ALCORAC

SALVADOR NAVARRO 

 

 

             

                 

Dirigida a las Escuelas de:

                    Barcelona

                    Mallorca                                     CIRCULAR nº  EXTRA.Año III

                    Menorca

                    Las Palmas                                Llubí,  1º de Julio de 1.977

 

 

 

 

                                        LA PUREZA DE LA MENTE

Una de las preguntas más clásicas que han sido hechas es esta: "En espiritualismo, ¿qué se quiere decir por purificación de la mente, pureza mental, como condición básica para el progreso?"

Todo lo que normalmente es llamado pureza no es visto así por el espiritualismo. Generalmente, dividimos todo en bueno y malo. El motivo de la división puede ser uno cualquiera: de orden higiénico, moral o cualquier otro, pero dividimos la vida en dos partes: una buena y la otra mala. Y, habitualmente, cuando hablamos de pureza queremos decir bondad. Las "malas" cualidades no deben ser permitidas y las "buenas" deben estar presentes. Pero, para el espiritualismo, esa división entre el bien y el mal no tiene sentido. El hombre espiritual no mira la vida a través de ninguna dicotomía, de ninguna dualidad, de ninguna división. Por tanto, ¿qué significa pureza para el espiritualismo? Es una pregunta muy importante.

Si le preguntamos a un santo, él dirá que la cólera es mala, que el sexo es perverso, que la avaricia es un pecado capital. Si le preguntamos a un Maestro como Gurdjieff, diría que la negatividad es mala, que cualquier emoción negativa es mala y que ser positivo es bueno. Si preguntamos a un cristiano, a un budista o a un mahometano, tal vez difieran en sus definiciones del bien y del mal. Llaman algunas cosas de malas y otras de buenas. Así, definir pureza para ellos, no es muy difícil. Todo lo que consideran bueno es puro y todo lo que consideran mal es impuro.

Pero para el espiritualismo es un problema profundo. El maestro espiritual no hace una división superficial entre el bien y el mal. Entonces, ¿qué es la pureza? El espiritualista dice que dividir es impuro y vivir en la no-división es pureza. Así, para el espiritualismo la pureza significa inocencia - inocencia indiferenciada.

Un niño está presente: lo consideramos puro. El está furioso, es egoísta. ¿Y por qué lo llamamos puro? ¿Qué es lo puro en la infancia? ¡La inocencia! No existe división en la mente de un niño. El no tiene consciencia de ninguna división entre lo que es bueno y lo que es malo. Esa inconsciencia es la inocencia. Aunque él esté furioso, encolerizado, no tiene intención de quedar con ese estado emocional. Es un acto puro y simple. Sucede y, cuando la ira pasa, ella pasa en verdad. Nada es dejado atrás, guardado. El niño es el mismo otra vez como si la ira no hubiese estado presente. La pureza no es tocada. La pureza es la misma. Así, el niño es puro porque no tiene intenciones.

Cuanto más crece la intención, más impuro es el niño. La rabia estará presente como una cosa deliberada, no espontáneamente. Algunas veces, el niño reprimirá la rabia, si la situación no se la permite. Y, cuando la rabia se vuelve reprimida, algunas veces ella es transferida para otra situación. Cuando no haya realmente necesidad de quedar enfadado, él lo estará, porque la ira reprimida necesita de una válvula de escape.

Un niño puede ser un ladrón ante sus ojos, pero un niño de verdad nunca hurta, porque el propio concepto de que las cosas pertenecen a las personas, no existe en su mente. Si él toma tu reloj, tu dinero o cualquier otra cosa, esto no es un robo para él, porque la noción de que las cosas pertenecen a alguien no existe. Su robo es puro, lo mismo que su honradez es impura. La intención es lo que subyace en la acción.

El espiritualismo dice que, cuando una persona se torna nuevamente como un niño, ella es pura. Es claro que no es un niño, es sólo semejante a una criatura. La diferencia está presente y la similitud está presente. La similitud es la diferencia recuperada. Nuevamente alguien es como un niño. Una criatura está desnuda; nadie siente la desnudez, porque el niño aún está inconsciente del cuerpo. La desnudez de él tiene una cualidad diferente. Tú tienes consciencia del cuerpo.

El sabio necesita recuperar su inocencia. Algunos sabios vivía desnudos. Esa desnudez retornada tiene la misma cualidad de la inocencia. El olvidó su cuerpo; no es más un cuerpo. Pero la diferencia también está presente y ella es grande. La criatura es simplemente ignorante: de ahí la inocencia. Pero el sabio conoce: esa es la razón de su inocencia.

La criatura algún día quedará consciente de su cuerpo y sentirá su desnudez. Ella intentará esconderla, sentirse culpable, avergonzada. Se volverá consciente. Es la inocencia de la ignorancia. El conocimiento la destruirá.

Ese es el significado de la historia bíblica de Adán y Eva, cuando fueron expulsados del Paraíso. Ellos estaban desnudos como niños. No había consciencia del cuerpo; no tenían consciencia de la cólera, de la ambición, de la lujuria, del sexo o de cualquier otra cosa. Estaban inconscientes, eran como niños, inocentes.

Pero Yahvé les tenía prohibido comer del fruto del Arbol del Conocimiento. El Arbol del Conocimiento estaba prohibido, pero ellos comieron, porque todo lo prohibido es tentador, atrayente. Vivían en un jardín con infinitos árboles, pero el Arbol del Conocimiento se volvió más importante y significativo, porque estaba prohibido. En verdad, esa "prohibición" se tornó la atracción, la invitación. Quedaron como magnetizados, hipnotizados por el árbol. Tenían que comer de él.

Esa historia es simbólica, porque el árbol fue llamado el "Arbol del Conocimiento". En el momento en que comieron el fruto del conocimiento, perdieron la inocencia. Quedaron conscientes; percibieron que estaban desnudos. Inmediatamente Eva intentó esconder el cuerpo. Con el conocimiento del cuerpo, ellos se hicieron conscientes de todo: de la rabia, la lujuria, la ambición, etc. Fueron adultos y así fueron expulsados del Jardín.

Así, en la Biblia, conocimiento es pecado. Fueron castigados a causa del conocimiento. Y, a menos que se vuelvan nuevamente como niños, inocentes, sin conocimiento, no podrán volver a entrar en el Jardín. Sólo podrán entrar en el Reino de Dios cuando tomen la condición de ser inocentes de nuevo.

La historia es justamente la Historia de la Humanidad. Cada criatura es expulsada del jardín, no sólamente Adán y Eva. Cada criatura vive su infancia en la inocencia, sin conocer cosa alguna. Ella es pura, pero la pureza es de la ignorancia. Ella no puede continuar. A menos que se torne una pureza de sabiduría, tú no puedes confiar en ella. Más tarde o temprano, tendrás que comer el fruto del árbol del conocimiento.

Toda criatura tendrá que comer ese fruto. Eso era fácil en el Jardín del Edén: el Arbol estaba allí. Como un sustituto del Arbol tenemos las escuelas, los colegios, las Universidades. Cada criatura tendrá que pasar, tendrá que perder su inocencia. El propio mundo precisa de conocimiento, la propia existencia necesita del conocimiento. Tú no puedes existir en este mundo sin el conocimiento. Y, en el momento en que el conocimiento llega, la división comienza. Tú comienzas a dividir lo que es bueno de lo que es malo.

Así, para el espiritualista, la división entre el bien y el mal es la impureza. Antes de ella eras puro, después también eres puro, pero dentro de ella eres impuro. Entretanto, el conocimiento es un mal necesario. No puedes huir de él. Es necesario atravesarlo: él forma parte de tu vida. Pero no necesitamos permanecer en él para siempre. Podemos trascenderlo. Esa transmutación nos hace nuevamente puros e inocentes.

Si las divisiones perdiesen su significado, si el conocimiento de que la diferencia entre el bien y el mal no existiese, miraríamos para el mundo con una actitud inocente.

Jesús dice: "A menos que te tornes como un niño, no podrás entrar en el Reino de los Cielos". Esta es la pureza del espiritualismo.

Lao-Tse dice: "Una pulgada de división, y el cielo y el infierno están separados". La mente del sabio no es dividida. Un sabio no sabe lo que es bueno ni lo que es malo. El es como un niño, pero diferente, porque conoce la división. El pasó por la división, la trascendió; fue más allá. Conoció la oscuridad y la luz, pero ahora fue más allá de ellas. Ahora ve la oscuridad como parte de la luz y la luz como parte de la oscuridad. Ahora no hay división. La luz y la oscuridad son como una, como grados de un único fenómeno. No importa lo opuestos que sean, porque ya no son dos. La vida y la muerte, el amor y el odio, el bien y el mal, todo forma parte de una sóla energía. La diferencia es apenas de grados, y los grados no pueden dividirse. No hay ninguna división.

¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? ¿De qué lugar podemos definirlos y marcarlos como separados? Ellos son siempre uno solo. Son diferentes grados de una misma cosa. Una vez que eso es conocido y sentido, tu mente se torna otra vez pura. Este es el significado de la pureza.

Pero la inocencia puede ser ignorante. Entonces no sirve. Tiene que ser perdida; de otro modo, no podemos madurar. El abandono del conocimiento y la trascendencia del conocimiento, son partes de la madurez, parte de ser realmente adulto. Así que hemos de atravesarlos, y no permanecer en ellos. ¡Continuemos andando! Llegará el día en que estaremos más allá de ambos.

Es por eso que la pureza espiritual es difícil de ser comprendida y podrá ser mal interpretada: ella es delicada. Reconocer un sabio espiritual es casi imposible. Los santos y los sabios comunes pueden ser reconocidos porque ellos siguen sus moldes, sus definiciones, sus moralidades. Un sabio espiritual es mucho más difícil de reconocer porque trasciende todas las divisiones. En verdad, en toda la historia del crecimiento humano, nada sabemos de estos sabios espirituales. Nada ha sido mencionado o registrado sobre ellos, porque es demasiado difícil reconocerlos.

Confucio fue a hablar con Lao-Tsé. La mente de Lao-Tsé era la de un sabio espiritualmente despierto. El nunca supo el significado de la palabra "espiritual", porque eso no tenía sentido para él. Pero todo lo que decía era espiritual. Confucio representa nuestra mente. Pensaba continuamente en términos de bien y de mal, de lo que debe o no debe ser hecho. El era un hombre de ley, el mayor hombre de leyes que haya existido. Fue a Lao-Tsé y le preguntó: "¿Qué es el bien? ¿Qué debemos hacer? ¿Qué es el mal? Defínelos claramente".

Lao-Tsé dijo que las definiciones crean confusión, porque definir significa dividir y la Existencia es una sola. La vida está dirigiéndose continuamente hacia la muerte y, siendo así, ¿cómo la puedes definir? La infancia se está tornando juventud y la juventud, madurez y la madurez, vejez; la salud se vuelve enfermedad y la enfermedad lleva a la salud. ¿Cómo se pueden separar?

La vida es movimiento y, en el momento en que la definimos, creamos confusión, porque las divisiones son muertas y la vida es un movimiento vivo. Por tanto, las definiciones son siempre falsas. Lao- Tsé explicó que definir crea la mentira, por eso no define. No decir lo que es bueno ni lo que es malo.

Confucio dijo: "¿Qué está diciendo? ¿Entonces, las personas como pueden ser guiadas, conducidas? ¿Cómo podrán ser enseñadas? ¿Cómo podrán aprender a ser morales y buenas?"

Lao-Tsé respondió: "Cuando alguien intenta ser una buena persona, a mis ojos está pecando. ¿Quién eres tú para guiarlo? Cuanto más guías hubieren, mayor es la confusión. Deja a cada uno ser él mismo. ¿Quién eres tú?".

Ese tipo de actitud parece peligrosa. ¡Y lo es! La sociedad no puede ser establecida con tales actitudes. Confucio continuó preguntando y esto es lo que Lao-Tsé le dijo: "La Naturaleza es suficiente. No es necesaria ninguna moralidad. La Naturaleza es espontánea. Es suficiente. Ninguna ley impuesta y ninguna disciplina se necesitan. La inocencia es suficiente. El conocimiento no es necesario".

Confucio regresó muy perturbado. No pudo dormir durante varias noches. Sus discípulos le pidieron: "Díganos alguna cosa sobre ese encuentro. ¿Qué pasó?" Confucio respondió: "El no es un hombre. Es un peligro, un dragón. Nunca anden por donde él esté. Siempre que oigan hablar de Lao-Tsé váyanse de ese lugar. El perturbará completamente sus cabezas".

Y eso es cierto, porque el espiritualismo está relacionado con el camino para la trascendencia de la mente. El espiritualismo está hecho para destruirla. La mente vive con definiciones, leyes y disciplinas. La mente es un "orden". Pero recuerda, el espiritualismo no es un desorden, y este es un punto muy sutil que debe ser entendido.

Confucio no pudo entender a Lao-Tsé. Cuando Confucio marchó, Lao-Tsé estaba ríendo y sus discípulos le preguntaron: "¿Por qué ríes tanto?".

Dicen que Lao-Tsé respondió: "La mente es una barrera inmensa para el entendimiento. Hasta la mente de Confucio es una barrera. El no puede comprenderme en absoluto y lo que quiera le diga será mal entendido. El piensa que va a crear un orden en el mundo. Nadie PUEDE crear orden en el mundo. El orden es inherente en él; está siempre presente. Cuando intentamos crear un orden, creamos desorden". Y siguió diciendo: "El va a pensar que yo estoy creando desorden y, en verdad, él es quién lo crea. Estoy contra todas las órdenes impuestas, porque creo en una disciplina espontánea que viene y crece automáticamente. Nadie necesita imponerla".

El espiritualismo mira las cosas de esta forma. Para el hombre espiritual la inocencia es espontaneidad, ser lo que se es, sin cualquier imposición, ser simplemente lo que se és, creciendo como un árbol; no el árbol de tu jardín, sino el árbol del bosque creciendo naturalmente, sin dirección, porque toda dirección es un desvío; sin ser guíado, guardado, dirigido, motivado, sino simplemente creciendo.

La ley interna es suficiente y ninguna otra es necesaria. Y si necesitamos alguna otra, eso muestra que no conocemos la ley interna. Que hemos perdido el contacto con ella. Por tanto, la cosa real no es algo impuesto. La cosa real está nuevamente recuperando el equilibrio, moviéndose de nuevo para el centro, volviendo a casa, para volver a ganar la verdadera ley interior.

Pero, para las moralidades, para las religiones, el orden es para ser impuesto, la bondad debe ser impuesta desde arriba, de fuera. Las religiones, las enseñanzas morales, los predicadores, todos ellos nos consideran inherentemente malos, recordemos esto. Ellos no creen en la bondad del hombre; no creen en ninguna bondad interior. Creen que tú eres malo y que, a menos que seas enseñado a ser bueno, no puedes serlo; a menos que la bondad sea forzada desde fuera, no hay posibilidad de que ella venga desde dentro.

Asi que, para los predicadores, para los religiosos, para los moralistas, tú eres naturalmente malo. La bondad será una disciplina impuesta desde fuera. Tú eres un caos. El orden tiene que ser traído hacia dentro de tí. Ellos traerán el orden. Y han hecho del mundo una confusión, un hospicio, porque han estado organizando, disciplinando, durante siglos. Enseñaron tanto que aquellos que fueron enseñados quedaron locos.

El espiritualismo cree en tu bondad interior; recuerda esa diferencia. Dice que todo el mundo nace bueno, que la bondad es tu naturaleza. ¡Tú ya eres bueno! Necesitas de un crecimiento natural. No necesitas ninguna imposición. Por eso es que nada es considerado malo. Si el sexo está presente, si la ambición está presente, el espiritualista dice que también son buenos. La única cosa que falta es que estés centrado en tí mismo para poder usarlos. Y por no estar centrado es por lo que no puedes utilizarlos.

La ira no es mala. En verdad, el problema es que no está dentro de ti. De este modo, la rabia crea confusión. Si estás presente en tu interior, la rabia sería una energía saludable, se volverá salud. La rabia será transformada en energía. Todo lo que existe es bueno. El espiritualista cree en la bondad inherente a todas las cosas. Todo es sagrado. Para el espiritualismo no existe el diablo, sólo la Existencia.

Las religiones no pueden existir sin un demonio. Necesitan de un dios y también de un demonio. Por eso no te engañes si ves sólo a Dios en los templos. Bien detrás de Dios está escondido el diablo, porque según las religiones, uno no puede existir sin el otro.

Alguna cosa tiene que ser condenada, combatida, destruída. Lo total no es aceptado, sólamente la parte. Esto es básico. Las religiones te dicen: "Nosotros aceptamos tu amor, pero no tu odio. Destruye el odio". Y este es un problema muy profundo, porque cuando destruímos completamente el odio el amor también es destruído conjuntamente, porque ellos no son dos. Destruye tu ira y tu vida será destruída. Entonces serás silencioso, pero no un hombre vivo. El silencio no es vida. Es la muerte.

La religión siempre divide en dos: lo demoníaco y lo divino. Aceptan lo divino y son contra el demonio. El mal tiene que ser destruído. Así, si alguien realmente la sigue, concluirá que cuando destruya al demonio, hará lo mismo con Dios. Pero nadie la sigue realmente. Nadie puede seguirla, porque la propia enseñanza es absurda. Entonces, ¿qué es lo que todo el mundo está haciendo? Nos estamos engañando. Es por eso que hay tanta hipocresía creada por la religión. No puedes hacer lo que quiera te estén enseñando, por eso nos volvemos hipócritas. Si seguimos sus enseñanzas seremos sacrificados; si no las seguimos, nos sentiremos culpables por no ser religiosos. ¿Qué hacer?

La mente astuta hace un acuerdo. Dice: "Creo en lo que me dicen y lo estoy siguiendo", pero continuamos haciendo lo que queremos. Seguimos con la rabia, con el sexo, con la ambición, pero siempre diciendo que la ambición es mala, que la rabia es mala, que el sexo es malo, que es un pecado. Eso es hipocresía. El mundo entero es hipócrita. Parece ser que nadie es honesto. A menos que esas religiones que dividen desaparezcan, ningún seguidor podrá ser honesto. Parece contradictorio, porque todas las religiones enseñan honestidad. Pero ellas son las piedras fundamentales de toda deshonestidad. Ellas nos hacen deshonestos, porque predican cosas imposibles de realizar y nos vuelven hipócritas.

El espiritualismo nos acepta en nuestra totalidad y dice: te acepto totalmente, no existe términos medios. El hombre es un todo, un todo orgánico. No podemos dividirlo. No podemos decir: "No aceptamos "esto", porque aquello que hemos rechazado está orgánicamente unido a lo que aceptamos.

Por ejemplo: mi cuerpo está aquí. Alguien llega y me dice: "Acepto tu circulación sanguínea, pero no acepto el ruido de tu corazón. Ese continuo latir de tu corazón me molesta. La circulación sanguínea es silenciosa y me gusta". Pero mi circulación sanguínea existe a través de mi corazón, y la pulsación cardíaca está básicamente relacionada con ella. ¿Qué puedo hacer? Mi corazón y mi circulación son una unidad orgánica. No son dos cosas sino una sola.

Así que, o me aceptas totalmente o me rechazas totalmente, pero no intentes dividirme porque eso creará una deshonestidad. Si continúas condenando los latidos de mi corazón, entonces yo comenzaré también a condenarlos. Pero la sangre no puede circular sin ellos y yo no podría seguir viviendo. Entonces, ¿qué hacer? 

No es difícil ver como el corazón y la circulación están relacionados, pero es difícil ver como el amor y el odio están relacionados. Ellos son uno sólo. Cuando amas a alguien, ¿qué estás haciendo? Es un movimiento, como la respiración. Cuando amamos salimos para el encuentro. Es como una expiración, algo que sale de nosotros. Cuando odiamos a alguien, es una inspiración.

Cuando amamos, nos sentimos atraídos. Cuando odiamos nos sentimos repelidos. Atracción y repulsión son dos ondas de un movimiento. No son dos cosas diferentes, no las podemos dividir. ¿Cómo se puede respirar si no se expira? Si no podemos odiar, no podemos amar.

El hombre es una unidad profunda; no podemos descartar nada. Y así debe ser, porque si el hombre no fuese una unidad orgánica, este universo tampoco podría serlo. El hombre es el punto más alto de la totalidad orgánica. Todo es una unidad, entonces, ¿el hombre por qué no? El árbol es una unidad. La flor y el pájaro son unidades.

El espiritualismo te dice: "Nosotros te aceptamos como eres. Eso no significa que no tengas necesidad de cambiar; eso no quiere decir que ahora tengas que parar de crecer. Por el contrario, significa que nosotros aceptamos la base del crecimiento". Ahora tú puedes crecer, pero ese crecimiento no necesita ser un escoger. Será un crecimiento sin elecciones.

¿Puedes reconocer en el barro o en la tierra húmeda a la flor? Ella viene del lodo. Si nunca has visto una flor creciendo en el barro, ¿podrás concebir que esa linda flor haya brotado del barro común? ¿Puedes reconocer el barro en esa flor hermosa? Ella está en el barro, pero transformada. Su perfume viene del feo barro. Lo rosado de sus pétalos tiene también la misma procedencia.

Tú no puedes reconocerte en un Cristo, pero él está presente en ti. Naturalmente, en un plano mayor y más alto, transformado. La rabia, el odio, el egoísmo, el sexo están presentes. Todo lo que pertenece al hombre está presente. Jesús fue un hombre, pero llegó a su crecimiento máximo, como Hijo del Hombre. Fue como una flor y tú no podrías conocer en él ningún barro de la tierra. Pero eso no quiere decir que el lodo no esté presente. Está, pero no como barro. Es ahora una unidad más alta. Es por eso que, en un Jesús, tú no puedes sentir odio ni amor. Y es más difícil de entender, porque él parece totalmente amoroso, nunca odiando, nunca con rabia. Pero su silencio interior es diferente a tu silencio. No puede ser el mismo.

¿Cuál es tu silencio? En algún lugar, Einstein dijo que nuestra paz no es más que una preparación para la guerra. Entre dos guerras tenemos un intervalo de paz, pero eso no es realmente paz. Es sólo una pausa entre dos guerras, por eso se torna una guerra fría. Hay dos tipos de guerras: la caliente y la fría.

¿Cuál es tu silencio? Sólo una preparación entre dos rabias. Cuando pareces calmado, ¿eso que es? ¿Estás relajado, descontraído, o preparándote para otra explosión? La ira es una pérdida de energía y por eso necesitas tiempo para recuperarte. Una ira después de otra, es muy difícil. Cuando nos movemos en la sexualidad no podemos estar repitiendo el acto continuamente. Se necesita tiempo, un período de descanso, dependiendo de la edad. En verdad, ese descanso es una preparación para la próxima vez.

Este intervalo lo llamamos ayuno. Es por eso que por la mañana decimos "desayuno", pero ¿dónde está el ayuno? Nos estábamos preparando. No podemos continuar comiendo todo el tiempo. Necesitamos una pausa, pero eso no es un ayuno. Es una preparación para otra comida, no es ayunar.

Así, cuando estamos silenciosos, es siempre entre dos cóleras. Cuando estamos relajados, es siempre entre dos tensiones. Cuando estamos en celibato, es sólo entre dos actos sexuales. Cuando estamos amando es siempre entre dos odios. Recordemos esto.

Todas las energías que están dentro de nosotros, son aceptadas por el espiritualismo. El no existe para descartar nada, sino para transformarlas. El primer paso es aceptarse. Es el más difícil. Puedes estar enfadado muchas veces durante el día, pero aceptar el enfado es difícil. Airarse es muy fácil; aceptar esta ira es más difícil. ¿Por qué? Nosotros no sentimos muchas dificultades para enfadarnos, entonces ¿por qué la dificultad en aceptar el hecho? Airarse no parece tan malo como el aceptar la ira. Todo el mundo piensa que eres un buen hombre y que la rabia es un acto momentáneo. Ella viene y va. No destruye tu auto-imagen. Sigues siendo bueno. No destruye el ego.

Por ello, los que son astutos se arrepienten inmediatamente. Se enfadan y arrepienten casi inmediatamente. Piden disculpas. Estos son los astutos. ¿Por qué los llamos astutos? Porque la rabia de ellos hacen temblar la auto-imagen que tienen. Tienen que hacer que esta auto-imagen se fije de nuevo. Dice: "Perdona. No lo voy a repetir. Disculpa". Por pedir disculpas su auto-imagen se restablece. El está bien, de vuelta a su estado anterior. Canceló su rabia pidiendo perdón.Se llamó a sí mismo malo, sólo para permanecer siendo bueno.

Es por eso que podemos continuar toda la vida siendo rabiosos, sexuales, posesivos, pero nunca aceptándolo. Eso es un truco mental. Lo que quiera que hagas está sólo en la superficie. En el centro, eres bueno. Si aceptas que sientes rabia, en el centro te volverás malo. Entonces no es una cosa momentánea. En lugar de eso, la rabia forma parte de tu constitución. Ahora no es que alguien te irrite o te deje irritado. Aunque estés solo, la ira estará presente, porque ella ahora forma parte de tu energía.

No es que de vez en cuando ella venga y después se vaya. Ella no puede venir si no estuviera siempre presente. Tú puedes apagar la luz o encenderla, pero la corriente está siempre ahí. Si no estuviera, no podrías encenderla o apagarla. La corriente de tu ira está siempre presente, la corriente del sexo también, la corriente de la ambición está presente siempre. Puedes tomarla o dejarla, cambiar las situaciones, pero por dentro permaneces siendo el mismo.

La "aceptación" significa que la ira no es un acto; en lugar de serlo, TÚ eres la ira. El sexo no es un acto: TÚ eres el sexo. Aceptar eso significa arrojar fuera la auto-imagen. Y todos nosotros construímos hermosas auto-imágenes. Y cualquiera que sea la cosa que hagas, nunca la tocas. La proteges. Y si la imagen está protegida, tú te sientes bien. Es por eso que te puedes enfadar, puedes ser sexual y no quedar perturbado. Pero si te aceptas y dices: "Yo soy el sexo, soy la ira, soy la ambición", entonces tu auto-imagen cae por tierra.

El espiritualismo dice que este es el primer paso, y el más difícil de aceptar. Algunas veces intentamos aceptar, pero cuando aceptamos lo hacemos de un modo calculado. Nuestra astucia es profunda, sutil, y la mente tiene medios de engañar siempre. Algunas veces aceptamos y decimos: "Bien. Estoy enfadado. Ahora dime como ir más allá de esto". Aceptas el sexo sólo para no ser sexual. Siempre que estás intentando ser alguna otra cosa, eres capaz de aceptar, porque tu auto-imagen está otra vez siendo mantenida por el futuro.

Tú eres violento y estás luchando para no serlo, por eso aceptas y dices: "Soy violento. Hoy he sido violento, pero mañana no lo seré más". ¿Cómo puedes ser mañana no-violento? Aplazando esa auto-imagen hacia el futuro. No piensas en ti mismo en el presente. Siempre piensas en términos de ideales, de no-violencia, de amar y de compasión. Entonces tú estás en el futuro. El presente existe para ti para ser un pasado. Así te sigues indentificando con los ideales. Tus ideales son medios para no aceptar la realidad. Eres violento: ese es el acto presente. Y el presente es la única cosa existencial: el futuro no lo es. Tus ideales son sueños, artimañas para aplazar lo que deseas en algún otro lugar del tiempo.

No intentes dejar de ser violento. Una mente violenta NO PUEDE ser no-violenta. ¿Cómo es posible? Mira profundamente: tú eres violento, ¿por eso cómo puedes ser no-violento? Lo que quiera que hagas será hecho por el hombre violento. Hasta el esfuerzo de intentar ser no-violento,  será hecho por la mente violenta.

Contempla esos combatientes de la no-violencia; ellos pueden ser no-violentos con los otros, pero lo son con ellos mismos. Y cuanto más locos son con ellos mismos, más son glorificados. Cuando están completamente locos, entonces la sociedad dice: "Estos son sabios". Pero ellos transformaron su violencia nada más. Cuando eres violento con alguien, la ley puede proteger a esta persona, el tribunal la ayuda y la sociedad te condena. Pero, cuando eres violento contigo mismo, no existe ley. Nadie te puede proteger contra ti mismo.

Cuando estás contra ti mismo, no hay protección. Y nadie protesta porque es de tu cuenta. Así los llamados monjes, santos, son violentos contra sí mismos. 

Si la mente es avara, codiciosa, ¿cómo puede dejar de serlo? La mente avara sigue igual. Es claro que podemos crear nuevas codicias, avaricias. Digamos a un avaro: "¿Qué pretendes hacer acumulando riquezas? Vas a morir y no podrás llevar tu fortuna contigo". Esta es la lógica de los llamados predicadores religiosos: que no puedes llevar tus riquezas contigo. Pero, si alguien pudiese hacerlo, entonces la lógica fallaría. El avaro percibe la lógica. Pregunta: "¿Cómo puedo llevarme mi fortuna?" Porque él realmente quiere llevarla. Por eso el predicador se vuelve influyente. Le muestra que es insensato acumular cosas que no pueden ser llevadas después de la muerte. Dice: "Te voy a enseñar como acumular cosas que puedes llevarte. La virtud puedes llevarla, las buenas acciones, la bondad, pero el dinero no. Por eso tienes que donarme tu fortuna".

Pero esto es una llamada a su avaricia. Es como decirle: "Ahora te daré cosas mejores que podrán ser cargadas después de morir". Y eso tiene resultados. El avaro piensa: "Esto es verdad. La muerte está y no puedo hacer nada, por eso necesito hacer algo que pueda llevarme. Necesito crear algo así como una cuenta bancaria en el otro mundo".

Mira las Escrituras religiosas, porque ellas te convidan a la avaricia. Dicen: "¿Qué haces perdiendo el tiempo con placeres efímeros?" El énfasis es en lo "efímero". Así procura placeres eternos y todo irá mejor. No están contra los placeres. Está en contra el hecho de que son "efímeros". ¡Mira la avaricia!

Algunas veces puede pasar que encontremos un hombre que no sea avaro y que esté gozando de placeres momentáneos, pero no puedes encontrar entre los religiosos un hombre que no esté pidiendo placeres eternos. La avaricia de ellos es mucho mayor. Puedes encontrar a una persona no avariciosa entre la gente común, pero no puedes encontrarla entre los religiosos. Ellos quieren placeres, son más avaros que cualquiera. Tú puedes estar satisfecho con placeres momentáneos y ellos no. Su avaricia es más grande, porque sólo se puede satisfacer con placeres eternos.

Ambiciones infinitas piden placeres infinitos, recordemos esto. Una ambición finita queda satisfecha con un placer finito. Ellos te preguntan: "¡Qué haces amando a una mujer o un hombre! Ella no es más que huesos y sangre. Mira la persona que amas. ¿Qué es?" No están contra las mujeres, sino contra la piel, los huesos y la sangre. Pero si la mujer fuera de oro, entonces todo cambiaría.

Ellos no están en este mundo, por eso han creado otro. Dicen: "En el cielo existen hombres y mujeres que nunca envejecen". Otros hablan de ninfas que permanecen siempre con dieciseis años. Otros hablan de huríes cuya virginidad es continuamente reconstruída. Entonces, ¿qué hacemos perdiendo el tiempo con estas personas comunes? Piensa en el cielo. Ellos no están contra el placer, sino contra lo efímero de los placeres.

Si, a través de algún encantamiento, Dios diese a este mundo el placer eterno, todo el edificio de la religión caería inmediatamente; toda la atracción se perdería. Si, de alguna manera, las cuentas bancarias pudiesen ser llevadas después de la muerte, nadie estaría interesado en crear cuentas corrientes en el otro mundo. Asi que la muerte es una gran ayuda para los religiosos.

Un hombre ambicioso es siempre atraído por alguna ambición. Si lo pudieras convencer de que la ambición es la causa de su miseria, de que si él abandonara  la ambición alcazaría  un estado de beatitud, él lo podría intentar, porque tú no estás contra su ambición. Le estás dando a su ego nuevos campos. Puede entrar en nuevas dimensiones de ambición.

Así, el espiritualista dice que una mente ambiciosa no se puede cambiar por otra no-ambiciosa y una mente violenta no puede llegar a ser no-violenta. Pero eso parece algo como desesperanzado. Si éste es el caso, entonces nada podría hacerse. ¿Cuál es la posición del espiritualista? Si la mente ambiciosa no puede dejar de serlo, ni tampoco la mente violenta, y la mente obsesa por el sexo no puede transformarse en algo más allá del sexo, entonces ¿qué significa el espiritualismo? El espiritualista no está diciendo que nada pueda hacerse; algo puede ser hecho, pero la dimensión es completamente diferente.

La mente ambiciosa tiene que comprender que es ambiciosa y aceptar eso; no intentar ser no-ambiciosa. La mente ambiciosa tiende a profundizar en sí misma para percibir la profundidad de su ambición; no huyendo sino quedando con ella; no mudando de ideales hacia ideales contradictorios, para ideales opuestos, sino permaneciendo en el presente, yendo para dentro de la ambición, conociéndola, comprendiéndola y no intentando escapar de ella de alguna manera. Si puedes quedar con tu ambición, con tu sexo, con tu rabia, tu ego se disolverá. Esa será la primera cosa ¡y que gran milagro es!

Algunas personas me preguntan como no tener ego. Nadie puede no tener ego, porque necesita mirar para las bases de su ego para encontrarlo. Tú eres ambicioso y piensas que no lo eres; esto es el ego. Si eres ambicioso, sabes eso y aceptas totalmente que lo eres, entonces ¿cómo puedes permitir que tu ego tome una posición? Si estás furioso y dices que lo estás, no lo estás diciendo a los demás, sino que sientes profundamente la impotencia y, entonces, ¿dónde se puede apoyar la ira? Si eres sensual, acéptalo. Lo que quiera que esté dentro de ti, acéptalo.

El no aceptar tu naturaleza creó el ego, no aceptar tu modo de ser. Si aceptas, el ego no estará. Si lo rechazas, si crea ideales en contra, entonces habrá ego; los ideales son la materia prima del cual se hacen los egos.

Acéptate a ti mismo. Pero, parecerás un animal. No parecerás un hombre, porque tu concepto de hombre está en tus ideales. Es por eso que continúo enseñando cómo no ser animales. ¿Tú que puedes hacer? Tú ERES un animal. Acepta tu animalidad. Y, en el momento que lo aceptas, habrás hecho la primera cosa para ir más allá del animal, porque ningún animal sabe que lo es; sólo el hombre puede saber eso. Eso es ir más allá. Tú no puedes ir por la negación.

¡Acéptate! Cuando todo es aceptado, sentirás que trasciendes. ¿Quién está aceptando? ¿Quién acepta el Todo? Si rechazas, seguirás en el mismo plano indefinidamente. Aceptación es trascendencia. Si te aceptas sentirás que eres arrojado hacia tu centro. Y no podrás ir a ningún otro lugar; no podrás salir de tu modo de ser, de tu naturaleza, sino que estarás centrado en ti.

Todas estas técnicas espirituales que estoy mostrando durante estos meses del año 1.997, son maneras diferentes de llevarte a tu centro, sacarte de la superficie. Y tú estás intentando escapar de tu centro de muchos modos. Los ideales son buenas escapatorias. Los idealistas son los egoístas más sutiles.

Eres violento y creas unn ideal de no-violencia. Ahora no tienes necesidad de ir hacia dentro de ti mismo, dentro de tu violencia. Entonces esta es la unica necesidad; continuar pensando sobre la no-violencia, leyendo libros sobre el particular e intentando practicarla. Así puedes huir de ti mismo. Puedes ir a la superficie, pero entonces jamás llegarás al centro. Esta es la primera cosa.

La segunda es: cuando creas un ideal de no-violencia, puedes condenar a los otros. Ahora es más fácil. Tienes un ideal de juzgar a todo el mundo y puedes decir a cualquiera: "Tú eres violento". La nación que crea muchos ideales está continuamente condenando el resto del mundo. La totalidad de la mente de cualquier país es condenatoria, hipócrita. Todo el mundo es violento, menos él.

En los últimos cincuenta años hemos sido violentos muchas veces, pero nunca condenamos nuestra violencia. Siempre la defendemos y la racionalizamos en términos hermosos, justificando nuestros genocidios, crímenes y expolios. A veces decimos que ayudamos a un pueblo a obtener su libertad. Pero todos los que traman la guerra dicen la misma cosa. Si América del Norte fue violenta en el Vietnan, fue por causa de "aquella pobre gente". Siempre somos violentos para "ayudar a alguien". Aunque yo te mate, es para tu propio bien. Es para "ayudarte".

Con las personas, con las sociedades, con las culturas, con las naciones, esto ocurre. Si tienes ideales, no precisas transformarlos. Siempre puedes esperar para ser transformado en el futuro por los propios ideales. Y puedes condenar a los otros muy fácilmente.

El espiritualismo te dice que debes permanecer contigo mismo. Lo que quieras seas, acéptalo. No te condenes, ni condenes a los otros. La condenación es inútil. Las energías no son cambiadas por eso.

Permanece con el acto de la ira, de la ambición, del sexo. Y conoce el acto en su estado total. No lo toques por la superficie. Conócelo en su totalidad. Vete hasta las raíces. Y recuerda, que cuando consigues llegar hasta la raiz de cualquier cosa, tú la trasciende. Si puedes conocer tu sexo hasta las raíces serás maestro de él.  Si puedes conocer tu ira hasta sus raíces, serás maestro de ella. Entonces la ira será apenas un instrumento. Podrás usarla.

Recuerda leer que Gurdjieff enseñaba a sus discípulos a quedar "correctamente rabiosos". Recordemos las palabras de Buda: "Meditación correcta, pensamiento correcto y contemplación correcta". Gurdjieff fue condenado en Occidente porque él era un símbolo vivo de la espiritualidad.

El enseñaba la "ira correcta"; enseñaba como quedar totalmente airado. Si estuvieses enfadado, él te diría: "Prosigue. No te reprimas; deja que venga en su totalidad. Profundiza en ella. Conviértete en la rabia. No controles. Dá un salto profundo dentro de ella. Deja que todo tu cuerpo se torne una llama, un fuego".

Tú nunca profundizas tanto y nunca has visto a nadie hacerlo, porque todo el mundo es más o menos educado. Nadie es original; todo el mundo es más o menos imitativo. Si puedes entrar en la ira totalmente, se volverá un fuego. El fuego será tan profundo, las llamas irán tan al fondo, que el pasado y el futuro cesarán inmediatamente. Serás una llama presente. Y, cuando todas las células se estén quemando, cuando todas las partes del cuerpo estén en el fuego y tú seas simplemente la rabia (no rabioso), entonces el Maestro dirá: "Ahora queda consciente. No reprimas. Consciencia de que te has convertido en la ira".

En ese momento de total "presencia", la persona puede tornarse súbitamente consciente y poder comenzar a reir de lo absurdo de la situación, de la estupidez de todo. Pero eso no será represión. Es sólamente risa. Puedes reirte de ti mismo porque te has trascendido. Y nunca más la ira será capaz de mandar en ti de nuevo.

Recuerda esto. Aquello que no es conocido crea miedo. Aquello que es oscuro siempre inspira temor. Tú tienes miedo de tu propia ira.

Así, las personas continúan diciendo que reprimimos la rabia porque no es bueno estar rabiosos. Pero esa no es la causa verdadera. La causa real es que tenemos miedo de nuestra rabia. Si quedáramos realmente rabiosos, no sabríamos lo que podría pasar. Eso es algo muy temeroso escondido dentro. Es por eso que entramos en un acuerdo social, con la cultura, con la educación, y decimos: "No debo estar enfadado. La ira es mala. Molesta a los demás".

La mente necesita disolverse; necesitas ser solo el cuerpo. Si el pensamiento está presente estaremos divididos. Entonces, el acto sexual nada será a no ser un desprendimiento de energía excedente. Será un alivio, y nada más. Pero tenemos miedo de estar totalmente en el sexo; es por eso que entramos en acuerdo con la sociedad, con el concepto de que el sexo es negativo. ¡Es miedo!

¿Por qué tenemos miedo? Porque, si nosotros profundizamos en el sexo totalmente, no sabriamos lo que podríamos hacer, lo que podrá pasar, no sabemos que fuerza animal podría salir a la superficie, no sabríamos a dónde nuestra inconsciencia nos llevaría. ¡No sabemos nada! Entonces ya no seríamos el señor; nos faltará el control. Así es cómo nosotros contralamos el acto sexual. Y el modo de controlar es permanecer en la mente.

Intentemos comprender esto. Digo que un acto sexual es local cuando sólamente el centro sexual está implicado. Es una liberación local, parcial. El centro sexual va acumulando energía. Cuando esta llega a cierto nivel, hemos de liberarla. De otro modo crearía tensiones, peso. Tú la liberas, pero es una liberación local. El ser entero no está implicado. Si hubiera una totalidad eso significaría que cada fibra del cuerpo, cada célula, está en ello. Nuestro ser entero se vuelve sexual. No sólamente el centro sexual, sino el ser entero.

Pero tú tienes miedo, porque en este caso cualquier cosa será posible. Y no sabes qué puede pasar, porque nunca has conocido la totalidad. Podrías hacer cosas que ahora ni puedes imaginar.

Tu inconsciencia explotará. Te volverás no un animal, sino muchos animales, porque has pasado en muchas vidas a través del cuerpo de muchos animales. Podrás gritar, rugir. Tú no sabes.

Todo es posible: eso crea miedo. Necesitas controlar, así jamás te abandonas a ninguna cosa. Es por eso que no sabemos nada. Y, al menos que sepas, no podrás trascenderte.

Acepta, húndete profundamente, hasta las raíces. Esto es espiritualidad. Espíritu significa experiencias profundas. Cualquier cosa experimentada puede ser trascendida, cualquier cosa reprimida no puede trascender jamás.

Os deseo unas felices vacaciones.

Esta Circular Extra nº 1, del año 1.997, ha sido inspirada en una conversación sostenida en un parque de la ciudad de Soria, con mi entrañable amigo Alberto Moya i Urrea, un día del mes de Junio del mismo año.

                    

 

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