LECCIONES DE COSAS

Autor: Don Salvador Navarro Zamorano

Versos: Quintín García Muñoz

Portada: Isabel Navarro Reynés

 

 

REG. PROP. INT. Z-460-10

ISBN:978-84-614-3862

D.LEGAL: M-41583-2010

PRÓLOGO

Decir algo nuevo de Don Salvador Navarro Zamorano es difícil después de la gran cantidad de libros que lleva en su haber, aunque siempre es posible que ocurra algo nuevo, y tal ha acontecido en el tiempo que ha transcurrido desde que comenzó su última creación literaria.

Por el mes de Mayo o Junio, creo recordar, que escribí una carta a Don Salvador, comentándole que anhelaba escribir algo sencillo. Necesitaba detenerme un tiempo y reflexionar, aunque tampoco reflexionar era la palabra exacta. Comencé a escribir una obrita literaria, que llamaría Mi pueblo, y que probablemente tendrá el nombre de Alma. En ella recordaba mi niñez y juventud acaecidas en un pueblo cerca de los Pirineos. Por su parte Don Salvador me comentó que él deseaba iniciar una obra con el título: Lecciones de cosas que era el título de una libro de texto que utilizó en la escuela, cuando era niño.

Cada uno de los escritores siguió su rumbo. Yo pensaba que había desechado la idea, o tal vez la había dejado de momento. Habló sobre una poesía que le había enviado, y que más tarde sería insertada en el libro de Lecciones de cosas.

Deseaba dar al nuevo libro Mi pueblo algo más de profundidad y escribí la poesía de Los Siete Hermanos, que tenía que ver y mucho con todo lo que él estaba escribiendo. Proseguí con El sendero de la Vida. Otra coincidencia.

El 29 de Agosto, tal y como se puede verificar en un portal de cuentos en el que participo, inicié el relato de lo que iba a ser un simple cuento, pero que al final se convirtió en una nueva novela.

El tema de la obra es el de un mago que desea apoderarse del “alma” o mejor expresado, del cuerpo de energías, cuerpo astral y cuerpo mental de una mujer; pero para que el lector pudiese comprender mejor la trama, se me ocurrió que a la vez que sucedían los acontecimientos entre los protagonistas, desgranaría alguna idea sobre la encarnación de un hipotético ente que viniendo del centro de la galaxia, había ido asentándose en el Sistema solar, y por ende en la Tierra; para continuar con el necesario descenso desde lo abstracto hasta lo que todos conocemos como plano físico.
Después de terminar La mujer más poderosa del mundo, comencé a leer Lecciones de cosas, y aunque es cierto que ambos tenemos ideas parecidas, no dejan de ser curiosas las “coincidencias” ocurridas en el mismo período de tiempo.

Transcribo aquí un pequeño fragmento escrito el 2 de Septiembre:

Originario del Corazón de nuestra galaxia, la Vía Láctea, partió uno de los muchos millones que constituían los Hijos de Dios. Sobre la faz de la oscuridad en la que se mantenía circunscripta la materia oscura todavía sin vida, los Hijos de Dios, partieron cuando sonó la hora para vivificar cada uno de los planetas que estaban dormidos, cada uno de los lagos de materia interestelar que giraban inconscientes alrededor del punto central de nuestra Galaxia.

Hay muchas más coincidencias en el tiempo, y eligiendo otra, plasmo aquí lo reflejado en internet el día 6 de Septiembre del año en curso 2010. Supongo que Don Salvador Navarro estaría terminando de repasar su extenso ensayo.


Nuestro amado Padre reinició otra vez el proceso de acercamiento a la materia y conformó el Sistema Solar. Miles de millones de años pasaron hasta que las semillas pudieron germinar tal y como las conocemos ahora, lo que no indica que antes no hubiese nada.

De tal forma que el Alma de la Tierra, uno de los hermanos del Sol, emprendió su cuarta encarnación, o toda la evolución del planeta Tierra.

En la anterior evolución, el espíritu y la materia evolucionaron pacientemente. Todo siguió un proceso natural, de la misma forma que un ser humano encarna en un cuerpo. Tras inmensos periodos los impactos del Espíritu sobre la materia dormida, fueron despertándola y haciéndola autoconsciente.

Es verdaderamente un problema que todavía no tenemos resuelto en nuestra civilización el origen de la autoconciencia. Tal y como está la informática, llegará un momento en que un ordenador será capaz de una vez almacenadas todas las posibilidades responder incluso más correctamente que un hombre, como de hecho ya lo está haciendo. Pero la pregunta que sigue sin respuesta es... Cuando se tenga la inteligencia artificial... ¿se podrá dar el paso a la autoconciencia?

Parece ser que la materia atómica sometida continuamente a los impulsos constructores de la electricidad cósmica, puede llegar a dotarla de la cualidad de autoconciencia. La ciencia todavía no ha llegado a comprender el término "Materia Inteligente", pero el esoterismo es algo que considera como un hecho y que es el fundamento de toda magia.

Así es que, cuando el Espíritu fecundó por cuarta vez cierto espacio del Sistema Solar, inició el proceso de evolución ayudado de ciertas autoconciencias ya existentes en el corazón del Sol. Esas autoconsciencias anteriores incluso a la creación actual del Sol, fueron las que unieron definitivamente el Padre Espíritu y la Madre Materia de nuestro planeta.

Según nos indican algunos autores la autoconciencia de nuestro planeta surgió mucho más rápidamente por la actuación de tres factores eléctricos: Electricidad dinámica o Espíritu, Electricidad por fricción o Materia y ambos fueron unidos por la Materia Autoconsciente Solar que proporcionó la autoconciencia de la que actualmente disfrutamos.

Siento que esto sea un poco tedioso. Sin embargo, es importante para el transcurso de la obra, pues es una forma de decir que los seres humanos estamos compuestos de tres elementos El primero el espíritu, el segundo el cuerpo y el tercero el alma o una materia muy especial que entre otras cosas tiene tres átomos muy particulares. Son los átomos permanentes: físico, astral y mental.

Y puesto que ahora vivimos en la época de los ordenadores y sabemos la memoria que se puede almacenar en un pequeño espacio, podemos intentar comprender que esos tres átomos contienen toda la información importante que un ser humano ha reunido en sus cientos de encarnaciones.

Estos tres átomos son de vital importancia, son materia inteligente, incluso autoconsciente. Son como el código genético desde el que el Angel Solar puede diseñar el cuerpo mental, astral y físico etérico. Dicho de otra forma, son el tesoro más valioso de un ser humano. Los que unen momentáneamente el Espíritu con la materia, puesto que estos átomos son la materia más evolucionada jamás creada.

El lector podrá comprobar, conforme vaya leyendo el libro Lecciones de cosas, que en algún momento hubo un acercamiento entre las dos mentes.

Escribir es un acto creativo. Aparentemente, las palabras surgen de la nada. Parece que se originan en el cerebro, gracias a todo lo que hemos leído, estudiado, vivido y meditado, pero también se tiene la extraña sensación de que brotan espontáneamente. Esto es lo más bello para un creador artístico. El dulce momento en el que no habiendo nada, la trama se va originando. Hay personas que trazan, diseñan los libros, confeccionan fichas de cada capítulo y luego comienzan la obra. En mi caso no es así. Simplemente me pongo a escribir y nunca sé dónde terminaré. Cada siguiente capítulo va surgiendo una vez finalizado el que se está escribiendo. Después de un agradable paseo contemplando el sol del atardecer, visualizo la energía que traza un ocho horizontal, o símbolo del infinito, cuyo centro es el eje vertical imaginario que se prolonga más arriba del centro del cerebro , y pronto aparece el siguiente paso a dar en la trama de la obra. Es por ello, según mi opinión, que en algún momento los cerebros-mentes que tienen alguna clase de afinidad o amistad comparten conocimientos, y en mi caso extraigo, o soy influenciado por esas abstracciones que permanecen en otro lugar.

Estimado lector, delante de ti hay un extenso y profundo libro, del que el último capítulo es lo más querido para su autor, si bien es un tanto abstruso, y que requiere mucho estudio.

En algún lugar se puede leer que aquel que comprende los ciclos y los números es un iniciado. Así pues, supongo que será normal que al lector algunos conceptos se le escapen, como también me sucede a mí. Ocurre, en numerosas ocasiones, que la enseñanza más importante de quien para nosotros puede ser un maestro, sea incomprendida, porque esa parte es la más afín a la forma de pensar de una mente determinada y la que menos se puede comunicar.

Como siempre, hay que recalcar que los libros de Don Salvador Navarro Zamorano son para leerlos despacio. La lectura apropiada de los mismos sólo la harán aquellos que sientan una vibración parecida a la de su mente, y les provoque una curiosa atracción, pues su pensamiento tiende a las abstracciones matemáticas y filosóficas.

Este último año ha sido importante para nuestro querido amigo. Ha sacado a la luz gratificantes libros que hablan del universo, de los dioses que habitan en él y de los hombres, sus pálidos e inconscientes reflejos. Nos ha deleitado con maravillosos viajes por los mundos de la mente que todo lo abarca e impregna. Ha sido un largo periplo por espacios desconocidos, esos territorios que como los antiguos descubridores, nos ha mostrado con el cariño de un Maestro: Don Salvador Navarro Zamorano.

Con profundo afecto.

Quintín García Muñoz

 

 


Libro Primero


Í N D I C E

SENSIBILIDAD (Poema.)
INTRODU CCIÓN
EL MOVIMIENTO
LAS AUTOPISTAS DEL TIEMPO
LOS HORIZONTES DEL SER HUMANO
EL ORIGEN DE LOS MERCURIOS
LA PRESENCIA DIVINA
TRABAJO Y SERVICIO
LA ANTROPOMORFOSIS DE DIOS
PITÁGORAS
POR UN BALANCE DE NUESTRAS VIDAS
ORIÓN – El cazador de la Luz
VERANO – El esplendor de la Luz
LAS PROMESAS DE LOS NUEVOS TIEMPOS
INVIERNO – Renacimiento de la Luz
EL MAESTRO Y EL PROFESOR
EL ARTE DE LA ATENCIÓN
EL DESPERTAR ESPIRITUAL
TÉCNICA Y PENSAMIENTO
EPÍLOGO



Libro segundo

Í N D I C E


DOS POEMAS

INTRODUCCIÓN.

LOS DIOSES EXTRATERRESTRES

CONÓCETE A TI MISMO

LA MEDICINA EN LA ERA DE ACUARIO

EL ENIGMA DE LA ESFINGE

EL SECRETO DE LA SERPIENTE

ÉTICA, MORAL Y RELIGIÓN

LA GÉNESIS DE LOS NÚMEROS

LÉXICO

EPÍLOGO

 

 

 

Introducción

Hay un misterio mágico por medio del cual nos integramos en el Universo en todas sus dimensiones. Esta unificación se traduce para nosotros en una vivencia de una indecible plenitud. Es aquello a lo que acostumbramos referirnos como estado de gracia. La paz interna y la alegría nos parecen absurdas y tan hermosas y, al mismo tiempo, tan buenas. La belleza se apodera de nosotros, nos envuelve hasta donde alcanza la percepción. Como una dulce presencia, un calor, una ternura por la vida, un sentimiento de gratitud por estar vivos. El tiempo parece que se ha detenido, que por unos instantes ha dejado de existir y comprendemos la eternidad y su fuerza en unos momentos. No hay palabras para describir lo que se siente.

Así es cuando estamos viviendo un momento profundo de amor. Cuando contemplamos un espectáculo único en la Naturaleza. Cuando experimentamos una comunicación profunda con nuestro propio Yo o la realización de un sueño muy querido. Cuando creamos. ¿Quién no ha pasado alguna vez por este trance? Alguna vez hemos sentido esta felicidad plena, este ser feliz sin dudas, aunque durase solamente un instante en el tiempo.

En esos momentos nuestra sensación de armonía es absoluta. Y es ella la que denuncia la comunión integral con las dimensiones del Universo que, en estado normal no alcanzaría nuestra percepción, porque está presa en los límites de la forma, en el campo de materia en el cual existimos.

No encontramos palabras para hablar de esta sensibilidad única para traducirla, exactamente porque ella se debe al hecho de que hemos ido más allá de las fronteras materiales. Por eso es imposible colocar en cualquier tipo de forma conocida lo que está más allá de cualquier representación, imagen, palabra o lo que sea. Lo interesante es que la única manera de compartir esta singular sensibilidad es, justamente, en una comunicación muda, cómplice, desde el íntimo para el íntimo, con alguien que esté sintiendo con la misma intensidad y sintonía. Los que comparten una vivencia de tal nivel saben con certeza lo que sentirá y lo que su compañero apreciará de igual manera. Pero no hay palabras. Como mucho, transbordan este estado de gracia en una confirmación redundante de la propia sensación, por medio de miradas y un silencio, únicos lenguajes de todo lo que se ha de decir.

Cuando nos encontramos en este estado, una satisfacción inequívoca, tranquila, nos llena el pecho, el alma, la vida, vivenciando el proceso que podemos llamar canalización, sentirnos canales de una energía que viene desde un ignoto lugar del espacio. En otras palabras, nos sentimos como un canal abierto para el contacto con amplias dimensiones, aquellas de las que fuimos apartados por nuestra cultura, por los condicionamientos a los que hemos sido sometidos desde el instante que despertamos a la vida como seres humanos.

En un momento dado de la trayectoria de la onda energética de la cual cada uno de nosotros es parte, hay un instante de contracción tan fuerte que impone límites físicos, densos, que nos hacen perder la memoria cósmica, es decir, la consciencia de nuestro ser real como parte del Cosmos. Pasamos a racionalizar y éste es un instrumento concebido para entendernos con los límites impuestos por la existencia en el campo de la materia y aprendemos a movernos dentro de él. Pasamos todo el tiempo de nuestra vida “pensando” en la propia vida, muchas veces sustituyendo la vida por el pensamiento.

No nos damos cuenta más que en raros momentos, que no conseguimos traducir lo que existe más allá del campo de lo conocido en esta vivencia por la densidad material. Es como si de repente entrásemos en una sala y perdiésemos completamente la noción de que hay cosas vitales dentro que vienen de mucho más allá de las paredes que nos limitan, como el aire que respiramos o la energía que nos da luz y calor.

En realidad realizamos una inversión: es el corazón que irriga el cerebro, no lo contrario. Por tanto, quien nos dice, qué es vivir, lo que somos nosotros, es la sensibilidad, el sentimiento, la emoción. Aquella cosa que llega al pecho, diciendo con vehemencia sí o no, por medio de la intuición. El verdadero papel de la cabeza es el de elaborar y cómo vamos a conseguirlo esquivando las circunstancias, las limitaciones, para realizar el camino que la sensibilidad o el sentimiento nos indica. Cuanto más realizamos los deseos del sentimiento, mayor la sensación de plenitud, de que nuestra existencia tiene sentido y significado. Cada vez que nos apartamos de esta verdad y nos obligamos a ser lo que no somos, a ponernos máscaras, la presencia de la angustia y el sufrimiento se hace constante. ¿Por qué, entonces, escoger el dolor, cuando podemos optar por la felicidad?

Tal vez sea difícil para nosotros comprender con el cerebro una realidad tan simple, pero contraria a todo lo que nos inculcaron en nuestra educación; cuando somos sinceros con nuestros sentimientos, cuando estamos con nuestra verdad de ser, nos sentimos inevitablemente felices, confortados, consolados, aunque las circunstancias sean desfavorables. Porque la fuerza básica de la alegría, la gratificación ante lo que quiera que suceda, viene de este encuentro con el Yo, de la seguridad de que aunque todo a nuestro alrededor nos contraríe momentáneamente y externamente, no perderemos nuestro rumbo, porque no nos traicionamos ni nos mentimos. Todo podrá desaparecer, pero existiremos cada vez más fuertes en la seguridad de que sólo el ejercicio pleno del Yo Superior puede conseguir. Por el contrario, es común la sensación de profundo vacío cuando nos lanzamos con metas y objetivos que no tienen realmente nada que ver con lo que somos y deseamos. ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Vale la pena? ¿Qué vamos a hacer con eso? ¿Qué cabeza tiene la victoria cuando no reflejamos su expresión en nuestros deseos más profundos, más íntimos? ¿De qué vale la lucha si el trofeo no nos dice nada, si el premio no nos sirve?

Ser un canal de energías es la clave. Es un contacto y una actitud. Posiblemente, para todos nosotros, en mayor o menor grado, es la manera propia de cada uno. Cuando establecemos ese canal, esta unión con nuestro dios interno que siempre nos está acompañando, como un amigo secreto, invisible, que nos señala caminos, todo queda fácil y fluido.

Salvador Navarro Zamorano

 

 

 

 

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Cuando aún es la noche (poemas)
Isla sonora (poemas)
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Integración y evolución (didáctico)
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La búsqueda del Ser (esotérico)
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Tres estudios de mujer (psicológico)
Misterios revelados de la Kábala  (mística)
Los 32 Caminos del Árbol de la Vida (mística)
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