ALCORAC  
  Salvador Navarro  

 

Dirigida a las Escuelas de:

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                                                                                                         Circular nº Extra Invierno  , año V I

                                                                                                         Llubí, 1º Diciembre de 2.000.

            He recibido algunas críticas sobre mis últimas Circulares, donde extrañan la diferencia que se ha originado entre toda mi trayectoria durante seis años y la de los últimos meses.

          Si el amigo quiere perder un poco de su tiempo en leer y releer las Circulares, anteriores, observará que lo único que se ha movido es la superficie, es decir, la manera de escribir, pero el fondo es exactamente igual. Y afirmo que toda la filosofía desde la Antigüedad hasta nuestros días, está palpablemente expresada en cualquiera de mis comentarios sobre historias diversas, especialmente las de procedencia zen, taoísta, budista, esotérica, evangélica y así en adelante.

          Mi “pecado” es que ahora, en vez de adornar las historias y parábolas de comentarios más o menos filosóficos y didácticos, voy directamente a los orígenes, a los Maestros, a los Pensadores, a los Iniciados que han transmitido todo el conocimiento actual, o dicho de otra manera, a las fuentes originales.

          Insisto al amigo para que lea y constate las lecciones que dan las historietas y parábolas, y sus comentarios y deducciones, con las palabras transmitidas por los filósofos y sabios de todos los tiempos, y sacará unas conclusiones sorprendentes que le llenarán de admiración. Finalmente, podrá decir, como hice yo un día: ¡Estaban ante mí y no quise darme cuenta!

          Aprovecha mi descubrimiento y admítelo como una manera de ir directamente al corazón de las cosas y dejemos de entretenernos con juegos brillantes, pero más superficiales.

          Como ejemplo de lo expuesto, voy a hacer los comentarios sobre unas palabras de Jesús, tomadas del Evangelio de San Mateo, 11: 28-29, y podrás hacer conclusiones que te llevarán a formar una opinión más constructiva y saber mucho más de los cimientos sobre los que se ha levantado el edificio del pensamiento humano. Es una manera de ir hoy hacia atrás, para volver a reiniciar el camino en la Circular de Enero del 2.001. Gracias por la atención.

          “Venid a mí todos los que están fatigados y cargados, que yo os aliviaré,

          Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando, y mi carga ligera”.

          El hombre nace esclavo y sigue esclavo durante toda su vida: esclavo de los deseos, de la lujuria, del cuerpo o de la mente, pero siempre el mismo. Desde que nace hasta que muere, hay un largo combate contra la esclavitud. La religión consiste en la liberación final de esa suerte de cadena. Religión es libertad. Pero el hombre continúa jugando consigo mismo, engañándose, por esto es fácil.

          Ser completamente libre es muy difícil. Se necesita una cristalización del interior, un centro. Somos un caos, ex-céntricos, un conjunto de personajes reclamando toda suerte de cosas, pero nunca individuos. Algunas veces, nos posee un deseo y durante un tiempo domina nuestra vida. Más tarde, el deseo desaparece por cansancio o frustración, y aparece otro con afán de dominio. Nosotros nos identificamos con cada uno y decimos: “Yo soy esto”.

          Cuando el sexo preside, somos sexuales; cuando es el odio quien toma el mando, somos odiosos; cuando es el amor quien domina, somos amorosos. Nunca recordamos que no podemos ser cualquier cosa, como sexo, rabia o amor. No lo hacemos porque estamos identificados con el momento del deseo, con la esclavitud.

          Esa identificación es la raíz-causal de todas nuestras cadenas y, si no desaparece, nunca seremos libres. Libertad significa desaparición de las identidades con el cuerpo, con la mente, con el corazón o cualquier otra cosa.

          Este es el factor básico que hemos de comprender: el hombre es un esclavo, nace esclavo, llorando, gritando por la satisfacción de algún deseo. La primera cosa que hacemos al nacer es llorar. Y eso continúa durante toda la vida. El niño llora por la leche, y nosotros lloramos por dinero, casas, automóviles, hombres, mujeres o cualquier otra cosa. Dejamos de llorar después de muertos.             

          Toda la vida es una dolorosa búsqueda de la satisfacción de los deseos, por eso hay tanto sufrimiento. La religión nos da la clave para sentirnos libres, pero si la vida de esclavo es confortable, conveniente, nos da pequeñas satisfacciones de los instintos, entonces creamos falsas religiones que roban libertad, haciendo crecer otro tipo de esclavitud. El cristianismo, el islamismo, el budismo y otras, son organizaciones con nuevos tipos de prisiones.

          Jesús es libertad, Mahoma es libertad, Buda es libertad, pero las religiones no lo son, simplemente imitan esa liberación. Ahora no somos esclavos de los deseos físicos, de sentimientos y pensamientos, sino también de los religiosos.

          Cuanto más intentamos solucionar este problema, más locura creamos, porque dentro de nuestro corazón sabemos que todo es falso. Fingimos que vamos al templo, para que los demás comprueben que somos religiosos. ¿Eso nos ayuda? Ahora el templo es otra esclavitud, un ritual más.

          Con la religión nos lanzamos al mayor juego posible y eso está en que nos amoldamos a los grilletes. Por eso Jesús, Mahoma o Buda son personajes peligrosos. Ellos nos dan la realidad.

          Estar con Jesús es como estar junto al fuego, que nos va a quemar completamente. Fuego es un término alquímico; todo lo que ha de ser cristalizado tiene que pasar por él. Cuando alguien quiere hacer un joya de oro, tiene que licuarlo y llevarlo después a un molde. Lo mismo ocurre con un discípulo: el Maestro es como una llama y tú tienes que licuarte completamente para que todos tus errores sean quemados y las verdades se cristalicen.

          Primero, el Maestro es una hoguera; después, el infinito frescor viene a través de él. Pero al comienzo es una brasa y eso da miedo. Es fácil aproximarse a cualquier sacerdote, porque es tan falso como tú. No hay peligro. Es fácil pasar por un ritual, porque sabes que es simulado. Pero llegar a Jesús es difícil, porque sabes que estás llegando cerca del fuego. Cuando un discípulo reuniendo coraje se aproxima y permite quemarse, se siente como trabajado en un horno y pasado después por un yunque para ser martillado y trabajado hasta que la pieza quede completa.

          Y, cuando sale, el discípulo es totalmente diferente: sus personalidades se han ido, es un individuo, un nuevo metal. El original es ahora más alto, el hierro se ha transformado en oro, hubo una mutación. Un rompimiento con el pasado. Si hubiera continuidad, no habría cambio. Eso es lo que hacemos todos.

          Modificamos aquí y maquillamos allá. Somos un traje hecho de retales, nunca una revolución. Pero el traje de retales no va a ayudarnos, nunca seremos transformados por él. De algún modo algo cambiará, pero la totalidad es la misma. Y la totalidad es tan poderosa que lo nuevo no durará mucho tiempo. Más pronto o más tarde, lo nuevo será absorbido y será viejo. En la vida todos nos vamos perfeccionando pero ese progreso no lleva a la religión. Religión no es progreso. ¿Qué es lo que estamos mejorando? Tú eres la enfermedad. Puedes arreglarla, pintarla, darle una máscara, pero el mal está inamovible.

          Una mutación es una discontinuidad con el pasado, no es un conjunto de retales. A esto Jesús le llama renacimiento. Lo viejo desaparece y entra lo nuevo. Lo nuevo no viene de lo viejo, es totalmente nuevo; por esto es un nacimiento. Es difícil entender esto, porque la mente analítica tiene obsesión por la casualidad.

          Pensamos que todas las cosas son casuales, hasta un Jesús tiene una causa, nace del pasado. Si piensas así dejarás de comprender su esencia. Jesús es absolutamente nuevo. No nace de lo viejo, porque ese lugar está vacío. Lo nuevo viene de lo desconocido. Lo viejo desaparece en lo conocido y lo nuevo, encontrando un lugar vacío en el corazón, entra y hace su morada.

          Es exactamente como cuando tu cuarto está oscuro, cerrada la puerta y las ventanas, parece la noche. Entonces abre las ventanas o la puerta. De repente, la oscuridad desaparece, entra el Sol y existe la luz. ¿Dirás que el Sol, que esa luz, tuvo como causa la oscuridad anterior? ¿Pensarás que la oscuridad se transformó en luz? Las tinieblas simplemente desaparecieron del cuarto donde la luz entró. Esta claridad no está relacionada de ninguna manera con la oscuridad. Estaba esperando fuera de la puerta; y cuando ella se abrió, entró porque necesitaba una abertura.

          Al meditar, estás creando una abertura; al rezar, creas un espacio abierto. Lo viejo, lo oscuro, desaparece y llega la luz. Ambas son discontinuas, están en diferentes dimensiones; son existencias diferentes. Intenta comprender esto, porque aquí está el milagro de la religión. La ciencia quizá no pueda entenderlo, porque piensa en términos de cambios o de continuidad. La religión habla de discontinuidad, de mutación, de transformación.

          Tú nunca te transmutarás en un Jesús, porque eres como una barrera. Tienes que ser quemado completamente, exterminado. Cuando entra Jesús, tú ya no estarás. Sentirás que tu pasado ha sido un sueño: se ha roto la identificación.

          Jesús es una llama. Renacer es posible si mueres. Si tienes miedo, escapa de hombres como Jesús. Ellos son peligrosos, como un abismo, sentirás vértigo y caerás dentro de él.

          Tú no eres nuevo sobre la tierra, nadie lo es; eres tan viejo como el mundo, hasta mucho más viejo, porque has llegado del espacio. Siempre has existido, porque todo lo que está en la vida permanece siempre vivo, no hay medios de escapar. Eres parte integrante del Universo. Has estado cerca de muchos maestros, y este ha sido el problema siempre.

          Te atrajo cuando lo escuchaste. Cuando estabas lejos, funcionaba como fuerza magnética. Pero, cuando te acercabas, tenías miedo de su llama. Entonces huías. Pero algún día la persona tiene que decidirse a pasar por ese fuego. Mientras tanto, te consuelas con falsos maestros; vas a los sacerdotes de las iglesias, mezquitas, pagodas, haces rituales, todo tipo de cosas falsas, sólo para huir de hombres como Jesús, porque con ellos no hay más que realidad.

          Tienes que purificarte, disolverte completamente, para que haya un vacío en tí. Sólo en ese espacio vacío entra el rayo de Dios. Entonces las miserias habrán terminado. Permaneces en la felicidad eterna. Esa es tu propia naturaleza, tu ser. Si la felicidad te llegara a través de algo, de otra persona, no será eterna, porque esa causa se puede perder, sería circunstancial, momentánea.

          La felicidad puede estar permanentemente contigo, cuando es una realización de tu ser; entonces nadie te la puede arrebatar. Pero se necesita una cristalización, una transformación. Lo viejo necesita morir, para que el futuro pueda nacer. Esta es la decisión que tienes que tomar.

          Jesús dice: “Venid a mí todos los que están fatigados y cargados que yo os aliviaré”.

          Esto tiene que ser profundamente comprendido y recordado, porque nos va a ayudar.

          Cuando llegas a un hombre como Jesús, tienes un problema: “¿Por qué debo rendirme a este hombre?” Pero Jesús quiere darte libertad total, y esto parece contradictorio.

          Él te diría: “sí, sé lo que piensas; que esto es otro tipo de esclavitud”. A menos que Jesús te libere, ¿cómo podrás sentir si eso es realmente libertad?

          Siempre has conocido la esclavitud. En todos los lugares que has visitado y conocido, donde quiera hayas andado, has visto la esclavitud de los hombres. Hasta en nombre del amor has conocido la esclavitud. Mira para cualquier esposa o marido, su yugo puede ser muy duro. En nombre del amor se prometieron libertad, pero no fue así. En nombre de la libertad, existen todo tipo de prisiones: los nacionalismos son una esclavitud, la religión es una esclavitud, eso que llamamos amor, también lo es. Y todo el mundo está limitado por todo tipo de prisiones. Entonces viene Jesús y también quiere te rindas.

          Es claro que la mente dice: “Esto acabará mal, será otra cadena”. Jesús no niega esto, porque en ese estado de mente no puedes comprender lo que es libertad. Así que dice: “Venid a mí todos los que estáis fatigados . . .” Esto es todo lo que promete. No dice: “Ahora te daré la libertad”. Esto puede ocurrir, pero en ese momento  él sólo te hace una promesa:   “. . .yo os aliviaré”.

          En la vida, el yugo es duro, y existen señores por todos lados dominando y dando órdenes. Son peligrosos, crueles, como chacales prestos a devorarlo todo. Y cuando piensas “¿Por qué rendirme?” no estás escogiendo la libertad. Estás eligiendo tu vieja esclavitud en nombre de la libertad, porque tu mente es esclava, así como tus deseos. Y no puedes ir muy lejos sin un auxilio desde fuera.

          Has estado en prisión tanto tiempo que piensas es tu hogar. Y la cárcel está guardada con tanta opresión que no podrás salir a menos que alguien que esté en el lado de fuera te ayude, que alguna persona que haya conseguido salir te enseñe cómo hacerlo.

          Eso es lo que significa un maestro: alguien que estuvo en prisión, en la misma donde tú estás, y que de alguna manera consiguió escapar, encontró una puerta, una llave, un método para huír. Quedó libre y ahora puede ayudar. Algo externo es necesario, hasta un despertador, pero es necesario que esté al otro lado. Pero en esta dimensión, incluso un despertador funcionaría como ilusorio, podrías soñar que estás en un templo, suena una campana, y seguirás durmiendo. Alguien vivo, no mecánico, que esté despierto, es necesario, alguien que no permita que tu sueño vaya creando nuevas pesadillas.

          Esto me recuerda una vieja historia. Un hombre de aspecto muy dócil entró en una oficina. Tenía una apariencia humilde. Preguntó: “¿Es aquí donde necesitan un guarda nocturno?”

          El administrador lo miró con dudas, y dijo: “Sí, necesitamos un guardián de noche, pero tiene que ser alguien inquieto, principalmente de noche. Alguien que no crea en nadie, escéptico de nacimiento; que no confíe en nadie, sea lo que quiera haga. Que esté siempre observando todo lo que ocurre a su alrededor. Incapaz de dormir en su vigilancia. Y si ocurriera algo, fuera como un demonio para el intruso”.

          El hombre humilde se levantó y contestó: “Entonces le diré a mi mujer que acepte el puesto”.

          Así se sienten los hombres con respecto a su pareja y viceversa; el dominio es realmente pesado. Si tomas consciencia, verás que todos tus deseos son igual de pesados y te estimulan continuamente para cosas futiles. Y si no fueras en esa dirección, tendrías problemas con ellos. Serían frustraciones continuas. Cada deseo es como un maestro y hay millones de deseos. Así eres esclavo de millones de deseos, y ninguno se preocupa por tí. No te dejarán porque es una cuestión de dominio.

          Rendirse significa escoger un maestro como señor contra esos millones de maestros de deseos e instintos. El dominio es manso por muchas razones, pero básicamente porque hay un solo maestro. Es bueno que sea uno. Ya no vas a recibir millares de órdenes, cada una en direcciones diferentes. Por eso hay tantos locos. Tu codicia te dice: “Sigue acumulando dinero”. Tu sexo te pide: “Sigue entregado al sexo”. Pero al final son problemas, porque las órdenes son conflictivas.

          Si te entregas demasiado a una cosa no tendrás la otra. Los avaros son poco sexuales, la energía que se proyecta hacia el sexo se convierte en acumulación de monedas. Los avaros no aman, son poco sexuales. Las personas que se abandonan a los placeres del sexo, no tienen facilidad para acumular dinero.

          Un deseo te dice: “Acumula dinero. Dinero significa seguridad. ¿Quién estará contigo en la vejez, si no tienes dinero? Ten una buena cuenta en el Banco y una protección”. Entonces, el deseo del sexo dice: “Tu vida se está acabando. ¿Para qué pensar en la vejez? Desperdicias tu juventud. Entrégate a los placeres sexuales antes de que pase el momento y pierdas tu energía”. Hay conflictos. Y no entre estos dos deseos; cada deseo entra en conflicto con su opuesto. El odio te dice: “Mata a ese hombre inmediatamente”. Pero el miedo contesta: “No lo hagas. Si matas, te matarán a tí. Sonríe. Tú eres un buen ciudadano, no un asesino”. ¿Qué hacer? Tantos maestros y un esclavo.

          Es bueno escoger un maestro. Por lo menos se disolverán millares de voces y seguirás a un solo Jesús. Mas él dice que su “yugo es blando y su carga libera”. ¿Por qué es tan complaciente? Porque quiere que te libres de tus otros maestros. Y cuando estés libre de tus deseos, te librará de su yugo también. Es un arreglo provisional, pasajero.

          La rendición es un pasaje para que el discípulo llegue a la maestría. Y si te rindes, serás uno con el maestro, porque habrán cesado los conflictos. No habrá ningún ego, se acabarán las fantasías. Y cuando digas: “Yo no soy nada, tú eres quién decide”.  Ese sí absoluto es la rendición.

          Ahora el ego no puede persistir en tí, no tiene medios para conseguir que lo sigas alimentando. Si puedes hacer esto, en un simple instante, cuando tú desaparezcas, las puertas se abrirán y Jesús entrará en tí con toda su luz.

          ¿Por qué tienes miedo de rendirte? Porque cuando se abran las puertas serás vulnerable. Tienes miedo del mundo de fuera; has vivido en un recinto oscuro, cerrado durante tanto tiempo que te has acostumbrado, eres parte de la oscuridad. Tienes miedo de la luz. Y cuando abras la puerta es posible que no seas capaz de ver la luz en modo alguno. Podría ofuscarte de tal modo que cerrarías los ojos. El miedo es de que, al entregarte, entras en un camino desconocido. Y la mente siente miedo de lo que no conoce. Lo desconocido es Dios, Jesús. Es el mensajero de lo desconocido, el rayo de Sol.

          Beber de la boca de Jesús es muy amoroso. Los amantes beben uno de la boca del otro. Un beso profundo es justamento eso: uno bebiendo el agua del cuerpo en la boca del otro. El beso es uno de los tóxicos más fuertes, ni el alcohol puede competir con él. Pero ese fenómeno también acontece  en un nivel espiritual: el discípulo bebe de la boca del maestro. No es un fenómeno corporal, sino que está en un nivel más profundo, donde el discípulo encuentra el ser del maestro.

          Jesús usó términos muy simbólicos: beber y comer. Dice: “come mi cuerpo, bebe mi sangre”. Es su significado de beber y comer: dejar que entre en tí, formar parte de tu ser, y entonces no habrá distinción entre ambos. No habrá señor ni esclavo. Él serás tú y tú seras él. La distinción nunca existió por parte de Jesús; existe sólo de tu parte.

          Las almas no son sólidas, porque no son físicas. Son exactamente como la luz. Cuando enciendes una vela, todo queda lleno de luz; si encendieras otra, habría mucha más claridad. ¿Podrías distinguir donde acaba la luz de la primera vela y empieza la de la segunda? Las luces se encuentran, se funden y son una sola. El espíritu es exactamente como la luz.

          El discípulo ha de ser femenino. Tiene que caer en un amor profundo por el maestro, y entonces habrá un encuentro, una fusión de seres espirituales más elevados. A partir de ese encuentro el discípulo comienza a renacer. A partir de ese momento, comienza a cargar su propio ser. El tiempo de aprendizaje cerca del maestro es el tiempo de la paz.

          Una vez entregado el discípulo, el maestro es ahora la puerta a un mundo diferente de luz, vida y bendición. Es la verdadera consciencia. Entonces puedes ayudar a otros a pasar por esa llama y tener una chispa de Dios y disolverse en Él.

          Pero antes de poder enseñar, tienes que aprender; antes de que puedas auxiliar, tienes que ser auxiliado. Debes permitir que alguien te ayude profundamente. Ese auxilio es posible cuando hayas renunciado a todo, cuando estés vacío, cuando no estés presente, porque tú eres el obstáculo. Creas barreras continuamente por miedo a lo desconocido.

          Sé humilde ante un maestro, reconoce tu ignorancia, ríndete y espera, entonces Jesús te podrá transformar. Él es un agente catalizador. La palabra rendición es un pretexto. El punto básico es la rendición. La transmutación viene por ella, todo lo demás es una ayuda para que llegue.

          Recuerda siempre esto, de lo contrario tu mente empezará con su astucia: “¿Cómo puedo saber que es un maestro verdadero?” No puedes tener la seguridad antes de entregarte, no hay medio de saberlo. Si quieres averiguar el sabor de un pastel tienes que comerlo. Sin saborearlo no será posible.

          Tener que comer y beber a Jesús, es el único medio. Y serás transformado porque has tenido fe, te has confiado: ahora sabes. Muchas dimensiones ocultas te serán reveladas. La vida que conoces no es toda la vida; es una parte diminuta, una parte atómica del Todo. Los placeres que conoces son tonterías. No hay en ellos un simple rayo de posible felicidad, que es tu derecho innato.

          Todo lo que has acumulado hasta ahora sería basura, si pudieras llegar a conocer el tesoro real que está escondido en tu interior. Toda tu vida es pura mendicidad, y el Emperador te espera, está dentro de tu corazón; a esto Jesús le llama el Reino. ¡No seas un mendigo, si puedes ser rey! Pero hay que arriesgarse. La rendición, la entrega, es la puerta.

          “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré.

          Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando, y mi carga ligera”.

                                                            N  O  T  I  C  I  A  S

          Para el mes de Enero próximo, estará preparado el primer fascículo de las Lecciones impartidas en Brasil por mi Maestro Domingos Rubbo. Estas enseñanzas fueron siempre verbales, por lo que la transcripción no se ajusta a un estilo puramente literario. Al ser clases semanales, no hay una continuidad en las materias, sino que fueron siempre clases independientes, aunque el espíritu está en todas ellas, como el lector podrá juzgar. He traído de Brasil unas 1.000 páginas de texto y he procurado darle una coherencia determinada para que el lector pueda asimilar el contenido con el menor esfuerzo posible. Por anticipado, me pongo a la disposición del interesado sobre cualquier duda que pueda surgir durante su lectura. Las suscripciones puedan hacerse desde este momento. El valor de cada fascículo mensual es de 500.- Ptas. que pueden hacerse efectivas en mi Libreta de Ahorro de la Caixa de Barcelona.

Para reflexionar

          La gente busca el amor como solución a sus problemas, cuando en realidad el amor es la recompensa por haberlos resueltos.

          Las cosas que realizamos nunca son tan bellas como las que soñamos . . . pero, a veces, nos ocurren cosas tan maravillosas que nunca habíamos pensado soñar.

          Las personas entran y salen de nuestra vida, pero ellas no van solas . . . siempre llevan un poco de nosotros y dejan un poco de sí.

          Los hombres caminan por la faz de la tierra en fila india; cada uno cargando un fardo delante y otro detrás. En el de delante, colocamos nuestras cualidades. En el de atrás, escondemos todos nuestros defectos. Por eso, en nuestro camino por la vida, mantenemos los ojos fijos en las virtudes que tenemos. Al mismo tiempo, reparamos en las espaldas de aquellos que viajan con nosotros, y en todos los defectos que cargan. Y nos juzgamos mejores que ellos, sin darnos cuenta que la persona que anda tras nosotros, está pensando exactamente lo mismo a nuestro respecto.

                                                  POEMA DE OTOÑO

                    En estos días tan grandes que se desvanecen,

                    hay restos de Sol sangrando el horizonte . . .

                    y, las estrellas titilantes, me guían,

                    margullando en los baches de agua de la calle.

                    Las luces vespertinas

                    no son anuncios de primavera.

                    Pero sí certeza del amanecer

                    con la escarcha vistiendo los árboles  . . .

                    No seremos más el mañana.

                    Seremos, eso sí, ecos de sinfonías del pasado.

                    Caminaremos, con las manos entrelazadas,

                    y recorreremos el itinerario de los viajeros.

                    Llegaremos, exhaustos,

                    a la convergencia de los caminos.

                    Habrán nebulosas indescifrables

                    y cielos azules en las galaxias.

                    Y nosotros danzaremos, levitando,

                    en los espacios siderales,

                    cercados de silencio y soledad.

                    Cantaremos en un compás de dos por cuatro

                    el vals de la despedida.

                    Y las ausencias vivirán en nosotros

                    eternamente . . . .

                     

 

 

 

I N T E R E S A N T E

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