ALCORAC

SALVADOR NAVARRO ZAMORANO

 

 

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                                                                 Circular nº 6  , año XV

                                                                 Bunyola, 1º  Junio de  de 2.009.

A.EINSTEIN – MÍSTICO Y CIENTÍFICO.-

Los sentidos y el intelecto pueden solamente funcionar como condición externa del conocimiento y son necesarios como condiciones preliminares, pero nunca podrán ser causa interna del conocimiento de la Realidad; la causa suficiente es la intuición, mientras que las condiciones necesarias son las dos primeras.

Abrir una ventana es condición necesaria para que la luz solar ilumine una sala, pero esa necesidad en sólo una condición y no la causa necesaria para la claridad del Sol. La causa suficiente está presente y existe fuera, pero la condición imprescindible hace que la causa suficiente también funcione en el interior de la casa, iluminándola.

Quien confunde condición con causa está fuera de la lógica, de la verdad y de la matemática-

Matemática, metafísica y mística no tratan directamente de ningún acto cuantitativo, sino solamente de la Realidad cualitativa, que es el valor.

La Realidad única puede ser aplicada a los hechos múltiples y siempre son seguros; así como la metafísica puede ser aplicada a la física y es exacta; como la mística puede ser aplicada a la ética y se corresponden; del mismo modo que la matemática abstracta puede ser aplicada a cualquier cosa concreta y siempre se realiza..

Pero el mismo proceso a la inversa, se transforma en errores.

Abstracto > Concreto.

Realidad > Hechos

Matemática > Aritmética

Metafísica > Física

Mística > Ética

Causa > Efectos

Esencia > Existencia

Resumiendo: de lo mayor, de lo abstracto, de lo universal, siempre hay un camino abierto para lo menor, lo concreto, lo individual, pero no en viceversa.

Geométricamente, podríamos representar esta verdad del modo siguiente:

Causa > Efecto. Este camino es lógico e infalible, porque las flechas convergentes partiendo de la causa hacia los hechos, aciertan el blanco sin duda alguna.

Efecto > Causa. Este camino es ilógico e incierto, porque las fechas divergentes, partiendo del efecto para la causa, no alcanzan la meta; se pierden en el vacío.

Así, el hombre-ego que está en el mundo de los efectos, de las cantidades, de los hechos, de los finitos, de las existencias divergentes, nunca puede concluir nada seguro; sus inducciones empírico-analíticas son como líneas divergentes que terminan en el vacío, sin acertar ningún blanco; no alcanza la Realidad, la causa, la cualidad, el infinito.

Pero el camino deductivo-intuitivo, de la causa para los efectos, de la Realidad para los hechos, del Infinito para los finitos, genera seguridad, porque su convergencia acierta infaliblemente en el blanco.

La inducción intenta ir de lo concreto a lo abstracto, de los actos para lo Real, y no consigue alcanzar su objetivo.

La deducción va de lo abstracto a lo concreto, de lo Real a los hechos y acierta siempre el blanco.

La inducción a posteriori es divergente e incierta.

La deducción a priori es convergente y directa.

En otras palabras: no puedo concluir con acierto, de las partes para el Todo, de los hechos para el Factor, de las existencias para la Esencia, de los relativos para lo Absoluto, de las manifestaciones empírico-analíticas para la Realidad intuitiva, de los derivados para lo Original, de los canales para la Fuente.

Este camino a posteriori es un callejón sin salida.

Debo iniciar mi camino en lo a priori. O mejor: debo ser idóneo para que la Realidad visite mis manifestaciones. El discípulo ha de ser receptivo para recibir la visita del maestro.

A fin de tener certeza rea, debo tomar el camino inverso: he de comenzar en la Fuente, en la Realidad, en la Causa, y desde ahí demandar los canales, los hechos, los efectos, o esperar que estos me visiten. Solamente desde las alturas de la Realidad puedo tener perspectiva cierta y correcta sobre las bajadas de las manifestaciones. Sólo desde la perspectiva del Absoluto, del Eterno, del Infinito, del Todo, de la Divinidad, puedo tener visión exacta de las cosas relativas, temporales, finitas, de las partes, de las criaturas del mundo de la Maya. Solamente una posición firme en el Factor trascendente me garantiza claridad sobre los actos inmanentes.

Surge ahora el magno problema del que no habla Einstein, pero que la Filosofía tiene que abordar. Este es el problema:

¿De qué modo conseguirá el hombre asumir esa alta perspectiva de la Realidad, del Absoluto, del Infinito? ¿Cómo puede subir a lo Real cuando vive en los bajos de los hechos? ¿Cómo pasar del mundo de los actos para el reino del Factor si, en palabras de Einstein, ningún camino del mundo conduce desde el mundo de las manifestaciones a la dimensión de la Realidad o de los Valores? ¿Si me es vedado todo el camino de ascensión, cómo llegaré a la cumbre de esa alta montaña?

Respuesta: Si esta transición de los sucesos hacia lo Real fuese necesaria, jamás el hombre tendría verdadera certeza de su auto-realización, porque “las obras que hago no soy yo (el ego) quien las hace, sino que es el Padre en mí (el Yo) el que las realiza; de mí mismo (el ego) nada puedo hacer”. Todo hombre, en su íntimo, es lo Real que él ignora y no tiene consciencia de su Dios en él.

Cuando el hombre se realiza pasa de la inconsciencia de la presencia del Padre, para la consciencia del hombre-dios. En el lenguaje de Jesús, el hombre que es luz (“vosotros sois la luz del mundo”) pero que está con su lámpara olvidada en su inconsciente, en la opacidad de su ego, la pone en lo alto del candelabro, de su Yo-Sabiduría; el hombre-ego se hace consciente del hombre-Yo y de este modo se realiza, se consciencia de su Realidad potencial, del tesoro oculto, haciendo de esa Realidad potencial una Realidad actual, un tesoro manifestado.

Yo soy la Realidad potencial y debo ser la Realidad actual.

Yo soy la Luz potencial y debo ser la luz actual.

Yo soy el tesoro oculto del reino de Dios y debo ser el tesoro manifestado de ese reino.

Yo soy la perla preciosa en el fondo del mar y debo ser la perla luminosa en la superficie de las olas.

Nadie se transforma en lo que no es, pero el hombre transmuta conscientemente, lo que él es ya es, en estado inconsciente.

Dios dio la creatividad para que todos seamos creativos.

Dios creó al hombre lo menos posible, para que el hombre pueda crearse lo más posible.

El libre albedrío es el poder de ser causa propia; es el poder de la auto-realización, de la auto-creatividad, de la auto-creación.

Sigue en la Circular de Julio de 2009.

LA REALIDAD OCULTA.

Si la idea de que la naturaleza debe ser conservada siempre que sea posible resulta poco menos que indiscutible, las razones que suelen aducirse para mantener la pureza de los sistemas ecológicos y para salvar a las especies en peligro de extinción no son tan convincentes. A pesar de lo que digan los ecologistas, la naturaleza seguirá adelante aunque estas especies desaparezcan, tal como lo ha hecho tras la pérdida de millones de especies que en el curso del tiempo han sido borradas de la faz de la Tierra. Los yacimientos de fósiles, son sus miles de formas de vida extinguidas en época inmemorial, corroboran el hecho de que el hombre no es el único agente capaz de alterar la composición biológica del medio ambiente.

La acción de la contaminación atmosférica, de los insecticidas y de la minería a cielo abierto no significa necesariamente la destrucción del entorno. Puede que las consecuencias de estos cambios nos disgusten por razones éticas, estéticas o económicas, pero lo cierto es que cualquier entorno afectado alcanzará con el tiempo un estado biológico distinto, tal como ha ocurrido en el pasado tras los grandes desastres ecológicos.

El avance de las capas de hielo continentales que tuvo lugar en el pasado destruyó gran parte de la flora y de la fauna y en muchos lugares levantó el suelo vegetal sin dejar más que el lecho de las rocas (Pleistoceno). Pero la adaptabilidad de la naturaleza es tal que la roca desnuda acabó por albergar una nueva flora  y una nueva fauna. A la destrucción sigue siempre una nueva creación.

La isla de Krakatoa, situada entre Java y Sumatra, fue escenario de una violenta erupción volcánica en 1883. La fuerza de la explosión fue tan grande que hizo desaparecer dos tercios de la isla. La ola resultante sembró la destrucción en las costas vecinas y el polvo volcánico llegó a cubrir grandes extensiones. Un año después, una exploración de la isla reveló que solamente quedaban alguna araña y unas pocas briznas de hierba. Pero veintidós años más tarde se encontraron doscientas dos especies distintas de animales. Cincuenta años después la recuperación biológica había llegado a tal punto que se contabilizaron ochocientas ochenta especies animales, pudiendo apreciarse que buena parte de la isla estaba cubierta por un bosque incipiente. Las nuevas formas de vida procedían en su mayoría de las islas próximas. Los atolones Bikini y otros, que fueron elegidos como campos de pruebas de explosiones nucleares, entre los años 1946 y 1958, habían recuperado prácticamente su estado normal en 1964, a pesar de haber sufrido la destrucción de su capa vegetal superior.

Los cambios se dan incluso en condiciones normales, pues la naturaleza se halla en constante evolución. El concepto clásico de “climax ecológico” es un postulado que no refleja la realidad, ya que todo climax supone el final de una corriente de cambio y la realidad ecológica es un estado dinámico; el equilibrio biológico no se alcanza nunca, porque las influencias naturales y humanas alteran continuamente la acción recíproca de los diversos componentes del eco sistema.

Toda forma de agricultura, incluso la más primitiva, implica la creación de ecosistemas artificiales. Dado que la mayor parte de la zona templada del mundo ha sido transformada por el hombre, el equilibrio de la naturaleza es, en el mejor de los casos, un concepto artificial y estático que no guarda relación con las condiciones que prevalecen en la mayor parte del mundo.

Aunque la necesidad de mantener el equilibrio de la naturaleza no constituye una razón válida a favor de la conservación, hay razones de peso para proteger la calidad ambiental y conservar la vida salvaje en la mayor medida posible.

Es evidente que la contaminación de ríos y lagos causa graves problemas económicos. Por otra parte la contaminación atmosférica perjudica a los edificios y a la vegetación; los gases de los automóviles matan a los árboles próximos a las carreteras. Por otra parte, la contaminación atmosférica en cualquiera de sus formas es nociva para la salud humana e incrementa los problemas médicos.

Desde el punto de vista científico, la adopción de una actitud conservadora de la naturaleza se justifica por el hecho de que las consecuencias a largo plazo de las intervenciones humanas en los ecosistemas no pueden predecirse con certeza. La experiencia del pasado demuestra que muchas de estas intervenciones han causado trastornos ecológicos imprevistos, a menudo desastrosos para el propio ser humano.

Otra justificación es que la destrucción progresiva de la vida  salvaje merma la diversidad biológica, lo cual, a su vez, hace a los sistemas ecológicos menos estables y menos aptos para albergar las diversas especies, entre ellas la humana. La conservación de los sistemas naturales es la mejor garantía contra la pérdida irrevocable de diversidad y la manera más sencilla de minimizar los desastres ecológicos. Consideremos lo que podría ocurrir si los bosques naturales fueran reemplazados por una masa forestal artificial, cosa que podría conseguirse plantando miembros jóvenes de las especies deseadas y haciéndolos crecer bajo control, mediante el uso abundante de fertilizantes y pulverizadores de protección. Probablemente el bosque artificial sería rentable económicamente durante años, pero si la explotación fuera víctima de una infección o de cualquier otro accidente ecológico y no quedaran en la misma región bosques naturales extensos, resultaría difícil iniciar de nuevo el proceso de repoblación. Los pantanos, pradera, desiertos y bosques naturales y autóctonos son actualmente la mejor garantía que tenemos contra los peligros potenciales inherentes a los ecosistemas truncados y simplificados creados por los monocultivos, especialmente a la vista de que estas pocas variedades que se escogen por sus propiedades especializadas requieren un uso masivo de fertilizantes químicos, insecticidas y otros productos sintéticos. Las perspectiva de grandes extensiones asoladas, asfixiadas por la maleza y agrietadas por la erosión, es algo más que una fantasía.

Por encima de las razones económicas y ecológicas, existen otras estéticas y morales, de peso aún mayor. La afirmación de que la Tierra es nuestra madre es algo más que un tópico sentimental, ya que, como hemos señalado, ella nos va moldeando.

Las características del entorno en que nos desarrollamos condicionan nuestro ser biológico y mental y la calidad de nuestra vida. Por tanto, aunque sólo sea por razones egoístas, debemos mantener la variedad y la armonía de la naturaleza. Afortunadamente, los ecólogos han calculado que la extensión de las reservas ecológicas actuales son menores que las que se necesitan para cubrir las necesidades de la población humana prevista para el año 2.025.

Pero aunque el impacto económico fuera mayor, la conservación de la naturaleza se justificaría por valores espirituales. El constante aumento de la popularidad de los Parques Nacionales y la presencia de peceras y plantas en las viviendas urbanas quizá sean signos de que palomas, perros y gatos, no bastan para crear un mundo completamente satisfactorio. Nuestra desvinculación del resto del mundo natural nos ha dejado la sensación subconsciente de que debemos mantener cierto contacto con la naturaleza y con la mayor variedad posible de seres vivos. Los Parques Nacionales proporcionan unas experiencias cuyo valor trasciende las consideraciones económicas. Tal vez desempeñen un papel análogo al de Stonehenge, las Pirámides, los templos griegos, las ruinas romanas, las catedrales góticas o los Santos Lugares de las diversas religiones.

Sigue en la Circular de Julio de 2009.

¿POR QUÉ EL DIABLO?

Así, el dios personal de Israel, transformándose al atravesar el terreno griego, en un dios filosófico, del cual emana la Creación con todos sus seres. El Espíritu Santo y la Sabiduría que entre los judíos habían llegado en esta época ya a la categoría de dos personas distintas del mismo Dios, servidores de éste, órganos suyos, fueron modificadas por los cristianos alejandrinos al asimilárselas. La Sabiduría la identificaron con el Logos y vino a ser el Verbo de Dios, no distinto de Él, que en el mundo es razón y vida de alma, que produce todas las relatividades terrestres que no puede producir el Padre, por ser Uno, inmutable e incomprensible; y a este Verbo cuando desciende a la Tierra como una emanación del Padre, para dar la vida y presidir la generación, se le llama Cristo, es decir, el Bueno. Y el Espíritu Santo transformándose en el alma del mundo, la fuerza que lo impulsa y organiza. Luego el origen del Mal lo explicaban sólo los judeo-cristianos según la Biblia con ligeras diferencias. El dualismo de Dios y de Satán les bastaba. Los Padres griegos les hicieron emanar de su sistema único, llegando a él por el alejamiento sucesivo de los seres, del dios Bien del cual se habían apartado y al cual deberían de volver todos un día.

La idea capital de San Clemente es el emancipar el cristianismo del exclusivo predominio judaico, al igual que los gnósticos. Para esto trata de basarlo principalmente en la filosofía platónica. Rechaza el que la filosofía griega sea obra del diablo, y para apoyar su afirmación cita los ejemplos de pureza de costumbres que dieron al mundo los filósofos helénicos. Tal es su entusiasmo por ella, que afirma ser obra providencial, que ha desarrollado el germen divino sin alterarlo ni corromperlo. Según él, la ciencia griega es una preparación a la fe, lo mismo que la tradición judaica. El dios de los griegos, el de los judíos y el de los cristianos, es el mismo dios verdadero, sólo que fue conocido bajo diversas formas y aspectos. A los judíos les dio el Antiguo Testamento, a los cristianos el Nuevo, y a los griegos la Filosofía que es la Ciencia de las ciencias. Querer poseer la fe sin la preparación de la ciencia y la filosofía, es lo mismo que querer vendimiar una viña sin cultivarla. Partiendo de que la verdad es una y el error es múltiple, admite todas las filosofías, para reunir todas las partes verdaderas contenida en ellas y llegar así a la verdad absoluta.

Las diversas sectas filosóficas fraccionan y separan la indivisible luz del Verbo divino. Para contemplarla es preciso reunir todos sus fragmentos. A todas las filosofías hace concurrir todas las ciencias y de esta convergencia sale la Ciencia suprema, la Gnosis, o sea, el conocimiento de lo Divino.

Dios en sí es bondad. Es cualidad esencial de su naturaleza el hacer bien, como lo es del fuego el calentar y dar luz, con la sola diferencia de que Dios lo hace libremente y el fuego por necesidad. La voluntad de Dios por sí sola es ya una obra; esta es el mundo. Siendo Él el Bien, su producto debe ser por fuerza bueno. La más ínfima de sus producciones, la materia, es aun buena, sólo que en la escala del bien ocupa el grado mínimo.

Es falso que Dios sea un ser vengador, que de una manera malvada hiciera un mundo de pecado. Tampoco la generación es un mal. Si lo fuera, el Señor que de ella participa, y la Virgen que lo engendró, participarían del mal, lo que es imposible. No es cierto que el cuerpo sea infame, feo ni deforme, pues tiene forma armónica, vida y alma, y la belleza y la bondad son atributos inseparables del alma y de la vida. A través del amor, no es la carne la que percibe, sino el alma que es bella. Si se admite el cuerpo, según él, es sólo como una estatua, cuya belleza es un mero reflejo del arte del artista o del modelo sobre el que él ha trabajado. El Verbo salvará a todos los hombres. Su bondad puede dejar que el mal se produzca, pero es sólo como un accidente pasajero, no como un obstáculo constante y eterno a la salvación y al estado perfecto. Todos llegarán al bien y a la dicha, después de pruebas más o menos largas y costosas. El mal en los infiernos lo mismo que en la Tierra, no es más que una pena, una expiación. Por esto Cristo bajó a los infiernos para salvar a las almas que en ellos estaban padeciendo, pues Cristo no sólo debe de salvar a la humanidad, sino a todos los seres de la Creación. Todo será salvo, pues el bien es el fin de toda criatura; su condición es el perfeccionamiento, esto es, el paso del mal al bien. Así todos los seres más o menos apartados del bien absoluto llegarán a él y entrarán en la suprema armonía, estando sujetos a esta ley hasta los ángeles caídos.

Como puede verse, San Clemente parte de que lo real es el bien y de que el mal es sólo la denegación de éste. No reconoce castas en el espíritu, sólo gradaciones y éstas, para él, aun no son fijas. Es tan universal su cristianismo, que cree que el Cristo descendió a diversas regiones para salvar a todos los seres, y que un mismo Dios es el que se manifestó a todos los pueblos, tendencia que en general caracterizan a todos los Padres griegos.

Orígenes, de la idea de la unidad inalterable del Dios, de Platón, y de la idea de Aristóteles de que “el movimiento es la esencia divina” compone su Dios. De lo primero forma la noción del Dios Padre, de la segunda la noción del Dios hijo. El mundo está todo penetrado por la sustancia divina. El alma racional sólo de ella vive. Pero como esta sustancia no puede ser la del Dios Padre por ser inalterable y por consiguiente indivisible, el Verbo que penetra al mundo es el Dios hijo.

La naturaleza de Dios es el bien; el bien y el ser en Él se confunden, como también en sus criaturas. Así como el bien es el ser, el mal es el no-ser; de lo que resulta que se participa del bien en razón directa de la existencia que se tiene.

La creación divina no es ni un accidente ni una caída de la potencia creadora. Es un efecto suyo voluntario y necesario al mismo tiempo. Dios, siendo el bien, debía de producir por fuerza; así la Creación que Él produjo es sólo su manifestación sensible; todas las bellezas y perfecciones de la divina naturaleza están presentes en ella; es el espejo en el que el alma contempla indirectamente a ese Dios velado, que no puede ser visto cara a cara.

Pero, ¿por qué existe el mal en la creación, siendo esta un acto necesario de la potencia divina? El principio del mal – responde Orígenes – no está en Dios ni en su Creación. Los seres fueron creados libres y en virtud de su libertad se perdieron. La libertad fue la condición del mal, no la causa. El principio del bien en las criaturas es la razón; el principio del mal es la pasión. Lo primero que Dios creó fueron las “esencias racionales”. Estas vivían en el “mundo inteligente”, sin ninguna relación con los cuerpos, pues éstos aún no existían. Estos seres no eran espíritus puros, sino que estaban revestidos de una aureola luminosa. Desde el momento que empezaron a caer las esencias racionales, arrastradas fuera de su centro por su caída, iban a perderse en los abismos de la nada. Pero Dios hizo salir de ella inmediatamente la materia y opuso así un obstáculo al esparcimiento de las esencias salidas de su seno, que amenazaba destruir la armonía del mundo. Y éstas entraron en ella y adquirieron cuerpos materiales, perdiendo su aureola luminosa. Hasta al crear la materia Dios produjo el bien. Con ella se formaron nuestros cuerpos, que son una cárcel salvadora, en la cual se aprisionaron las almas caídas para que no se perdieran. Gracias a estar retenidas en los cuerpos, las almas aspiran continuamente al bien, a la perfección que perdieron, y a la que llegarán el día que conozcan a Dios y se reúnan con Él; porque conocer es identificarse con el objeto conocido.

La humanidad es, pues, un conjunto de seres imperfectos, caídos de la grandeza angélica por el mal uso que hicieron de su libertad, encerrados en cuerpos materiales. Satán y los diablos son también seres caídos, pero que llegaron a lugares inferiores, por ser los primeros en separarse del bien. Satán fue el primero que comenzó a decaer y los otros espíritus le siguieron. Como era el seductor, cayó más profundamente que los demás; pero como es un ser racional, no se le puede negar en absoluto el bien. Aún le queda algo del conocimiento primitivo de la verdad. Los astros son las esencias puras caídas últimamente, que no llegaron tn bajo como las almas que entraron en la condición corporal; por esto aun resplandecen. Todos los cristianos, incluso el diablo, como procede de Dios, a Él deben volver, después de una prueba más o menos larga, porque el fin ha de ser igual al principio.

Para ayudar a los espíritus y a su salvación, el Verbo se hizo carne, dejando así la luz pura a los que estaban metidos en la carne. Jesús no es más que una de las encarnaciones del Verbo. El Cristo ha revestido tantas formas como órdenes de criaturas hay que salvar en el universo. Así ha aparecido en el cielo, en la Tierra y en los infiernos.

Hasta que no quede una sola criatura por salvar no estará completo el divino concierto, ni ninguna criatura gozará de la felicidad suprema. Cuando todos sean salvados llegará el fin de los tiempos, el fuego destruirá este mundo de pecado, en el cual hemos estado sumidos en la vida de las sensaciones; la materia volverá a entrar en la nada; todos los seres llegarán a Dios; el universo volverá a su primitivo estado; y entonces “todo será Dios y Dios será en todo”. El mismo Satán formará parte de la Divinidad, gracias al Verbo, lo que le había vuelto opaco y malvado, se disipará como una vana tiniebla, y quedará sólo del maligno lo íntimo del ser, la pura sustancia angélica.

Continuará en la Circular de Julio de 2009.

LA CARA OCULTA DEL TIEMPO.

Nuestro objetivo no es analizar la Teogonía, puesto que esto extrapolaría los límites de nuestro propósito, sino el de reflexionar acerca del origen mítico de Cronos, resaltando en su contexto temas que se vinculan con los ya elaborados. Según Hesíodo, Cielo y Tierra estarían unidos en el principio formando la pareja primordial. Habían sido separados, según los egipcios, por el dios de la luz. Pero en este relato como en la mayoría de los de otros pueblos, esta separación no ocurre pasivamente, pues la separación se parece a la desunión de los elementos arrojados al abismo caótico. Interrumpir una fusión, disgregar, es establecer la discordia, aunque en ella esté contenida la posibilidad del venir a ser de nuevos entes, es renuncia, recusación, división del que antes era uno. Una nueva apertura se descorre como un punto de paso generando otras divisiones generadoras, tantas veces proyectadas en la totalidad de lo masculino conteniendo en sí, como un andrógino, lo femenino. Cielo y Tierra, hombre y mujer separados, se vuelven a encontrar, formando un par que regresa a la constitución inicial en sus descendientes. Es justamente contemplando la unidad del dios que ofrece parte de sí mismo en el surgimiento del Cosmos, que el hombre instituye sus ritos de sacrificio, en los cuales él mismo se mutila, siguiendo el ejemplo divino. Leamos el relato:

En el principio había la pareja primordial Cielo y Tierra, Urano y Gaya. Urano acompañado por su madre, la Noche, envuelve y germina Gaya, generando los dioses, Titán, Cíclopes y Hecatónquiros. Urano, que personifica al propio cielo, es diferente a otros dioses celestiales: su fecundidad está repleta de odio, por el hecho de destruir aquello que crea. Es un padre que generando no entrega la vida, sino que busca ahogar a sus hijos, ocultarlos del ámbito de la luminosidad, enclaustrarlos en el vientre terrestre. Urano, designando el Cielo, en cuanto a tal, es la divinidad primogénita, se vincula al dios hindú Dyaus, brilla pero tiene como característica la violencia, desencadenada por el poder de los celestes en cuanto a los fenómenos meteorológicos y por su facultad de usar el rayo y el trueno. Soberano por excelencia, detenta el poder de la magia, Urano se asemeja al Varuna, sabio, vidente y mágico.

La mutilación de Cronos designa el establecimiento de la Justicia, del ritmo cósmico, de la vida natural que, imbuida por la armonía, surge de una semilla que brota y muere. El Cosmos se establece como tal, de la forma como hoy la concebimos y proseguirá en esta conformidad, infinitamente.

¿Habrá cualquier reminiscencia, valorada en sentido negativo, de ese “tiempo mítico”, en el que la creación no fijara todavía sus propias normas, donde lo que quiera que fuese podía nacer de lo que fuera? Una de las características de este tiempo auroral y paradisíaco era, de hecho, la absoluta libertad, vivificada en todos los niveles de lo real y, por tanto, también al nivel de las especies. Numerosas tradiciones hablan del carácter fluido, monstruoso, de los seres que entonces fueron creados, en el comienzo del mundo.

Pero Urano como Varuna, pertenece también a la característica nocturna  - el Cielo envuelve a la Tierra, la Noche -  y veladamente extiende el poder de ambos a la Luna y al Agua. En el caso de Urano, Venus es fruto de la mutilación de su testículo arrojado al Océano. Venus representa la fertilidad (contenida en la sangre que le dio la vida), es húmedo (el semen, el Agua), celando por el reino humano, vegetal y animal, siendo también caracterizada como divinidad del amor (en cuanto vínculo que une y estimula la procreación) y de la belleza (como equilibrio cósmico). Estos datos confirman la pertenencia esencial entre la Noche y el Día, representando también, en el equilibrio original de su sacrificio, al movimiento instaurador de la armonía.

Pero no se puede negar el parentesco estructural entre lo “nocturno” lo no actuante, el “mago” Varuna y la energía que da impulso al Agua. La acción del uno como del otro tiene por efecto detener la vida y traer la muerte, en el plano individual en un caso y en el plano cósmico en otro.

Sigue en la Circular de Julio de 2009.

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Monólogo de un hombre-dios

(ensayo)

Cuentos de almas y amor

(cuentos)

Nueva Narrativa (Narraciones y poemas)
Desechos Urbanos (Narraciones )
Ensayo para una sola voz VOL 1 (Ensayo )
En el principio fue la magia VOL 2 (Ensayo )
La puerta de los dioses VOL3 (Ensayo )
La memoria del tiempo (Narraciones )
El camino del Mago (Ensayo )
Crónicas (Ensayo )
Hombres y Dioses Egipto (Ensayo)
Hombres y Dioses Mediterráneo (Ensayo)
El libro del Maestro (Ensayo)
Los Buscadores de la Verdad (Ensayo)
Nueva Narrativa Vol. 2 (Narraciones)
Lecciones de cosas (Ensayo)
   

 

 

 

 

REVISTA ALCORAC

DON SALVADOR NAVARRO ZAMORANO

 

 

 

 

 

 

 

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