque no quieras hacerlo, te será imposible resistir. Tendrás que danzar.

          La belleza de esto, del aquí y ahora, la alegría de la existencia, el descubrimiento de la Verdad . . . . Sí, las estrellas descienden de lo alto. Están tan cerca que puedes tocarlas. El corazón entero hablando. Y. el silencio que sigue a esto, la paz, la alegría, y el encuentro, la fusión, la experiencia orgásmica, el éxtasis, la luz . . .

          Los maestros no enseñan la Verdad. Es una transmisión que está más allá de las Escrituras, de las palabras. Es su energía provocando energía en tí. Un tipo de sincronicidad.

          El maestro desapareció como un ego; ahora es pura alegría. Y el discípulo se sienta junto al maestro, compartiendo su alegría, su ser, comiendo y bebiendo de esa eterna, inagotable fuente. Y un día . . . no se puede predecir cuando vendrá ese día. Un día, de repente, sucede: comienza un proceso interior que te revela la verdad de tu ser. Te ves cara a cara contigo mismo. Dios no está en lugar alguno: está aquí y ahora.

          Los maestros iluminan y confirman la realización. Enseñan de mil maneras. Siguen apuntando hacia la Verdad: dedos señalando a la Luna. Pero existen muchos tontos que comienzan a mirar para los dedos. Se quedan hechizados de los dedos y ya no verán la Luna. Recuérdalo. Y hay tontos más grandes que comienzan a morder los dedos. Pero estos no alimentan. Olvida la mano y mira hacia donde está apuntando.

          Los maestros iluminan. Esparcen su brillo:  ellos son luz, y la proyectan desde su ser. Son como una gran linterna que dirige su luz dentro de tu ser. Tú has vivido en oscuridad durante siglos y, de repente, la luz de un maestro comienza a revelar unos territorios olvidados en tí. Ella está dentro, el maestro no la ha traído, él viene con la luz y alumbra dentro de tu ser. Y el maestro enfoca su luz cuando el discípulo está abierto, cuando ha llegado al punto de no acumular conocimientos, sino de conocer la Verdad, cuando la curiosidad ha desaparecido y ahora es un buscador y está preparado para arriesgarlo todo, aún su vida, si ha de ser sacrificada. De hecho, cuando renuncias a tu mundo de sueños, llegas a una cualidad de vida totalmente diferente: la vida de la luz, del amor, la vida que está más allá de la muerte, del tiempo, del cambio.

          Ellos iluminan y confirman la realización. Primero, te ilumina el camino, la Verdad que está dentro de tí. Y, en segundo lugar: cuando te das cuenta de esto, cuando lo reconoces . . . Es difícil saber que lo has conseguido. La cosa más increíble es cuando la realización de la verdad te acontece, porque te han dicho que es casi imposible, que son miles o millones de vidas para llegar a ella. Y te han dicho que eso puede ser posible en otro sitio, como el cielo, por ejemplo. Así que, cuando reconoces que la Verdad está en tu interior, ¿cómo puedes creerlo?

          El maestro lo confirma. Y esto es tan necesario como la iluminación. Comienza por iluminar y termina por confirmar. El maestro es la evidencia de la verdad, no su prueba.

          Medita sobre la sutil diferencia entre evidencia y prueba. El maestro es una evidencia, un testigo. Vió, conoció, y regresó. Puedes sentirla, porque la evidencia puede serlo. Puedes llegar cerca y cada vez más; puedes permitir que la fragancia del maestro penetre en lo más íntimo de tu ser. Pero, el Maestro es la evidencia, no la prueba. Si quieres alguna prueba . . . . no encontrarás ninguna.

          Dios no puede ser probado, ni refutado; no es un argumento. Dios no es una hipótesis, ni una teoría: es una experiencia. El maestro es la experiencia viva. Pero, para ver esto, hace falta una visión diferente de la que estás acostumbrado.

          Tú sabes como llegar hasta un profesor o un teólogo. Ellos no piden mucho, porque solamente te comunican información, lo mismo que puede hacerlo un ordenador, una grabadora o un libro. Sabes como hacerlo, pero no sabes cómo aproximarte a un maestro. Es una manera totalmente diferente de comunión. No es comunicación, es comunión, porque el Maestro no es una prueba, sino una evidencia. No posee grandes conocimientos sobre Dios, él sabe.

          Recuerda, saber sobre es inútil. La palabra “sobre” significa alrededor. Saber sobre alguna cosa significa moverse en círculo, siempre alrededor. Cuando lees “sobre” algo, lees “alrededor”. Cuando alguien dice: “Yo sé sobre Dios”, entiende que él sabe alrededor de Dios. Camina en círculo. Y el saber real nunca es sobre, nunca alrededor, es una línea recta, derecha.

          El maestro no camina en círculos; es un salto de la periferia hacia el centro. El maestro es una evidencia de ese salto cuántico, de esa transformación.

          Tienes que aproximarte a un maestro con mucho amor, con una gran confianza y un corazón abierto. Tú no eres consciente de quién eres. Él es consciente de quién es y  de quién eres tú.

          Podría decir que la crisálida no tiene consciencia de que pueda ser una mariposa. Pero, todas las crisálidas son futuras mariposas y todas las mariposas han sido antes gusanos. Un maestro significa la simiente, la esencia, que todos llevamos dentro. ¿Cómo saber, ser consciente, del maravilloso ser que llevamos dentro? La única manera es comulgar con maestros. Como la crisálida ve las mariposas moviéndose en el viento, con el sol, volar de una flor a otra, viendo su belleza, su color; entonces, es posible que un gran deseo, un ansia, pueda surgir. “Yo puedo ser igual”. En ese momento, la crisálida comienza a despertar, al provocarse el proceso de ruptura del sueño.

          El maestro te ayuda a alcanzar tu propia experiencia. No te da la Biblia, sino que te saca de tu interior, haciéndote consciente de tu fuente interna. Te hace consciente de tu propio jugo, tu propia divinidad. Te libera de las interpretaciones de los demás, de todas las creencias, de especulaciones, de toda suposición. Te libera de la filosofía, de la religión, de la teología. Te libera del mundo de las palabras, porque ellas son el problema.

          Estamos tan obcecados con la palabra “amor”, que hemos olvidado que el amor es una experiencia, no una palabra. Estamos tan obcecados con la palabra “Dios” que olvidamos que Dios es una experiencia, no una palabra. La palabra “Dios” no es Dios, y la palabra “fuego” no es fuego, ni la palabra “amor” tampoco es amor.

          El maestro te libera de las palabras, de todos los tipos de filosofías imaginativas. Te trae a un estado de silencio sin palabras. El fallo de la religión y las filosofías es que han querido sustituir la experiencia real. Debemos estar vigilantes.

          Los estudiosos son personas lisiadas, paralizadas, presos de sus cabezas. Lo han olvidado todo, excepto las palabras. Son grandes fabricantes de sistemas, acumulando grandes teorías, y  bellos moldes, pero eso es todo lo que saben hacer. En el fondo, no saben nada, aunque engañen a los otros y se engañen a sí mismos. Viven en sus propias palabras. Han olvidado que la realidad está más allá de las palabras. Están completamente sordos y ciegos. No ven, ni oyen ni sienten. Las palabras son palabras. No puedes verlas, ni sentirlas, pero te pueden dar un gran ego.

          Hay que estar alerta para no perderte con la filosofía o la religión, si quieres realmente saber lo que es la Verdad. Despierto al hecho de si se es cristiano, musulman, hindú o judío, porque esas son las maneras de ser ciego, sordo e insensible.

          Y ese es el problema. Todos los catedráticos, filósofos y teólogos, tienen sus propias ideas y están tan llenos de ellas, son tantas las capas espesas de palabras, que la realidad no puede ser alcanzada.

          El esoterismo dice que si dejas de filosofar, hay una esperanza. En el momento que lo haces, te vuelves inocente como una criatura. Pero recuerda: el énfasis en no saber no significa que se predique la ignorancia. No saber no es ignorancia. No hay ni conocimiento ni ignorancia; ambos fueron trascendidos.

          Un ignorante es alguien que ignora, así surgió la palabra. La raíz es “ignor”. La persona ignorante es alguien que va ignorando alguna cosa esencial. De ese modo la persona instruida es la persona más ignorante, porque sabe sobre cielo e infierno y no sabe nada sobre ella misma. Sabe todo sobre Dios, pero no sabe quién es, ni lo que es la consciencia interior. Se está manteniendo ocupado con lo no-esencial. Está lleno de conocimientos, pero completamente ignorante de sí.

          No saber significa simplemente un estado de no-mente. La mente puede ser instruida o puede ser ignorante. Si tienes poca información vas a ser considerado ignorante; si tienes más información, te consideran instruido. Entre ignorancia y conocimiento la diferencia es de cantidad, de grado. La persona ignorante es menos instruida, eso es todo.

          El esoterismo hace incapié en el estado de no-saber. No saber significa que alguien no es ni ignorante ni instruido. No es instruido porque no está interesado en meras informaciones y no es ignorante porque no está ignorando su propio ser, su consciencia.

          No saber tiene una belleza propia, una pureza. Es como un espejo puro, un lago completamente silencioso reflejando las estrellas y los árboles en sus márgenes. El estado de no-saber es el punto más alto de la evolución humana.

          El conocimiento llega con la la evolución física. La sabiduría está siempre presente, así como el corazón sabe cómo latir o la semilla cómo germinar o una flor cómo crecer, o un pez cómo nadar. Y es muy difícil saber sobre cosas. Entonces, hagamos una distinción entre conocimiento y sabiduría.

          El estado de no-saber es realmente el estado de saber, porque cuando todo conocimiento y toda ignorancia desaparece, puedes reflejar la existencia misma tal como ella es. El conocimiento es adquirido después de tu nacimiento, pero el saber viene contigo. Y cuanto más conocimientos adquieres, más  desaparece, porque lo vas cubriendo con el conocimiento. Es como el polvo cubriendo al espejo de la sabiduría.

          El corazón del saber es ahora. El conocimiento es siempre del pasado. Conocimiento significa memoria. Supone que conoces alguna cosa, que tienes una experiencia de algo y la sumas a otras. La sabiduría es del presente. Y, ¿cómo puedes estar en el presente si te apegas demasiado al conocimiento? Es imposible. Tendrás que detener tu fijación en el conocimiento. Una cosa es adquirida y la otra es tu naturaleza. La sabiduría es siempre ahora, el centro del saber es, ahora. ¿Y el centro del ahora?

          La palabra “ahora” es hermosa. El centro de ella es la letra “o” que es el símbolo del cero. El centro del ahora es cero, nada. Cuando la mente ya no está, cuando eres simplemente una nada, un cero, entonces todo lo que te rodea, todo lo que está dentro y fuera, es conocido; pero conocido, no como conocimiento, sino de una manera totalmente diferente. Es como una flor sabiendo cómo abrirse, y el pez sabiendo cómo nadar y el niño cómo crecer en el útero de la madre y tú cómo respirar, aún cuando estés dormido. Esa es una manera totalmente diferente de saber, intrínseca, interna. No es adquirida, es natural.

          El conocimiento es conseguido al cambiarlo por el saber. Y, cuando tienes conocimientos, ¿que pasa con la sabiduría?  La olvidas. Y la sabiduría es la puerta hacia Dios, mientras que el conocimiento es una barrera. El conocimiento tiene una utilidad en el mundo. Te hace más habilidoso, eficiente, más profesional. Todo eso es real y no lo estoy negando. Puedes usar el conocimiento de esa manera, pero no permitas que sea una barrera. Cuando él no sea necesario, colócalo a un lado y te hundes en las profundidades, hacia el estado de no-saber, que es donde está el saber real.

          La función del maestro es ayudar a re-cordar. La mente tiene que ser re-cordada, pues la sabiduría no es nada que no sea re-conocimiento. Cuando encuentras alguna verdad, cuando ves un maestro y contemplas la Verdad de su ser, algo dentro de tí lo reconoce. Ni un momento es perdido. No piensas si es verdad o no, porque para pensar necesitas un tiempo. Cuando escuchas la Verdad, cuando sientes Su presencia, cuando llegas a una comunión con la Verdad, alguna cosa dentro de tí lo intuye, sin ninguna clase de argumentos. No es que creas o aceptes, sino que lo sabes. Y esto no puede ser reconocido, si ya no fuese de alguna manera conocido en algún lugar profundo dentro de tí.

          La sociedad te enseña conocimientos. Escuelas, colegios, universidades, todas con el objetivo de crear conocimientos. Y la función del maestro es justamente lo opuesto: lo que la sociedad te ha hecho, el maestro ha de deshacerlo. Su función es básicamente antisocial

          Jesús, Pitágoras, Lao Tse, todos fueron antisociales, pero en el momento que ellos reconocieron la belleza de no saber, su vastedad, la inocencia,  el momento que el sabor de no saber sucede,  quiesieron compartirlo, dividirlo con los demás, Y ese proceso es antisocial.

          Algunos me preguntan por qué hay gente que hacen juicios desfavorables sobre mi forma de hacer y proceder. No creo que la sociedad esté en contra de mí, sino que yo soy antisocial. Esto no puedo evitarlo. He de hacer mi trabajo. Mi función es romper conocimientos e ignorancias y traer a las personas de vuelta a su consciencia.

          Jesús dice: “A menos que seas como un niño no entrarás en el Reino de los Cielos”.

          Todo niño nace normal y, entonces, viene la sociedad y lo cura. Lo hace católico, protestante, musulmán, judío, comunista, demócrata . . . hay tantos tipos de neurosis en el mundo. Puedes escoger, optar por cualquier tipo de anormalidad que quieras.

          El espiritualismo te sana de tus dolencias. Te vuelve normal de nuevo. Recuerda que no te hará santo, ni una persona sagrada. Te hace una persona natural, te lleva de nuevo a tu naturaleza, a tu fuente original.

          Vamos ahora a la historia.

          Una vez un maestro preguntó a un alumno:

          ¿A dónde vas?  . . . . .

          Ahora meditemos sobre cada palabra de esta pequeña y simple historia, porque ella contiene más que muchos libros, pues encierra en sí el no-saber.

          Subiendo a un asiento superior . . .

          Esto es un modo simbólico, metafórico, de decir algo significativo. El espiritualismo dice que el hombre es una escala. El grado más bajo es la mente y el más alto la no-mente. Dice que las personas que llegaron a la no-mente, son suficientemente dignas para ascender al asiento superior.

          Cuando se instruye sacerdotes, ellos tienen códigos teológicos para ser educados. ¿Qué absurdo es ese? Sí, puedes enseñarles el arte de la elocuencia, cómo empezar un discurso o cómo terminarlo. Esto es exactamente lo que se enseña en los colegios teológicos de todas las religiones. Hasta los gestos que se han de hacer, cuando se inician las pausas, cuando pronunciar despacio y cuando poner énfasis o ser elocuente. Todo esto se cultiva.

          Jesús, Mahoma, y tantos maestros, no tuvieron este tipo de educación, pero el modo y manera de hablar y cantar en los Evangelios o el Corán, es soberbia. Viene de algún otro lugar. No es educación ni conocimiento. Viene de un estado de no-mente.

          Una vez el maestro preguntó a un alumno:

          ¿Hacia dónde vas?

          Ese es un modo de decir, “¿cuál es tu objetivo en la vida?” También implica otra pregunta: “¿De dónde vienes?  ¿Cuál es la fuente de tu vida?” También, “¿quién eres tú?”  Porque si respondes de dónde vienes y a dónde vas, significa que sabes quién eres.

          Las tres preguntas más importantes son: “¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?”..

          El discípulo contestó: “Estoy haciendo una peregrinación sin objetivo”.

          Veamos la belleza de la respuesta. Hay cosas tremendamente hermosas que transpiran entre un maestro y un discípulo.

          No vas a la Meca, entonces no es una peregrinación, porque no hay una meta; si fueras a Jerusalem, tampoco es una peregrinación. Donde existe un objetivo, hay ambición, y donde hay ambición, hay mente, deseo. Y con el deseo no hay posibilidad de peregrinación.

          Una peregrinación sólo puede ser sin objetivo. Veamos la belleza de esto. Sólo entre un maestro y un discípulo puede haber algo tan revolucionario como esto.

          El maestro pregunta y el discípulo dice que no va a ningún lugar en particular. Sin objetivo, exactamente como una hoja seca al viento, yendo hacia donde el aire la lleva. Cualquier lugar es divino. Donde quiera que vayas encuentras a Dios. No hay necesidad alguna de tener objetivo.

          A partir del momento que te trazas una meta, te vuelves tenso; concentrado en el objetivo, separándote del Todo. Tener una meta particular es la raíz de todo ego. No tenerla es ser uno con el Todo y ser así es posible, si estás peregrinando sin objetivo.

          Un espiritualista es un caminante sin meta, sin futuro. Vive momento a momento, sin ninguna mente, exactamente como una hoja, disponible a todos los vientos. Si sube con el aire, muy alto, en las nubes, no se siente superior a otros que están en el suelo. Jamás siente frustración. Cuando no hay meta, ¿cómo puedes fracasar? Cuando no vas a ninguna parte, ¿cómo puedes estar frustrado? Las expectativas traen desilusiones y las ambiciones atraen los fracasos.

          ¿Cuál es la importancia de la peregrinación?

          Pregunta nuevamente para certificar, porque él puede estar simplemente repitiendo. Puede haber leído la respuesta en algún libro “que la persona debería estar sin objetivo. Cuando la vida no tiene objetivo, la existencia es una peregrinación”. Consecuentemente, el maestro pregunta de nuevo.

          ¿Cuál es la importancia de la peregrinación?

          El alumno contesta: “No lo sé”.

          Ahora, si este alumno estuviese repitiendo algún conocimiento aprendido de escritos o de otros, hubiera respondido de cualquier otra manera. Hubiera sido diferente. Podría haber sido como un papagayo. El maestro hace la misma pregunta y la respuesta no lo es. Simplemente dice: “No lo sé”.

          ¿Cómo puedes saber que no tienes objetivo? ¿Cómo puedes saber que no tienes ninguna meta? ¿Cómo puedes llegar a ser, cuando no hay meta? El ego sólo existe con metas, ambiciones y deseos.

          Su respuesta no es mecánica. No repite la misma cosa de nuevo. La pregunta fue la misma, pero no la respuesta. Esa es la diferencia entre un hombre de conocimiento y otro de sabiduría. El sabio actúa desde un estado de no-saber.

          “No lo sé”.

          Y el maestro es feliz cuando responde:

          “No saber es lo más íntimo”.

          El conocimiento crea una distancia entre la realidad y tú. Cuanto más sabes, más distancia se crea, hay demasiados libros entre ambos extremos. Si memorizas  la Enciclopedia Espasa, esa será la distancia hasta la realidad. A menos que lo real sea encontrado a través de la selva de palabras de la Enciclopedia. Cuanto más sabes, mayor distancia. Si no sabes nada, la distancia desaparece. Entonces, estarás cara a cara con la realidad; ni aún cara a cara, tú serás ella. Es por eso que el maestro afirma:

          “No saber es lo más íntimo”.

          Recuerda. En el momento que no sabes, surge intimidad entre la realidad y tú, una gran amistad. Será un caso de amor. Estarás abrazando la realidad; ella penetra en tí, como los amantes penetran el uno en el otro. Te derrites en ella como la nieve lo hace al sol. Eres uno con ella. No hay nada que dividir. El conocimiento es el que divide; el no-saber te unifica.

          “No saber es lo más íntimo”.

          En ese momento alcanzó una gran iluminación”.

          Obviamente, este alumno debía estar muy cerca. Exactamente en la frontera. Y, cuando el maestro lo dice, cuando el maestro lo confirma, se iluminó.

          En aquel mismo momento, traspasó la frontera. Su último apego desapareció.

          Las personas estúpidas dicen: “Yo sé”; la persona inteligente sabe que no sabe. Pero hay una trascendencia cuando el silencio prevalece. Nada puede ser dicho. El discípulo entra en ese silencio, de repente, sin espacio de tiempo.

          La iluminación es siempre súbita, porque no es una realización. Es un recuerdo, un reconocimiento. Estamos iluminados, pero no conscientes de esto.

          Medita sobre esta bella historia. Deja que estas palabras resuenen en tu ser:

          “No saber es lo más íntimo”.

          Y el hombre nunca sabe: la iluminación súbita puede acontecer en tí como sucedió con este discípulo. Ella ha llegado a muchas personas, porque diariamente está siendo destruidos el conocimiento, los apegos  y estrategias de la mente. Cualquier día, cuando tu mente sufra un colapso, cuando no puedas controlarla, puede llegar esa iluminación. No es algo que hayas de conseguir, sino que, súbitamente, puede hacer su aparición. La sociedad te ha forzado a olvidarla, y mi trabajo es ayudarte a recordarla.

          Todas las enseñanzas que los sabios han expuesto no son más que comentarios ante este radiante y fulgurante despertar.

                                                  EL NÚMERO CINCO

          Cinco es cuatro más uno. Hasta ahora hemos visto las tres personas de la Deidad, y su manifestación en la creación. Ahora tenemos una adicional revelación: la redención después de la creación. Así tenemos:

          1.- Padre.

          2.- Hijo.

          3.- Espíritu.

          4.- Creación.

          5.- Redención.

          Estos son los cinco grandes misterios, y el cinco es por ello el número de la GRACIA.

          Si el cuatro es el número del mundo, representa, por ello, la debilidad e impotencia del hombre, y su vanidad.

          Pero cuatro más uno es significativo del poder divino añadido y perfeccionado en aquella debilidad; de la omnipotencia combinada con la impotencia de la tierra.

          El quinto libro de la Biblia (Deuteronomio), destaca la gracia de Dios, para enfatizar el hecho de que no era por causa del pueblo, sino por causa del propio Nombre de Dios, que Él los había llamado, y escogido, y bendecido.

          El quinto libro de los Salmos establece el mismo gran hecho. Su primer Salmo, el 107, magnifica este hecho, y expone cómo “Envió su palabra, y los sanó”, y cómo una y otra vez los libró de todas las angustias.

          El reino de “piedra” será el quinto reino, sucediendo y abarcando los cuatro grandes poderes mundiales, absorbiendo todo dominio terreno, cuando los reinos de este mundo se conviertan en el reino de nuestro Señor y de su Ungido.

          Israel salió de Egipto de cinco en fondo. En Éxodo 13: 18 se traduce “en orden de batalla subieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto” siendo el sentido exacto de cinco en fondo. Puede ser en orden, esto es, por cincuenta, como en el libro segundo de Reyes 1:19. Lo que se trata es que salieron en perfecta debilidad, inermes e indefensos, pero eran invencibles gracias a la presencia de Jehová en medio de ellos.

          Cinco piedras lisas del arroyo fueron las que escogió David cuando fue a enfrentarse con el gigante enemigo de Israel. Eran significativas de su perfecta debilidad suplementada con el poder de Dios. Es digno de mención que después de todo sólo empleó una,  y no las cuatro restantes. Aquella una piedra fue suficiente.

          Fue el quinto libro el que empleó el Hijo y Señor de David en Su conflicto con el gran enemigo, del que Goliat era una pobre sombra. Fue únicamente el Libro de Deuteronomio lo que constituyó la una piedra mediante la que Él derrotó al mismo Diablo.

          La Promesa. “Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil” (Levítico 26:8) comunica la verdad que se revela en otro pasaje: Romanos 8:31.

          La Preferencia. “Prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, que diez mil palabras en lenguas (1ª Corintios 14:19). Es decir, unas pocas palabras pronunciadas en el temor de Dios, en debilidad humana, en dependencia del poder y de la bendición de Dios.

          El Tabernáculo tenía el cinco como el número que lo impregnaba. Casi cada medición era un múltiplo de cinco. El patio exterior tenía 100 codos de longitud y 50 de anchura. A cada lado se levantaban 20 columnas, y en cada extremo había otras 10, haciendo un total de 60; esto es, 5 x 12.

          Las columnas que sostenían las cortinas estaban a 5 codos de distancia entre sí y se levantaban a una altura de 5 codos, y toda la cortina exterior estaba dividida en cuadrados de 25 codos cuadrados (5 x 5). Etc. etc.

          El santo aceite de la unción (Éxodo 30: 23-25), estaba formado por cinco componentes. Este cinco está constituido por los números cuatro y uno. Porque cuatro componentes eran especias, y uno era aceite.

          Las cuatro principales especias:

                    1. Mirra, 500 ciclos.

                    2. Canela aromática, 250 ciclos.

                    3. Cálamo aromático, 250 ciclos.

                    4. Casia, 500 ciclos.

          Y aceite de oliva, un hin.

  

 

maestro tibetano, revista alcorac

 

 

 

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Cuando aún es la noche

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Isla sonora

(poemas)

Sexo. La energía básica 

(ensayo)

El sermón de la montaña

(espiritualismo)

Integración y evolución

(didáctico)

33 meditaciones en Cristo 

(mística)

Rumbo a la Eternidad 

(esotérico)

La búsqueda del Ser

(esotérico)

El cuerpo de Luz 

(esotérico)

Los arcanos menores del Tarot 

(cartomancia)

Eva. Desnudo de un mito

(ensayo)

Tres estudios de mujer

(psicológico)

Misterios revelados de la Kábala 

(mística)

Los 32 Caminos del Árbol de la Vida

(mística)

Reflexiones. La vida y los sueños  

(ensayo)

Enseñanzas de un Maestro ignorado

(ensayo)

Proceso a la espiritualidad

(ensayo)

Manual del discípulo 

(didáctico)

Seducción y otros ensayos

(ensayos)

Experiencias de amor

(místico)

Las estaciones del amor

(filosófico)

Sobre la vida y la muerte

(filosófico)

Prosas últimas  

(pensamientos en prosa)

Aforismos místicos y literarios

(aforismos)

Lecciones de una Escuela de Misterios

(didáctico)

Monólogo de un hombre-dios

(ensayo)

Cuentos de almas y amor

(cuentos)

Nueva Narrativa (Narraciones y poemas)
Desechos Urbanos (Narraciones )
Ensayo para una sola voz VOL 1 (Ensayo )
En el principio fue la magia VOL 2 (Ensayo )
La puerta de los dioses VOL3 (Ensayo )
La memoria del tiempo (Narraciones )
El camino del Mago (Ensayo )
Crónicas (Ensayo )
Hombres y Dioses Egipto (Ensayo)
Hombres y Dioses Mediterráneo (Ensayo)
El libro del Maestro (Ensayo)
Los Buscadores de la Verdad (Ensayo)
Nueva Narrativa Vol. 2 (Narraciones)
Lecciones de cosas (Ensayo)
   

 

 

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MAESTRO TIBETANO

 

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