MEDICINA NATURAL

Salvador Navarro Zamorano

JUNIO 2002 (2)

 

 

 

 

 

 

                                                                          LOS TRIGLICÉRIDOS

          Mucha gente se preocupa, pero pocos conocen de cerca las grasas que, casi siempre, andan en compañía de un temido colesterol-

          ¡Triglicéridos! Para quien nunca oyó hablar de ellos, la palabra hasta asusta. Aún más si va acompañada de un vamos a tener que verificar su nivel de . . .

          Para comenzar este artículo, todos tenemos triglicéridos en el interior de las células y en la circulación sanguínea. Ellos constituyen, juntamente con el colesterol, la forma de grasa predominante en la sangre. En niveles normalesdesempeña importantes funciones orgánicas. Son el combustible que suministra energía a los músculos del cuerpo. Sin triglicéridos no hay respiración, movimientos, latidos cardíacos; en fín, el organismo se detendría.

          Tan importante fuente de energía se extrae, básicamente, de los alimentos grasos de origen animal o vegetal. Con la ayuda de enzimas, las grasas, entre ellas los triglicéridos, se transforman en el tubo digestivo en nutrientes asimilables por el organismo.

          Vamos a seguir el viaje de los triglicéridos por el cuerpo: del intestino, entran en la circulación; ahí, una parte va para el hígado, que los almacena; otra alcanza los tejidos, donde es quemada inmediatamente o almacenada. Pero, atención: ese es el proceso de los llamados triglicéridos exógenos (que vienen de fuera del cuerpo). Pues están los endógenos, producidos por el hígado. Vamos a hablar de su “fabricación”.

          Los hidratos de carbono que comemos (cereales, azúcares, tubérculos) son desmontados en el intestino y consumidos como energía. Su exceso, es convertido en triglicéridos en el hígado; después almacenados en el tejido adiposo como grasa para ser quemada cuando hubiere necesidad. Caso de que esto no ocurra formará incómodas e indeseables barrigas, “cartucheras” y adiposidades en nalgas y caderas. La gordura acumulada por el cuerpo también atiende por el nombre de triglicéridos.

          Ahora que ya sabemos identificar la palabra triglicéridos, vamos a saber un poco más de su constitución.

          En términos químicos, los triglicéridos son las mayores partículas de grasa que circulan en la sangre, estando compuestos de tres largas cadenas de ácidos grasos, unidos a una molécula de azúcar- alcohol. Ellos integran la casi totalidad de las grasas sanguíneas conocidas como lipoproteínas.

          El nivel de triglicéridos en la sangre varía de una hora para otra, dependiendo de lo que se come. Después de una gran comida con bastante grasa, el nivel puede subir dramáticamente y permanecer alto por algunas ahoras. Por eso, los exámenes de sangre para calcular el nivel de triglicéridos son hechos siempre en ayunas.

          El nivel normal no es un número fijo, igual para todos, pues depende de la edad y del sexo de la persona examinada. Así, hoy la mayoría de los médicos admite que la variación normal va desde 85 a 250 miligramos por decilitro de sangre. Niveles un poco mayores, de 250 a 500, pueden constituir un riesgo de enfermedad cardíaca, si son asociados a otros factores como presión alta, tabaquismo, diabetes, tendencias familiares, etc. Niveles más altos, por encima de 500, señalarían problemas metabólicos.

          Voy a dejar claro que las opiniones sobre la relación entre enfermedad cardíaca y niveles elevados de triglicéridos en la sangre, son controvertidos. Actualmente, los especialistas se inclinan a dudar del vínculo entre ese tipo de grasa y la arterioesclerosis. La polémica no ocurre con el colesterol, otra grasa presente en la sangre, cuya relación con las enfermedades cardíacas están estádisticamente comprobada.

          Algunos estudios han demostrado que el nivel de 120 puntos después de una comida normal, conteniendo un 40% de grasa, permanece elevado durante unas nueve horas. En personas dentro de la normalidad, una subida de esas puede elevar el nivel de triglicéridos en la sangre a una tasa de 300. De acuerdo con el médico, cuando el nivel llega a 200, los glóbulos rojos de la sangre comienzan a “pegarse” unos a otros. Eventualmente, pueden obstruir vasos capilares, disminuyendo el suministro de oxígeno a los tejidos, en particular al cerebro. En una situación de riesgo, un “simple” taco de jamón con vino sería capaz de contribuir a la posibilidad de un derrame o infarto.

          Médicos del Instituto Nacional de la Salud en Estados Unidos, prefieren dar más atención a la diferencia entre los triglicéridos nuevos, recién suministrados a la sangre después de una comida de muchas calorías, y los triglicéridos circulantes, incluso en pleno ayuno. Para esos especialistas, los triglicéridos nuevos probablemente no representan tanto peligro de obstrucción vascular. Y eso porque las moléculas aún se encuentran enteras, intactas y no asociadas al colesterol, otra grasa que circula en la sangre. Los “antiguos” triglicéridos, serían más peligrosos, pues contienen moléculas con capacidad de adherirse más fácilmente a las paredes de las arterias.

          Los científicos no saben como evoluciona el proceso hasta llegar a la arterioesclerosis (depósitos de grasas en el interior de las arterias). Mientras tanto, una cosa es cierta: al adherirse, sea cualquiera el motivo, a los tejidos de los vasos sanguíneos, tal como un cuerpo extraño, el colesterol atrae los macrófagos, células blancas del sistema inmunológico, encargada de “comer” invasores. En función de la grasa absorbida, los macrófagos se “hunden” en la zona, formando lesiones microscópicas en las células de la musculatura lisa del tejido arterial, que también había absorbido grasa. Para algunos investigadores, los triglicéridos colaboran en ese proceso.

          Con el correr de los años, de desarrollan en esas áreas lesiones fibro-musculares: una capa fibrosa contiene varias capas de musculatura blanda, macrófagos gordos, cristales de colesterol y calcificaciones.

          Es increíble que esas pequeñas lesiones son líneas de grasa, han sido observadas, no solamente en jovenes adultos, sino hasta en niños de 10 años. Por tanto, cuando se dice que la prevención de la arterioesclerosis comienza en la infancia, no hay ninguna exageración.

          En estudios realizados con monos de laboratorio, se detectaron modificaciones en la arteria aorta de los animales, solamente después de diez días de someterlos a una dieta grasa. Aparecieron conjuntos de macrófagos estacionados en las ramificaciones arteriales, además de formaciones que parecían moverse, deteniéndose en las juntas entre células; allí soltaban los lípidos acumulados, tomando la forma de células esponjosas.

          En los monos, a semejanza de los hombres, la acumulación de macrófagos es la primera etapa en la formación de líneas de grasas; seguidamente la formación crece con la acumulación de células en el tejido muscular blando, también capaces de juntar grasas.

          Cerca de cinco meses después de una dieta a base de mucho colesterol y otros que mantienen la grasa en la sangre, el microscopio reveló que las juntas entre algunas células de la pared arterial, donde existen líneas de grasa, queda semejante al suelo de los ríos después de una fuerte sequía: rajadas. Eso ocurre principalmente en las ramas arteriales y sus bifurcaciones. Ahí, todo el proceso va liberando en la circulación pedazos de grasa, con sus macrófagos y tejido conectivo (lo que liga a los órganos unos con otros).

          En algunos casos, plaquetas (células de la sangre que participan del proceso de coagulación) se agregan a las grasas, componiendo los famosos trombos (coágulos sanguíneos). Y algo más: los cuatro tipos de células que participan de la estructura de los trombos, contienen o son capaces de producir substancias que estimulan la proliferación celular.

          El resultado final de ese cuadro es la obstrucción y rigidez de venas y arterias, primer paso para la instalación de enfermedades cardiovasculares. Por eso, aunque aisladamente, el exceso de triglicéridos en la sangre no puede ser responsable de infartos, trombosis y derrames, sino que se trata de una sospecha. De otro lado, niveles altos de triglicéridos en la circulación, está comprobado causan pancreatitis, inflamación dolorosa que afecta el páncreas y puede llevar al paciente hasta la muerte.

          Veamos ahora las razones que provocan la elevación de los triglicéridos en la sangre.

          En general, los triglicéridos se mantienen en niveles normales dentro del organismo. En ciertas situaciones, el equilibrio se rompe y aparecen en cantidades por encima de lo normal. El problema puede estar relacionado con la alimentación. En este caso, casi siempre tiene origen endógeno, esto es, exceso de producción por el hígado a partir de una dieta rica en hidratos de carbono. Excepcionalmente puede ser endógena por demasiada grasa en la dieta. Ambas situaciones son controlables con un regimen alimenticio.

          Existe todavía la hipertrigliceridemia originada por defectos genéticos en las enzimas responsables de la metabolización de los triglicéridos. Una de las enzimas en cuestión es la lipase-lipoprotéica, producida en los tejidos. Puede ocurrir tanto el mal funcionamiento como una deficiencia de la lipase-lipoprotéica en el organismo. El problema, a su vez, está unido a la insulina, hormona responsable , entre otras funciones, de la activación de la lipase-lipoprotéica. En consecuencia, ciertos pacientes diabéticos presentan también hipertrigliceridemia.

          Otra enzima que puede presentar problemas en el metabolismo de los triglicéridos es la lipase hepática, producida por el hígado. En ambos casos el tratamiento es con medicamentos, a través de drogas que suplen las funciones de las enzimas deficientes o estimulan su acción.

          Aunque delgada, la persona puede tener exceso de triglicéridos en la sangre, si el problema es metabólico-genético. De otro lado, no todos los obesos sufren de hipertrigliceridemia. Apenas un pequeño porcentaje de personas gruesas, o sea, con triglicéridos acumulados en el interior de las células, presentan niveles elevados de la substancia en la sangre. Por eso se piensa que, además de ingerir mayor cantidad de grasa e hidratos de carbono, los obesos con exceso de triglicéridos en la sangre sufran también de problemas metabólicos.

          Harinas y grasas se transforman en triglicéridos; en cuanto a eso no hay duda. ¿Y el azúcar, qué papel desempeña? Esta es, tal vez, la pregunta que más genera controversias entre los estudiosos del proceso de los triglicéridos. Algunos especialistas opinan que el azúcar es una especie de comparsa en el “crimen” de la elevación de la tasa de glucosa en la sangre. Otros, solamente ven en el azúcar un alimento que ayuda a engordar.

          Todos los azúcares elevan los niveles de triglicéridos. Y el refinado más que los hidratos de carbono complejos, como los amidos. Pero la obesidad, originada por una dieta rica en grasas y vida sedentaria, conbtribuyen más a las dolencias cardíacas que el azúcar. Azúcar y grasa trabajan juntos para aumentar los componentes de grasa en la sangre.

          El mismo efecto tendría el alcohol. Algunas personas, especialmente las sensibles al azúcar, quedan con niveles de triglicéridos elevados cuando lo beben. Pero no de la forma tan peligrosa como lo hacen la obesidad y la diabetes.

          Quien tiene la tasa de triglicéridos próxima a los 250, índice preocupante, no puede quedar con un primer análisis de sangre. Es necesario repetirlo más de dos veces para confirmar el diagnóstico. No se debe correr el riesgo y es preciso detectar con seguridad cual es el nivel de grasa en la sangre antes de comenzar el tratamiento.

          Comprobada la tasa elevada, pero que no llega a exigir el uso de medicación, la rutina incluye pérdida de peso, ejercicios y cambios en los hábitos alimentarios. De cierta manera, es el mismo procedimiento adoptado para bajar el colesterol y reducir la mayor parte de los riesgos de enfermedades cardíacas.

          No dejo de enfatizar la necesidad de perder peso. Cinco quilos, por lo menos, ayudan a personas con un 20 a un 30% de exceso de peso. Cualquier energía que el organismo no pueda quemar es transformada en triglicéridos.

          Una dieta baja en calorías, ejercicios, pérdida de peso y exclusión de todo alcohol y azúcar. Comer pescado ayuda a bajar el nivel de triglicéridos, porque , aparentemente, el aceite que existe en su carne, no en el hígado, inhibe la síntesis de la “apoproteína B, una proteína necesaria para la producción de grasa en la sangre.

          Los ejercicios son esenciales. El hombre de media edad con un nivel de 180 o más de triglicéridos, puede bajar este nivel hasta un 25% con carreras, gimnasia o cualquier otro deporte no violento, ejercitándose una hora, tres veces en semana, durante cuatro nmeses.

          Creo que un cambio en el estilo de vida para la mayoría de las personas, es la primera y más importante forma de tratamiento del alto nivel de triglicéridos. Y es importante darse tiempo. Se puede esperar meses y hasta un año, dependiendo del caso, antes de prescribir una medicación.

          Como se puede ver, aún con sus misterios, los triglicéridos, cuando se les trata como merecen, solamente da miedo a quienes no gustan hacer cambios en su vida.

                                                                     Salvador Navarro Zamorano

                                                                     Especialista en Homeopatía.

 

 

 

 

 

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