MEDICINA NATURAL

Salvador Navarro Zamorano

NOVIEMBRE 2001 (2)

 

                                                  

 

 

 

                              CUIDADO Y CARIÑO CON LA PIEL

 

 

          Un rostro limpio, libre de espinas y granos, es la mejor carta de presentación. Veamos como cuidar esa parte del cuerpo tan importante para la salud como los órganos internos.

 

          Una mirada crítica a nuestra imagen en el espejo y reparemos en nuestra piel: sin vida, con poros obstruidos por granos, grasa acentuada alrededor de la nariz, frente y barbilla, además de acné en distintas partes del rostro. ¿Será que hemos descuidado esa parte del cuerpo que tanta atención merece? No se trata solamente de estética, sino de salud. Estos consejos valen tanto para hombres como para mujeres.

 

          Además de la higiene diaria, la piel necesita de una atención especial. Veamos lo que ocurre: si la primera capa de piel (epidermis) no respira, por tener poros obstruidos, las otras dos (dermis e hipodermis) no ayudan a que la sangre circule por todo el rostro, acabando por alterar las funciones de las glándulas y células que existen en esa región. Resultado: una piel precozmente envejecida.

 

          ¿Cómo apartar el peligro? El primer paso es, sin duda, el más importante: consultar a un dermatólogo especializado: él evaluará las condiciones en que se encuentra su piel y, si es necesario, recetar o hacer una limpieza.

 

          No se debe limpiar la piel sin la opinión de un especialista. Podemos estropearla, porque el uso inadecuado de productos de limpieza y cosmética, a veces causan alergias y manchas indeseables.

 

          Para aplicarlos, hemos de conocer el tipo de piel que tenemos: grasa, seca o normal. Para saberlo, basta pasar un papel suave por el rostro limpio y verificar si deja manchas de grasa. Si la respuesta fuera positiva, es que poseemos el tipo más común de piel, debido al clima benigno y, a veces caliente, de España. La piel también puede ser normal o seca. La primera está hidratada, no tiene granos, espinillas o manchas, en cuanto la segunda está resecada y sujeta a arrugas precoces. Mientras la grasa y la seca necesitan de cuidados semanales, tal como aplicaciones de lociones tónicas y esfoliantes, en el caso de la primera e hidratantes en la segunda; la normal no requiere una atención especial, a no ser, claro está, la higiene diaria.

 

          Evitemos clasificar la piel sin la ayuda de un especialista, pues además del diagnóstico, si fuere el caso, podemos recibir un consejo profesional para normalizarla.

 

          La formación genética, que origina poros dilatados y grasas, asociadas a una higienización mal hecha (pensemos en la cantidad de polvo en suspensión y la polución a la que nuestro rostro se enfrenta diariamente) acaba provocando que los poros se obstruyan, que cuando está acompañado de un proceso infeccioso, genera en las dichosas espinillas.

 

          Al contrario de lo que generalmente se hace, no se debe sacar los granos y las espinillas exprimiendo la piel con las manos. Los granos profundos y blancos en su interior (solamente se vuelven negros cuando se oxidan en contacto con el aire), la mayoría de las veces dejan de ser extraídos en su totalidad. Es porque las personas no disponen de lentes auxiliares, como los tienen en los consultorios y, por no verlos en su totalidad, acaban por dejar parte de ellos en el rostro. Un profesional, además de retirar los granos por entero, utiliza instrumentos desinfectados, lo que raramente hacemos en casa. Una asepsia deficiente y restos de granos en los poros, acaban generando acné.

 

          Este es otro problema para los especialistas. El acné puede tener varias causas y solamente un dermatólogo tiene autoridad para diagnosticarlas. El problema surge por causas genéticas, disfunciones hormonales, stress, dieta pobre en fibras y rica en alimentos grasos, medicamentos usados indebidamente, exceso de vitaminas B en el organismo (B6), ingestión periódica de anabolizantes, problemas psicológicos, infecciones internas no tratadas y, algunas veces, tendencia orgánica a producir la bacteria P.Acnes, en número mayor que el considerado normal.

 

          Cuando alguien aprieta una espinilla, además del riesgo de quedar con una cicatriz permanente en el rostro, apenas limita el efecto. Y como la causa, o sea, el factor que hizo aparecer la espinilla continúa, los otros puntos con acné volverán a hacer su aparición. Por este motivo, el tratamiento aplicado contra el acné ha de ser medicamentoso. Existen infecciones que sólo son combatidas de modo eficaz con antibióticos y, por eso, la aplicación de muchas cremas y pomadas no dan resultados.

 

          ¿Qué hacer para evitar el acné? No existe un medio 100% seguro, pero evitar alimentos grasos y sustituirlos por una dieta rica en frutas, verduras y cereales integrales puede ayudar a que la piel se normalice. El estreñimiento sin duda perjudica la piel, pues si el intestino no funciona bien, aparecen las espinillas.

 

          Una higienización diaria bien hecha puede ayudar a prevenir el acné. Muchas personas utilizan jabones no adecuados, excesivamente alcalinos y perfumados, al lavar el rostro y, con el tiempo, acaban por deshidratar la piel. Lo ideal sería el uso de jabones neutros y agua, mucho agua. Dos litros de agua ingeridos diariamente, es lo mínimo que requiere el organismo para tener una piel saludable.

 

          Otro consejo es evitar el Sol. El efecto de cicatrización del acné que produce, es bueno, pero ayuda a aumentar la producción de sebo en el rostro y las espinillas tienden a reaparecer en mayor número, lo que es peor. Además, el Sol envejece precozmente la piel-

 

          No dejemos la limpieza de la piel hecha por un buen especialista periodicamente. El propio especialista evaluará de tiempo en tiempo si eso es necesario. Sin la orientación de un buen dermatólogo, personas con la piel seca o normal, que casi no necesitan de ese recurso, pueden estropear su cutis.

 

          Máscaras y lociones deben ser aplicadas bajo dirección profesional, a fin de que realmente beneficien la piel.

 

          Una piel limpia respira mejor y debemos hacer lo posible para que sea una realidad. Una persona con la piel sana tiene un gran crecimiento en su autoestima y se siente mejor en cualquier situación de su vida.

 

          La apariencia cuenta mucho.Y la piel del rostro es la mejor tarjeta de visita que podemos presentar.

 

CONTROL EN LA ALIMENTACIÓN

 

          No abusar del azúcar refinado, ni de alimentos picantes y muy condimentados.

          Evitar frituras y carnes grasas, especialmente la de cerdo.

          No comer tocinos, salchichas y salchichón así como chorizos.

          Eliminar de la dieta las carnes enlatadas y patés.

          Igualmente, grasas animales, nata, mantequilla y margarina.

          Frutas oleoginosas como aguacates, nueces, almendras, coco, aceitunas, cacahuetes, etc.

          Sal en exceso.

          Café y té negro.

          Harinas en general.

          Bebidas azucaradas y colas.

          Bebidas alcohólicas.

          Hemos de alimentarnos con alimentos naturales, ricos en fibras (frutas, legumbres y verduras).

          Zumos de frutas y legumbres.

          Beber dos litros de agua diariamente, como mínimo.

          Masticar siempre los alimentos hasta triturarlos por completo.

 

 

                                                                       Salvador Navarro Zamorano

                                                                       Especialista en Homeopatía.

 

 

 

 

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