ALCORAC

SALVADOR NAVARRO

 

 

                                            

Dirigida a las Escuelas de:

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                                                                      Circular nº  1 Extra. 1.998

                                                                      Llubí, 1º de Agosto de 1.998

 

A mis amigos de A Guarda (Pontevedra)

con mi agradecimiento por las horas

compartidas.

          De nuevo, un año más en periodo de vacaciones, escribo para vosotros una Circular extraordinaria, donde a través de una narración exploro algunos pliegues del alma humana, buscando claridad y comprensión, abriendo puertas a todas las infinitas posibilidades de las que el hombre dispone para cumplir a satisfacción la tarea más importante de su vida: llegar a ser un fiel servidor de sí mismo y de los demás. Con este propósito os pido un poco de tiempo para que entréis en esta historia con todo el amor de que seáis capaces, y os prometo que no saldréis frustrado de esta nueva inmersión en las aguas del Espíritu. Gracias.

          “Cuando el Maestro se acostó sobre el lecho para morir, su esposa comenzó a derramar un gran llanto.

          El le dijo: “¿Por qué estas llorando?

          Toda mi vida fue sólo para aprender el cómo morir”.

          Vida es estar viviendo. No es una cosa, es un proceso. No hay otra manera de tener vida que no sea viviendo, que no sea estando vivo, fluyendo. Si buscaras el significado de la vida en algún dogma, en alguna filosofía, en teologías, este será el camino cierto para perder tanto la vida como su significado.

          La vida no está esperando por tí en alguna parte, ella está sucediendo dentro de ti. No está en el futuro como un objetivo al que tienes que llegar; está aquí, ahora, en este exacto momento: en tu respiración, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu corazón. Todo lo que tú eres es tu vida, y si comienzas a buscar el significado en cualquier otro lugar, la perderás. Hace siglos que el hombre hace estas tonterías.

          Los conceptos se han hecho importantes, las explicaciones también, y lo real ha sido olvidado. Nosotros no miramos para lo que ya está aquí, queremos racionalizaciones.

          Nadie te puede dar el significado de la vida. La vida es tuya, y el significado también es tuyo. Ningún templo, religión, o doctrina te va ayudar. Nadie más allá de tí te puede dar la respuesta. La vida es tuya y la respuesta sólo es accesible para ti. Sólo viviendo te puede ser revelado el misterio.

          La primera cosa que me gustaría decirte es: no busques en ningún otro lugar o persona. No busques en mí, ni en libros sagrados, no busques en las explicaciones inteligentes, todas ellas te dan teorías satisfactorias, pero no te aclararán nada. Sólo rellenan tu mente vacía, pero no te hacen consciente de lo que eres. Y cuanto más la mente estuviere llena de conocimiento muerto, más tonto te volverás. La erudición hacen a las personas embotadas, insensibles, las transforman en un peso, fortalece el ego, pero no ilumina ni da caminos.

          La vida está ahí, latiendo dentro de ti. Puede ser constatada ahí. El templo no está en el lado de fuera y tú eres el santuario de él. Por tanto, si quieres saber lo que es la vida, la primera cosa a recordar es: jamás busques fuera, nunca intentes descubrirla a través de otra persona. El significado no puede ser transferido de esa manera. Los mayores Maestros jamás dijeron nada sobre la vida, siempre la lanzaron de vuelta hacia nuestro interior.

          La segunda cosa a recordar es: cuando tú sepas lo que es la vida, sabrás también lo que es la muerte. La muerte también forma parte del mismo proceso. Generalmente pensamos que la muerte viene al final, pensamos que la muerte está contra la vida, que la muerte es nuestra enemiga, pero no lo es. Y si piensas que la muerte es tal cosa, sólo demuestras que no has conseguido saber lo que es la vida.

          Muerte y vida son dos polaridades de una misma energía, de un mismo fenómeno: la marea alta y la marea baja, el día y la noche, el verano y el invierno. No están separadas y no son opuestas, no son contrarias; son complementarias. La muerte no es el fin de la vida; en verdad, es un complemento de una vida, el creciente de una vida, la gran final. En cuanto conozcas la vida y su proceso, entonces entenderás lo que es la muerte.

          La muerte es una parte orgánica e integral de la vida, es muy amiga de la vida. Sin ella, la vida no puede existir. La vida existe a causa de la muerte; la muerte proporciona la base. La muerte no es más que un proceso de renovación. Y la muerte sucede en todo momento. Cuanto tu inspiras y en el momento que expiras, ambas acontecen. Inspirando, llega la vida; expirando viene la muerte. Es por eso que cuando una criatura nace, la primera cosa que hace es inspirar, y la vida comienza. Y cuando es vieja y muere, la última cosa que hace es expirar, y la vida se va. Son como las dos ruedas de un carro.Vivimos a causa de la inspiración, lo mismo que vivimos por la expiración. Ambas forman parte de un proceso. Un hombre que ha comprendido lo que es la vida, permite que la muerte llegue, le da la bienvenida. Su cruz y su resurrección está sucediendo continuamente. Muere para el pasado y renace para el futuro.

          Si miramos hacia dentro de la vida veremos lo que es la muerte. Si comprendemos lo que es la muerte, entonces conseguiremos saber lo que es la vida. Ellas son orgánicas. Generalmente, por miedo, creamos una división. Pensamos que la vida es buena y la muerte es mala. Pensamos que la vida tiene que ser deseada y la muerte evitada. Pensamos que, de alguna manera, nos tenemos que proteger contra la muerte. Esa idea crea miserias infinitas en nuestras vidas, porque una persona que se protege contra la muerte, es incapaz de vivir. Una persona que tiene miedo de expirar, consecuentemente, no consigue inspirar, está bloqueada. Entonces simplemente se arrastra; su vida no es más un flujo, no es más un río.

          Si tú quieres vivir realmente, tendrás que estar preparado para morir. ¿Quién, en tí, tiene miedo a la muerte? ¿La vida teme a la muerte? No es posible. ¿Cómo puede la vida temer a su propio proceso integral? Alguna otra cosa en ti tiene miedo. Es el ego quién tiene miedo. La vida y la muerte no son opuestas; el ego y la muerte sí lo son; el ego y la vida son opuestos. El ego está en contra de la vida y la muerte. Tiene miedo de vivir y de morir. Tiene miedo de vivir porque cada esfuerzo, cada paso en dirección a la vida, trae a la muerte más cerca.

          Si tú vives, estás llegando cada vez más cerca de la muerte. El ego tiene miedo de morir y por eso tiene miedo de vivir.

          Hay muchas personas que no están ni vivas ni muertas. Esto es peor que cualquier otra cosa. Un hombre completamente vivo, está repleto de muerte. Este es el significado de Jesús en la cruz. El carga su propia cruz y no lo hemos comprendido. El dice a sus discípulos: “Cada uno ha de cargar su cruz”. El significado de eso es simple: todos tenemos que cargar continuamente la muerte, todos tenemos que morir en cada momento, todos tenemos que estar en la cruz porque esta es la única manera de vivir completamente, totalmente.

          Siempre que se llega a un momento de plenitud, de totalidad de vida, de repente vemos que la muerte también está ahí. Esto ocurre en el amor, cuando la vida llega a su punto más alto; es por eso que las personas tienen miedo de amar.

          Constantemente me sorprendo con algunos que dicen que tienen miedo de enamorarse. ¿Que és ese miedo al amor? Es que cuando se ama realmente a alguien, el ego comienza a diluirse. Con el ego no se puede amar, es una barrera. Y cuando queremos abandonar la barrera, el ego dice: “Esto será mi muerte. ¡Cuidado!”

          La muerte del ego no es tu muerte. Es, en realidad, tu posibilidad de vivir. El ego es una crosta muerta que te rodea y que tiene que ser rota y arrojada fuera. Ella existe naturalmente, como un viajante va juntado polvo del camino en las ropas que lo cubre, y ha de tomar un baño para verse libre de suciedad.

          Conforme nos movemos en el tiempo, el polvo de las experiencias, del conocimiento, de las cosas vividas, del pasado, se va juntando. Ese polvo se transforma en nuestro ego. Acumulado, es como una costra que nos envuelve y que tiene que ser rota y abandonada. Es preciso tomar constantemente un baño, diariamente, en cada momento, para que esa envoltura no sea una prisión. El ego teme amar, porque en el amor la vida alcanza una altura. Pero siempre que hay una cumbre de vida hay también otra de muerte, ambas caminan juntas.

          En el amor morimos y renacemos. Los mismo sucede cuando llegamos a meditar o estamos en oración, o cuando estamos ante un Maestro y nos entregamos a él. El ego crea todo tipo de dificultades, de racionalizaciones, para que la rendición no tenga lugar. Nos dice: “Piensa sobre esto, no seas tonto”. Cuando llegamos a un Maestro, de nuevo el ego sospecha, duda, crea ansiedad, porque de nuevo estamos llegando a la vida, a la llama donde está la muerte, tan viva como la vida.

          Recuerda que tanto la vida como la muerte son semejantes y que nunca están separadas. Si estás un poco vivo, viviendo con mínimos de ilusiones, puedes ver la vida y la muerte separadas. Cuanto más te aproximas al máximo de vida, más se va acercando la muerte. En el punto máximo, ellas se encuentran y se convierten en una sola. En el amor, en la meditación, en la confianza, en la oración, siempre que la vida es total, la muerte está presente. Sin la muerte, la vida no puede ser total.

          Pero el ego piensa siempre en divisiones, en dualidades; él lo divide todo. La existencia es indivisible; no se puede dividir. Fuimos niños y luego jóvenes. ¿Se puede marcar esa línea divisoria? ¿Se puede señalar el punto en el tiempo donde, de repente, has dejado de ser niño para ser un adolescente? Un día serás viejo. ¿Puedes trazar una línea en el punto donde comienza la vejez?

          Los procesos no pueden ser marcados. Lo mismo es cuando nacemos. ¿Podemos precisar cuando nacemos? ¿Cuando comienza realmente la vida? ¿Comienza cuando respiramos por primera vez? ¿Cuando el médico nos da una palmada y comenzamos a respirar? ¿O cuando el niño entra en el útero, cuando la madre queda embarazada, cuando el niño es concebido? ¿Dónde es que la vida comienza exactamente?

          Es un proceso sin principio ni fin. Nunca comienza. ¿Cuando una persona está muerta? ¿Cuando deja de respirar? Muchos fákires pueden probar, con base científica, que pueden dejar de respirar, seguir vivos y regresar a la vida común. Por tanto, la parada de la respiración no puede ser el fin. ¿Dónde termina la vida?

          No termina en ningún lugar ni comienza en alguna parte. Nosotros estamos inmersos en la eternidad. Estamos aquí desde el principio, si es que lo hubo, y quedaremos aquí hasta el final, si hubiera alguno. En verdad, no puede haber ningún comienzo ni fin. Nosotros somos vida, aunque las formas cambien, las mentes se transformen. Lo que llamamos vida no es más que una identificación con un determinado cuerpo, una cierta mente, una actitud diferente; lo que llamamos muerte, no es más que salir de esa forma, salir de ese cuerpo, salir de esta concepción de las cosas.

          Tú cambias de casa. Si estuvieras muy apegado a esa casa, cambiarla por otra sería hasta doloroso. Piensas que te mueres porque la antigua casa se identificaba mucho contigo. Pero esto no ocurre porque tú sabes que te mudas de casa y que seguirás siendo el mismo. Aquellos que han mirado dentro de sí, los que han descubierto quienes son, llegan a conocer un proceso eterno, insondable. La vida es un proceso, es intemporal, está más allá del tiempo. La muerte forma parte de ella.

          La muerte es una renovación continua: un auxilio para que la vida resucite muchas y muchas veces, una ayuda para que la vida se libere de las viejas formas, de construir con las ruinas, con la viejas estructuras ya estrechas, para que tú puedas fluir, en ser joven de nuevo, y puedas volver a ser virgen.

          Hay una vieja anécdota que cuenta que un hombre visitaba curioso una tienda de antigüedades, cuando vio un hacha que parecía muy vieja.

          “Ahí tiene un hacha realmente antigua, ¿no es así?”, preguntó al anticuario.

          “Si”, dijo el dueño de la tienda, “perteneció al rey Atila”.

          “Está bien conservada”, dijo el curioso.

          “Está claro”, respondió el vendedor, “la empuñadura ya ha sido cambiada tres veces y la cabeza, dos”.

          Así es la vida; vamos cambiando empuñaduras y cabezas; en verdad, parece que todo va cambiando y, al mismo tiempo, algo permanece eternamente igual. Observa. Eras una criatura y ¿que ha permanecido de aquello? Apenas un recuerdo. Tu cuerpo ha cambiado, tu mente mudó, así como tu identidad. ¿Qué permanece de tu infancia? Sólo recuerdos. De algunas cosas ni puedes decir si realmente sucedió tal como las recuerdas. De vez en cuando miras un viejo album de fotografías. No puedes creer que hayas sido tal como las ves, ¡has cambiado tanto! Pero en el fondo, en algún lugar, algo permanece como una continuidad; un testigo está presente aún.

          Hay una línea, por invisible que sea. Todo cambia, pero esa línea sigue siendo la misma; está más allá de la vida y la muerte. Vida y muerte son dos alas para aquellos que están más allá de ambas. Son usadas como dos ruedas de un carro, como cosas complementarias. Esa línea vive a través de la vida y de la muerte. Muerte y vida son su proceso, como la inspiración y la expiración.

          Pero algo en ti es trascendental. Tú eres eso . . . . lo que es trascendental.

          Pero nosotros estamos demasiado identificados con la forma y esto crea el ego. A esto le llamamos “yo”. Está claro que el “yo” tiene que morir muchas veces. Por eso está siempre con miedo, siempre protegiéndose y asegurándose.

          Dicen que un místico tocó en la puerta de un hombre rico. No quería más que un poco de comida.

          El hombre rico le gritó: “Nadie lo conoce por aquí”.

          “Pero yo me conozco”, dijo el místico. “Sería triste si lo contrario fuera verdad. Si todos me conocieran y yo no tuviese consciencia de quién soy. Usted, está en lo cierto, nadie me conoce por aquí, pero yo sí me conozco”.

          Esas son las dos situaciones posibles y tú estás en la situación triste. Tal vez mucha gente te conozca, sepa quién eres, pero tú te has olvidado completamente de tu trascendencia, de tu naturaleza real, de tu ser auténtico. Esta es la única tristeza de la vida. Puedes encontrar muchas disculpas, pero la verdadera tristeza es que tú no sepas quién eres.

          En una mañana salía una hilera de hormiga de la oscuridad de su nido en busca de alimento. Pasaron cerca de una planta cuyas hojas estaban cubiertas de gotas de roció.

          “¿Qué son esas gotas?” preguntó una de las hormigas. “¿De dónde han venido?”

          Algunas dijeron: “Vinieron de la tierra”.

          Otras afirmaron: “Vinieron del mar”.

          Estalló una discusión; un grupo teorizaba el origen del rocío como llegado de la tierra y otro grupo aseguraba que habían salido del mar.

          Una hormiga sabia, quedó sola. Dijo: “Vamos a arar la tierra un poco y ver que sucede, pues todo es atraído de vuelta a su fuente, a su origen. No importa cuán alto tiras un ladrillo, él cae nuevamente en tierra. Todo lo que se dirige hacia la luz, debe haber sido antes luz”.

          Las hormigas no estaban totalmente convencidas y querían mantener la discusión, pero el sol salió y las gotas de rocío comenzaron a dejar las hojas, subiendo en dirección al sol y desapareciendo dentro de sus rayos de luz.

          Todo retorna a su fuente original, tiene que hacerlo. Si entiendes la vida, entiendes la muerte. La vida es un olvido de la fuente original, y la muerte es de nuevo un recuerdo. La vida es un apartarse de la fuente, y la muerte es una vuelta a casa. La muerte no es fea, sino hermosa, bella. Pero la muerte sólo es bella para aquellos que vivieron sus vidas sin obstáculos, sin inhibiciones, sin represiones. La muerte sólo es bella para los que vivieron sus vidas de manera hermosa, que no tuvieron miedo de vivir, que amaron y celebraron las maravillas que la vida le concedían en cada momento.

          La muerte se vuelve la suprema celebración si la vida también lo ha sido. Deja que te lo diga de esta manera: sea lo que fuere que hayas sido en la vida, la muerte te lo dirá, te lo revelará. Si fuistes miserable en la vida, la muerte te dirá de tu miseria. La muerte es la gran descubridora.. Si has sido feliz en esta vida, la muerte revelará felicidad. Si has vivido sólo para los placeres físicos, entonces está claro que la muerte no será confortable sino desagradable, porque hay que dejar el cuerpo. La forma es una morada temporal, un santuario en el que quedas durante la noche y se deja por la mañana. No es una morada permanente, no es tu hogar.

          Por tanto, si tú tienes una vida física y nunca has conocido nada más allá del cuerpo, la muerte será demasiado fea y dolorosa. Si has vivido un poco más alto que el cuerpo, si hubieras amado la música, la poesía, si hubieras amado a alguien, si hubieras contemplado con éxtasis las flores, las estrellas, si algo no físico hubiera entrado en tu consciencia, la muerte no será tan mala ni penosa. Podrás recibirla con ecuanimidad, pero aún no será una fiesta.

          Si hubieras tocado algo de trascendental en ti mismo, si hubieras penetrado en la propia nada del centro de tu ser, donde no eres ya un cuerpo ni una mente, donde los placeres físicos quedaron muy lejos y los placeres mentales, como la música, la poesía, la pintura, han quedado desvanecidos, donde tú simplemente eres, donde eres apenas consciencia pura, atención pura, entonces la muerte será una fiesta, una gran comprensión, una revelación total.

          Si hubieras conocido cualquier cosa trascendental en ti mismo, la muerte te mostrará lo trascendental del universo, y entonces ya no será muerte, sino un encuentro con Dios.

          Se puede encontrar tres manifestaciones de la muerte en la historia de la mente humana.

          Una de ellas es la del hombre común que vive preso en su cuerpo, que nunca conoció nada mayor que los placeres de la comida y del sexo, cuya vida entera no ha sido más que estas cosas primitivas y groseras; que vive en las puertas de su palacio sin nunca haber entrado en él, pensando que eso es todo en la vida. En el momento de la muerte, intentará agarrarse a la vida. Resistirá a la muerte, luchará contra ella. La muerte vendrá como enemiga.

          Por eso, en todo el mundo, en todas las sociedades, la muerte es representada como oscura, como negativa. Se dice que el mensajero de la muerte es negro y feo. Es una actitud común. Esas personas perdedoras no han sido capaces de conocer todas las dimensiones de la vida. No consiguieron tocar las profundidades ni fueron capaces de volar hacia las cumbres de las montañas. Perdieron la plenitud, perdieron la bendición.

          Hay entonces un segundo tipo de manifestación. Los poetas y filósofos dijeron algunas veces que la muerte no es mala, ni maligna, sino un reposo, un gran sueño. Eso es mejor que el caso anterior. Por lo menos, esas personas conocieron algo más allá del cuerpo y de la mente. No tuvieron apenas comida y sexo; sus vidas no fueron sólo comer y reproducirse. Poseen una sofisticación de alma, son más refinadas. Dicen que la muerte es como un gran reposo; alguien está cansado y entra en la muerte para reposar. Pero esas personas siguen distantes de la verdad.

          Aquellos que conocieron la muerte en lo más íntimo, dicen que la muerte es Dios. No sólo un reposo, sino una resurrección, una nueva vida, un nuevo comienzo, una nueva puerta que se abre.

          Cuando una persona conoce lo trascendental dentro de ella misma, la muerte no es más que la otra cara de Dios. Toda la vida no es más que una preparación para ese momento supremo.

          Y este es el significado de la historia con la que he comenzado.

          Toda la vida había sido una preparación para aprender los secretos de la muerte.

          Todas las religiones no son más que una ciencia o un arte para enseñarte como morir. Es la única manera de enseñarte a vivir y a morir. No son cosas separadas. Si supieras lo que es vivir, sabrías qué es morir.

          Por tanto, la primera cosa o la más fundamental es: cómo vivir.

          Deja que te diga algunas cosas. Primero: tu vida es tuya, no es de nadie más. Por eso, no permitas ser dominado por otras personas, no permitas que nadie te dicte las cosas que has de hacer, porque eso sería traicionar la vida. Si autorizas que los otros te den órdenes, como tu país, la sociedad en que vives, tu sistema educacional, los políticos, tus sacerdotes, sea quién sea, perderás tu vida, porque el dominio viene de fuera y la vida está dentro de ti. Ellas nunca se encuentran.

          No te estoy diciendo que seas una persona que contesta con un ¡no! a todas las coas. Eso no adelanta mucho. Hay dos tipos de personas. Una es la del tipo obediente, pronto para hacer lo que le manden.. No hay dentro de sí un alma independiente. Esas personas suelen ser inmaduras, infantiles, buscan siempre la figura paterna, que alguien les digan lo que tienen que hacer. No son capaces de confiar en sus propios seres. Son la masa.

          Y existe también las contrarias, una minoría que rechaza la sociedad, los valores de la sociedad. Piensan que son rebeldes. Pero no lo son: son reaccionarias. Si oyes que la sociedad te rechaza, si la sociedad es para ti un factor determinante, entonces tú estás dominado por ella.

          Una vez un hombre volvió a su pueblo después de mucho tiempo. Llevaba una gran barba blanca. Sus amigos se burlaron de él con respecto a su barba y le dijeron que se afeitara aquella montaña de pelo. Entonces este hombre comenzó a maldecir su barba. Los amigos se sorprendieron y le preguntaron el por qué no se afeitaba si la barba no era de su agrado.

          El hombre respondió: “No me afeito porque mi mujer también la odia”.

          Pero eso no te hace libre. Los hippis, los okupas, no son realmente personas rebeldes, son reaccionarios. Reaccionan contra la sociedad. Algunos son obedientes y otros no, pero el centro de dominio es el mismo. Nadie mira para su propia alma.

          Una persona rebelde es aquella que no está a favor ni en contra de la sociedad, es aquella que vive su vida de acuerdo con su propio entendimiento. Si ese entendimiento está en contra o a favor de la sociedad no es importante. A veces puede estar de acuerdo con la sociead, a veces no lo está, pero esto no es considerado. Esas personas viven conforme a su comprensión, a su pequeña luz. Y no te digo con esto que debes ser egoísta. El rebelde es humilde. Sabe que tiene una pequeña luz, pero esa es la única luz que posee. No es inflexible. Puede decirte: “Puedo estar equivocado pero, por favor, permíteme estar equivocado más de acuerdo conmigo mismo”.

          Esta es la única manera de aprender: cometiendo errores. Actuar de acuerdo con la propia comprensión es la única manera de crecer y madurar. Si estás buscando a alguien que te diga qué hacer, obedecer o no hacerlo no hace ninguna diferencia. Si buscas quién de diga para decidir a favor o en contra, nunca serás capaz de saber lo que es la vida. Ella tiene que ser vivida, y tú has de seguir tu pequeña luz.

          No siempre se tiene seguridad de lo que se ha de hacer. Estamos muchas veces confusos. Dejemos que sea así. Pero encontremos una manera de salir de esta confusión. Es muy fácil y barato escuchar a otros porque ellos pueden transmitirnos dogmas muertos, darnos algunos patrones de conducta, que hagamos una cosa u otra. Ellos están seguros de lo que dicen. No es esa seguridad la que debe ser buscada, sino la comprensión. Si buscas la seguridad, caerás en una trampa. Busca la comprensión. La seguridad puede ser conseguida de una manera barata, cualquiera nos la puede dar. Pero si lo analizamos veremos que somos los perdedores. Perderemos la vida sólo para estar seguros, y la vida no es segura.

          Vida es inseguridad. Cada momento es un moverse para una inseguridad mayor. Es un juego. Nunca se sabe lo que va a ocurrir. Y lo hermoso es que no se sepa. Si fuese previsible no valdría la pena vivir. Si todo fuese como nos gustase, si tuviéramos certeza de todo, no seríamos absolutamente humanos, seríamos máquinas. Sólo para las máquinas todo es seguro.

          El hombre vive en libertad. La libertad necesita de la inseguridad, de la incertidumbre. Un verdadero hombre de inteligencia está siempre dudando, porque no tiene ningún dogma en el qué apoyarse. Tiene que ver y responder.

          Lao Tsé decía: “Yo dudo, y ando alerta en la vida porque no se lo que va a suceder. Yo no sigo ningún principio. Tengo que decidir a cada momento. Nunca decido de antemano. Tengo que decidir cuando el momento llega”.

          Entonces, en preciso estar preparado para responder. Esto se llama responsabilidad. La responsabilidad no es una obligación ni un deber, es la capacidad de responder. Un hombre que quiere saber lo que es la vida debe ser responsable. Ese hombre se está extinguiendo. Siglos de condicionamiento hicieron del hombre una máquina.. Hemos perdido la humanidad al cambiarla por la seguridad. Tenemos seguridad y bienestar y todo ha sido planeado por otros. Y todo es un absurdo, pues la vida no puede ser medida. Ningún plan es posible, porque la vida es un flujo constante. Todo va cambiando. Nada es permanente, excepto el cambio. Heráclito dice: “No se puede pisar dos veces en el mismo río”.

          Y los caminos de la vida son tortuosos. No son como las raíles de un ferrocarril. No. La vida no corre por raíles paralelos. Y esa es su belleza, su gloria, su poesía, su música: es siempre una sorpresa.

          Si estuvieras buscando seguridad, verdad, tus ojos se cerrarían. Y cada vez te sorprenderás menos y perderás la capacidad de maravillarte. Y cuando la hayas perdido, perderás la religión. Religión es la apertura de un corazón maravillado. Religión es receptividad al misterio que nos rodea.

          Nos busques seguridad, no busques consejos para vivir la vida. Las personas pueden preguntar como vivir sus vidas. No están interesadas en saber lo que es la vida, sino en establecer unos patrones fijos. Están más interesados en matar la vida que en vivirla. Quieren que les impongan una disciplina.

          Existen, claro es, sacerdotes y políticos en todo el mundo que están preparados esperando por ti. Búscalos y ellos te impondrán sus disciplinas. A ellos les gustan  poder traicionarte por la imposición de sus ideas sobre ti.

          Yo no estoy aquí para eso. Estoy para ayudarte a ser libre. Y cuando digo esto, me incluyo también. Quiero ayudarte a liberarte también de mi. Por tanto, la primera cosa es: no preguntes a nadie como vivir tu vida. ¡La vida es tan preciosa! Vívela. No te digo que no cometas errores, los cometerás. Recuerda sólo una cosa: no cometas el mismo error dos veces. Sólo eso. Si puedes encontrar un nuevo error cada día, hazlo. Pero no los repitas, pues eso sería tonto. Un hombre que puede encontrar nuevos errores para cometer, crece continuamente, porque ésta es la única manera de aprender, la única manera de llegar a la propia luz interior.

          Una noche, un poeta miraba el reflejo de la luna llena en el mar y un místico pasó por allí, y le preguntó:

          “¿Qué estás haciendo?”.

          “El poeta dijo: “Contemplando la luna llena en el agua”.

          El místico comenzó a reir a grandes carcajadas. El poeta comenzó a sentirse ridículo y mucho más, al ver que se juntaba gente.

          Dijo el poeta: “¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué te ríes así? ¿Por qué me estás ridiculizando?”

          Y el místico contestó: “A menos que tengas el cuello roto o tortícolis, ¿por qué no miras directamente la luna en el cielo?”

          Buscar la verdad en la Escrituras, en filosofías, es mirar el reflejo. Si preguntas a otra persona como debes vivir tu vida, estarás pidiendo una mala orientación, pues esa persona sólo puede hablar de su propia vida. Y nunca dos vidas son iguales. Todo lo que alguien puede decir o comunicarte, será sobre su propia vida. Tal vez ella también le haya preguntado a otra persona, haya imitado a alguien. Entonces serás el reflejo de un reflejo. Los siglos van pasando y las personas van reflejando los reflejos de los reflejos, y la luna de la verdad está siempre ahí, en el cielo, esperando por ti. La luna es tuya, el cielo es tuyo, mira directamente. ¿Por qué tomar prestado los ojos de otra persona? ¿Por qué pedir prestada la comprensión de otra persona? Recuerda: para mí, puede ser una comprensión, pero en el momento en que tú la tomas prestada, se transforma en una información para ti, pero no una comprensión.

          Comprensión es aquello que una persona vive. Puede ser una comprensión para mí, si yo hubiera mirado para la luna; pero en el momento en que te diga eso, para ti será una información. Será verbal, lingüistico. Y el lenguaje es una mentira.

          Un granjero, insatisfecho con la producción de sus gallinas, decidió usar un poco de psicología con ellas. Para eso, compró un papagayo de muchos colores y hablador y lo colocó en el gallinero. Como era de esperar, las gallinas inmediatamente aceptaron al extraño, mostrándole los mejores granos mientras cacareaban alegremente. Estaban siempre dando vueltas en torno del papagayo como un grupo de adolescentes detrás de su cantante preferido. La producción de huevos aumentó.

          El gallo, naturalmente celoso por ser ignorado por las gallinas, atacó al papagayo con picotazos y con sus espolones, arrancándole las plumas. Asustado, el papagayo gritó con miedo: “¡Para, para! ¡Le pido que pare! Yo estoy aquí como profesor de idiomas”.

          Muchas personas pasan sus vidas como profesores de idiomas. Esta es la manera más falsa de vivir. La realidad no necesita ningún lenguaje, está disponible para ti de manera no verbal. La luna está ahí; no necesitas el agua del mar. Sólo tiene que mirar para ella: es una comunicación no-verbal. La vida como un todo está disponible, sólo tienes que aprender a comunicarte con ella sin palabras.

          Y esto es meditación: estar en un espacio donde el lenguaje no interfiera, donde los conceptos aprendidos no quedan entre ti y lo real.

          Cuando ames, no te importe lo que otros digan sobre el amor, porque eso es una interferencia. Tú amas, el amor está ahí; olvida todo lo que hayas aprendido sobre el amor. Olvida los psicólogos, los sexólogos. No te vuelvas un profesor de idiomas. Permite que el amor evolucione, que te guíe y se introduzca en lo más íntimo de tu ser, en tus misterios. Entonces sabrás lo que es el amor.

          Lo que otros digan de la meditación no tiene importancia. Puedes escribir libros sobre meditación  y nunca haber pasado por un estado meditativo. Puedes ser eficiente para hablar y explicar, muy intelectual, y olvidar que todo el tiempo que has dedicado a esto ha sido un desperdicio.

          Y esto es lo que pasa con millones de personas. Hablan sobre el amor, conocen muchas poesías sobre el amor, pero nunca han amado. Y aún más: personas que piensan que han estado enamoradas, nunca lo estuvieron. Tuvieron alguna cosa en la mente, no en el corazón. Las personas viven y van dejando pasar la vida. Es necesario tener coraje para ser realista, para moverse con la vida hacia donde ella nos lleve, porque los caminos son inexplorados, no hay mapas. Es necesario entrar en lo deconocido.

          La vida sólo puede ser comprendida cuando se está dispuesto para entrar en lo desconocido. Si nos identificamos con lo conocido, la mente también lo hará, y la mente no es la vida. La vida no es mental, ni intelectual: es total. Tienes que estar totalmente envuelto por ella y no sólo pensar sobre ella. Pensar sobre la vida no es vivir. Cuidado con esos “sobres”. Las personas piensan sobre una cosa; piensan sobre Dios, sobre la vida, sobre el amor. Piensan sobre cualquier asunto.

          Un hombre viejo fue a un médico. Parecía muy débil y el médico le preguntó: “Sólo puedo decir una cosa. Tendrá que cortar su vida amorosa por la mitad”.

          Y el viejo respondió: “Bien. Pero, ¿cuál de las mitades? De la que hablo o de la que pienso sobre el amor?”

          Eso es todo. No seas un profesor de idiomas, no seas un papagayo. Ellos viven de palabras, de conceptos, de teorías, de teologías, y la vida va paando, escurriéndose de las manos. Y, de repente, un día comienzan a tener miedo de la muerte. Cuando alguien teme a la muerte, puedes saber que ella perdió la vida.

          Cuando Sócrates estaba muriendo, sintióse tan maravillado que sus discípulos no podían entender el por qué se sentía tan feliz.. Uno de ellos, Credo, le preguntó: “¿Por qué te sientes tan feliz? Nosotros lloramos y nos lamentamos”.

          Sócrates respondió: “¿Por qué no debo ser feliz? Conocí lo que es la vida, ahora quiero saber lo que es la muerte. Estoy ante la puerta de un gran misterio y me siento excitado. Estoy lleno de curiosidad”.

                    Alguien preguntó: “¿Estás seguro de que el alma vive después de la muerte?” Y Sócrates respondió: “No lo se”.

          Decir “no lo se”, demuestra el mayor valor que hay en el mundo. Es difícil para un profesor de idiomas decir: “Yo no se”. Es difícil para los papagayos. Sócrates era honesto y sincero.

          Para mí, así ha de ser un hombre religioso. Ni cristiano, ni mahometano, ni budista. Todos esos son caminos para eruditos. Un cristiano dice: “Yo se”. Y ese conocimiento viene de los dogmas cristianos. Y lo mismo acontece con las demás religiones. Hay entonces argumentación, disputas, debates, conflictos innecesarios.

          Hace unos días leí un chiste de Quino, autor del personaje de “Mafalda”, donde alguien llega al cielo y pregunta al recepcionista por Dios.

          Este le contesta: “Con cuál Dios quieres hablar”.

          Sorprendido, el alma del hombre informa: “Dios el Unico, el Omnisciente, el Omnipotente”.

          El recepcionista mira hacia el interior del cielo y pregunta a alguien dentro: “Hay alguno disponible para hablar con un fanático?”

          Un hombre religioso, realmente religioso, no aquellos llamados religiosos, es el que dice: “Yo no se”. Cuando dices: “yo no se”, estás abierto, preparado para aprender. Cuando dices: “yo no se” no tienes ningún prejuicio en relación con cualquier cosa, no tienes ninguna creencia, ni conocimiento. Sólo tienes atención. Tú dices: “estoy atento y quiero ver qué pasa. No traeré ninguna idea preconcebida del pasado”.

          Esta es la actitud de un discípulo, de quien quiere aprender. Y disciplina, significa aprendizaje. Discípulo significa aprendiz, el que está dispuesto a aprender.

          Yo no escribo para enseñarte ningún dogma, no te transmito ningún conocimiento. Te estoy ayudando a ver aquello que és. Vive tu vida, cueste lo que cueste.

          Hay una historia de un hombre de negocios que iba de su oficina al restaurante, cuando una persona extraña le paró y le dice: “No creo que se acuerde mi, pero hace diez años que llegué a esta ciudad completamente arruinado. Le pedí un préstamo y me dió 5.000.- Pesetas, diciendo que quería darme la ocasión de iniciarme de nuevo en el camino del éxito”.

          El negociante pensó y dijo: “Sí, recuerdo el incidente. Siga con su historia”.

          “Bien”, dijo el extraño, ¿”aún quiere seguir invirtiendo?”

          La vida te hace esa pregunta muchas veces. “¿Quieres arriesgar, apostar?” Ella nunca es exacta. La vida no te da ninguna garantía, es simplemente una abertura salvaje, caótica. Puedes contruir una casita para tu vejez, bien segura, pero luego ella se transformará en tu cementerio particular y después en tu tumba. Vive con la vida.

          Y hemos hecho eso de varias maneras. El matrimonio es una invención humana; el amor forma parte de la vida. Cuando montas una boda por amor, estás creando seguridad. Estás haciendo algo que no debe ser, el amor no se puede legalizar. Estás intentando lo imposible y en ese esfuerzo el amor muere. No te espantes. Ahora eres un marido o una esposa y tu amor es tu esposa o tu marido. Ya no son dos personas vivas, son dos funcionarios. El marido tiene una función con la esposa y ella tiene otra función para con su marido; ambos tienen ahora deberes que cumplir. Entonces la vida no fluye, se paraliza.

          Cuando ves amor entre dos personas, alguna cosa está fluyendo, moviéndose, cantando. Cuando hay amor entre dos personas, viven en un arco iris, en un constante compartir. Sus vibraciones se tocan, se difunden. No hay paredes entre ellos; son dos personas y, al mismo tiempo, son una sóla también.

          Marido y mujer están lo más distantes posible, aunque se sienten juntos. El marido no oye lo que dice la esposa; hace tiempo que está sordo. La esposa no ve lo que le pasa al marido; está ciega para él. Ahora son dos cosas. Ya no son personas porque ellas están siempre abiertas, siempre cambiando. Ahora la pareja tiene reglas fijas que cumplir. Murieron cuando se casaron.

          No digo esto que para nadie se case, pero recordemos que el amor es una cosa real. Y si el amor muere, el matrimonio no tiene ningún valor.

          Y lo mismo es con todo en la vida, para todas las cosas. O las cosas se viven, y hay que vivirlas con la duda, sin saber lo que va a pasar en el próximo momento, o entonces tendremos seguridad de todo.

          Hay personas que están tan seguras de todo que nunca se sorprenden. Yo escribo para transmitir un mensaje sorprendente, pero tú no creerás en él, ya lo se. Estoy escribiendo para decirte algo que es increíble: que eres como un dios o como una diosa. Sólo que lo has olvidado.

          Cuando digo que vosotros sois dioses, no lo pueden creer porque han olvidado completamente de quién está viajando dentro de vosotros, quién está ahí sentado leyéndome. Han recibido algunos rótulos del exterior y han confiado en esos letreros: el nombre, el país, el idioma, la religión, la cultura. ¡Todo falso! No hay ninguna diferencia entre que sean cristianos, hindúes o musulmanes, si no sabeis quienes sois. Esos rótulos no tienen ningún sentido, más que por la utilidad que les damos. El ser de cada uno es un puro “estado de ser”.

          A eso yo le llamo Dios. Si puedes entender tu dios interno, habrás comprendido que és la vida. Caso contrario no podrás descifrar nada. Este es el mensaje. La vida está continuamente apuntando hacia una sóla cosa: vosotros sois dioses. Cuando esto sea comprendido no habrán más muertes. Habrán aprendido la lección. En la muerte, los dioses retornan a sus hogares.

          Cuando el Maestro de mi relato se acostó para morir, su esposa lloraba:

          El le preguntó: “¿Por qué estás llorando?

          Toda mi vida ha sido sólo para aprender a morir”.

          La vida entera . . . . . sólo una entrenamiento de cómo volver a casa, cómo morir, cómo desaparecer. Porque en el momento que tú desaparezcas, Dios aparece en ti. Tu presencia es la ausencia de Dios; tu ausencia es la presencia del Ser Divino en ti.

Esta Circular la he dedicado a mis amigos de A Guarda (Pontevedra), porque durante este verano, compartiendo su compañía y su comida, escuché tantos chistes e historietas y pensé que, posiblemente, podrían no saber que, detrás de cada chiste hay una intención precisa. Entonces he hecho una historia adornada de chistes, no tan graciosos como los que me han contado, para tener un recuerdo de esos días inolvidables.

Que nadie se de por aludido por mis comentarios, pues no he tenido más intención que la de pensar si llegaríamos a  ser  capaces de dar una dirección al rumbo de nuestras vidas y no perdernos entre la masa de la mayoría de los humanos, que tienen como único objetivo en su existencia el comer, procrear y la posesión vanidosa de las cosas.

Un fuerte abrazo y un grato recuerdo para todos.

 

 

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