Manual del Maestro
AUTOR:
Salvador Navarro Zamorano
PORTADA: Isabel Navarro Reynés
Presentación:
Quintín García Muñoz
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ISBN:
978-84-613-7417-5
Depósito legal: M - 53700-2009
Impreso en Eimpresión.com
Registro de la propiedad Z-579-09
PRESENTACIÓN
¿Quién
no ha anhelado en alguna época de su vida tener la posibilidad de consultar
a un maestro?
¿Quién no ha necesitado que le indicasen el próximo recodo
de su propio camino?
Creo que todos buscamos algunas palabras sabias que nos aconsejen cómo
encarar los momentos de incertidumbre, en los que no somos capaces de discernir
nuestro propio sendero.
En multitud de ocasiones permanecemos con la mirada perdida en medio de una
espesa niebla, sin distinguir nada, ni siquiera el más mínimo
atisbo de indicación o señal que nos guíe. No comprendemos
nada de nada, y si intentamos extraer luz de nuestras observaciones de la
realidad más cotidiana, sólo nos sirve para confundirnos todavía
más, pues los hechos en los que los humanos permanecemos sumergidos
son verdaderamente terribles y más aún si escuchamos o vemos
las noticias que los medios de comunicación ponen a nuestro alcance.
En momentos cruciales necesitamos la ayuda de alguien o algo, y si tenemos
la suerte de encontrarnos con un “desconocido” que nos tiende la mano, simplemente
porque sabe que pertenecemos a una interminable cadena de almas encarnadas
en hombres que se ayudan mutuamente, o porque siente un deseo altruista y
espontáneo de entregar sus pequeños secretos sin pedir nada
a cambio, simplemente como pago a los dones que la vida le ha concedido, entonces
encontramos un maestro.
A veces se tiene la idea de que un maestro es un ser poderoso que despide
rayos, que es extraordinario y está más allá de este
mundo. Creo que es un concepto exagerado, pues, en mi opinión, aquella
persona que nos indica el siguiente peldaño de la infinita escalera
que lleva desde el pequeño trocito de tierra que pisamos, hasta las
inmensas galaxias, los abismos espaciales y temporales, puede decirse que
es un maestro para nosotros.
Por muy grande que sea alguien, mientras nosotros no estemos en un nivel de
compresión cercano a su categoría, de nada nos servirá.
Como es natural y lógico, aquellos que pueden ayudarnos, son personas
que recientemente han pasado por unos problemas similares, y están
en condición de indicarnos la solución que a ellos les fue bien.
Imaginemos que escalamos una montaña, llegamos a un punto en el que
no parece existir ni camino hacia arriba, ni retorno a la base, y la mano
amiga de un escalador con pericia, que hacía poco tiempo que había
pasado por la misma vía nos señala una pequeña abertura
en la roca donde poder afianzar la posición lograda y tomar un nuevo
impulso para proseguir nuestra ascensión.
Está claro que en ese instante alguien que ha marchado a escalar otras
montañas, otros planos de la realidad, no está, por muy elevado
que sea, en condiciones de ayudarnos.
Aunque… nunca hay que descartar las relaciones que en otra vida se tuvieron,
así como los compañeros espirituales que, aun sin ser nosotros
conscientes de ellos, nos tienen un aprecio especial y que, a lo mejor, como
si se tratase de un salto cuántico y fuera de toda lógica, nos
ayudan a encontrar el rumbo de la presente vida. Pero estas últimas
frases se apartan de lo que verdaderamente puedo afirmar con seguridad, y
como solamente deseo hablar de una forma “científica”, dejamos las
influencias a través de nuestro Yo Superior, quien, como dice nuestro
amigo Salvador, se expresa como un maravilloso descenso de beatitud o gracia.
Mi aportación más valiosa, en este prólogo, creo que
es la de corroborar, dentro de mis limitaciones, algunas afirmaciones de este
bello y útil libro, Manual del Maestro. Pienso que la mejor forma es
narrar, brevemente, las experiencias con mis particulares maestros que hasta
ahora he tenido la suerte de conocer y las coincidencias que se han producido
con ciertas partes teóricas del mencionado libro.
Hasta los dieciocho años, mi vida, como la de muchos, transcurrió
bajo la tremenda, y pienso que en términos generales positiva para
un alma de cariz místico, influencia de la Iglesia Católica.
Pero el dolor del mundo me convirtió en un total incrédulo en
la existencia de Dios.
¿Hacia dónde debería ir? En ese instante surgieron mis
primeros “maestros”: los libros de Herman Hesse. Para un buscador de tesoros
espirituales, encontrar un filón de libros valiosos es esencial. Cuando
todo lo que nos rodea no nos satisface, necesitamos acudir a nuestros compañeros
de camino, a esas piedras preciosas que son las experiencias, en muchas ocasiones
disimuladas entre los pliegues de los múltiples personajes, y en otras,
expresadas claramente y sin rodeos.
Pero…tengo la impresión de que por el mencionado camino no habría
diferido mucho de tener una vida similar a la de un hombre cultivado, de cierta
tendencia política, e inmerso en alguna asociación humanitaria.
Sin embargo, tuve suerte. Hay personas que creen que la Vida está diseñada
para que nosotros “individualmente” evolucionemos, pero me parece más
razonable afirmar que la vida es, y su esencia se manifiesta a través
de los millones de habitantes que son su vehículo, determinando las
experiencias y la calidad de los hombres utilizados.
Pienso, sinceramente, que no estaba destinado a encontrar a un maestro, sino
que… coincidió que ambos pasábamos por allí, la oportunidad
surgió y fue aprovechada. Cosa que no supieron hacer algunos otros
que también transitaban por el mismo lugar.
En algunas obras lo he narrado en forma novelada. Después de treinta
y dos años de aquel acontecimiento, retengo en mi memoria la maravillosa
sensación de escucharle por primera vez una noche de Septiembre. Sus
palabras me llevaron hacia mundos desconocidos, hacia aquello que siempre
había pensado que eran quimeras de los antiguos; también me
habló de Einstein, y cómo se podía viajar en el tiempo....
Aquella conversación, que duró unas cinco o seis horas, cambió
mi vida para siempre. Un joven maestro de veinticuatro años de edad,
con quien compartí los últimos cuatro de su vida, me llevó
de los límites estrictamente locales y provincianos, de ideas que tal
vez tenían su origen en angostas y aisladas poblaciones de hacía
dos mil años, hasta las galaxias y el descubrimiento de un planeta
de posibilidades imposibles.
Elevó hasta tal punto mis ansias de conocimiento que volví a
buscar entre nuevos y extraños libros. En unos años, tal vez
había avanzado lo que normalmente habría requerido una vida,
pues los conceptos que me inculcó, todavía eran desconocidos
para la mayoría de las personas y de la sociedad, que sólo ahora,
recientemente, se ponen a la vista de las personas corrientes.
Está claro que si no hubiese existido un enorme anhelo de conocimiento,
una devoradora sed de saber qué es el mundo, una profunda necesidad
de adquirir luz, de nada habría servido voluntad de enseñar.
Al final, toda su labor habría quedado sepultada por la común
marcha de la vida; pues lo que nos puede enseñar un maestro espiritual
tiende a ser olvidado y soterrado por la mecánica de los acontecimientos
diarios. Hasta que la nueva tendencia no ha quedado marcada a fuego en nuestro
corazón, y no hemos mantenido encendida la incipiente llama de sabiduría
una buena cantidad de años, ésta desparecería en el olvido.
Así pues, dos factores son necesarios: por un lado el anhelo del discípulo
y por otro la voluntad del maestro. Sé que esto es evidente y obvio,
pero no por ello menos esencial.
Mi primer maestro, el viajero de las estrellas y las galaxias, murió
a los veintiocho años. En referencia a este joven maestro, deseo expresar
que hay unas líneas en este estupendo tratado mágico que podrían
definir su procedencia, pero por varias razones dejo velada la misma. Cuando
acaeció tan lamentable desaparición, escribí todo lo
que recordaba de sus charlas y reinicié la búsqueda de nuevas
fuentes de sabiduría, que encontré por segunda vez en los libros.
Gracias a ellos no se apagó la minúscula llama que ardía
en mi mente y comencé el maravilloso estudio del Tratado sobre Fuego
Cósmico, del que bebí durante veinticinco años. Fue mi
segundo maestro, y con él se abrió un nuevo camino hacia el
encuentro con la Vida.
Aunque todo parece lineal, hubo muchos, diría que demasiados, momentos
de crisis, pero el estudio del mismo me llevó a practicar la visualización,
algo que no estaba desarrollado en mis características originales.
Una nueva oportunidad surgía.
Sin embargo, nada indicaba que lo visualizado, fuese algo más que simple
imaginación.
Pienso que en este punto reside la sutil diferencia entre el discípulo
y el maestro espiritual.
Un discípulo que no tenga una evidencia, aunque sea minúscula,
acerca de la influencia de sus pensamientos y sentimientos, involucrados en
sus visualizaciones, sobre la vida física, creo que no llega a ser
un incipiente maestro.
La certeza para el propio discípulo, de que algunos de sus trabajos
mentales tienen efectos físicos, es decir que es capaz de manejar con
la mente la luz y con ella afectar los distintos vehículos de otros
seres humanos, es la que establece la división entre uno y otro estado.
Dicho de otra forma, entre el conocimiento y la sabiduría.
Espero no parecer engreído si me atrevo a afirmar algunas verdades
que he deducido de mi propia, aunque corta, experiencia.
Después de treinta años de estudios, iba a comenzar una nueva
etapa en la que lo experimentado me permite ahora, en este momento, aportar
un poco de luz al lector que encare el Manual del Maestro.
Mi trabajo diario consistía en visualizar esferas, así como
múltiples ejercicios de “imaginación” en los que me desplazaba
hacia algún centro, ashram, en el mundo mental y me reunía con
mis probables compañeros de camino. Pero no pasaban de ser meros ejercicios.
Si bien es cierto que sobre mí descendía una gran paz después
de cada uno de los trabajos mentales.
Como estamos en un mundo de magia, y en un libro para futuros maestros, confío
en que seré comprendido.
Alguien me propuso comenzar unas pruebas telepáticas, a lo que accedí.
Solamente durarían una semana. La otra persona, alejada a más
de diez mil kilómetros, debería captar mi visualización.
Es verdad que no percibió exactamente la figura geométrica visualizada,
pero sí que es cierto que hubo un enorme éxito, pues captó
muchos de mis pensamientos, incluso me atrevería a decir, detalles
de mi entorno físico. No sé si vio a través de mis ojos
o captó lo que yo estaba viendo y quedaba reflejado en mi mente. Ésa
es una respuesta difícil de determinar y que nos llevaría más
allá del propósito de este prólogo.
La prueba fue tremendamente exitosa y de una certeza aplastante, si bien no
sentí una gran satisfacción personal y me olvidé de ella
hasta pasados unos meses, en los que retomamos, a su ruego, las transmisiones
y captaciones telepáticas. La prueba consistiría en que yo visualizaría
mis meditaciones diarias hacia el centro espiritual y la otra parte intentaría
seguirlas.
A partir de ése instante puedo asegurar que las visualizaciones adquirieron
una energía extraordinaria. Y gracias al correo que manteníamos
diariamente se podía comprobar que había una tremenda conexión.
Me costó, más de un año y medio, darme cuenta de que
no solamente se desplazaba el pensamiento, sino un algo más, un añadido
de energía, al que no voy a poner ningún nombre, permitiéndome
la pequeña licencia de no revelarlo.
Y poco a poco fui aprendiendo que la visualización de los centros de
energía, o chacras, así como líneas onduladas, y ríos
de luz, comenzaban a tener, digamos, consecuencias físicas, pues los
rayos de luz que atravesaban mis visualizaciones, así como partes de
mi cuerpo y de la persona participante, producían una especie de cosquilleo
en la coronilla y en la espalda.
Llegué a la extraña conclusión de que la otra persona,
con una capacidad extraordinaria de videncia, se aferraba a mis visualizaciones
mentales, y a través del hilo de conciencia que une el corazón
de los seres humanos (en este caso, el mío) con los centros de energía
superiores, tal y como indica el Manual del Maestro era capaz de ascender
hacia los planos espirituales.
En los mencionados desplazamientos mentales-espirituales, la vidente observaba
los acontecimientos que allí se producían y de los que yo, constructor
inconsciente no era capaz de percibir.
Muchas cosas me llamaron la atención, pero comentaré dos fenómenos
particulares que corroboran todo lo que nuestro apreciado amigo Salvador propone
en este manual.
Uno: La vidente observaba cómo progresivamente un cordón dorado,
cada vez más fuerte, unía la cabeza y el corazón de ambos.
Dos: En nuestras incursiones algunos seres nos activaban los chakras coronario
y cardíaco.
En ningún momento visualicé que alguien me tocase.
Mi tercer maestro (maestra) debía de tener razón en sus afirmaciones a juzgar por el fuego que en ocasiones parecía quemarme esos dos centros o chacras.
Aquí, como podrás comprobar, amigo lector, ya hemos entrado de lleno en el Manual del Maestro.
Pienso que en el transcurso de aquellas experiencias me comporté como
un verdadero científico. Anotaba todo lo ocurrido, así como
las consecuencias de las visualizaciones telepáticas, y ello me llevó
a determinar que las visualizaciones tenían una consecuencia física:
la tremenda afluencia de energía que no ocurría cuando meditaba
individualmente, así como el fuego que comenzaba a sentir en distintas
partes del cuerpo.
Afinando un poco más, diría que éste fuego, es más
bien interno, aunque parece que se produce externamente.
La creatividad literaria se multiplicó. En nuestras meditaciones, se
podía a veces tocar la materia mental.
A los tres años de aquella experiencia, podía asegurar que entre
las dos mentes se transmitían los datos, que la energía luminosa
tenía consecuencias físicas, y que algunos objetos se podían
ver en la distancia a través de la otra mente. Como he sugerido anteriormente,
no me atrevo a decir que la energía desplazada tuviese la suficiente
sensibilidad para ver el entorno sin necesidad de que lo estuviese mirando
el contactado.
Acerca del cuerpo etérico, que también se trata en el Manual
del Maestro, digamos que la medicina moderna todavía tiene muchos secretos
por descubrir. Y como nos adentramos en un terreno, a la vez que maravilloso
y lleno de posibilidades para la salud, es mejor que cada discípulo
lo descubra por sí mismo. Esta energía es susceptible de ser
modificada por la luz que genera la mente de un mago. Esto es un hecho sin
lugar a dudas para aquellos que hayan podido comprobar la realidad de tal
aseveración. Para “demostrar científicamente” que en esta afirmación
no hay fantasía, contaré un sueño que tuve hace unos
años:
Estaba soñando y flotaba en la oscuridad en la que se distinguían
múltiples formas blanquecinas que caminaban hacía algún
lugar. Delante de mí había una figura humana de la que percibía
su espalda, de aspecto que yo consideraba en el sueño, como de edad
muy avanzada. No sé decir si era un anciano o una anciana. Anhelé
abrazar la figura, y lo hice. Instantáneamente recibí una descarga
eléctrica que me despertó sobresaltado con un fuerte fogonazo
de luz en la frente y micro-descargas eléctricas que recorrían
casi todo mi cuerpo. Permanecí varios segundos sintiendo cómo
los hilillos de energía recorrían mi cuerpo.
Para mí, no hay duda de que es una prueba de cómo el mundo mental
nos afecta, a través de las distintas densidades hasta terminar en
el cuerpo físico, que tiene activado, - gracias a la meditación
-, el cuerpo etérico de una forma extraordinaria.
A veces, las imágenes mentales se convierten, por alguna causa que
dejaremos como un misterio sin resolver, en rayos luminosos que descendiendo
de nivel se transforman en electricidad y que el sistema nervioso interpreta
como minúsculas corrientes eléctricas. Las diminutas micro-corrientes
eléctricas, pueden ocurrir también durante muy breve tiempo,
después de que alguien ha pasado a otro nivel de conciencia, y su campo
de energía se cruza con el nuestro.
Si te das cuenta, amigo lector, en pocas líneas estamos hablando de
dos acontecimientos importantes: El primero se refiere a que la mente humana
puede superar, gracias a sus facultades, las separaciones espaciales, aunque
sean de miles de kilómetros; y el segundo se refiere a que, aunque
sea por muy breve tiempo, más allá de la muerte clínicamente
probada, perdura una determinada configuración energética fuera
del cuerpo físico. Si bien en mi caso, únicamente detecté
durante dos o tres días esa influencia energética que nos está
diciendo de forma callada, que el mundo no es todo lo que la ciencia actual
puede comprobar.
Creo que podríamos extendernos una gran cantidad de páginas
en relación con el estupendo libro que tienes ante tus manos. Se habla
de la columna vertebral. Referente a la misma voy a relatar algo interesante
ocurrido durante los tres años que duraron las experiencias telepáticas
o tele-energéticas, si tal palabra existe.
Debido al contacto telepático, del que fue iniciadora la otra persona,
pues como he comentado tenía extraordinarias capacidades, paulatinamente
sentí que al visualizar una espiral de energía que ascendía
casi verticalmente a través de la columna, generaba una extraordinaria
vitalidad.
Puesto que íbamos perfeccionando el sistema de comunicación,
al cabo de unos meses, la visualización completa era: dos almas con
los brazos en cruz dándose la espalda que ponían en contacto
sus columnas etéricas, - repito -, a pesar de la distancia de doce
mil kilómetros. Estoy casi seguro que los ríos de luz que ascendían
tan arriba como me capacitaba mi imaginación, consiguieron en muchos
instantes cambiar el nivel de las conciencias. Era como si ese estímulo
luminoso prolongado abriese una puerta, para al final salir disparados en
forma de figuras alargadas que flotaban en algún espacio mental.
Es decir, que la concentración mental, la respiración y la visualización,
creaban un vehículo luminoso que tenía objetividad en el mundo
etérico, astral y mental, y todo ello con plena consciencia.
Amigo lector, actualmente mis meditaciones diarias se basan en la visualización
de círculos y líneas de luz que se cruzan en un punto, a varios
metros y de altura de mi cabeza, teniendo la certeza, según las experiencias
vividas, de que estoy construyendo una estructura luminosa-energética
que será el soporte para una conciencia mayor. Ahora no entiendes por
qué digo esto, pero pronto lo sabrás, cuando llegues a la página
indicada en el Manual del Maestro. Esta meditación, la de utilizar
un punto donde teóricamente permanece el loto egóico y la mónada
humana, y luego atravesarlo con líneas en forma de elípticas,
tiene extrañas consecuencias como proporcionar paz, y lo que es más
importante para un escritor, inspiraciones creativas.
No deseo ser más el protagonista, pues únicamente intentaba
corroborar con mis cortas experiencias de tres años, que el mundo espiritual
existe, y que metódicamente utilizado es una fuente de amor, belleza,
armonía y creatividad.
También me gustaría recordar la afirmación esotérica
de que la esencia del mundo es anterior a su existencia, y que los creadores,
a través de sus cantos mágicos o utilización de frases
y palabras, hacen agruparse a los átomos y actuar entre sí,
de acuerdo a sus propósitos.
Desde luego, cuando un mago ha comprobado que lanza un rayo de luz a través
de su centro ajna, afecta a otro cuerpo de luz, y mediante sus sentimientos,
impregna de diversas cualidades ese rayo… comienza a tomarse en serio la posibilidad
de que anterior a la Evolución actual, ocurrió la Inmersión
de la materia luminosa del mundo mental, originada por los Creadores, hasta
descender o más bien aglutinar a la materia densa de los cuerpos físicos.
Si hablamos de que una mente, y todavía más, si dos mentes son
capaces de crear figuras luminosas que son una prolongación de sus
conciencias, podemos “entender” que los Siete Rayos son vehículos de
luz que mantienen unidas miríadas de conciencias, formando Super-conciencias.
Los Siete Rayos de los que se habla también en el Manual del Maestro,
son, y esto lo interpreto de forma individual, algo así como proyecciones
de otros Seres que habitan en dimensiones de más energía y que
compenetran con Su Luz, vehículo de Su Conciencia, Amor y Voluntad,
el plano físico.
Amigo lector, te encuentras ahora con un estupendo manual. El tiempo dirá
si es el tipo de conocimiento-sabiduría que se adapta a tus peculiaridades,
pero lo más importante es que, al estudiarlo, te elevará hacia
el mundo sutil con el que tanto necesitamos contactar, pues al fin y al cabo
los seres humanos nos vemos precisados a extraer energías y recursos
extraordinarios, que son los que estimulan y renuevan la pesada materia del
plano físico donde residimos.
Desde aquí deseo agradecer a mi amigo Salvador la oportunidad que me
ha ofrecido para poder relatar algunas de mis experiencias y que espero puedan
servir para estimular al buscador de tesoros espirituales. Mi más profundo
agradecimiento a mi querido amigo Don Salvador Navarro Zamorano.
Quintín García Muñoz
INTRODUCCIÓN
Cada uno de nosotros tiene una música propia para cantar y una danza
para bailar. A veces, en su sencillez, es obvio. En otras, es complejo y confuso,
escondido en lo más recóndito de una esencia aún desconocida.
Nosotros estamos aquí para hacer algo único, para expresar nuestra
individualidad, el deseo por la perfección y por una vida más
gloriosa.
Cuando descubrimos lo que eso significa, sentimos alegría, plenitud y nuestra evolución, así como el ritmo de nuestra vida, parece que se acelera. Somos felices unidos a la vida, sea tanto ejerciendo un oficio manual como administrando Empresas; siendo madre y ama de casa, barriendo una calle o haciendo compras en el mercado. En ese punto, todo el esfuerzo empleado con elementos dispares toma sentido; nos enseña el arte de ser señor de nuestra vida. Ocurre una integración. La ruptura en el mundo exterior parece coincidir con algún tipo de plenitud interior, como una lección aprendida. Es indiferente que no haya ningún ritual externo, el propio vivir ya es excitante. Tal vez no más fácil, pero es más armonioso y gratificante. De repente, la vida tiene un propósito y hay algo que decir. En ese punto, nos volvemos activos co-creadores con la Divinidad. La maestría completa es sólo cuestión de tiempo.
La vida no es un mar de rosas para nadie. Hay dolor. Estamos aquí para aprender algo. Si tenemos dinero, podemos no tener salud; si somos saludables, podemos no tener estabilidad emocional. Ante la vida como ante la muerte, todo se iguala; no hay privilegios. La vida nos da una historia interminable para ser administrada: el gobierno y control de nuestro Yo y nuestro mundo. Aprendemos las leyes de la vida por medio del lenguaje y diferentes símbolos y, entre las tentativas y los errores, aprendemos sus principios por medio de expansiones y contracciones, a través de los sistemas energéticos que gobiernan nuestro cuerpo, nuestra mente, las emociones, expresiones y manifestaciones físicas. El hombre es, de hecho, un microcosmo. Los antiguos sabían que “Así como es arriba es abajo”. Sabían que las leyes que gobiernan la Vida giran alrededor de principios de vibración. Vibraciones que constituyen la corriente principal de la Magia.
Tradicionalmente, la Magia está relacionada con el cuerpo de la literatura gnóstica y fórmulas que conjuran imágenes perversas, hechiceras y brujas. El Mago es visto como una persona sin edad, misterioso e invencible, como un Mago Merlín en el mejor de los casos. Pero, tras esa complejidad melodramática y de los simbolismos intrincados que ocultan los principios de la Magia, reposa el aplastante sentimiento de una fuerza enorme, un poder incorporado por el propio mago en su habilidad de extraer sustancia y energías primordiales de su medio ambiente y generar, orientar y transmutar esta energía y sustancia en otras formas. Ha habido mucho temor en torno a este Arte Real, generado por la ignorancia, la manipulación de la superstición y medias verdades contradictorias, legados de tiempos antiguos, cuando las leyes internas que gobernaban la Magia fueron mal empleadas. Recuerdos subliminales de distorsión y temor infiltrado hasta los tiempos actuales.
Pero la Magia es muy anterior a la Edad Media y al mismo Merlín, remontándose al inicio de los tiempos, cuando sucedió la aparición de las primeras encarnaciones del hombre. En aquella época era un conocimiento natural. En aquel tiempo, el hombre tenía consciencia de su papel especial como intermediario entre la realidad física y la sutil, entre lo humano y lo divino. Tenía consciencia, no sólo de su naturaleza dual, como inteligencia en la materia, sino de la dualidad de su sistema energético. Tenía consciencia de su poder o capacidad de crear, por medio de la manipulación de la energía y la sustancia. Sabía que la llave de ese poder estaba dentro de su propio estado de consciencia. Era la clave para la manifestación, precipitación, desmaterialización, levitación, etc. De hecho, todas las expresiones de los poderes naturales del hombre residen en la comprensión y uso de la consciencia. Es el propio estado de consciencia el que determina el uso de las leyes que gobiernan la energía y la materia. Tales leyes son misteriosas solamente en la misma proporción en que los estados de consciencia son inexplorados e incomprensibles para el Yo.
Esto que se ha expresado da pie para una mejor interpretación del texto que sigue y que se ha escrito para aquellos que desean ser maestros en el mundo del esoterismo, equivalente a un alto grado de espiritualidad, que se puede resumir en cuatro palabras: estudiar, comprender, osar y callar.
Y ahora, entremos en las páginas que siguen y vayamos desvelando los secretos más ocultos, escondidos solamente para aquellos que mirando no ven y oyendo no escuchan.
En el nombre del Padre.
Salvador Navarro Zamorano
SALVADOR NAVARRO ZAMORANO
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