ALCORAC

SALVADOR NAVARRO

 

 

                                                                                        

Dirigida a las Escuelas de :                                                    CIRCULAR nº 8                                                                                                                                            

                        Mallorca                                            

                        Menorca

                        Las Palmas                                          Llubí, 1ºde Agosto de l.996

                        Barcelona (2)     

 

 

 

 

EL MAESTRO JESÚS  (tercera y última parte)

El hermano entregará a su hermano a la muerte, el padre al hijo, y se levantarán los hijos contra los padres y les darán muerte .......

Porque he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y a la nuera de su suegra y los enemigos del hombre serán los de su casa.

(Evangelio de San Mateo Capit. 10 - vers. 21 y 35)

Jesús es bastante paradojal y, al mismo tiempo, está repleto de significados. Para llegar a la cumbre de lo que él dice, muchas cosas deben ser comprendidas.

En primer lugar: la paz sólo es posible si las personas están derrotadas. En este caso, no existe guerras ni conflictos, pero tampoco existe vida. Es como el silencio de un cementerio. Esa paz no tiene ningún valor. Hasta la guerra es mejor que ella, porque por lo menos en la guerra estamos vivos, despiertos, alertas.

Entretanto, existe otro tipo de paz, de una dimensión diferente, que sucede cuando se está vivo, despierto, pero centrado en sí mismo; cuando el autoconocimiento interior acontece, cuando somos Iniciados, cuando la llama está encendida y la oscuridad no existe. Hay en esta paz más silencio, más vida; con todo, este silencio pertenece a la vida, no a la muerte. Este silencio no es como el de los cementerios.

Esta es la paradoja que hemos de entender: la guerra es mala, el odio también: ellos son el mal sobre la tierra y deben desaparecer. La enfermedad es mala, la salud es buena; la enfermedad debe desaparecer. Pero no olvidemos que un hombre muerto nunca enferma; un cuerpo muerto puede deteriorarse, pero no quedar enfermo. Si no entendemos esto, todos nuestros esfuerzos no sirven más que para crear un mundo muerto. Sin enfermedades, sin guerras ni odios, pero también sin vida.

A Jesús no le gusta este tipo de paz. Es una paz inútil, y mejor sería un mundo con guerras.

Muchas personas se han empeñado en conseguir la paz y sus actitudes acaban siendo negativas. Ellos piensan que si las guerras acabaran todo iría mejor. No es tan fácil. Ese concepto no es sólo del hombre de la calle, sino que grandes filósofos como Bertrand Rusell,entre otros, piensan que si la guerra acabara todo sería perfecto. Pero no es así.

El problema no es la guerra, el problema es el hombre. La guerra no es externa, sino interna. Si no luchamos dentro, luchamos fuera. Al paso que, si peleamos contra nosotros mismos y salimos victoriosos, la guerra externa cesará. Este es el único camino.

Si no estamos bien con nosotros mismos, existen dos caminos: soportar nuestra inquietud o proyectarla sobre otros. Cuando estamos internamente tensos, estamos listos para luchar. Cualquier disculpa sirve, el motivo no tiene importancia. Atacamos al primero que aparece: un empleado, la mujer, el esposo o los hijos.

¿Cómo las personas se liberan de sus conflictos e inquietudes internas? Reponsabilizando a los otros. Así pasan por una catarsis: se vuelven irritadas y arrojan su rabia y violencia sobre los demás y eso proporciona un alivio, un descanso. Temporalmente, claro, porque internamente nada ha cambiado.El interior continúa siendo viejo y seguirá acumulando. Al día siguiente, volverán a acumular la misma cosa, rabia, odio, y habrá que proyectarlo de nuevo.

La lucha contra los demás existe porque seguimos acumulando basura dentro de nosotros y necesitamos echarla fuera. Un hombre que se conquistó a sí mismo, no tiene conflictos internos, su guerra ha terminado. Dentro de sí existe sólo uno, no dos. Tal hombre nunca más proyectará ni luchará contra alguien.

La mente usa el truco de la proyección para huir del conflicto interno porque ese es muy doloroso, por muchas razones. La razón básica es que todas las personas tienen una imagen muy buena de sí mismos. Y eso es tan fuerte que sin esa imagen ellas no conseguirían seguir viviendo.

Los psiquiatras dicen que las ilusiones son necesarias para vivir. Si pensamos que somos tan perversos, tan malos, si esa imagen permanece, seremos incapaces de seguir viviendo. Perderemos la autoconfianza, quedaremos llenos de condenación de tal manera, que seremos incapaces de amar, ni aún de mirar cara a  cara a otro ser humano. Nos sentiríamos tan inferiores que ese sentimiento sería como un suicidio. Si eso es una verdad, entonces ¿qué hacer?

El gesto es cambiar esa verdad; es volverse un hombre religioso. Pero, eso es difícil. Es un duro y largo camino. Hay que hacer muchas cosas. Sólo entonces lo material puede llegar a ser espiritual. El Diablo puede ser Divino. Tal vez no sepamos que la raíz de la palabra Diablo es la misma que la palabra Divino. Ambas vienen de la raiz "deva" del sanscrito. El Diablo puede llegar a ser Divino, porque lo Divino puede tornarse Diablo. La posibilidad existe: son dos polos de la misma energía. La energía que se volvió ácida, amarga, puede ser dulce de nuevo. Es necesaria una transformación interior, una alquimia interna, pero esto es lento.

La mente siempre procuró un atajo donde la oposición sea menor. Entonces ella dice: "¿Por qué preocuparse en ser un hombre bueno? Basta creer que soy bueno." Esto es fácil porque no hay nada que hacer. Basta pensar que se es bueno, crear una imagen que se es celestial, de que nadie es como ella. Y esta ilusión de bondad le dá energía para vivir.

Si las ilusiones pueden dar tanta energía, ¿podemos imaginar lo que pasará cuando la Verdad nazca? La ilusión de que somos buenos nos dá vida para movernos, energía para mantenernos, nos dá confianza. Con la ilusión, podemos volvernos casi centrados. Ese centro que viene con la ilusión, no es más que el ego.

Cuando estamos realmente centrados, ese centro es el Yo. Pero eso acontece cuando la Verdad ha sido realizada; cuando nuestras energías internas fueron transformadas; cuando lo más bajo se transformó en lo más alto, lo material en celestial; cuando el Diablo se transformó en Divino; cuando estamos radiantes con la gloria que es nuestra; cuando la semilla ha brotado, cuando la simiente se ha transformado en un gran árbol.

Pero este es un proceso y precisamos tener valor para esperar, es necesario no dejarse tentar por los atajos. Y, en la vida, no hay atajos, ellos sólo existen en las ilusiones. La vida es dura porque sólo por medio de grandes esfuerzos el crecimiento llega, pues nunca viene facilmente.

No podemos conseguirlo de un modo barato; nada que sea barato nos ayuda a crecer. El sufrimiento ayuda, el propio esfuerzo, la propia lucha, el largo camino nos dá la claridad, el crecimiento, la experiencia, la madurez. ¿Cómo una persona puede adquirir madurez a través de los atajos?  Actualmente se hacen experiencias con animales y un día, posiblemente, con seres humanos, que son inyectados con hormonas. Un niño de diez años puede recibir un tratamiento hormonal y transformarse en un hombre de veinte años.

¿Creeremos que él alcanzó la misma madurez que hubiera conseguido si hubiese vivido diez años de su vida? La lucha, el nacimiento del sexo, la necesidad de control, de amor, de ser libre y al mismo tiempo centrado, de convivir con los demás, de sufrir por amor, de aprender, etc., todo eso no estará presente. Ese hombre que aparenta veinte años, en realidad tendrá apenas diez.

Están haciendo eso con animales, con frutas, con árboles. Un árbol puede ser inyectado y en vez de florecer en tres años de un modo natural, florecerá en uno. Pero sus flores carecerán de alguna cosa. Será difícil darse cuenta porque no somos una flor, pero algo estará faltando en ellas. Habrán sido forzadas, no habrán pasado por todas las estaciones. Las frutas vendrán después, pero no estarán maduras; alguna cosa estará faltando en ellas, serán casi artificiales.

La naturaleza no tiene prisa. Observemos: la mente está siempre con prisas, mientras que la naturaleza nunca está, la naturaleza espera siempre, ella es eterna. No tiene necesidad de prisas, ella es y continúa siendo eterna. Para la mente el tiempo es corto. Entonces, ella dice: "El tiempo es oro". La vida nunca dice eso. La vida dice: "Experiencia", no tiempo. La vida espera, puede esperar; la mente no puede, la muerte se aproxima. Para la vida no hay muerte. La muerte sólo existe para la mente.

La mente intenta siempre encontrar un atajo. Y la manera más fácil de encontrarlo es crear una ilusión: pensar que es aquello que quiere ser y entonces viene la neurosis. Fue eso lo que sucedió con la mayoría de las personas que están hospitalizadas por tal motivo. Piensan que son Napoleón, Alejandro o cualquier otro. Lo creen y se comportan como si lo fuesen.

Las ilusiones son atajos. Es lo más fácil y barato que se puede tener. La realidad no, ella es dura, es necesario sufrir y pasar por el fuego. Cuanto más pasamos por estas pruebas, más maduros quedamos, más valor poseemos. La divinidad no puede ser comprada en un mercado. Hemos de pagar por ella toda nuestra vida.

Luchamos contra los otros porque esto es fácil. Pensamos que somos buenos, que el otro es el malo y la lucha queda en el exterior. Pero si miramos hacia nosotros mismos, la lucha se hace interior: veremos que somos malos, que es difícil encontrar una persona tan hipócrita como nosotros. Si conseguimos mirar hacia dentro, veremos que no somos absolutamente buenos y que algo tenemos que hacer. Una lucha interior, una guerra interior, será entonces iniciada.

Por el conflicto interno, no olvidemos que esto es una técnica de las mejores, si el conflicto interno ocurre, nos volvemos integrados. Si el conflicto interno existe, surge además de las partes en conflicto, un nuevo centro de sabiduría. Si el conflicto existe, nuestras energías estarán implicadas, todo el ser se agita, se crea un caos y de ese caos nace un nuevo ser.

Todo nacimiento necesita del caos: todo el universo surge del caos. Antes de nuestro nacimiento, el caos es necesario, y esta es la guerra de Jesús. Él dice: "Yo no vine a traer paz".  Esto no quiere decir que él no haya venido para hacer que la paz sea una realidad. Pero no es la paz barata que nos gustaría tener.

Cuando vemos a un Maestro como Jesús, venimos en busca de paz, sin saber que estamos yendo al encuentro de la persona equivocada. Porque tal como nosotros estamos no podemos obtener la paz. Y si alguna persona nos dá la paz, esto sería nuestra muerte. Si nos volvemos pacíficos en el estado que nos encontramos ahora, ¿qué significaría esto? Significaría que nuestros esfuerzos terminaron antes de haber obtenido algo. Del modo que estamos, si alguien nos silencia, ¿qué significaría esto? Significaría que nos conformamos con la situación, aún sin haber alcanzado el Ser.

De este modo se puede distinguir un falso maestro de un Maestro verdadero. El falso maestro es un consolador, nos dá la paz en el estado que nos encontramos, nunca se preocupará por cambiarnos, es como un tranquilizante. Es exactamente como las pastillas para dormir: lo buscamos y él nos consuela. Pero si vamos a un verdadero Maestro, el criterio sería este: toda y cualquier paz que hayamos conseguido, será destruída; toda la "tranquilidad" que hayamos alcanzado, será tirada a los perros.

Un Maestro verdadero creará más tumulto, más conflicto. No nos consolará porque no es nuestro enemigo. Todo consuelo es venenoso. Él nos ayudará a crecer. El crecimiento es difícil, será necesario pasar por muchas dificultades. Muchas veces intentaremos escapar de ese hombre, pero él nos perseguirá.

La consolación no es el objetivo. El Maestro no puede dar una falsa paz. El dá el crecimiento y, a partir de ese crecimiento, una día nos iluminaremos. Ese florecimiento es la verdadera paz, el verdadero silencio. La consolación es falsa.

Si un Maestro verdadero nos consuela, eso será como una chispa. El nos mirará con esa chispa y después, poco a poco, comenzará a crear el caos. Hemos de pasar por el caos porque en el estado que nos encontramos estamos absolutamente equivocados. En ese estado, si alguien nos consuela, será un enemigo. Con esa persona estaremos perdiendo el tiempo, la vida, las energías y, al final, el consuelo no servirá de nada. Cuando llegue la muerte se evaporará.

Dijo Jesús: "No vine a traer la paz sobre el mundo; vine para lanzar divisiones sobre la tierra, el fuego, la espada, la guerra".

Siempre que un hombre como Jesús nace, el mundo se divide entre los que están a favor y los que están en contra de él. No puede haber nadie indiferente a Jesús. Si lo escuchamos o lo conocemos, inmediatamente nos dividimos: o lo amamos o lo odiamos; o lo aceptamos o lo rechazamos; o lo seguimos o trabajamos contra él.

¿Por qué ocurre esto? Porque un hombre como Jesús es un fenómeno raro, él no es de este mundo. Él trae algo del más allá. Los que temen al más allá, inmediatamente se vuelven enemigos, es la manera que usan para protegerse. Pero aquellos que tienen un ansia, una semilla oculta en algún lugar, para aquellos que han buscado constantemente y deseado con vehemencia encontrar el más allá, ese hombre se vuelve carismático, una fuerza magnética. Y se entregan a su amor porque es por El que están esperando hace muchas vidas.

Inmediatamente el mundo se divide: o se está a favor o en contra. No se puede decir: "No estoy preocupado", esto es imposible. Porque una persona que puede permanecer en el centro, sin amar ni odiar, está más allá de la propia mente. No podemos quedar en el centro. Pendemos de un lado para otro: vamos de la izquierda para la derecha. Se crea un gran tumulto interior.

Esto no se refiere a las personas sino también a las sociedades. Todo lo que existe sobre la tierra entra en conflicto, se inicia una gran guerra. Desde la venida de Jesús, nunca ha habido paz en el mundo. Jesús creó algo que ha hecho nacer tal división, tal conflicto en todas las mentes que se convirtió en el foco de toda la Historia. Es por eso que se dice: "Antes de Cristo" y "Después de Cristo". Él se tornó el punto de referencia.

La Historia divide el tiempo con Jesús. Antes de él, es como si el tiempo tuviese otra cualidad. Después de él, el tiempo es diferente. Sus actitudes, su manera de alcanzar la mente humana es muy diferente de la de Buda o de Lao-Tse. El objetivo final es el mismo, el último florecer es único, pero alcanzarlo es absolutamente diferente. Él es único.

¿Qué es lo que Jesús dice? Dice que por el conflicto el crecimiento es alcanzado; que por la lucha la concentración ocurre; que a través de la guerra, la paz florece. Pero no lo tomemos literalmente, porque todo lo que dice es una parábola. Los cristianos lo toman literalmente y pierden lo básico. Entonces empuñan la espada y matan millones de personas innecesariamente, porque no es eso lo que Jesús quiso decir. Entonces la Iglesia se hace bélica, se convierte en cruzada.

Los cristianos lucharon contra los mahometanos, contra los budistas, lucharon en todas partes del mundo. Pero perdieron lo básico, y es que Jesús hablaba de otra cosa. No hablaba de espadas de este mundo; él trajo la espada de un mundo distinto. ¿Qué espada es esa? Es un símbolo. Tenemos que ser cortados en dos, porque dos cosas se encuentran en nosotros: este mundo, la tierra, y el cielo; ambos se encuentran en nosotros. Una de nuestras partes pertenece al barro; la otra pertenece al Divino. Somos el punto de encuentro y Jesús trajo la espada para cortarlo en dos. Así, lo que es de la tierra cae en la materia y lo que es del Divino se disuelve en Él.

No podemos hacer ninguna distinción entre lo que pertenece o no a la tierra. Cuando tenemos hambre, ¿pensamos que somos nosotros los que tenemos hambre? El hambre pertenece al cuerpo, es una necesidad fisiológica. La consciencia no siente hambre, pero ella es consciente de lo que sucede con el cuerpo.

Una de las partes siente hambre, pero no sabe. El cuerpo siente hambre, sed, deseos, necesita de comodidad: todas las necesidades pertenecen al cuerpo. La consciencia apenas ve. El Yo es un espectador. Pero ambos mantienen un trato, porque sin el cuerpo la consciencia no puede caminar, no puede hacer nada; y sin la consciencia el cuerpo no puede comprender lo que necesita, no sabe si tiene hambre o sed.

La "espada" de Jesús significa que ese compromiso tiene que ser realizado conscientemente. Así, habrá que hacer una distinción: lo que pertenece a la tierra, démoslo a la tierra. Cumplamos con eso, pero sin obsecarnos. Si sentimos hambre, el cuerpo necesita de alimentos: conozcamos eso bien, satisfagamos el hambre, pero sin obsecarnos. Existen personas obsesas que comen sin parar hasta que un día se sienten frustradas con la comidad y comienzan a ayunar y ayunar ...... ambas son obsesiones. Comer demasiado es tan perjudicial como ayunar con exceso.

El equilibrio es necesario, ¿pero quien nos lo puede dar? Es necesario ser dos, ser totalmente conscientes de que: "Esto pertenece a la tierra, pero yo no le pertenezco." Esa es la espada de Jesús.

Habla Jesús del fuego. ¿Por qué el fuego? El fuego es un símbolo cabalístico muy antiguo. Es también un viejo símbolo oriental. Los orientales hablaron sobre el fuego interno. Y existen técnicas para aumentar ese fuego interno. Actualmente está casi extinto, cubierto de cenizas. Es preciso que sea reavivado, descubierto; se necesita más combustible. Cuando el fuego interno se incendia al máximo, de repente somos transformados. Ninguna transformación acontece sin el fuego. El agua es calentada en un determinado grado, a cien grados se evapora; toda la cualidad cambia.

¿Hemos observado que cuando el agua se transforma en vapor todas sus cualidades cambian? Mientras es agua, corre en sentido descendente, esa es su naturaleza, correr desde arriba hacia abajo. Pero cuando su temperatura alcanza el punto de ebullición, ella se evapora, su naturaleza cambia: el vapor fluye en sentido ascendente, nunca desciende. Toda la dimensión cambia y eso sucede a causa del calor. Todas las mutaciones suceden a través del fuego. ¿Y, que somos nosotros sino fuego, mientras estamos vivos? Al respirar, ¿qué respiramos? Oxígeno.

El oxígeno no es más que combustible para el fuego. Al correr necesitamos más fuego, por eso respiramos más profundamente. Cuando reposamos, necesitamos menos fuego; entonces respiramos con menor intensidad, porque no necesitamos tanto oxígeno. El fuego no puede existir sin oxígeno, porque este lo inflama. Nosotros somos fuego y a cada momento el fuego es creado en nosotros a través de los alimentos, del aire, del agua. Si aumenta mucho, es necesario calmarlo. Cuando un animal siente deseo sexual, decimos que está caliente. Esto es significativo, porque el deseo sexual es un tipo de calor. Cuando estamos con más calor del que podemos absorber, sentimos necesidad de calmarlo y el sexo es una válvula de escape.

Los países calientes son más sensuales que los países fríos. Los primeros libros de sexología aparecieron en países calientes. En Occidente el sexo comenzó a tener importancia hace poco tiempo. En lugares fríos, el cuerpo no tiene fuego suficiente para crear mucha sexualidad. Hace unos cuatro siglos el sexo se hizo importante en Occidente porque los países siguen siendo fríos pero ahora existe la calefacción central. Así, las personas ya no son tan frías y el cuerpo no necesita luchar tanto contra el frío. A causa del calor en Oriente, la población continúa aumentando y es difícil controlar su crecimiento.

El sexo es un fenómeno de calor, de fuego. Siempre que el fuego arde la persona se siente más sensual; cuando el fuego está abajo, nos sentimos más calmos. Porque todo lo que ocurre, sea una transformación sexual o espiritual, siempre depende del fuego.

Si el fuego es elevado a un determinado nivel, la transformación es posible. Pero hay que elevarlo hasta cierto punto si no vamos a liberarlo. Es por eso que todas las religiones que usan el fuego están contra el sexo. Si nos liberamos por el sexo, no será posible mantenerlo en ese grado, porque tendrá una válvula de escape.

Por tanto, todas las válvulas deben estar completamente cerradas para que el fuego no tenga por donde salir y alcance los cien grados, para que alcance el grado donde, de repente, sucede la transformación: el alma y el cuerpo se separan y la espada actúa. Y quedas sabiendo lo que es la tierra y el cielo en sí mismo. Quedas sabiendo lo que viene de tus padres y lo que vino de lo Invisible.

" ....... el fuego, la espada, la guerra .....  "  Un profundo conflicto interno. No nos podemos relajar, a menos que la relajación llegue por sí misma, lo que es totalmente diferente. Es necesario luchar y crear el conflicto, la fricción. Fricción es una palabra exacta para la guerra interior. Tú puedes no saberlo ahora, pero observa que un día tendrás consciencia de que tu cuerpo posee muchas capas de energías. Cuando la fricción no se produce, la persona utiliza las capas superficiales. Al llegar los conflictos, la capa superficial se agota y la segunda capa entra en acción.

Puedes hacer lo siguiente: si vas a la cama a la misma hora de la noche, un poco antes te sentirás con algo de sueño. No vayas a dormir. Durante unos minutos estarás como aletargado, cada vez más adormecido. Pero, si resistes y luchas, se crea una fricción, te vuelves dos: el que quiere dormir y el que no quiere. Las dos partes entran en conflicto. Si consigues controlarte y no te rindes, de repente notarás que el sueño desaparece y te encuentras bien, como si hubieras dormido toda la noche. Sientes que dormir un poco sería ahora difícil. ¿Qué ha pasado? Sólo habían dos posibilidades, y a través de la fricción entre esas dos posibilidades, se creó una energía.

La energía se crea siempre a través de la fricción. Toda la ciencia depende de crear una fricción a partir de la cual se crea energía. Una guerra se crea cuando tu cuerpo quiere dormir y tú no lo deseas.

En la fricción no te puedes rendir, porque si eso pasara, el cuerpo habrá vencido la batalla contra la consciencia, lo que sería muy negativo. Por eso, sólo podemos iniciar una fricción cuando la mente esté determinada a no rendirse. Caso contrario, será mejor no intentarlo. Los métodos de fricción son peligrosos iniciarlos porque es preciso vencer, pues caso contrario perderíamos la confianza en nosotros mismos. Si la consciencia se debilita el cuerpo tendrá más fuerza sobre nosotros. Y si somos derrotados muchas veces, cada vez será menor la posibilidad de vencer.

Si usamos cualquier método de fricción, hagamos de él una base victoriosa. La batalla no se puede perder, necesitamos vencer. Una vez vencida, una diferente capa de energía será encontrada. Entonces, veremos que la energía que existía en otra parte será absorbida por la consciencia que será más fuerte hasta que, en cierto momento, toda la energía del organismo habrá sido absorbida por el Yo.

Tanto los teólogos como los místicos del corazón perdieron a Jesús, porque él no puede ser comprendido ni por la mente ni por el corazón, Jesús no puede ser comprendido por cosa alguna. Él simplemente habla a través de todos los sentidos, a través de todo lo que es externo y llega a la médula donde solo estás , donde apenas el ser late, donde sólo la Existencia está presente. puedes alcanzar ese punto y, si lo consigues, todos los misterios serán revelados, todas las puertas estarán abiertas. Pero, aún estando ante la puerta, no puedes entrar. Si te orientas por la mente estarás ante la puerta teorizando o entonces podrás estar también ante ella haciendo poemas, hablando en verso y cantando.

Entonces haz una cosa: vete más allá. No seas víctima de la lógica del intelecto; ni seas víctimas de las emociones, de los sentimentalismos. La mente está en el cuerpo y también el corazón: debes estar más allá de los dos. ¿Qué está más allá? Sólo la existencia, simplemente tú.

Ser está más allá de cualquier don. Este simple "ser" es meditación y esto es lo que está escrito en la puerta.

Cuando tú simplemente eres, la puerta se abre. Cuando ninguna emoción, ningún pensamiento, ninguna nube estuviera a tu alrededor, cuando no haya humo alrededor de la llama, ¡ya has entrado!

 

 

 

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