| REFLEXIONES | ||
| Salvador Navarro |
LA vida es
como un relámpago producido por el choque de dos nubes cargadas de electricidad.
La duración de la luz son unos instantes para después quedar en tinieblas.
A veces sólo percibimos el ruido majestuoso del trueno y después el
silencio.
Cuando miramos
hacia nuestro pasado, el efecto que nos produce es como el de un relámpago,
porque los años vividos parecen segundos y los sucesos acaecidos como
simples aristas de una superficie plana.
Decir que
la vida es un proyecto espacial en el tiempo, no es más que esbozar
una teoría que no llevamos a la realidad, porque si así fuera, podríamos
comprobar que la verdad es exactamente el cumplimiento de esta ley cósmica.
Proyectar
significa crear una imagen en un espacio-tiempo para después desarrollarla
desde la causa hasta el efecto, cumpliendo la idea del creador. Generalmente,
el resultado que obtenemos suele ser muy parecido al del niño que hace
aviones de papel y al lanzarlos al espacio caen en picado o apenas comienzan
a volar, se desploman.
Para un padre
o para un maestro, el significado es igual, tanto en cantidad como en
calidad; hijos o alumnos, o caen en picado o tienen el vuelo tan efímero,
que nada más desplegar las alas, caen verticalmente en el vacío. Pero
la Vida es incansable y está continuamente creando con la esperanza
de que alguna vez las nubes, el relámpago y el rayo, tengan la continuidad
que ella busca.
Las nubes
actúan como los dos polos -negativo-positivo
- que crean la vida; el relámpago y el rayo son los dos efectos
que producen las nubes en el tiempo: el primero crea una luz efímera
y el segundo junto con la misma luz crea un efecto devastador quemando
todo cuanto se encuentra a su paso. El hombre, o es rayo que destruye
o luz fugaz de relámpago. Cuando consigue mantener esa luz en el tiempo,
la humanidad avanza porque se comienza a ver el camino. Después que
la luz cesa de alumbrar, los hombres giran en la oscuridad mirando hacia
arriba esperando . . . .
esperando . . . . . .
_
La independencia
lleva aneja una pérdida de poder y tal vez esa sea la más fuerte lección
de la existencia, en la que coexistimos con otras personas en distintos
niveles de consciencia, donde atracciones y repulsiones están constantemente
en lucha. Donde el control hipnótico es empleado por religiosos y políticos,
por el país, por las personas que nos quieren, por los amigos y nuestros
educadores. Donde la sugestión, bajo la forma de consejos amigables
y una multitud de “críticos” persuaden e influencian nuestros sentimientos,
creando el miedo y la duda. Aquello que, por naturaleza es independiente,
se transforma en dependencia, especialmente de la autoridad y de figuras
exteriores. En el momento que nos apartamos de nuestro Yo interno, de
nuestra conciencia, renunciamos a nuestro poder y lo entregamos a otros.
CONTARÉ una
historia sobre un rey que dictó una ley obligando a todos los ciudadanos
a asistir diariamente a cinco
oraciones en los templos de su reino. En aquella ciudad vivía un sabio
ignorado por todos, porque vivía en soledad. El sabio recibió la orden
como los demás, pero olvidó o no pensó más en ella y así no apareció
en ningún lugar de oración. La policía fue a buscarlo y lo llevó al
templo. El sabio fue de buena voluntad y se juntó con los demás fieles.
Cuando el sacerdote comenzó a recitar las oraciones, el sabio se marchó.
La policía fue tras él y lo llevó ante el juez. No solamente violaba
la ley, sino que perturbaba a los demás ciudadanos. El sabio preguntó
al juez si sabía lo que deseaba el sacerdote que dirigía el ritual y
el juez respondió: “La religión enseña que los pensamientos de los fieles
deben unificarse con el pensamiento del sacerdote en el momento de la
oración”. “Pues eso fue lo que hice”, dijo el sabio. “El sacerdote pensaba
en su casa, porque había olvidado las llaves. Y yo corrí hacia su casa
para traerlas y entregárselas”. Por fin descubrieron lo que realmente
había pasado. Este gran sabio podía leer lo que pasaba en la mente de
los otros.
Ser religioso
o piadoso, no es precisamente ser espiritual. Eso es algo muy diferente
de lo que llamamos un devoto.
La cuestión
es como proceder con nuestra vida interior. La vida se puede dividir
en dos partes: una que abarca nuestras necesidades sociales, como el
trabajo y la adquisición de bienes y servicios. La otra parte es la
conclusión a que llegamos de que existe algo más allá de la vida humana.
Saber que hay un elevado ideal, una felicidad mayor, un conocimiento
más profundo de la vida y una paz mucho más intensa y eterna. Es admitir
que existe otra vida. Al hablar de vida interior no me refiero a una
vida religiosa, porque una persona puede ser mundana y religiosa a un
tiempo.
Espiritualmente,
el camino es difícil, duro, porque no hay facilidades de locomoción.
Es un viaje a pie, lo que cambia el carácter de todo. No hay equipamiento,
y hemos de atravesar bosques como el del inconsciente, ríos de lava
como el de las pasiones, montañas como las del orgullo. Es un camino
lleno de dificultades.
No hemos
de llevar fardos innecesarios, como libros o filosofías. Hemos de renunciar
a muchas cosas que nos han dicho son necesarias... Hacemos de nuestra
vida, inconscientemente, una vida excesivamente pesada. Aunque exteriormente
ella no parezca ser difícil, cuando comenzamos el camino interior nos
damos cuenta de que no es así. Son pequeñas cosas que ni notaríamos
en la vida cotidiana. Cada vez más nos acostumbramos a vivir confortablemente,
cada vez menos tolerantes con los que nos rodean, cada vez más sensible
a lo que no está de acuerdo con nosotros. Al revés de ser más fuertes,
somos más dependientes cada día
En la historia
de los Maestros espirituales vemos que todos encontraron dificultades
mucho mayores que la mayoría de los hombres. Tentaciones cada vez más
fuertes; en cada paso son puestos a prueba. Nadie toma su trabajo tan
responsablemente como ellos, lo que es natural. En general, no damos
importancia a un niño cuando rompe un vaso, pero si fuera una criada
le preguntaríamos por qué se ha roto y por qué no ha sido más cuidadosa.
¿Por qué? Porque el adulto es una persona más responsable. Esperamos
de él una mayor responsabilidad. El hombre que anda por el camino de
la espiritualidad es responsable por todo lo que hace, tanto respecto
a sí mismo como a la vida que le rodea.
|
REFLEXIONANDO
sobre los árboles, los animales y los hombres, cada cual a su manera,
muestran una tendencia a la perfección. Las tendencias de la tierra
es la de formar una montaña. Las olas del mar están siempre elevándose.
La misma tendencia es la de los pájaros cuyo placer es volar y subir.
La tendencia de muchos animales es la de colocarse de pie sobre sus
patas traseras. El hombre, desde niño, muestra tendencia a estar de
pie.
Todo eso
es deseo de perfección. La ciencia comprende a medias la ley de la gravedad.
Cree que la tierra atrae todo lo que tiene forma. Es verdad. Pero el
espíritu también atrae todo lo que le pertenece. Ese otro lado de la
ley de gravitación siempre fue del conocimiento de los místicos. La
ley de gravedad trabaja en los dos lados: del terrestre, atrayendo todo
lo que pertenece a la tierra, del lado del espíritu, atrayendo el alma
al espíritu. Luchan igualmente para alcanzar la perfección. En lo que
se refiere a la cosas cotidianas, el hombre nunca está satisfecho con
lo que tiene. Desea siempre más, una situación mejor, dinero, fama.
Esa es la lucha de la humanidad.
Es una prueba
de que el corazón es como una taza mágica: por más cosas que deseemos,
la taza se vuelve más honda y parece siempre estar vacía. La razón nunca
está satisfecha y es que lucha inconscientemente por la perfección.
Cada átomo del universo tiene la voluntad de esforzarse y luchar para
ser perfecto.
Esa es la
naturaleza de los hombres y esa es la naturaleza de la Creación. Todo
ha sido creado con ese fin.
LA cultura
es fundamental en una sociedad pues le sirve para avanzar en sus niveles
económicos, siendo la base del poder a través del cual se mueve en un
plano global.
SE cuenta
una historia sobre un sabio que al comienzo de su vida fue un ladrón.
Cierta vez, un hombre que viajaba por el desierto en una caravana, con
una bolsa llena de dinero, quería confiarla a alguien, porque oyó decir
que habían ladrones en las cercanías. Mirando a su alrededor vio a un
hombre sentado con un aspecto diferente a los otros. Se acercó y le
dijo: “¿Querría usted guardarme esta bolsa? Tengo miedo de ser robado
y los ladrones puedan sustraerme la bolsa”. El hombre dijo simplemente:
“Dame tu bolsa, te la guardaré”. Cuando el viajero regresó a la caravana
supo que lo ladrones habían llegado y robado a todos sus compañeros
de viaje. Dio gracias a Dios por haber entregado la bolsa a alguien
para que se la guardase. Volvió a la casa de la persona a quien había
entregado el dinero y allí, con sorpresa, encontró a los ladrones sentados
repartiendo el dinero del robo y entre ellos al hombre a quien había
entregado la bolsa. Comprendió que aquél hombre era el jefe de los ladrones
y pensó: “¡Qué tonto fui! ¡Entregué mi dinero a un ladrón! ¿Quién puede
ser más tonto que yo?” Empezaba a retroceder cuando el jefe lo vio y
lo llamó: “¿A dónde vas?” “Vine a recoger mi bolsa”, contestó el viajante.
Y le contestó el jefe de los ladrones: “Tú me entregaste la bolsa, ¿no
fue así? Confiaste en mí. Aquí está, puedes tomarla”.
Este acto
de fidelidad impresionó a los ladrones de tal forma que siguieron el
ejemplo del jefe y devolvieron el dinero robado. El significado de la
confianza penetró en el fondo de los corazones de aquellos hombres.
Es una prueba de que desconfiando de los demás tal vez podamos evitar
una pequeña pérdida, pero la desconfianza plantada en nuestros corazones
será una pérdida mucho mayor.
No es una
tontería confiar. Un sabio confía mucho más que un tonto. Confiar no
es una debilidad, sino fortaleza. Quien confía, en poco es engañado.
Quien desconfía de las personas, más pronto o más tarde no confiará
ni en los amigos, ni en sí mismo. Y ese será el punto final.
Podemos encontrar
un Maestro espiritual, pero si no tenemos confianza en él, poco podrá
hacer por nosotros. Si encontramos un Maestro que no sea digno de confianza,
el perjuicio será menor que la pérdida de un verdadero Maestro. Todo
progreso espiritual bajo la orientación de un Maestro, depende de la
amplitud de nuestra confianza en su orientación. Sin esa confianza,
todas las enseñanzas y prácticas de las leyes ocultas nada representarán.
LA indiferencia
se puede dividir en cuatro clases: la auto-indiferencia, cuando la persona
dice: “No importa lo que otros puedan decir, no estoy interesado en
mi persona, tengo otras cosas en que pensar”.
La segunda
forma es la indiferencia en relación a una persona o grupo de personas.
Es cuando no nos importa si alguien vive o muere, no me molesta lo que
pueda ocurrirle. Poco importa si nos aman o nos odian. Nos es indiferente
si son felices o desgraciados.
La tercera
forma de la indiferencia es cuando alguien dice: “¡Qué me importa si
soy rico o pobre, si mi nivel de vida es alto o bajo, si represento
algo en el mundo: todo eso me es indiferente”!
Finalmente,
llega el hombre que toma la cuarta forma de la indiferencia: es aquél
que dice: “¡Qué importa si rezo o dejo de hacerlo, qué importa si hago
bien o mal! Eso para mi tiene poca importancia. Esa es la cuarta especie
de indiferencia.
Todas las
personas con que nos encontramos en la vida cotidiana usan la indiferencia. Una de las cuatro indiferencias
mencionadas.
LOS intereses
pueden ser descritos en cuatro especies. La primera especie es el interés
por uno mismo. Si alguien no está interesado en nadie o en cosa alguna,
ciertamente está interesado en sí mismo. Nadie deja de tenerse algo
de amor. Cuando la persona se vanagloria diciendo que no ama, podemos
estar seguro de que se ama a sí mismo.
La segunda
especie de interés es para con los demás. Ese interés tiene características
diferentes, porque se basa principalmente en el sacrificio.
La tercera
es el interés por la ciencia, el arte, o en obtener objetivos materiales,
dinero o bienes. Ese interés nada tiene que ver con las personas; es
un interés que está en razón de obtener algo, pero que necesita de algo
parecido al sacrificio.
La cuarta
es el interés por las cosas espirituales, que lleva al individuo nuevamente
al interés por sí mismo. El interés por la propia persona es un egoísmo
inferior, el interés por la propia espiritualidad es un egoísmo superior.
Es preferible
el interés a la indiferencia. No debemos pensar que es un error tener
interés por las cosas materiales, aunque, en principio, es realmente
mucho mejor no interesarse por las cosas de este mundo.
Cierta vez
me divertía en una ciudad en fiestas. Entré en un pequeño comercio para
comprar un regalo. El propietario estaba sentado, en un sillón, lejos
del mostrador, fumando una pipa pausadamente. Le pregunté si tenía el
objeto que me interesaba. El se lo pensó durante un minuto y me respondió:
“Me parece que no tengo”. Ni se movió. Permaneció cómodamente sentado.
Lo saludé e interiormente le agradecí su indiferencia.
La indiferencia
es correcta y se justifica cuando estamos sentados en meditación o en
silencio, pero si tenemos un negocio es preciso colocar en él todo nuestro
interés, aunque haya personas que piensen que la indiferencia es una
filosofía de la vida.
REFLEXIONEMOS
un poco sobre el miedo. Es una extraña sensación, que tiene una preponderancia
sobre nuestras acciones. ¿Cuántas veces actuamos bajo su impulso? ¿Cuántos
actos que no desearíamos haber cometido, fueron hechos bajo esa condición
mental? ¿Cómo puede tan extraño sentimiento ser a veces casi incontrolable?
¿Por qué está siempre presente en nuestra vida?
Sabemos que
el dolor, tanto físico como mental, es un aviso, una alerta, de que
algo anda mal. De forma parecida el miedo actúa como un protector, aunque
la analogía no es perfecta en ambos casos. Reflexionemos.
Al principio
de su aparición en la tierra y debido al instinto de sobrevivencia,
el hombre se enfrentó a enemigos desconocidos y a condiciones físicas
que atentaban contra su existencia. Así se creó un espíritu de protección
para que pudiese seguir con vida, incorporando a su consciencia un arraigado
sentimiento, venido de las profundidades del alma y consignado en su
cuerpo material a través de partículas que se transmitieron hereditariamente
a través de sus genes. Fue la propia alma que impregnó el cuerpo físico
con ese elemento protector que está sujeto por leyes naturales a la
transmisión de padres a hijos.
Para que
el hombre realizara aquello para lo que fue creado, fue necesario precaverse contra los elementos adversos de
la naturaleza. Así, durante la noche tenía que cuidarse de las fieras.
Como no veía en la oscuridad, la noche era la desconocida. Así surgió
el miedo a las tinieblas; en la oscuridad puede pasar cualquier cosa;
el miedo es una defensa, una incógnita.
La oscuridad
engendra un temor vago, indefinido, constante, que no sabemos explicar.
Cuando alguien duerme el último sentido que desaparece es el de la audición,
el cual nunca se va completamente, bastando a veces cualquier ruido
no usual para despertar con sobresalto. Es que el sentido de la audición
era la protección nocturna del hombre primitivo contra cualquier peligro
y la garantía en cierta forma de la preservación de su vida.
Las demás
formas naturales del miedo, como caer en un precipicio, o el ruido de
un trueno, o cualquier otra manifestación de la naturaleza, tiene el
mismo sentido: el de protección. Por eso el miedo pone al hombre en
una actitud de lucha, volviéndolo agresivo o cauteloso.
Pero ha ocurrido
algo con el miedo: de benéfico pasó a ser nocivo, cuando ya no fue necesario
para la continuidad de la especie. Pasó a predominar el miedo a su semejante.
Vio que la impureza que había en su corazón también residía en el corazón
de los otros y entonces pasó a temerlos. Justificado o no, el recelo
generó la desconfianza, y el temor generó más temor.
Una de las
consecuencias naturales de la evolución espiritual es la pérdida progresiva
del miedo. Y cuando se va entendiendo que la consciencia personal es
una con la consciencia universal, que nada es por nada, que lo Divino
está presente en todo, nos liberamos de la angustia y el temor, progresando
en sabiduría, amor y justicia.
Cuando estudiamos
la historia de la humanidad comprobamos que los grandes acontecimientos
fueron debidos a la audacia con la cual se vencieron los miedos y se
efectuaron las grandes transformaciones sociales. Por eso sabemos que
hay un poder divino dentro de cada uno, que debe ser utilizado desde
más allá del miedo.
No hay garantías
en este mundo. Nadie está libre de cambios, ni del dolor. La vida es
un riesgo, pero no hay nada que perder, ni aún la propia existencia.
No estamos solos en este camino, porque el espíritu permanece para siempre.
Con fe, voluntad y coraje, la vida nos favorece siempre, porque esas
son las virtudes de los fuertes. No hay miedo si se trabaja para el
amor y el bien, porque todos los poderes son utilizados para nuestra
propia felicidad y la de la humanidad.
|
NO es del
amor universal sobre lo que que voy a reflexionar, sino del amor entre
un hombre y una mujer. Es tan misterioso, tan inspirador, tan sublime, sigue siendo tan mal comprendido por muchas
parejas, que sin duda es la causa del desengaño y la infelicidad. Voy a contar una historia.
Había un
pueblo en la antigüedad, dividido en tribus, con un conocimiento desigual
entre ellas. Pero tenía algunas personas evolucionadas entre sus jefes..
No poseían conocimientos de botánica, ni de biología, pero sí experiencias
en armonizarse con el universo de las cosas y captar algunas verdades.
Y así escribieron la historia de Adán y Eva. Evidentemente, estos dos
seres eran imaginarios, pero la historia era una profunda alegoría.
Decían que Dios había hecho caer sobre Adán un sueño profundo y de una
de sus costillas formó a una mujer. Eso quería decir el narrador, en
su significado profundo, que cuando el ser humano apareció sobre la
tierra era bisexual. Por motivos que no vienen ahora al caso, las dos
partes, masculina y femenina, fueron separadas. Pues bien, toda la actividad
humana con sus luchas, trabajos y sufrimientos; todos los dramas, romances,
intrigas; todas las ansias y aspiraciones, no representan más que la
eterna búsqueda de una de las partes por su otra mitad. Y cuando la
encuentra nace ese misterioso y divino sentimiento al que llamamos amor.
Esa es una ley.
Desgraciadamente,
en la práctica, la inmensa mayoría de las parejas viven en una relación
equivocada, basada en la falsedad. Son uniones transitorias. Aquellas
que viven con su pareja real, saben de qué estoy hablando.
Así vemos
que los niños ya son educados erróneamente, con la creencia inculcada
de que, cuando sean mayores, han de casarse para constituir una familia,
y que a partir de una edad pueden salir de casa, ir a fiestas, bailar,
hacer reuniones, tener muchas amistades, para terminar escogiendo a
una pareja.
Nadie o casi
nadie recibe la enseñanza de que el amor no se busca, sino que se encuentra,
y que buscar el amor como se busca una medicina para una enfermedad,
es un desacierto. Para encontrar amor hay que ser digno de él. Nadie
enseña que el amor se da sin querer nada a cambio; que es la única cosa
que cuanto más se da, más se tiene para seguir dando. Nadie enseña que
hay que prepararse para recibir al amor
El pueblo
ha percibido esto cuando afirma que detrás de un gran hombre hay una
gran mujer. El hombre es como un ejército, ella es como una fortaleza.
Nadie es superior al otro, pero son diferentes y se complementan. Toda
la vida sobre la Tierra es de naturaleza dual, condición para que la
existencia se manifieste. Este es el orden perfecto, cuyo verdadero
sentido fue determinado en la Creación. Una pareja es la manifestación
perfecta de las leyes naturales y el hombre sabrá que no se casa para
tener un hogar, que no se casa para tener compañía, ni se casa para
tener seguridad, ni se casa por obligación, ni para tener hijos, ni
por cosa alguna que no sea por amor. Solamente de esta forma la unión
de un hombre y una mujer será perfecta.
CONTARÉÉéÉE
una historia sobre un rey que dictó una ley obligando a todos los ciudadanos
a asistir diariamente a cinco
oraciones en los templos de su reino. En aquella ciudad vivía un sabio
ignorado por todos, porque vivía en soledad. El sabio recibió la orden
como los demás, pero olvidó o no pensó más en ella y así no apareció
en ningún lugar de oración. La policía fue a buscarlo y lo llevó al
templo. El sabio fue de buena voluntad y se juntó con los demás fieles.
Cuando el sacerdote comenzó a recitar las oraciones, el sabio se marchó.
La policía fue tras él y lo llevó ante el juez. No solamente violaba
la ley, sino que perturbaba a los demás ciudadanos. El sabio preguntó
al juez si sabía lo que deseaba el sacerdote que dirigía el ritual y
el juez respondió: “La religión enseña que los pensamientos de los fieles
deben unificarse con el pensamiento del sacerdote en el momento de la
oración”. “Pues eso fue lo que hice”, dijo el sabio. “El sacerdote pensaba
en su casa, porque había olvidado las llaves. Y yo corrí hacia su casa
para traerlas y entregárselas”. Por fin descubrieron lo que realmente
había pasado. Este gran sabio podía leer lo que pasaba en la mente de
los otros.
Ser religioso
o piadoso, no es precisamente ser espiritual. Eso es algo muy diferente
de lo que llamamos un devoto.
La cuestión
es como proceder con nuestra vida interior. La vida se puede dividir
en dos partes: una que abarca nuestras necesidades sociales, como el
trabajo y la adquisición de bienes y servicios. La otra parte es la
conclusión a que llegamos de que existe algo más allá de la vida humana.
Saber que hay un elevado ideal, una felicidad mayor, un conocimiento
más profundo de la vida y una paz mucho más intensa y eterna. Es admitir
que existe otra vida. Al hablar de vida interior no me refiero a una
vida religiosa, porque una persona puede ser mundana y religiosa a un
tiempo.
Espiritualmente,
el camino es difícil, duro, porque no hay facilidades de locomoción.
Es un viaje a pie, lo que cambia el carácter de todo. No hay equipamiento,
y hemos de atravesar bosques como el del inconsciente, ríos de lava
como el de las pasiones, montañas como las del orgullo. Es un camino
lleno de dificultades.
No hemos
de llevar fardos innecesarios, como libros o filosofías. Hemos de renunciar
a muchas cosas que nos han dicho son necesarias... Hacemos de nuestra
vida, inconscientemente, una vida excesivamente pesada. Aunque exteriormente
ella no parezca ser difícil, cuando comenzamos el camino interior nos
damos cuenta de que no es así. Son pequeñas cosas que ni notaríamos
en la vida cotidiana. Cada vez más nos acostumbramos a vivir confortablemente,
cada vez menos tolerantes con los que nos rodean, cada vez más sensible
a lo que no está de acuerdo con nosotros. Al revés de ser más fuertes,
somos más dependientes cada día
En la historia
de los Maestros espirituales vemos que todos encontraron dificultades
mucho mayores que la mayoría de los hombres. Tentaciones cada vez más
fuertes; en cada paso son puestos a prueba. Nadie toma su trabajo tan
responsablemente como ellos, lo que es natural. En general, no damos
importancia a un niño cuando rompe un vaso, pero si fuera una criada
le preguntaríamos por qué se ha roto y por qué no ha sido más cuidadosa.
¿Por qué? Porque el adulto es una persona más responsable. Esperamos
de él una mayor responsabilidad. El hombre que anda por el camino de
la espiritualidad es responsable por todo lo que hace, tanto respecto
a sí mismo como a la vida que le rodea.
REFLEXIONANDO
sobre los árboles, los animales y los hombres, cada cual a su manera,
muestran una tendencia a la perfección. Las tendencias de la tierra
es la de formar una montaña. Las olas del mar están siempre elevándose.
La misma tendencia es la de los pájaros cuyo placer es volar y subir.
La tendencia de muchos animales es la de colocarse de pie sobre sus
patas traseras. El hombre, desde niño, muestra tendencia a estar de
pie.
Todo eso
es deseo de perfección. La ciencia comprende a medias la ley de la gravedad.
Cree que la tierra atrae todo lo que tiene forma. Es verdad. Pero el
espíritu también atrae todo lo que le pertenece. Ese otro lado de la
ley de gravitación siempre fue del conocimiento de los místicos. La
ley de gravedad trabaja en los dos lados: del terrestre, atrayendo todo
lo que pertenece a la tierra, del lado del espíritu, atrayendo el alma
al espíritu. Luchan igualmente para alcanzar la perfección. En lo que
se refiere a la cosas cotidianas, el hombre nunca está satisfecho con
lo que tiene. Desea siempre más, una situación mejor, dinero, fama.
Esa es la lucha de la humanidad.
Es una prueba
de que el corazón es como una taza mágica: por más cosas que deseemos,
la taza se vuelve más honda y parece siempre estar vacía. La razón nunca
está satisfecha y es que lucha inconscientemente por la perfección.
Cada átomo del universo tiene la voluntad de esforzarse y luchar para
ser perfecto.
Esa es la
naturaleza de los hombres y esa es la naturaleza de la Creación. Todo
ha sido creado con ese fin.
ATMA en sánscrito
quiere decir Alma, y también felicidad. La felicidad no pertenece al
alma, sino que el alma es la felicidad. Como es natural muchos se confunden
entre los conceptos de felicidad y placer. El placer es una ilusión,
una sombra de la felicidad. Podemos llevar la vida entera viviendo con
una ilusión, pero nunca encontraremos la satisfacción. Dicen que el
hombre busca el placer y encuentra el dolor. Exteriormente el placer
se parece a la felicidad. El placer promete felicidad por ser la sombra
de ella, pero así como la sombra de una persona no es ella misma, aunque
represente su forma, también el placer representa la felicidad, pero
no lo es en realidad.
En apoyo
de esta idea notemos que raramente encontramos almas que sepan lo que
es felicidad. Esa es la naturaleza de la vida en el mundo material.
Tan engañosa, que si el hombre se apartara millares de veces del placer,
aún así seguiría recorriendo el mismo camino, porque no conoce otro.
Cuanto más estudiamos la vida más descubrimos lo raro que es encontrar
un alma que diga honestamente: “Yo soy feliz”. Si preguntamos a una
persona por qué se siente infeliz dirá que no ha conseguido tener lo
que deseaba, que carece de poder, de propiedades o de posición social.
Tal vez esa persona haya deseado riquezas y no comprendió que tenerlas
no proporciona tanta satisfacción como piensa. Tal vez diga que tiene
enemigos o que las personas que ama ya no la quieren. Hay millares de
disculpas para la infelicidad creadas por la mente y que influyen en
nuestro raciocinio.
Si poseyéramos
todo lo que deseamos, ¿seríamos felices? No. Aún así, tendríamos otras
causas para seguir estando insatisfechos. Todas las disculpas no pasan
de ser velos que cubren nuestros ojos. Quien realmente es feliz, lo
es en cualquier lugar, porque descubrió la fuente de la felicidad que
está situada en el corazón.
La infelicidad
crea la avaricia. El ansia de poseer se hace mayor. Si todos le dieran
simpatías, aún así no sería feliz. Ni el amor le podrá ayudar, porque
busca la felicidad donde ella no está.
La felicidad
es una cosa que no se puede comprar ni vender; no puede ser dada a quien
no la tiene. Felicidad es el propio ser del hombre, es su propio Yo,
es la alquimia de la luz que como piedra filosofal lo transforma todo
en oro, que tiene el color de la luz.
PARA calmar
la mente es necesario un método especial, de la misma forma que un profesor
de canto enseña al futuro cantante a emitir su voz.
Este secreto
puede ser aprendido a través de la respiración. Sabemos que la respiración
es la esencia de la vida, el centro. La mente puede ser controlada por
el conocimiento del método apropiado.
La ciencia de la respiración es el mayor misterio que haya existido
y durante millares de años ha sido mantenido como una ciencia sagrada
en la escuelas místicas.
Cuando la
mente está en perfectas condiciones y bajo control, se pierde la inquietud.
Podemos mantener un pensamiento voluntariamente y por el tiempo que
se quiera. Es el principio del fenómeno. Muchos abusan de este privilegio
y disipan así el poder obtenido, destruyendo la plata antes de que se
transforme en oro. La plata debe ser derretida con el calor, la esencia
divina en el corazón del hombre, esto es, el elemento amor, que brota
como tolerancia, simpatía, servicio, humildad, altruismo. Todas las
virtudes vienen del elemento amor. Y cuando ese fuego está incandescente
en el corazón del hombre, sus acciones, su voz, lo demuestran. Entonces
el hombre está lleno de vida y su corazón es una corriente divina.
Después que
el corazón está en las llamas del amor, el paso siguiente es algo misterioso,
y se llama conocimiento. La
falta de ese conocimiento es lo que impide al hombre lanzar su luz sobre
las cosas de la vida. Con ese conocimiento las cosas se vuelven claras.
Cada hoja de un árbol se transforma en la página de un libro sagrado
abierto. Cuando la semilla de la hierba del amor es sembrada en el corazón
del hombre que está ardiendo de amor por sus semejantes, el corazón
se transforma en un corazón de oro. Ese corazón expresa lo que Dios
expresaría. El hombre no ve a Dios, pero ve a Dios en los otros hombres.
Cuando eso sucede, todo lo que viene de ese hombre viene de Dios.
SI quisiéramos
definir la realización espiritual, podemos decir que ella está en el
estudio de la naturaleza humana.
Hay cinco
cosas que el hombre ansía: Vivir, tener poder, adquirir conocimientos,
ser feliz y tener paz. El apetito constante que viene de la parte más
profunda del ser humano es un ansia de obtener estas cinco cosas.
Para satisfacer
el deseo de vivir el hombre come, bebe y se protege de los peligros.
Pero el apetito nunca se sacia plenamente, pero si pudiera escapar de
todos los peligros nunca escaparía del último, el que llama la muerte.
Para obtener
poder, el hombre hace lo posible para tener fuerza física, influencia,
posición social . . . . . Procura todas las formas del poder. Sigue el
deseo de conocimientos. Eso le lleva a estudiar, pero aunque estudiara
todos los libros del mundo, siempre habría en su mente una pregunta:
“¿Por qué?” Y nunca tendrá una respuesta por los libros. En primer lugar,
porque la naturaleza es tan profunda que la vida limitada del hombre
no es suficientemente larga para investigar tanto. Podemos decir que
hay personas más cultas que otras, pero nadie alcanza el verdadero saber
por el estudio exterior de la vida.
El cuarto
tipo de apetito es la felicidad. El hombre intenta satisfacerlo con
placeres, olvidando que ninguno da la felicidad que el alma desea realmente.
Las tentativas del hombre en esa dirección son inútiles. Al final encuentra
que cada esfuerzo le trae una gran pérdida y ningún beneficio. Además,
lo que no es verdadero en su contenido, nunca es satisfactorio.
El quinto
apetito es la paz. Para encontrarla el hombre se aparta del ambiente
que le molesta, huye de las personas, prefiere reposar, pero el que
aún no está preparado para la paz, no la encontrará en ningún lugar
del mundo.
Esos cinco
apetitos son los más profundos del hombre.
|
La Tierra gira y nunca se detiene. Al día sigue la noche, y a la noche sigue
el día. Las ondas del mar no cesan de bañar las
arenas. El viento viene ..... y el viento se va. La lluvia cae regando la tierra, sin pedir
nada y el Sol las seca, completando su trabajo. Los ríos corren hacia el mar. Lo que se arroja hacia arriba, ha de caer. Lo que viene del Principio .... a Él retorna. ¿Quién ha creado la vida en el Caos? ¿Quién puso orden en este Universo? ¿Quién hizo los ojos para ver el brillo
de las estrellas? ¿Quién hizo que la Luna acompañara a la
Tierra? ¿Quién puso amor en el corazón de los
hombres? ¿Quién hizo que las aves volaran hacia
el cielo? ¿Para qué crecen las plantas? ¿Quién hizo que el gallo anunciara el
amanecer? Todas las cosas son maravillosas. Porque en ellas hay un Poder. Y todas las cosas vuelven a Ti, porque en ellas hay puesta una Voluntad. Da calor a nuestros corazones y reposaremos en Ti, Señor.
|
_
_
Mi
nombre es nadie.
Yo
no he nacido.
No
tuve principio.
Mi
nombre es nadie.
He
venido del Vacío.
Yo
soy Yo.
Yo
soy el Principio.
Yo
soy el Fin.
No
tuve principio
ni
tendré fin.
No
soy nada.
Yo
soy el Todo.
Mi
nombre es nadie.
Pero
Yo existo.
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LA LIBERTAD es un deseo innato dentro de cada individuo.
A través
de los tiempos, muchas teorías han surgido sobre el curso de la vida.
Dentro de ellas, dos tienen un significado principal: el fatalismo y
el libre albedrío. Según la primera, de nada sirve al ser humano esforzarse
en luchar por nada o trabajar para un objetivo, pues el destino ha sido
trazado para cada persona, siendo inútil cualquier esfuerzo. Esa es
la doctrina de la pasividad.
Según la
teoría del libre albedrío, el ser humano tendría la capacidad de decisión,
siendo libre de escoger su destino, porque no hay nada inmutable, sino
que todo puede ser relativo. Esta es la teoría de la actividad.
No es necesario
pensar mucho para observar que esta última hipótesis tropieza en dos
escollos: las circunstancias y el derecho de los otros. De nada vale
decidir ser un hombre de negocios con éxito, si fallecemos en la juventud,
y de nada sirve afirmar que deseamos ser un gran intelectual si tenemos
una deficiencia cerebral que no nos permitiría salvar cualquier examen.
Vemos que hay limitaciones, y ambas hipótesis tienen sus fallos.
Pero ellas
se complementan y representan conjuntamente una verdad. Hay dos caminos
a elegir. Uno es el de la verdad, la justicia y el bien. El otro, es
el de falsedad, la mentira, el mal y el error. Por tanto, no somos tan
libres como pensamos y el final de todo es recorrer la senda de la verdad
para retornar finalmente al lugar de donde vinimos. No es que todo sea
relativo; hay un punto de referencia, fijo: el espíritu.
¿No se produce
un vacío cuando dejamos de amar? ¿Si odiamos, no sufrimos nuestro castigo
en la soledad que creamos?
Todo es ilusión
pero el espíritu es eterno. Quien no construye su casa en este mundo,
podrá no ser notado, podrá no tener honores ni glorias, ni fama, podrá
no poseer nada, pero es libre. Ese hombre es verdaderamente libre y
esa es la verdadera libertad.
EXISTE la
suposición de que se puede escoger a los amigos y de que es posible
tener tantos como se desea.
No tiene
sentido confundir compañero, colega, con amigo. Podemos tener cientos
de compañeros y dentro de ellos uno o dos amigos. Es enteramente falso
el que se pueda escoger a un amigo. En verdad, estamos destinados unos
a otros, como los planetas destinados a girar alrededor del Sol. Las
almas tienen sus propios caminos que no son conocidos por la razón y,
cuando se siente atracción o simpatía al conocer a una determinada persona,
en verdad son las almas quienes se reconocen, y son ellas las que escogen,
por un motivo que no conozco. Pero hemos de confiar en la voz interior
y seguir sus consejos y sabremos, sin la menor sombra de duda, quién
es el amigo.
Resulta inútil
querer ser amigo de personas con las que no tenemos afinidad alguna.
En tales casos, por más que nos esforcemos, todo no pasará de educación,
urbanidad y respeto. Hemos de tratar a todos con amor, pero en la verdadera
amistad hay algo más que eso. Ya se dice que un amigo es una bendición
del cielo y eso es absolutamente verdadero.
En los amigos
hay respeto, honestidad y sinceridad. Los acontecimientos suceden, todo
se transforma, el ambiente, las ideas, los lugares, pero al cabo de
un tiempo verificamos que la verdadera amistad permanece firme como
una roca.
Pero tengamos
cuidado de no depositar en ellos esperanzas, porque ésta es una forma
de idolatría y quedaremos atados a posibles decepciones. Los amigos
deben ser amados, pero nunca adorados o idolatrados.
ATESORAR
dinero no es un mal en sí, sino el amor que sintamos por él, lo que
es muy diferente. Las pruebas que pasamos en esta vida de nada sirven
si no sacamos experiencias de ellas. La falta de dinero o de otros bienes
materiales impide muchas veces auxiliar a quien lo necesita, o de realizar
alguna obra importante. Pero esto no significa que los que no tienen
dinero no puedan hacer cosas altruístas o de practicar el bien. La importancia
de los actos y la práctica del bien nada tiene que ver con los valores
materiales. Pero la verdad es que el dinero facilita muchas cosas, y
no hay mérito en ser pobre, a no ser que eso nos lleve a una elevación
de consciencia.
Ocurre que,
fácilmente, los hombres se dejan corromper por las riquezas. Los corazones
se endurecen. Dejan de pensar y de preocuparse por sus semejantes, ocupándose
sólo de su confort. Pero lo peor es hacer de las riquezas la finalidad
de la vida. Esto es una forma de idolatría. Quien así procede está cambiando
lo infinito por lo finito, sujetándose al error, al sufrimiento y a
las frustraciones de la vida.
La sinceridad,
honestidad y capacidad de evolución son las pruebas que deben formar
parte de los criterios de selección de los hombres, porque siempre han
sido los espíritus evolucionados los que han impedido que nos hundiéramos
en los abismos de la mentira. Este es un mundo de evolución, con sus
campos de pruebas.
Cuando vivamos
con amor y descubramos que cada uno es guardián de sí mismo y de su
semejante, entonces la pobreza y la miseria desaparecerán . Y si tuviera
que resumir toda esta reflexión con respecto a la riqueza, sólo diría:
“Es lícito poseer bienes materiales, pero no colocarlos en nuestros
corazones”.
NOTEMOS que
cuando un hombre tiene un pequeño grado de conocimiento cree que lo
sabe todo y quiere mostrar lo que sabe, mientras que hay otros pocos
que han aprendido mucho más, pero descubren que realmente son aún más
ignorantes, y que hay más que aprender.
Dos cosas
a reflexionar: el tonto y el sabio. El tonto está siempre preparado
para enseñar sin pensar, dispuesto a corregir, a juzgar, para formar
una opinión sobre cualquier otro. El sabio es quien duda en formar una
opinión sobre las personas, juzgarlas o corregirlas. ¿Cuál es el significado?
Significa que cualquier cosa que el hombre posea en pequeñas dosis,
piensa que la tiene en un alto grado. Sólo cuando llega la sabiduría
comienza a sentir la necesidad de perfeccionarse.
Un rey quiso
satisfacer el deseo de un sabio, que era llenar un cuenco con monedas
de oro. El rey pensó que eso era fácil. Al ir llenando el cuenco, se
dio cuenta de que era una copa mágica, porque nunca se llenaba. El rey
quedó muy deprimido al ver que la copa no podía llenarse. El sabio le
dijo: “Majestad, si no puedes llenar mi copa, sólo basta que me lo digas
y yo me la llevaré. Me iré y pensaré que no has mantenido tu palabra”.
El rey con sus buenas intenciones, con su generosidad, le preguntó al
sabio: “Dime cuál es el secreto de ese cuenco. No me parece una copa
cualquiera. En ella hay algo mágico. Cuéntame el secreto”. Respondió
el sabio: “ Majestad, lo que has dicho es verdad, es una copa mágica.
Representa la copa de todos los corazones. Es el corazón del hombre
que nunca se contenta. Llena el corazón del hombre con todo lo que existe:
riquezas, honores, amor, conocimiento y nunca quedará lleno, porque
no es para ser llenado. El hombre, no conociendo ese secreto de la vida,
sale a buscar todos los objetos en una búsqueda incesante. Cuanto más
obtiene, mas quiere. La copa de su deseo nunca se llena”.
EL secreto
del Universo está en la dualidad. Dos fuerzas están en acción en todos
los aspectos de la naturaleza. Esa función equilibra la vida. Del mismo
modo, en el camino de la consecución o de la realización, no es suficiente
el poder que se manifiesta como entusiasmo; es necesario un conocimiento
y una capacidad de trabajo. Frecuentemente vemos a personas fracasar
a pesar de su entusiasmo y su voluntad. Es que ellas, con el poder que
poseen, empujan las rocas con su fuerza de voluntad, quebrándolas, cuando
la piedra realmente debería quedar intacta y no partida en pedazos.
El poder es necesario, pero si no hay conocimiento, el poder es inoperante.
Al hablar
de poder, me refiero al poder en todos sus aspectos, todo el poder exterior
y el de la mente, llamado poder de la voluntad. Muchos fracasarán por
falta de conocimiento, pero la falta de poder también nos lleva al fracaso.
Si un objeto
es empujado por los dos lados, tanto por el poder como por el conocimiento,
tampoco habrá éxito. El secreto está en la cooperación de los dos.
No es absolutamente
egoísmo o avaricia desear el éxito en la vida. Muchas veces para alcanzarlo
el hombre cierra los ojos y no ve lo que está frente a sí. Se estanca.
Quedar parado es igual que estar muerto. El comercio, la profesión,
el arte, la religión, la filosofía, nos llevan a la misma meta. Hay
personas que parecen no han llegado nunca a su destino. La cosa más
difícil de la vida es poseer poder y conocimiento para tener una visión
clara de las cosas, y la mejor manera es mantener el equilibrio entre
ambos.
HAY una historia
hebrea: Cierta vez Moisés iba andando por la orilla de un río y oyó
a un niño que pastoreaba unas ovejas, hablando solo. Moisés sintió interés
y se detuvo a escuchar. El niño decía: “ ¡ Oh Dios, he oído hablar tanto
de Ti, eres tan bello, tan bondadoso, que si Tú vinieses a mi Te cubriría
con mi manto para guardarte del frío de la noche. Te protegería de las
fieras y Te bañaría en este río y Te traería todas las cosas buenas,
leche pura, pan blanco. No permitiría que nadie te mirase y estaría
todo el tiempo Contigo. Si al menos Te pudiese ver, Te daría todo lo
que tengo ”. Moisés se acercó y le dijo al joven: “¿Qué estás diciendo?”.
El niño se puso a temblar y le preguntó: “¿He dicho algo que esté mal?”
Y Moisés le respondió: “Piensas en proteger y dar pan a Dios el Protector
de todos los seres. Él da pan a todo el Universo. Dices que lo bañarías
en el río, ¿ Él que es más puro que todas las cosas puras? Dices que
lo guardarías. ¿A Él que guarda a todos los seres?” El niño seguía temblando
y pensó: “He hecho una cosa horrible”. Se sintió perdido. Cuando Moisés
se distanció, escuchó una voz que le decía: “Moisés, ¿qué has hecho?
Te he enviado para que Me trajeras amigos y ahora tú me has quitado
uno. No importa lo que él piensa de Mi. Debías haber dejado que pensase
de manera que entendiese. No tenías que haber interferido”.
Cada uno
tiene su propia manera de imaginar a Dios y es mejor dejarlo con su
imaginación.
En nuestra
vida cotidiana podemos odiar a una persona y mientras, esa persona puede
ser amada por otra. Podemos criticar a alguien, mientras que ese alguien
es elogiado por otros. Si así es, la concepción de cada uno es diferente.
El Dios que conocemos o podemos conocer, nada más es un Dios de nuestra
concepción, una imagen para nuestro uso.
No tenemos
que culpar a los antiguos griegos, romanos, hindúes o chinos, por haber
creído en muchos dioses. Los dioses de ellos eran un número pequeño,
porque en realidad cada persona individualmente posee su propio Dios.
Además, todas las diferentes concepciones de Dios no son más que coberturas
de Dios Único. Al final se trata del más elevado de los ideales y el
ideal de cada uno es tan elevado como su imaginación se lo permite.
Si insistimos en que Dios es abstracto, que no tiene forma, que es puro,
que no tiene nombre, nada de eso va a ayudar a la persona a evolucionar,
pues el primer paso en el camino hacia Dios es crear una concepción
de Dios.
¿ ¿¡¡¡¿¿¿¿¿¡¿¿¿¿¿¿¿¡¡¡¿¡¡¡¡¡¿¿¿¡¡¡QUIEN
ha visto un pajarillo equivocarse al posarse en la rama de un árbol?
¿Cómo sabe la serpiente que la mangosta es su enemiga?
¿Quién enseñó a las tortugas marinas, cuyos huevos fueron depositados
en la arena de la playa, a dirigirse en dirección al mar, después de
nacer, sin nunca antes haberlo visto? ¿Qué lleva al salmón a nadar millares
de kilómetros, desde el mar hasta el naciente de los ríos, subiendo
contra corriente hasta quedar sin fuerzas, para desovar y después morir?
¿No hay una inteligencia en todo esto?
El simple
movimiento de la rama de un árbol encierra un profundo misterio, y no
lo ve el observador superficial cuando argumenta que la rama se mueve
por la acción del viento. Pero, ¿qué es el viento? El movimiento del
aire. ¿Por qué se mueve el aire? Por los cambios de las capas, siendo
las capas frías las que tienden a bajar y las más calientes a elevarse.
¿Por qué las capas de aire no son homogéneas? Por la variación de temperatura.
¿Por qué varían las temperaturas si la rotación de la Tierra es uniforme?
Por la variación de las emisiones de la radiación solar. ¿Por qué el
Sol no emite las mismas radiaciones? Y así, indefinidamente, la solución
de un enigma siempre trae otro aún mayor.
¿Qué decir
de lo que creemos ver? Cuando vemos un objeto no lo vemos tal como él
es, sino la imagen del mismo. Vemos la imagen de un árbol, pero no vemos
el árbol. Lo que ocurre es que la luz sobre la planta, hace que emita
ondas luminosas las cuales alcanzan nuestra retina, que las transforman
en impulsos nerviosos que, a través del nervio óptico, van hasta el
cerebro, el cual transmite la información a la mente. Y si cerramos
los ojos y dejamos de ver el árbol, él seguirá existiendo. Lo que vimos
fue la imagen proyectada en forma de impulsos nerviosos en el cerebro,
y no el árbol real. Por tanto, no vemos las cosas tal como son en realidad,
sino la imagen de los mismos y sujetas a interpretaciones mentales,
que como sabemos, son subjetivas.
Con toda
probabilidad jamás llegaremos a ver la realidad tal como es. Estamos
inmersos en un mundo que se nos oculta. ¿Por qué creernos dueños de
una pretendida sabiduría? ¿Acaso la vida nos pertenece, o la hemos creado?
¿De qué vale tanta ciencia, si carece de humildad? Dominamos la naturaleza,
pero la lluvia sigue cayendo donde quiere. Construimos casas, pero el
viento sigue soplando.
Así fue la
caída del hombre. Su primer pecado: la vanidad. Nunca un hombre se eleva
tanto como cuando se pone de rodillas y se reconoce ignorante.
Todo está
rodeado de un profundo misterio y las grandes verdades sólo pueden ser
conocidas por revelación, como siempre ha sido; nunca por el raciocinio
humano.
Que nuestros
corazones se llenen de la verdadera alegría que proviene de la simplicidad
y de la humildad, y demos las gracias por todo lo que tenemos concedido,
loemos al espíritu de Verdad que nos habita, recibiendo y retribuyendo
todo ese infinito amor, porque no hay verdad mayor que esa: Que de la
Nada se levanta triunfante, vivificando los cuerpos creados, dominando
la noche de la eternidad, llenando los vacíos y transmutando el día
en una gloriosa plenitud ..... y esa es LA GRAN LUZ.
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EXISTEN tres
dimensiones en el camino de la perfección espiritual. Los que no están
conscientes de las posibilidades de la evolución se engañan rotundamente
cuando dicen que el hombre es imperfecto y no puede llegar a ser otra
cosa. Se engañan por la simple razón de que ven en el hombre un animal
racional y no vislumbran a Dios en el hombre. Bien es verdad que no
siempre el hombre es perfecto, pero es básico saber que Dios habita
en él. Por tanto, aunque el hombre permanezca en la imperfección, hay
algo dentro de él que busca la perfección. Por eso fue creado el mundo.
El hombre está en la tierra para cumplir ese objetivo.
La primera
dimensión es hacer a Dios tan grande y perfecto como nuestra imaginación
pueda permitirlo. Los Maestros han creado oraciones en las cuales Él
es llamado el Compasivo, el Amoroso, etc. Todos estos atributos son
conceptos del hombre, limitados. Dios es mucho más de lo que podamos
decir de Él. Creamos para nuestra expansión una visión más amplia, un
horizonte sin límites. Debemos por medio de la oración, de la contemplación,
hacer a Dios tan grande como podamos imaginar.
La verdad
que se oculta tras de eso es que una persona que nota buenos indicios
en los otros y quiere adicionarlos a los que a él le falta, se hace
cada día más noble. Pensando bien de los demás, el pensador se hace
mejor que aquellos de los que bien piensa. Quien piensa mal de los otros,
con el tiempo se torna pésimo, pues cubre el bien en sí mismo y crea
así la visión del mal. Así que, el primer deber de quien busca la Verdad
es hacer a Dios tan grande como le sea posible para su propio bien,
porque está creando un ideal dentro de su ser. Está construyendo internamente
aquello que lo tornará grande.
La segunda
dimensión es el trabajo del corazón, pues el primero es el trabajo del
pensamiento. Hacer a Dios grande intelectualmente, con la imaginación,
es el trabajo de un pintor, pero es más importante el trabajo hecho
a través del corazón.
Veamos el
fenómeno del amor en la vida cotidiana. La primera lección que el amor
nos enseña es: “Yo no soy, tú eres”. Por tanto, la primera cosa que
debemos realizar es destronar al ego de nuestra mente y pensar en quien
amamos. Mientras esto no se lleve a efecto, la palabra amor continuará
siendo una palabra en el diccionario. Muchos hablan de amor, pero pocos
lo conocen. ¿Es el amor un pasatiempo, una diversión, un drama, una
representación? No. La primera lección del amor es aprender a servir,
a anularse.
Se cuenta
que una campesina atravesó un espacio donde unos hombres hacían sus
oraciones. La ley prohibía a cualquier persona atravesar el terreno
de oración cuando los fieles rezaban sus plegarias. Pasado un poco de
tiempo, la campesina regresó por el mismo camino y uno de los devotos
le dijo: “¡Qué cosa tan horrible estás haciendo!” Ella quedó espantada
y preguntó: “¿Qué es lo que he hecho tan mal?” Y él respondió: “Pasaste
por delante de nosotros. Estábamos rezando, pensando en Dios”. “¿Los
señores pensaban en Dios?”, preguntó ella. “Yo fui a ver a mi prometido
y no me di cuenta de que estaban orando aquí. ¿Y, como me habéis visto,
si estábais pensando en Dios?”
Cerrar los
ojos para rezar es una cosa, y otra es crear amor a Dios. La segunda
dimensión es que cuando estamos con el pensamiento en Dios nos perdemos
en Él. Lo mismo ocurre con quien ama: el pensamiento del yo de quien
ama debe perderse en el pensamiento del amado.
La tercera
dimensión es diferente. Aquí la persona amada se transforma en quien
ama; el yo de quien ama no existe más, porque ese yo desaparece. Ese
yo pasa a ser lo que realmente es.
A eso se le llama auto-realización.
EXISTEN dos
clases de artistas: el que pinta en el cuadro aquello que su mente creó
y el que recibe ideas del propio cuadro mientras lo pinta. La diferencia
es que el primero es un simple artista y el otro es un maestro. El primero
diseñó una idea y se limitó a expresarla en su pintura. El segundo no
se sujeta al proyecto. Es ilimitado.
Igualmente
ocurre con el compositor. Compone una melodía en su mente. Medita sobre
ella y la pasa al papel pautado, pero cuando comienza a tocar la composición
verifica que la música le sugiere otras combinaciones. La misma idea
musical es ejecutada, la que pensó en primer lugar, pero se da cuenta
de que puede perfeccionar y completar la melodía al escucharla.
Ese es el
cuadro de nuestra vida. Está el hombre que es llevado por la mano del
destino. No sabe de dónde vino ni a dónde va. Fue colocado en la vida
bajo ciertas condiciones. Está siempre atareado, ocupado con muchas
cosas y no tiene tiempo para encontrar otra manera de vivir sino la
que ya conoce. Puede ser que hasta desee cosas enteramente diferentes
en la vida, puede tener dificultades en concentrar la mente en lo que
está haciendo, pero aún así cree que debe continuar. Ese es el hombre
que aún no ha comprendido el significado de ese secreto.
Hay otro
tipo de hombre que, aún después de muchos fracasos, continúa determinado
a alcanzar el éxito en la próxima tentativa. Ese hombre es el dueño,
el maestro del éxito.
El hombre
está compuesto de dos partes. Una está constituída por su ser exterior,
lo que el alma ha tomado como préstamo en la tierra. La otra parte es
su verdadero ser, que pertenece a la fuente que lo creó. En otras palabras,
el hombre es una combinación de espíritu y materia, una corriente que
fluye de lo alto y es atraída por la tierra, moldeándola y transformándola
en un vehículo. Así pues, el hombre tiene dos aspectos: el alma y el
cuerpo. El encuentro del alma con el cuerpo crea la mente. El alma,
el cuerpo y la mente reunidos constituyen el individuo.
La parte
exterior del hombre es igual a la parte exterior de cualquier máquina.
La mente toma el lugar del mecanismo interno más delicado. Esa es la
parte mecánica del ser. Ahí es donde reside el alma, la herencia divina
del hombre, como una corriente espiritual que se precipita desde la
fuente de todas las cosas. El alma tiene un potencial, un poder creativo.
De un lado lo imperfecto, lo limitado. Del otro, lo ilimitado, lo perfecto.
El alma nace
con un mecanismo. Desde la infancia ella se siente naturalmente limitada
y cautiva. Toda la tragedia de la vida viene de la limitación. Si preguntaran
a cien personas sobre las dificultades de la vida, cada una nos indicaría
un tipo diferente de lucha en la que está empeñada en aquél momento,
pero en realidad es la limitación de la vida la causa de las diferentes
formas de tragedia. El hombre crece limitado. Esa limitación hace que
se juzgue imperfecto a cada paso en la vida; debido a los obstáculos
piensa que es débil, prisionero e incapaz. Esa constante sugestión de
imperfección le lleva a decir: “No puedo olvidarlo”, “no puedo resistir
más”, “no aguanto más”, “no lo tolero”, “no puedo perdonar”. Piensa
así desde su imperfección. No comprende nada más allá de eso. No se
da cuenta de la chispa divina que brilla en su corazón, de su herencia
celestial.
CUANDO desaprendemos,
comenzamos a aprender. Es igual que girar la vida al revés. Seguimos
andando en el mismo planeta, bajo el mismo sol, pero pasamos a ver un
mundo diferente, con ojos distintos. La vida se vuelve diferente y también
el significado de cada palabra. Los que comprenden que están dentro
de la posibilidad de mejorar su vida, lo hacen realidad. Quien piensa
: “No puedo hacer nada, soy como soy, no puedo evitar quedar frustrado,
no consigo comprender, no puedo tolerarlo”, ese está enterrado bajo
la capa de sus propias sugestiones. Como no puedo dejar de ser así,
se vuelve cada día más débil y no consigue realizar nada. El hombre
que comprende que la vida comenzó cuando recibió el espíritu, dice:
“¿Qué importa lo sucedido? He fracasado hoy, pero mañana será diferente.
Mis limitaciones de hoy no me van a acobardar”.
Nunca es
demasiado tarde para mejorar. Hay siempre oportunidad para quien quiere
mejorar. Entretanto, para el que está satisfecho consigo mismo o está
tan desilusionado que no desea mejorar, su vida llegó a la paralización.
No tiene posibilidad de conseguir algo más en la vida. Los seres humanos
que se refugiaron en las cavernas o en los bosques, llevaban para muchos
una vida poco deseable. Pero, aunque sus vidas fuesen difíciles de ser
seguidas por cualquiera, lo que ellos alcanzaron en el tiempo fue altamente
apreciable.
Se dice de
Tamerlán, un emperador mogol, que un día, cansado de tantos deberes
impuestos por su corte, se refugió en un bosque y esperó a que le llegara
la muerte. No quería seguir viviendo. Un derviche que pasaba lo vio
con los ojos cerrados y lo reconoció. Lo tocó con el bastón. El emperador
despertó y le preguntó: “¿Por qué me molestas? He abandonado el mundo”.
El derviche contestó: “¿Qué tiene el bosque para ofrecerte? Tienes al
mundo entero a tus pies. Ahí está tu objetivo, si comprendes que el
poder está dentro de ti”. Dijo Tamerlán: “El mundo no me interesa. Estoy
desilusionado, pesimista, para esperar que algo bueno me pase. El mundo
me ha herido. Estoy amargado y con el corazón partido. No quiero seguir
viviendo”. Entonces, el derviche le preguntó: “¿Cuál es el motivo de
haber venido a la tierra si no has realizado ni has experimentado nada?
Si no eres feliz es porque no has aprendido aún a vivir”. Preguntó el
emperador: “¿Crees que puedo realizar todavía alguna cosa?” “Sí” - dijo
el derviche - “es por eso que estoy aquí y te he despertado. Levántate
y busca tu deber con coraje. Tendrás éxito”. Estas palabras impresionaron
tanto a Tamerlán que despertó su espíritu y desde ese momento, a cada
paso que daba, veía que las condiciones se modificaban. Recibía las
influencias y las fuerzas que necesitaba para tener éxito en sus campañas.
Todo eso surgía como si para él la vida, que antes parecía haberle cerrado
las puertas, ahora se abrieran completamente. Alcanzó un estadio de
poder muy elevado. Y fue conocido en la historia como Tamerlán el Grande.
El hombre
que busca la verdad en todas las fases de su vida, tiene la llave del
éxito, una llave para la felicidad, otra para el progreso y la evolución
en la vida. Esa llave es alcanzar la maestría. Y para ello necesita
tres puntos: Obtener el auto-control; gobernar todas las influencias
que apartan al hombre de su camino y el dominio de las situaciones y
sus condiciones.
El hombre
responsable es quien controla estos tres puntos. Este hombre puede estar
sentado en una silla, aparentemente sin hacer nada, pero realizará mucho
más que otro hombre que trabaja el día entero. Pocas personas consiguen
imaginar hasta qué punto el hombre puede adquirir el poder, especialmente
porque la vida de hoy es una lucha constante y de ella poco se obtiene.
Es una vida muy atareada sin grandes realizaciones. No podemos ni suponer
hasta dónde llega el poder mental de quien alcanza la maestría, y lo
que puede realizar. Eso se hace con grandes esfuerzos. Los que poco
realizan dicen que pueden hacer muchas cosas. Los que realmente tienen
el poder de hacer muchas cosas, no hablan de sus realizaciones.
CUANDO un
individuo alcanza una evolución, eso puede ser llamado iniciación interna.
Desde esa fecha en adelante esa persona es usada conscientemente para
tomar un determinado camino. Cada alma viene a la tierra para realizar
cierto objetivo en el esquema de la vida y cuando el hombre llega a
ese grado de cualificación espiritual es escogido por la Providencia
para ser usado como herramienta, como un instrumento, para realizar
una misión. La humanidad entera, cada ser humano, es una especie de
materia prima usada por el destino. La mente maestra es un instrumento
manejado por el destino para realizar un fin.
El temperamento
del santo es negativo, es de quien se anula, sumiso a la voluntad de
Dios. Aprendió a tener paciencia, confianza, aprendió a sufrir con resignación,
a ser tolerante. Carga su cruz y es crucificado mil veces en la vida.
Sabe qué significa el amor. Escogió el camino de la devoción. Lleva
su vida entera dedicada a servir a Dios en la persona de sus semejantes.
Aplastó su personalidad. Se transformó en agua. Su método no es el del
martillo; es el método del agua, porque el martillo rompe la piedra
para pasar y el agua la rodea y fluye. Es por ese motivo que la personalidad
del santo transmite paz, armonía y confianza a todos los que contactan
con él. Es la personalidad que sana a los enfermos, que levanta a los
que tantean en la oscuridad. Desarrolla en sí el amor de un padre y
una madre, pero ese amor se extiende a todas las almas. Se armoniza
con los árboles, las plantas, con la tierra. Para él la naturaleza es
un libro abierto. A través de esa comunicación se abre a cualquier forma
de vida.
Otro aspecto
es el del maestro. Resiste todo lo que puede aumentar su debilidad,
lo que pueda llevarlo a flaquear, y es firme, estable, perseverante,
todas las cualidades de un maestro. La diferencia con el santo es que
él es activo. El uno es resignado y este es persistente. Pero los dos
caminan hacia adelante. El maestro va por el camino del poder y el santo
por el de la suavidad.
En el camino
del maestro la voluntad es usada hacia las cosas exteriores. En el camino
del santo la voluntad es usada para controlar su propio ser. Es usada
contra su propia persona. Para conocer la verdad de Dios, lo sensato
es asegurar en las manos las redes de la propia voluntad y usarla en
el conocimiento de todo lo que nos es dado conocer para alcanzar el
gran objetivo de la existencia.
Hay aún un
tercer aspecto; es el del profeta. De un lado el profeta es poder, del
otro lado es la dulzura. De un lado es coraje, del otro lado es la compasión.
De un lado es un entusiasta en su deseo de modificar las condiciones
de la humanidad, del otro lado está apartado de la vida material. Todas
esas cualidades opuestas están equilibradas en el espíritu del profeta.
El trabajo
del profeta es de una dimensión diferente al del maestro o del santo.
Ese trabajo no puede ser visto y, sin embargo, el profeta se coloca
ante el mundo para despertar a la humanidad y elevarla a un mayor nivel
de consciencia. No es sorprendente que cite palabras de Mahoma, Buda
o Jesús, o que la personalidad del Cristo ejerza un gran poder sobre
su persona. Todos ellos iluminaron la humanidad. Fueron profetas y sus
experiencias están registradas en la historia del mundo. Maestría no
es sólo un medio para que el hombre realice cosas sublimes en el mundo;
maestría es lo que permite al hombre realizarse a sí mismo.
Todos los
tesoros de la tierra - oro,
plata, gemas, joyas - están destinadas a la humanidad. Todo lo que lleva
a la felicidad - poder, inteligencia, armonía, paz, inspiración, éxtasis,
alegría - también pertenecen al hombre. El hombre puede hacer de la
experiencia celestial un tesoro, así como puede hacerlo con sus bienes
materiales. No necesita dejar las cosas del mundo y retirarse, sino
que puede administrar sus negocios, ejercer su profesión, cumplir con
sus deberes para con la vida y, al mismo tiempo, perfeccionarse interiormente
con espíritu de maestro. Ese espíritu es como una chispa de fuego; si
esta chispa fuese soplada constantemente, aumentaría y se transformaría
en una hoguera.
El hombre
no debe preocuparse con que le falta externamente. En realidad tiene
todo lo que necesita en su interior. Si mantuviera siempre en el pensamiento
esa idea y soplara la centella de la maestría por medio de una constante
contemplación, un día la llama se elevará y su vida volverá a ser limpia.
El poder adquirido será, como no puede dejar de ser, un gran poder.
SI alguien
me preguntara si existe la reencarnación, la respuesta podría ser sí
y también no. ¿Por qué? Porque ambas son verdaderas. Si vemos la existencia
como una vida única, no veremos a las personas como entidades separadas.
No podríamos decir que una persona reencarnó en otra. Una es el todo.
Cada una separadamente no es nada. O miramos la vida de esa manera o
la vemos o contemplamos a cada persona como una entidad separada. La
vida es una totalidad. Aunque deseemos ver a cada persona como una entidad
aparte. Naturalmente, como todo tiene que continuar siendo alguna cosa,
todo sigue existiendo después de destruido, continúa la vida de una
forma o de otra. Destrucción o muerte son transformaciones. Una cosa
no puede transformarse en nada. Si a nuestros ojos lo parece es porque
no vemos claramente. Todo existe de una forma o de otra. La teoría de
la reencarnación, enseña que no existe nada que sea nada, que todo es
y será algo, debe ser algo.
Hay otra
concepción: si la fuente es una, si la meta es una, lo que miramos constituye
un fenómeno, mientras no veamos profundamente. Si observamos con penetración,
no veremos las entidades como separadas, sino la vida como una. Así
que no hay motivos para pensar en la reencarnación. El pensamiento de
Buda fue análogo al pensamiento de Jesús, sólo que ha sido transmitido
de forma distinta. La religión de los Maestros es siempre la misma,
aunque quien la enseña sea diferente. Cuanto más pienso en este asunto,
más descubro que el hombre sufre una preparación antes de nacer en la
tierra.
¿Qué es la
vida en la tierra? ¿Es fijada o existe un libre albedrío? No siempre
comprendemos la expresión “libre albedrío”, especialmente los que dicen
poseerlo. Tenemos consciencia de esa libertad y sin embargo no sabemos
de dónde viene. Al sentir la sensación de reír o de llorar, de sentarnos
o de movernos, creemos que deseamos hacerlo de esa manera, pero ignoramos
de dónde vienen esos pensamientos. Pensamos que todo lo que viene de
nuestra mente es libre albedrío, pero eso es algo diferente. Todos tenemos
esa cualidad, la libertad de elegir. Es lo que nos da fuerzas para trabajar,
hasta cierto punto, dentro de una actividad, pero tanto lo que decidimos
hacer y lo que es creado por las condiciones de hacerlo, puede resumirse
en que hay una Voluntad Superior. Y esa la ejecutamos con nuestra parte
individual.
Nace entonces
la pregunta: “¿Cómo puede haber libre albedrío si todo es Dios?” El
poder del agua es diferente del poder del fuego. El poder del fuego
es diferente al poder de la tierra. Así también, la acción de cada persona
es diferente, aunque Dios exista en el alma de cada uno. Los temperamentos
son distintos, de acuerdo con las condiciones de vida y la educación
recibida, pero Dios está en todos.
Antes de
iniciar un viaje para una evolución superior, hay muchas cosas que superar,
pero cada paso que damos en dirección a la ejecución de esa verdad nos
da más confianza. Cuanto más conseguimos sobrepasar las dudas, más crece
esa fe y más fuerte se torna nuestra voluntad. Cuanto más nos aproximamos
a la Verdad, más aumenta la luz. ¿Y qué es esa luz?. Es la claridad
de la realización personal.
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CUANDO el
hombre conoce una ley no quiere decir que ese conocimiento le capacite
para seguirla. La naturaleza de la vida es tan tóxica, que nos hace
olvidar casi siempre la ley de la acción, la cual se expresa así: cualquier
resultado es una consecuencia de un hecho.
Por tanto,
es natural que esa ley de acción sea difícil de ser practicada, porque
olvidamos pensar seriamente en ella. Para probar esto no hay que ir
muy lejos: basta ver los múltiples ejemplos en nuestra vida y en la
de nuestros semejantes. Actúa como un eco. Lo que hacemos crea un eco
y esos son los resultados. Decía Zaratustra que las acciones pueden
ser divididas en tres categorías: actuar, hablar y pensar. Una persona
puede no actuar mal, pero puede hablar de una manera errónea. De cualquier
manera el mal es hecho.
De acuerdo
con las ideas místicas, el mundo en que vivimos es un AKASHA que quiere
decir: capacidad. Lo describen como una cúpula. Cualquier cosa que se
hable bajo esa cúpula produce un eco. Así nadie puede actuar, hablar
o pensar en cualquier cosa, ni siquiera un momento, sin que esa cosa
produzca una reacción. Se registra y ese registro es creativo. No son
sólo estas tres cosas las que quedan registradas en la memoria o en
el aire; ese registro está siempre creando, en todo instante. Así, cada
línea y cada letra de ese registro se transforma en semilla o en germen
que producirá un efecto similar.
Decía un
escultor que todo hombre es el escultor de su propia imagen. No sólo
eso es verdad sino que todo hombre es creador de su propia alma. La
dificultad está en que el hombre no espera con paciencia los resultados.
Estos llevan algún tiempo para manifestarse y antes de que eso pueda
suceder, el hombre puede enfrentarse con otros acontecimientos. Por
ejemplo: un hombre ha robado una cartera con dinero. Pensará: “¡Qué
suerte, hoy he hecho un buen trabajo! Seguramente debo continuar robando;
son tontos los que piensan que esto está mal, pero yo veo los buenos
resultados que tengo”. La vida es de tal forma intoxicante que no da
tiempo al hombre para pensar que el resultado de sus acciones aguarda
sólo el momento de manifestarse, que lo que nos está sucediendo hoy
es el resultado de algo hecho antes.
Esta ley
de acción puede tener cinco aspectos diferentes. Uno es el de la ley
de comunidad, porque es una ley hecha para la conveniencia de los miembros
de una sociedad. El segundo aspecto, puede llamarse ley del Estado.
Es la ley por la cual somos gobernados como un todo. Este aspecto es
tan limitado como limitada es la mente humana. Por ello, muchas leyes
son rechazadas y nuevas leyes se promulgan continuamente. A medida que
el tiempo pasa, vemos que los miembros de las comunidades o del Estado
quieren modificar continuamente leyes que van quedando anticuadas, obsoletas,
o precisan cambios.
El tercer
aspecto es la ley de la Iglesia, que tal vez venga de la tradición,
ley que el pueblo acepta no sólo porque es una ley por la que somos
gobernados, sino porque se relaciona con nuestra fe, con las creencias
populares y es sagrada para el pueblo. Esa es la ley que construye una
consciencia, más que cualquier otra.
Hay un cuarto
aspecto, que es la ley de los profetas. ¿Qué ley es ésa? Es la interpretación
de una ley oculta, hecha por un profeta. Las leyes transmitidas por
los profetas se relacionaban con el periodo en que vivió, destinadas
al pueblo de aquella época. Era una ley basada en dos acciones: una
relativa a las condiciones de la humanidad de la época en que la ley
fue dada y la otra relativa a la luz, que hacía la situación tan clara
que se podía encontrar la solución buscada. Se llamó ley divina.
Estas cuatro
leyes: de la comunidad, la del Estado, la de la Iglesia y la de los
Profetas, tenían sus limitaciones. Pero, hay otra ley que lleva al hombre
a lo ilimitado. Esa ley nunca puede ser enseñada ni explicada. Entretanto,
esa ley tiene sus raíces en la naturaleza humana y no existe una sola
persona, por más injusta y perversa que sea, que no tenga esa facultad
en lo íntimo de su ser. Esa
ley puede ser llamada, la facultad de discernir entre el bien y el mal.
SI me preguntasen
lo que es la vida de la vida, o qué es la luz de la vida y lo que nos
interesa en la existencia, respondería con una sola palabra: el ideal.
Una persona
rica, instruida, que vive confortablemente y que a pesar de todo eso
no tiene un ideal, es como una persona muerta. Un hombre sin cualificaciones,
sin instrucción, sin fortuna, mas posee un ideal, es un hombre vivo.
Si no se vive para un ideal, ¿para qué se vive? Vivir para sí mismo,
no representa gran cosa. Quien vive y no conoce un ideal, es alguien
que no posee luz. Cuanto mayor es el ideal, mayor es el hombre. Cuanto
más profundo el ideal, más profundo es el hombre. Cuanto más alto el
ideal, más elevado es el hombre. Sin un ideal, lo que el hombre haga
en la vida carecería de valor.
¿A qué me
refiero cuando hablo de un ideal? Por más insignificante que sea el
objeto que el hombre ama, que esté dispuesto a sacrificarse por él dando
todo lo que tiene, eso aún es un ideal. Prefiero al fanático que dice:
“Doy mi vida por este dios” a aquél que dice: “No quiero saber de nada,
vivo al día”. Un ideal sincero, por pequeño que sea, es un ideal. Vale
la pena tenerlo si sabemos comprenderlo y vivirlo con sinceridad. Si
saltamos continuamente de un ideal a otro, jamás alcanzaremos el ideal.
El ideal
verdadero está oculto detrás de los ideales humanos. Por ejemplo: la
fragancia está escondida en los pétalos de la rosa. Si queremos extraer
la esencia de esa rosa hemos de aplastar sus pétalos. De ese modo, la
rosa que podría existir algunos días más, se transforma en espíritu,
en esencia y dura muchísimo tiempo.
El ideal
puede ser ilustrado citando el ejemplo del huevo: la ruptura del ideal
es la realización, la ruptura del huevo da a luz al pollito. Es necesario
abrir el ideal. Si él no fuese abierto no podría ser usado.
El ideal
retrocede cuando nos acercamos a él. Cuanto más profunda es la visión
del hombre, mayor será la belleza del ideal.
EL valor
de un hombre es tan grande como su responsabilidad. Ese es el motivo
por el cual un hombre responsable muestra
una cualidad espiritual en todos los actos de su vida. Sea un jefe de
Estado, un ministro o un rey, su grandeza, su valor, está relacionado
con su responsabilidad.
Hay otro
punto de vista a considerar: el hombre debe tornarse grande por su responsabilidad.
Está el peligro de caer, pues hay un obstáculo: cuanto más consciente
es el hombre de su responsabilidad,
menos reconoce la sabiduría que trabaja a su lado. Es por eso que en
los tiempos actuales, en los que existe materialismo en todas partes,
hay grandes personalidades que realizan muchas cosas y finalmente nos
muestran sus limitaciones. Estas nacen muchas veces porque las personas
se ahogan en el mar de la responsabilidad y olvidan la sabiduría que
les acompaña.
Un poeta
persa dijo en un libro titulado “El jardín de las rosas”: “El Constructor
de todo este universo está activo hasta en la construcción de todas
mis ocupaciones, pero mi ansiedad en relación a mis tareas es mi enfermedad”.
Quería decir que: es una cosa que no podía evitar hacer, pero al mismo
tiempo reconocía que todo lo que deseaba realizar ya estaba hecho por
otra Voluntad mucho mayor, más
poderosa y sabia que él.
A veces nos
llama la atención el que cualquier insecto reciba el alimento adecuado
de dos maneras: o es atraído hacia el alimento o el alimento le es llegado
de alguna manera. El hombre, mientras tanto, que es responsable de sí
mismo y que toma la responsabilidad por otras criaturas,
nunca piensa en estos pequeños seres que viven en sus casas o en su
jardín. Todos ellos reciben lo que necesitan para seguir viviendo. Pero
la tarea más difícil, cae sobre el hombre que se ve obligado a trabajar
para su sustento, que es el precio que paga por su independencia, por
la responsabilidad asumida. En el momento que acepta su responsabilidad,
está trabajando para la humanidad, pero si deja que esa responsabilidad
le absorba a punto de olvidar la fuente de dónde le llega la ayuda que
recibe, si no tuviera consciencia de la sabiduría y del poder que trabajan
a su lado, acabaría por fracasar en la responsabilidad que asumió, no
obstante el poder y la fuerza que pueda tener.
¿¿¿¿¿¿¡¡¿¿¿¡¡¡¿¿¿COMO
descubre el hombre de qué manera la vida que existe en él ni ha nacido
ni morirá? Por el auto-análisis,
por el estudio basado en el conocimiento místico, esto es, la comprensión
de que vivimos en un vehículo llamado cuerpo y la relación existente
entre nuestro ser y nuestro cuerpo, de lo que nos preguntamos a nosotros
mismos: “¿Yo soy un cuerpo, soy una mente?” Un día comenzamos a ver
que somos el conocedor de nuestro cuerpo y de nuestra mente y llegaremos
a ver esa realización cuando podamos tener el poder de controlar el
cuerpo y la mente, como se controlan los objetos que usamos. Una vez
alcanzado ese objetivo, el cuerpo y la mente son como dos salvavidas
que nos colocamos para poder mantenernos por encima de las aguas sin
peligro de ahogarnos. Ese mismo cuerpo y mente causantes de la muerte
del ser humano, al menos en su pensamiento, son vehículos de su salvación.
Realmente
hablando, la muerte es sólo una concepción del hombre. La realidad es
la inmortalidad. Creamos un concepto de mortalidad por desconocer la
vida verdadera. Cuando realizamos la vida verdadera y la comparamos
con la mortalidad, aprendemos que esta no existe. Nuestro trabajo es
desaprender lo aprendido por el cuerpo. Decía un poeta: “Por mí me hice
prisionero y por mí mismo soy un hombre libre”. En otro lenguaje más
simple quiso decir: “Por mí mismo muero y por mí mismo vivo”. ¿Por qué
razón él decía esto y por qué no decimos todos lo mismo?
Porque para un sabio se trata de una condición creada por él
y para los demás es una condición a través de la cual vivimos desamparados.
Para llegar
a esa realización, la primera cosa que debemos aprender en todas y en
cualquier cosa pequeña de la vida, es la manera de desaprender. Le decía
un discípulo a un maestro: “Ya he aprendido mucho, ¿quiere decir alguna
cosa más para mi conocimiento?” Y
el maestro le contestó: “Cuanto más aprendas más duro será tu trabajo.
Si yo tuviera que añadir algo a lo que sabes no sería propiamente añadir
sino extraer lo que aprendiste, para que pudieses estar más aliviado
de tu saber. Debes ser capaz de primeramente desaprender, pues a través
de este trabajo nacerá el verdadero aprendizaje”.
LA religión
es un medio y no un fin; ella existe para el hombre y no el hombre para
ella. Representa una gran escuela congregando fuerzas espirituales que
se robustecen cada vez más, a través de las creencias de sus fieles.
Importancia fundamental tienen los santuarios. Por ser lugares donde
se reúnen las mentalidades imbuidas de los mismos propósitos, son preservados
de las corrientes negativas de pensamientos. Son los templos donde silenciosamente
se elevan las plegarias, pidiendo el discernimiento para saber lo que
pedir.
Lo ideal
sería que cada casa tuviera un aposento destinado a esa finalidad. Eso
se podría volver un manantial de bendiciones. Los verdaderos sacerdotes,
son aquellos que obedecen a la llamada
superior y no están llenos de intenciones materiales. Los poderes superiores
no dejan nunca de conceder luz a quien con sinceridad por ella clama.
Tiempo hubo
en que las mentes retorcidas crearon un Dios vengativo. Pero eso nunca
fue verdadero. Somos nosotros quienes nos castigamos a través de nuestro
propio karma, cuando incurrimos en errores.
Tener fe
es lo más importante de todo. Aquél que tiene fe ha pasado de lo finito
para lo Infinito, ha pasado de la muerte para la vida verdadera. Debemos
acostumbrarnos a ver sin los
ojos del cuerpo, oír sin los oídos materiales y percibir con las facultades
del espíritu; entonces sabremos que, tanto la muerte como la vida, tal
como se nos presentan, son engañosas.
Toda alma
tiene su lugar preparado, pero necesita antes purificarse a través de
las experiencias que sólo este mundo proporciona. Más tarde o temprano
tenemos que liberarnos de la ilusión, por cuanto el precio del pecado
es la muerte. La hora de la verdad llega para todos, y ni los padres,
ni los hijos, ni amigo alguno estarán en el momento de la gran transición,
cuando cada uno tendrá que cruzar solo el gran portal para presentarse
ante su conciencia.
HAY dos clases
de dolor: el físico o del cuerpo y el psicológico o del alma. Supongamos
que una persona esté durmiendo y alguien se le aproxima y acerque su
brazo a una llama. ¿Qué pasaría? Inmediatamente la persona dormida retira su brazo en un gesto intuitivo.
¿Por qué? Es evidente que lo retira porque sintió dolor. ¿Y si no lo
hubiese sentido? En este caso habría permanecido inmóvil y su brazo
acabaría quemándose por entero. Por tanto, bajo el punto de vista filosófico,
el dolor corporal no es más que una advertencia de que algo no marcha
bien y necesita ser encausado, corregido. Así, cualquier tipo de dolor
físico que sintamos, en cualquier parte del cuerpo, está indicando que
algo va mal y necesita de atención, reparación. El cuerpo humano no
fue hecho para sentir dolor, ni para sufrir y si padecemos físicamente
es porque algo antinatural está atentando contra la integridad corpórea
de nuestra personalidad.
De la misma
forma que el dolor físico, el dolor psicológico es también “un aviso”
de que algo no va bien. Voy a citar un ejemplo: recordemos que las palabras
son un medio imperfecto de comunicación, siendo necesario fijarnos en
el sentido que ellas encierran y no en las palabras en sí, para podernos
entender. Imaginemos que estamos en un grupo conversando con unos amigos.
Supongamos que en determinado momento, alguien de ese grupo haga un
elogio merecido a otra persona presente. Si nos sentimos frustrados
o doloridos es porque nuestro interior se encuentra manchado por la
envidia. Basta en ese caso cambiar nuestra actitud mental, eliminando
el despecho y sustituyéndolo por amor a mi semejante para que el dolor
desaparezca y llegue el contentamiento. En otro caso. Si una persona
tiene un socio en un negocio. Imaginemos a esa persona actuando con
corrección y lealtad para con su otro socio, y recibiendo a cambio disgustos,
gastos innecesarios, ausencias injustificadas y repetidas faltas de
dinero. Supongamos, aún más, que la primera persona persiste en su bondad
y perdón, recibiendo a cambio mayores faltas. Es hora de pararse a pensar,
buscando la causa de ese dolor moral, a fin de sanar lo incorrecto,
deshaciendo esa sociedad, en la cual la impureza se encuentra en la
mente del otro. Cesando la asociación, termina el padecimiento.
Todos son
testimonios de casos de dolores físicos y psicológicos ocasionados por
actitudes o conceptos erróneos. De este modo, siempre que veamos cualquier
tipo de dolor, será prudente analizarlo intentando descubrir su origen.
Muchas veces el dolor tiene por finalidad enseñarnos una lección y muchas
personas aprenden a través de él.
TODO tiene
una finalidad en la vida. Todo tiene un papel definido en el esquema
universal. Los místicos dicen que para andar en armonía con el universo
es necesario tener un camino.
Debemos tener
una meta, un ideal, y entonces mirar siempre hacia adelante, sin pensar
jamás en retroceder. Aquellos que no tienen objetivos en la vida, son
como un navío sin rumbo, y sus vidas han de ser vacías y carentes de
sentido, sintiendo en todo la futilidad de las cosas.
Hay que mantener
una meta y dedicar a ellos nuestros esfuerzos. Pero ni por un momento
pensemos que el ideal que hayamos escogido representa la voluntad de
Dios o es nuestra misión en la vida. No siempre es así.
Hemos de estar atentos a la voz interior, pues a través de ella
nos habla nuestros sentidos superiores.
Es necesario
buscar siempre. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Dónde soy necesario? ¿Cuál
es mi verdadera misión? Y llegará un tiempo con la respuesta acertada.
Claro que no será con palabras articuladas, pero sí bajo la forma de
sensaciones de naturaleza muy sutil. Tengamos cuidado no sea el raciocinio
quien nos dé la respuesta. Ellas pueden venir de la forma más inesperada;
no tienen hora, ni día, ni lugar. Pueden surgir en cualquier momento,
ocasión y en cualquier lugar, bajo la forma de una impresión, una intuición
o un “pálpito”. Hemos de prepararnos para ella, estar atentos
y un día la respuesta llegará. Y todas las cosas se volverán insignificantes,
pues sabremos que nuestro corazón ha encontrado reposo, y aunque el
camino sea áspero nos parecerá ligero, y cualquier dolor será recibido
con otra alegría.
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NADA arruina
más a un cuerpo, nada lo arruina sin piedad y nada lo corroe de modo
tan funesto como el sufrimiento psicológico continuado. Es curioso observar
como gran número de personas insisten en mantener ese estado de espíritu
como si sintieran placer en ello, sin darse cuenta que se están desgastando
y sin obtener nada constructivo.
La armonía
interna es un estado maravilloso que proporciona salud, belleza, alegría,
progreso, felicidad y evolución. No se trata de una utopía, ni de palabras
vanas, sino de un estado real que puede ser obtenido y que debe ser
constantemente procurado por todos aquellos que buscan su perfección.
Mucho sufrimiento
resulta de la falta de amor. Cuando no amamos nos sentimos separados
de todo y, por tanto, también de las fuerzas constructivas y un hondo
sentimiento de soledad nos invade. Nada es posible construir sin amor,
la verdadera fuerza que mueve el Cosmos. Con frecuencia, muchas personas
son asaltadas por una sensación de cansancio, de peso, de debilidad,
que no es más que la falta de amor, sin el cual no existe la chispa
que viene del alma.
El amor es
la mejor de las medicinas, el mayor de los maestros, y cuando nos falta
es necesario buscarlo primero dentro de nosotros. Pero es verdad que
el simple cambio de pensamientos armoniza o trastorna la mente, y ese
es uno de los misterios más grande de la naturaleza humana. Nadie puede
gozar de buena salud si no tiene armonía interior.
Si fuese
matemático haría la siguiente ecuación:
Amor
+ Pensamiento positivo = Armonía
interna
Falta
de amor + Pensamiento negativo
= Pesimismo
LA mente
pertenece al reino del espíritu y, por tanto, al plano del Infinito.
El pensamiento, por el contrario, pertenece al cerebro y, por tanto,
al plano físico. Ambos están unidos, formando durante la vida una unidad,
y por el dominio del plano físico alcanzamos el plano del Infinito.
Es por eso que el pensamiento adquiere una importancia tan grande. Actúa
como un doble mecanismo: pone en marcha fuerzas del mundo físico que
tienden a conseguir objetivos y construye en el plano etérico.
Hay otro
plano que es invisible, pero tan real mientras lo vemos, y es en él
dónde debemos construir, para que luego se manifieste en el plano físico.
Este es un universo mental. Decirnos: “esto es lo que ha de hacerse”
y poner en movimiento una fuerza que tenderá a realizar lo que se pretende.
Es una ley que el pensamiento de hoy lleve algún tiempo para materializarse.
Si alguien me dijera qué es lo que está pensando ahora, yo podría adelantarle
lo que será en el futuro. Seremos aquello en lo que ahora pensamos.
Somos expresión viva de nuestros pensamientos. El cerebro del hombre
es el libro de su destino. Se debe pensar en grande para ser grande.
Todo aquél que alcanzó un lugar destacado en la vida, comenzó a ocuparlo
primero con el pensamiento. Los deseos son una fuerza que tienden a
realizarse en el tiempo.
La vida humana
es, en su esencia, mente; y, en último análisis, pensamiento. Ella es
comparable a un arma cargada de munición, pronta para ser disparada.
Pero ...... ¿dónde está el gatillo? Después de analizar la pregunta,
cada uno podrá responder: “Yo soy el gatillo”. El pensamiento puede
ser accionado por la voluntad y entonces el gatillo será accionado y
proyectado el destino.
Meditando
sobre esto me pareció evidente que podría escoger. Ahora, si yo podía
escoger, había dentro de mí alguien que escogía. ¿Quién era entonces
ése que hacia la elección? Esto me llevó a otra pregunta: “¿Quién soy
yo?” Y esta fue la pregunta que me hice.
Algún tiempo
después obtuve la respuesta: tú eres el constructor continuo de tu destino. |
ACCION
DE GRACIAS
Gracias,
Señor, por todo lo que veo y recibo: Por el nuevo
día que nace, gracias; Por volver
a ver la luz del Sol, gracias.
Gracias,
Señor, por contemplar el firmamento. Por presenciar
el vuelo de los pájaros, gracias. Por ver la
armonía de la naturaleza, muchas gracias.
Gracias,
Señor, por la vida que me diste. Por la oportunidad
de servirte, gracias. Por poder
auxiliar a mis semejantes, muchas gracias.
Gracias,
Señor, por la capacidad de amar. Por ver el
rostro de mis amigos, gracias. Por escuchar
la música que me eleva, muchas gracias.
Gracias,
Señor, por la fe que me diste. Por las desilusiones
que me llevan a la verdad, gracias. Por el dolor
que purifica, muchas gracias.
Gracias,
Señor, por haber conocido el amor. Por el dolor
de la separación, gracias. Por la calma
después de la tempestad, muchas gracias.
Gracias,
Señor, por sentir Tu presencia. Por poder
colaborar en tu obra, gracias. Por Tu voz
dentro de mí, muchas gracias.
Gracias,
Señor, por saber que estás conmigo. Por vivir
contigo mi existencia, gracias. Por todo
esto, gracias, Señor, muchas gracias.
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CUANDO
un espiritualista dice que todo es ilusión, el materialista replica:
“Muéstrame entonces donde está la realidad”. Muchas veces las personas
emplean la palabra ilusión sin saber lo que ella significa. Cuando se
dice a alguien que está sufriendo que todo es ilusión, el sufridor responde:
“para mí es una realidad”. Cuando no hallamos una solución para el problema,
durante mucho tiempo la llamamos ilusión hasta que nuestra paciencia
se agota.
Si la paciencia
es puesta a prueba, comenzamos a llamar a la enfermedad de realidad.
Cuando se comienza por el fin se acaba por el comienzo. La razón es
que, para llamar ilusión a alguna cosa que nuestros sentidos perciben,
debemos primeramente comprender su naturaleza, para probarnos y probar
a los demás que así es.
Lo primero
a comprender es que de la manera que miramos las cosas, nos pueden parecer
diferentes. Cuando estudiamos el mecanismo y los diferentes nombres
y formas que entran en la composición de los elementos, descubrimos
que aquello que los hace actuar, es algo muy diferente a su forma exterior.
Todo eso sirve para mostrarnos que la superficie de las cosas cubre
nuestros ojos y guarda su origen en secreto.
En el mundo
todo está cubierto por capas y cuando descubrimos una aparece otra debajo.
Todas las cosas se encuentran dentro de otra. y no podemos ir al fondo
de algo a no ser que se conozca el secreto del camino que hemos de recorrer.
Dos cosas
a tener en consideración si se quiere entender la naturaleza de la ilusión.
La primera: lo que es variable es ilusión. La segunda: lo que es inestable
es ilusión, porque lo inestable también es variable y viceversa.
Existen dos
leyes: la primera, aquello que se modifica; y la segunda, aquello que
se disuelve, destruye o descompone. La única diferencia es que aunque
ambas sean mudables, sólo en uno de los procesos podemos encontrar lo
que es mutable. Si el carbón se ha transformado en diamante, podemos
obtenerlo; pero cuando el alcohol se volatiza, no podemos volverlo a
licuar.
Usamos la
palabra “falso” o “verdadero” de acuerdo con nuestro concepto de las
cosas. Al oro lo llamamos por su nombre y a cualquier metal dorado lo
llamamos imitación. A primera vista parecen lo mismo. Pero es la estabilidad
del oro lo que nos hace denominarlo “verdadero”, porque es estable.
Y la misma cosa decimos de una amistad.
Por eso cuando
vemos el mundo de la manifestación vemos ilusión en todas las cosas.
Sólo hay una realidad a ser encontrada, y está en el fondo de todas
las cosas; la realidad es el último concepto. Es como el cuerpo y el
alma. El cuerpo es una ilusión y el alma es una realidad. Conocer la
realidad es saber todo lo que hay para ser conocido.
SI intentamos
comprender qué significa capacidad, podemos llegar a un gran secreto
de la creación. Puedo decir que capacidad es como el óvulo de la creación.
La manifestación, por lo que sabemos de conocido y por aquello que desconocemos,
es una forma creada en una capacidad.
Capacidad
es aquello que forma una cavidad donde la acción penetrante de la existencia
puede producir una substancia. ¿Qué es una estrella o un planeta? Capacidades.
¿Qué contienen? De acuerdo con la capacidad de cada uno, contienen una
capacidad capaz de mantenerse dentro de sí misma y dar a luz. Un planeta
pues, no es igual a otro, así como las estrellas.
El mar es
una capacidad donde los animales marinos nacen, viven y mueren, el aire
también es una capacidad donde muchas criaturas viven, se mueven y tienen
su ser. La tierra es una capacidad que contiene plantas, árboles, piedras,
metales y otras substancias derivadas de ella. Todo es una capacidad:
la piedra, el árbol, la fruta o una flor. De la flor nace el perfume
y de la fruta el sabor. Del mismo modo, el ser vivo es una capacidad
acabada y perfecta.
Existen centros
intuitivos en el cuerpo físico del hombre. Cada centro es una capacidad.
Pocos saben esto. Esos centros se obstruyen cuando el hombre lleva una
vida tan material que sus facultades psíquicas quedan anuladas. Todas
las prácticas místicas de los iniciados, son dadas para que todas las
capacidades existentes en nosotros se abran, activen y sean puestas
en orden, para que el hombre pueda experimentar plenamente. La falta
de aire, de energía y magnetismo, bloquean estos centros. Así es como
perdemos nuestras capacidades intuitivas. Y eso prueba que, si una persona
piensa en alguna cosa, crea una capacidad, como es la acción y el movimiento.
Cuando el movimiento es muy lento, cuando no es activo, la capacidad
no es aprovechada.
QUE existía
antes de la Creación? ¿Había
inmovilidad o movimiento? La
ciencia descubrió que detrás de todo hay movimiento. Eso es real porque,
lo que llamamos inmovilismo no deja de ser un movimiento, aunque los
sentidos no lo perciban. Por ese motivo existen las montañas, los árboles
viven, el hombre actúa y los cuerpos se mueven, únicamente por la fuerza
del movimiento, de las vibraciones. La salud, alegría, tristeza y destrucción,
son causadas por una velocidad más rápida o más lenta, o por una actividad
especial de esas vibraciones. La enfermedad y la salud dependen de la
ley de las vibraciones.
Un diamante
lo es porque vibra. Del mismo modo una persona es brillante porque su
inteligencia vibra. Su capacidad de comprender está de acuerdo con el
ritmo de su vibración. Se puede siempre notar que una persona brillante
es quien comprende las cosas con mayor rapidez, mejor y más profundamente.
Cuando no se tiene el brillo de la vibración, comprender tiene un costo
mucho mayor en tiempo.
Llegamos
a la comprensión de que todo fenómeno es un fenómeno de capacidad y
que de acuerdo con esa capacidad, es creado todo lo que en ella se contiene.
Como cada cosa y cada ser vibra de acuerdo con su capacidad, los resultados
también son de acuerdo con ella. Reciben la resonancia de ese ritmo.
Esa resonancia es semejante a lo que sentimos cuando estamos cansados,
deprimidos, alegres o fuertes. Todas estas maneras de sentir están y
son motivadas por nuestro propio ritmo.
TODAS las
cosas que existen y son perceptibles por nuestros sentidos, vibran.
Si la vibración no fuera posible, no habría colores ni brillos para
ser percibidos. Cuando un árbol crece y la fruta madura, o cuando las
flores nos muestran sus colores, es porque hay una vibración en diferentes
escalas. Nuestras vidas están también sometidas a esta ley de vibraciones
que gobierna la existencia de nuestros cuerpos físicos, así como los
sentimientos y pensamientos. Si quisiera dar una explicación de la electricidad,
podría decir que su misterio consiste en las vibraciones. Y, finalmente,
diría que las vibraciones que constituyen las formas de los cuerpos
en todas sus manifestaciones, no existirían si no hubiese un principio
básico llamado luz.
Dice la Biblia
que en el principio se hizo la luz. Esa fue la primera forma y a partir
de ahí fueron creadas todas las otras.
Tanto la
causa como el efecto de las cosas están sometidas a las vibraciones.
La vibración causa movimiento, rotación, circulación; es la rotación
de los planetas, la circulación de la sangre. Todo lo que tiene vida
es vibración.
Depende de
la velocidad de las vibraciones el que una cosa sea visible o audible.
Todo lo que es visible es audible. El que no lo percibamos con los ojos
o no lo sientan nuestros oídos, no quiere decir
que no exista, ello solamente demuestra que somos limitados.
Eso es una
prueba de que todo tiene sonido y forma. Si los ojos físicos no pueden
verlo, la mente puede reconocerlo, lo que explica que todo consiste
en una diferencia de vibraciones y de planos donde estas ocurren. Son
los diferentes grados de vibración lo que hacen que las formas sean
perceptibles y audibles para nosotros.
Lo que llamamos
vida y muerte es, tanto una como la otra, una existencia reconocida
dentro de un cierto grado de vibración. Si decimos: “Esta hoja del rosal
está muerta”, es un cambio de vibración quien la hizo morir. De acuerdo
con esta ley no está muerta,
sólo está en un ritmo diferente de vibración. Si estuviese muerta, cuando
la tomamos para hacer una infusión y curar nuestra enfermedad, no ejercería
ningún efecto sobre nosotros.
El cuerpo
de un animal muerto, no sería un alimento si no tuviese una vibración.
Aún tiene un tipo de vida que es transmitida al cuerpo del hombre a
través del aparato digestivo. La diferencia entre comer vegetales frescos
o en conserva, es debida a una diferencia vibratoria y ella hace que
tengan menor influencia sobre nuestra salud.
Lo mismo
sucede con todas las cosas. Cuando comenzamos a ver la vida bajo este
punto de vista, somos conscientes de que nacimiento y muerte son simplemente
conceptos nuestros, que todo está vivo. Hay sólo alteraciones de cuerpos
para otras dimensiones de las formas. Es una diferencia de ritmo.
Los diferentes
estados de la vida son fenómenos de vibración, tal como: infancia, adolescencia,
juventud, madurez y vejez. La fuerza y la debilidad, la acción y el
reposo, son velocidades de vibración. Detrás de una enfermedad hay vibraciones
incorrectas actuando.
EL
espacio es negativo, y permite que sus latidos sigan el mismo ritmo
de aquello que carga y que llamamos atmósfera. Y, al mismo tiempo, es
positivo, porque lo absorbe y asimila todo. Cuando alguien dice que
la atmósfera de un lugar lo calma o lo excita, está diciendo que la
impresión de algo que cargó aquella atmósfera aún continúa en el lugar.
La atmósfera
puede ser de dos especies: la de la presencia y la de la ausencia. Cuando
en una persona hay un cambio, la atmósfera se modifica. Cuando estamos
en meditación, en silencio o reposo, la atmósfera es tranquilizadora.
Cuando estamos inquietos, preocupados o agitados, la atmósfera adquiere
nuestro pensamiento. El motivo es que el aire está cargado con las vibraciones
de la persona o grupo allí presente.
La atmósfera
creada por una persona y dejada en un espacio, permanece inalterable,
aunque con el tiempo va perdiendo vitalidad. Permanece más tiempo del
que podamos imaginar.
No es sólo
el hombre el que crea una atmósfera, sino que ella se crea también en
el hombre. Una persona pacífica se puede sentir inquieta en un lugar
con una atmósfera inquietante y lo mismo sucede a la inversa. Hay algunos
que consiguen que la atmósfera les cuente su historia. Podemos preguntar
por qué es así, pero quien percibe las vibraciones puede comprender
su lenguaje, igual que un músico para quien cada nota le dice algo especial.
En la mente del artista la nota es diferente y él sabe a que tema corresponde
cada una, su sentimiento, su sentido y su efecto. Para quien no es músico,
una melodía puede ser calmante, pero para el músico es una cosa viva,
con alma, es comunicación. Igualmente, quien percibe la atmósfera, sabe
de ella algo especial que nos es ajeno.
Hay otra
manera de ver este asunto. Todo lo que una persona siente, piensa y
dice, crea un ambiente. Todos los sentimientos, como el humor, el pesar,
la pasión, la ira, crea una atmósfera expresiva. Nadie es capaz de crear
una falsa atmósfera, o sea, un ambiente diferente de su propio estado.
Alguien preguntó a un Maestro cuál era la señal de un santo y él respondió:
“Nunca juzgues a un santo por lo que dice o hace, siente el ambiente
a su alrededor y te dirá quién es”. Este es el secreto que hay tras
los sabios, santos y profetas.
LUZ es algo
que tiene tres aspectos principales: la fuente de toda luz, la luz solar
y la luz en el sentido común de la palabra.
El primer
aspecto es la luz que percibimos como inteligencia; el segundo es la
luz que vemos como el sol y el tercer aspecto es la luz que usamos en
nuestra vida diaria. La ciencia considera a la inteligencia como el
resultado de un proceso que se desarrolla gradualmente, del cual el
hombre es la meta, si lo comparamos con otros seres vivos. De la manera
que comprendemos la palabra inteligencia, ella no significa “la fuente
de la luz”, sino de una forma limitada. La inteligencia en su estado
original es algo diferente de lo que comprendemos actualmente.
Aún la inteligencia
se puede dividir en tres aspectos diferentes: inteligencia original,
inteligencia en desarrollo e inteligencia en el sentido de facultad
usada por el hombre.
En su primer
aspecto, es el Ser Supremo; en el segundo, es inteligencia de lo conocido
más el conocimiento; en el tercer aspecto, la inteligencia es limitada,
porque se muestra a través de la capacidad humana. En otro aspecto,
la primera puede ser inteligencia no despertada, el segundo aspecto
inteligencia despierta y el tercero inteligencia limitada.
De los tres
modos la inteligencia es la misma. La primera es muy superior, porque
aunque es desconocida, la sentimos a través de la Creación cósmica.
La segunda, la luz del sol, es una inteligencia vibrante en perpetuo
movimiento. Por ella vivimos y somos. La tercera, es la luz de las cosas.
Todo tiene su propia luz y color. Cada substancia, se muestra a través
de la radiación y comparte la luz del sol.
Cuando pensamos
en la luz en nuestra vida, la podemos dividir también en tres partes:
la primera es la luz que nos deja ver las cosas. La segunda es la capacidad
del ojo cuando ve la existencia. La tercera, es la radiación que pertenece
a la esencia que se revela, como el fósforo o cualquier substancia química,
que no necesitan otra luz y tienen su propia radiación.
EN todos
los tiempos, los pensadores reconocieron el aspecto triple de la naturaleza.
Dieron a esta triplicidad nombres diferentes de acuerdo con la terminología
de sus creencias. Le agregaron una interpretación de acuerdo con la
época y el espacio. Los hindúes la llamaron “Trimurti” y personificaba
las tres personas: Brahma el Creador, Vishnu el Sustentador
y Shiva el Destructor. Esa idea no sólo se aplicaba a Dios sino
que era toda la Naturaleza. El fuego, el combustible que lo alimenta
y el aire que apaga la llama.
En todos
los seres y las cosas, en las causas y los efectos, esos tres aspectos
pueden ser vistos. Toda cosa presenta estos tres aspectos, aunque en
algunas haya algún aspecto más significativo que otro. En cada persona
también están presentes. Podemos verlo en lo que hacemos. Pensar es
creativo, recordar es sustentador y olvidar es la última acción, que
podemos llamar asimilar. La asimilación de alguna cosa es, en cierta
manera, su desaparición. Lo que es asimilado ya no es la misma cosa.
Está el olvido.
A veces olvidamos algo, pero sigue en el subconsciente. Decimos: “Olvidé”,
pero cuando se intenta recordar, lo olvidado salta a la memoria, lo
que prueba que no fue asimilado, aunque sí olvidado. Es una forma ligera
de asimilar, aunque la verdadera es olvidar completamente. Olvidar no
es tan fácil como creemos. Es fácil decir: “Olvida”, pero en realidad
no lo es, especialmente lo que más queremos olvidar.
Me preguntaron
una vez: “¿Encontraremos en otra vida a las personas amadas que hemos
perdido?” Le respondí: “Encontraremos lo que hemos amado y lo que habíamos
odiado”. Todos estamos preparados para encontrar lo amado, pero no estamos
dispuestos a volver a ver lo que aborrecimos. Es lo que nos gustaría
olvidar.
EL espíritu
de todas las cosas y seres está tanto del lado de dentro como del lado
de fuera. Un metal, una piedra, una fruta o una flor, todas tienen dentro
de sí un espíritu, aunque oculto. Ese espíritu continúa existiendo aunque
la forma haya dejado aparentemente de vivir. La madera del árbol conserva
la esencia olorosa aún después de seco. La chispa de fuego está oculta
en el pedernal frío. En la fruta hay una semilla que contiene su esencia.
Pocos son
capaces de encontrar espíritu en el vacío, pero ahí hay un fenómeno.
No es imaginación cuando se dice que algunos pueblos antiguos creían en el espíritu de los árboles, de las
montañas, pues no existe nada que no tenga espíritu, aunque no podamos
verlo. Vemos el exterior del objeto, pero de la misma manera hay un
espíritu oculto.
Las cualidades
de las cosas deben ser encontradas en su espíritu y nunca en las propias
cosas. Esa esencia a veces es cien veces más potente que la cosa de
la cual es extraída. En química, sabemos como extraer la parte viva
y oculta dentro de cada substancia.
El espacio
no está sólo lleno de substancia, está lleno de espíritu. Ideas como
la existencia de otro mundo y de planos diferentes, son enseñadas por
los religiosos y filósofos para dar a las personas una noción del mundo
interior, pero la verdad es que no existe nada en el espacio en que
no hayan seres con una forma que nuestra limitada visión no pueden ver.
La razón es que la luz es más clara para nuestra percepción interna
y muy débil o nula para los ojos exteriores.
La esfera
del pensamiento es diferente, es otra dimensión. Los detalles vienen
al pensamiento y los contornos a los ojos. Ese es el motivo por el que
idealizamos más fácilmente, porque los ojos internos ven de manera distinta
a los físicos.
¿Qué nos
limita y priva de visión de lo visible y lo invisible? El primer lugar,
mundo invisible es un nombre inventado por conveniencia. El mundo invisible
es el mundo visible y viceversa. El que llamamos otro mundo es el mismo
mundo en el que estamos, sólo que está velado a nuestros ojos. Una persona
no ve el mundo invisible porque está tan acostumbrada a observar lo
que tiene delante de sí, que no ve nada más. Nunca se vuelve hacia su
interior para que ver lo que existe dentro.
CUANDO hablamos,
usamos muchas veces las palabras espíritu y materia. El significado
de estas palabras no es el mismo para todos. Algunos encuentran que
“espíritu es una cosa y materia es otra; que ni la materia es espíritu
ni el espíritu es materia”.
Un materialista
dirá: “no existe algo llamado espíritu, todo lo que hay es materia”,
y otra persona dirá: “la palabra materia no existe. Es pura ilusión,
lo que hay es el espíritu”.
Somos libres
para creer en lo queramos, pero si raciocinamos profundamente la vida,
vemos las cosas de modo diferente. El hielo y el agua son dos cosas,
y su verdadera naturaleza es una. Igual que el espíritu y la materia.
La materia es una fase pasajera del espíritu y el hombre duda que la
materia, que tiene millares de formas, realmente se transforme en espíritu.
En realidad,
la materia viene del espíritu, en su verdadera naturaleza lo es. Es
un proceso del espíritu, que se materializó y se tornó inteligible a
nuestros sentidos, escondiéndose luego en la materia. Así, a los ojos
que ven la vida superficialmente, la existencia del espíritu no es visible.
Está escrito:
“Todo viene de Dios y a Él retorna”. Podemos simplemente decir que todo
viene del espíritu y hacia él vuelve. ¿Qué significa la muerte para
el espíritu? El espíritu nada es para la materia al igual que la materia
para el espíritu no significa nada. El espíritu siente la falta de la
materia en su condición activa limitada. Cuando está en un proceso de
manifestación, necesita de una forma y a través de ella experimenta
la vida de manera limitada, pero en su verdadera naturaleza es auto-suficiente,
no necesita experiencias, las tiene en sí, nada desea. Y en ese estado
podemos llamar a la materia de positiva y al espíritu de negativo. Hay
un motivo para cada caso. Al llamar a la materia de positiva estamos
en la verdad, ella es como un retrato, con el espíritu detrás. Nos inclinamos
a llamar a la foto de parte positiva y no lo que refleja, pero si llamamos
positivo al espíritu no nos equivocamos, porque la materia viene de
él y el espíritu un día la consumirá.
EL misticismo
puede ser considerado la esencia de todo el conocimiento. Es como un
perfume que tiene su propia fragancia. No vemos el perfume, sino el
objeto que lo desprende. No escuchamos muchas palabras del místico explicando
lo que es la espiritualidad, sino que percibimos su dulzura, su santidad.
Para un místico
los rituales y las ceremonias no son importantes, aunque tome parte
en ellas. El hombre que no ha llegado a un alto grado de evolución,
es el que dice: “He llegado a un grado muy avanzado y no tolero las
formas exteriores”, y se rebela contra ellas, pero el místico lo tolera
todo, porque interpreta la vida de acuerdo con su grado de evolución.
Aprecia el significado del ritual. Interpreta las ceremonias de acuerdo
con su sabiduría e interpreta lo que jamás soñó el oficiante del ritual.
Es una gran
verdad: el misticismo no puede ser definido por medio de palabras, como
doctrinas, teorías o filosofías, porque es una experiencia interior.
Para saberlo hay que pasar por ello. En sí, la palabra no tiene significado.
Es necesario una experiencia interna para comprender su significado
y totalidad. No hay un libro sobre misticismo y los pocos que hablan
sobre él, dicen cosas diferentes de la verdadera experiencia. La razón
de ser un asunto tan vago es que es algo muy valioso. Si existe un conocimiento
digno de valor, es la sabiduría y la ciencia que se adquiere a través
de las experiencias místicas.
La dificultad
está en que hay casi-místicos, personas que entienden la décima parte
de la mística, y los llamamos como si lo conocieran todo. Ésta es la
causa de la confusión. Los verdaderos místicos siempre están de acuerdo,
porque las experiencias interiores unifican; las modificaciones corresponden
siempre al exterior. Cuanto más avanzamos en la vida espiritual, más
experiencias idénticas a las de otros que están en el mismo sendero.
Quien especula nunca está satisfecho de lo que sabe y va aprendiendo,
está siempre en duda, indagando si lo que conoce es total o está falto
de algo que lo complete.
NADA en el
mundo nos puede dar más felicidad que la sabiduría. Todas las demás
cosas que aparentemente nos satisfacen sólo son importante en el momento
adecuado. Después que pasa, todo sigue igual que antes. El objetivo
de la vida es la adquisición de sabiduría. La base de esta seguridad
está en las palabras del Evangelio: “Busca primero el reino de Dios
y todas las otras cosas te serán dadas por añadidura”. El hombre encuentra
su “Ser” en la búsqueda de Dios.
La espiritualidad
enseña al hombre cómo se produce el nacimiento de su Ser y permite que
éste se comunique con la vida. No se trata de historias de santos o
de sabios que hayan hablado con árboles, plantas, animales o pájaros.
Un hombre que vive a través de su Ser, puede establecer esa comunicación
plenamente.
La idea que
se tiene de un hombre espiritual es la de un soñador, un hombre intoxicado,
pero no es nada de eso: el espiritualista sabe que son los demás los
que están en ese estado que a él se le supone, porque el conocimiento
espiritual lleva al hombre siempre a la sobriedad en todas las cosas.
Tienen razón algunos cuando dicen que un espiritualista parece ajeno
a las cosas que interesan a los demás, pues no presta ninguna atención
a cosas que a otros les preocupan, a las que dan gran valor, ni juzga
a las personas bajo la misma luz, ni piensa en Dios como los demás.
Nadie comprende su lenguaje, aunque él comprende perfectamente a los
demás. Así que la mejor definición que puedo dar de un espiritualista
es ser un comunicador con la vida.
Sin duda
se nace espiritual. Es un cierto tipo de mente que nace con esa cualidad,
pero también este estado puede ser adquirido. Una persona que nace con
una vocación espiritual, mostrará siempre esas tendencias desde su niñez,
pero cuando la espiritualidad se adquiere durante la vida es una realización
de mucho valor, porque hay una voluntad de parte de esta persona.
LA llegada
del espíritu desde su lugar de origen para la tierra y su vuelta desde
la materia hacia su estado original, es lo que llamamos “la jornada
de la vida”.
El significado
de la vida, tal como la comprendemos, es esta jornada. La condición
del espíritu antes de esa jornada no es reconocida ni admitida por muchas
personas. Para esa gente que sólo se agarran a sus personalidades y
desconocen aún un horizonte más vasto de conocimiento, es muy difícil
absorber este conocimiento. Como no conocen más que sus personas y circunstancias,
y no siendo Dios para ellas más que una idea, muchas veces se sienten
desorientadas y sin energías.
Hay una diferencia
entre lo eterno y lo perpétuo. La palabra eterno no puede ser ligada
al alma, pues lo que tiene nacimiento tiene muerte, un principio y un
fin, no puede ser eterno, aunque pueda ser perpetuo. Es perpetuo de
acuerdo con nuestra concepción; dura más allá de lo que podamos concebir
y comprender, pero cuando llegamos a lo eterno, sólo Dios es eterno.
Las diferentes
esferas, como la angelical y la de las otras entidades, son como una
arcilla que es preparada para ser usada por el alma. En otras palabras,
el alma toma prestada de la esfera angelical un material virginal de
esa dimensión. Lo llamo materia porque no tengo otro nombre para ella.
De la dimensión de otras entidades superiores, el alma toma la sustancia
de esa esfera y con ella cubre la esencia tomada antes de los ángeles.
Después el alma se rodea de la sustancia tomada en el mundo físico.
Analizando
el caudal tomado en la dimensión física, podemos llegar a un más claro
concepto de la idea, pensando que toda creación fue hecha para que el
hombre pudiese ser creado para una meta final, y que todo lo
hecho antes fue una preparación. Los dos primeros estadios fueron
preparatorios para que el alma pudiese alcanzar la manifestación material.
Así llegamos
al análisis de las cuatro diferentes arcillas de que se compone el cuerpo
del hombre. La primera viene del reino mineral. Rocas y montañas fueron
creadas en primer lugar, le siguen los árboles y las plantas y el tercer
proceso fue aquella sustancia que al principio fue roca y después árbol
y planta, más tarde se hizo más viva y se manifestó como animal y ave.
Y fue de esa misma substancia que se construyó el cuerpo del hombre.
Es como si la Creación hubiese hecho un barro para el hombre, que primeramente
fue denso, después más ligero en forma
de planta, siguió más vibrante en los cuerpos animales, hasta que se
hizo refinado, para que en el cuarto estadio se transformase en sustancia
para el cuerpo humano.
Es por ese
motivo que el hombre depende de todas esas sustancias para su sustento.
Porque el cuerpo del hombre es hecho de esos elementos; la carne, la
sangre, la piel y los huesos, representan las cuatro diferentes arcillas.
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