MEDICINA NATURAL

Salvador Navarro Zamorano

PECTINA ENEMIGA DEL COLESTEROL

 

 

 

                                                           LA PECTINA: ENEMIGA DEL COLESTEROL

          Vamos a escribir un poco sobre una vieja conocida nuestra. Es la pectina. Nosotros y la pectina nos conocemos hace mucho tiempo, puedes creerlo. Sólo que, probablemente, no estés asociando el nombre a la fibra. Pero es, precisamente, una fibra gelatinosa presente en grados variables en gran número de vegetales o en todas las frutas. Principalmente en naranjas, manzanas, zanahorias y castañas. Siempre que estemos consumiendo estos alimentos estamos ingeriendo pectina.

          Esto es positivo, pues sin poseer valor nutritivo, la fibra desempeña funciones esenciales en el organismo humano. Por ejemplo: imagina una especie de pegamento mágico que recorre tu aparato digestivo y, sin tocar los nutrientes, recoge todas las substancias perjudiciales y las lleva fuera del cuerpo. Parece fantástico, ¿no? Pues es, más o menos, lo que la pectina hace. Actúa como un “limpia-todo” eficiente, discreto y sin contra indicaciones.

          Quien prepara conservas en casa conoce bien la “figura”. Es un polvo blanco hecho a partir de sobras de manzanas o cáscara de frutas, usado para dar consistencia a las jaleas. Esta es una de las muchas cosas buenas que la fibra hace. Está encargada de los trabajos más importantes, entre ellos reducir de forma significativa los índices de colesterol en la sangre.

          Numerosos estudios, abarcando los más diversos sectores de la población, han comprobado el papel que la pectina tiene en este sentido. Los estudios concluyen que la pectina reduce el nivel de colesterol del tipo LBI (lipoproteína de baja intensidad) reconocida como nociva, sin alterar los niveles de lipoproteína de alta densidad, llamado buen colesterol.

          ¿Cómo actúa la pectina? Ella funciona como un absorbente, substancia que fija en su superficie moléculas de otra, aglutinando los componentes de los jugos digestivos secretados por el hígado y vesícula biliar. Algunos de esos componentes, las sales biliares, se forman a partir de las reservas de colesterol del cuerpo. Normalmente, después de utilizadas en la digestión de los alimentos, las sales biliares son reabsorbidas y recicladas por el organismo. Al eliminarlas, la pectina obliga al cuerpo a recurrir al colesterol almacenado.

          La conclusión es evidente: cuanto más colesterol el organismo vaya tomando de sus reservas, más bajo quedará el “saldo” y, consecuentemente, más saludable las arterias. El papel de la pectina en esa “contabilidad” es importantísimo, pues consigue eliminar hasta cuatro veces su peso en colesterol. Aunque la pectina se muestra particularmente eficaz en personas que, por factores genéticos, tienen propensión a un colesterol elevado.

          Pero ¿cuál es la dosis mínima de pectina, para que los resultados comiencen a aparecer? Eso depende. Se puede comenzar haciendo un análisis de colesterol en la sangre y, durante un mes, consumir diariamente seis gramos de pectina (naranja y media contienen 2,21 gramos). Treinta días después, hacemos un segundo análisis y comprobamos si la tasa de colesterol ha disminuído. Si queremos, aumentamos el consumo diario en dos o cuatro gramos más, en los treinta días siguientes y repetimos el análisis un mes más tarde.

          En todo caso no se debe exagerar. Una vez encontrada la dosis adecuada para el organismo, no debemos aumentarla. Aunque los estudios indiquen que dosis superiores no son perjudiciales, tampoco hay evidencias de que produzcan beneficios. El secreto está en descubrir cuál es la menor cantidad de pectina necesaria para el organismo.

          Otro estudio es que, si ingerimos vitamina C juntamente con la pectina, los niveles de colesterol bajan más; eso es porque la vitamina activa la enzima responsable de la conversión del colesterol en sales biliares.

          Los beneficios de la fibra gelatinosa es buena para los diabéticos. Está comprobado que la pectina crea una especie de barrera en las paredes del intestino, que impide el paso del exceso de glucosa. Con ello, el azúcar y la insulina de la sangre permanecen en niveles normales.

          Investigaciones sobre el posible papel terapéutico de la pectina en enfermedades inflamatorias intestinales, han dado resultados animadores. Ensayos con ratones de laboratorios, en lo que se indujeron casos de colitis en dos grupos, de los cuales uno recibió pectina en su dieta, la recuperación de éste fue mucho más rápida. La hipótesis con la que se concluyó el estudio fue que en el cólon la pectina se divide en ácidos grasos de una cadena corta que constituye una importante fuente de crecimiento y regeneración celular. Se puede concluir que las células que limitan el cólon usan esos ácidos grasos directamente como fuente de energía, activando así la mejoría del problema.

          Se calcula que, en breve, será viable utilizar la pectina en el tratamiento de colitis. El método actual es hacer “descansar” el intestino, sustituyendo la alimentación convencional por suero intravenoso. No está descaminado pensar que en el futuro la pectina tenga un papel activo en la cura de enfermedades intestinales.

          La hoja de servicios de la fibra no se detiene aquí. Se ha descubierto que ciertos preparados a base de pectina ayudan a eliminar del organismo resíduos de substancias altamente tóxicas; el plomo, por ejemplo, probablemente el metal que más amenaza nuestro organismo. En casos de envenenamiento por plomo, cuando se ingiere pectato de sodio, uno de los componentes de la pectina, se forma pectato de plomo, substancia que puede ser atacada por las enzimas digestivas y, por tanto, excretada por las heces.  

          Se ha descubierto recientemente también, que la pectina constituye una protección bastante eficaz contra los efectos tóxicos de ciertos productos dietéticos, como los ciclamatos: es posible que, en su papel de “limpio todo”, la fibra cargue la substancia nociva fuera del cuerpo o tal vez ella la neutralize dentro del propio organismo; lo que se sabe con certeza, es que más de una vez la pectina se hace cargo del problema con habilidad eficiente.

          Barata, eficaz y sin contra indicaciones. ¿Qué más puede pedirse de una substancia que viene envuelta en la pulpa de las deliciosas frutas? No admira que su prestigio esté en alta entre los especialistas. Los alimentos que la contienen son buenos para el organismo y la eficiencia de la fibra está más que comprobada.

                                                                     Salvador Navarro Zamorano

                                                                     Especialista en Homeopatía.

 

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