MEDICINA NATURAL

Salvador Navarro Zamorano

HERPES

 

 

                                                                            H   E   R   P   E   S

 

          “Alrededor de los labios, la zona enrojecida, levemente hinchada, escociendo bastante y doliendo un poco. Al principio sospeché de la picada de un mosquito; desgraciadamente era mi tercer problema de herpes labial. Como otras veces, después de tomar mucho sol”, recordaba esta paciente.

          La comprobación llegó dos días después, con los demás síntomas: pequeñas bolsas llenas de líquido incoloro, formando una especie de racimo de uvas pequeñísimas; más tarde rotura de las vesículas, dndo lugar a pequeñas heridas dolorosas que cicatrizaron en tres o cuatro días.

          Existe un claro aumento en la incidencia de herpes en el rostro, especialmente en los labios, en los meses de verano. Se debe a la excesiva exposición al sol, principalmente, desde las diez de la mañana a las dos de la tarde; en ese período predominan los rayos ultravioletas, A y B, nocivos a la piel.

          Posible razón: al penetrar en la piel, el sol intenso provoca grietas en los tejidos por resecamiento. Entonces se modifica el ADN de las células lo que favorece la aparición de la herpes.

          En realidad, el sol es uno de los posibles desencadenantes del problema labial. De hecho, el culpable es el Herpesvirus hominis simplex del tipo I, que a lo largo de la evolución de las especies se adaptó a vivir por encima de la cintura.

          Tiene predilección por los labios, pero puede afectar a las mucosas de la boca, párpados, la conjuntiva de los ojos, el tronco y los brazos. Es necesario que exista una infección previa para que se manifiesta la dolencia.

          Casi el 100% de los adultos tienen el virus tipo I, la mayoría por contagio en los primeros años de su vida; besos y tocamientos con familiares infectados. La incidencia de un “pariente” el Herpesvirus hominis simplex del tipo 2, causante del herpes genital depende de los hábitos sexuales de la población.

          En ciudades pequeñas, de hábitos conservadores, el índice de contaminación es inferior al 50%. En grandes ciudades como Madrid o Barcelona, el 80% de los adultos sexualmente activos están infectados.

          Adquirido en el 100% de los casos por contagio sexual, el virus del tipo II, genera lesiones semejantes a las del tipo I. Sólo que él tiene preferencia por su aparición en la vulva, útero, vagina y uretra; en los hombres, en la uretra y el pene.

          En la práctica, la preferencia del virus no siempre es rigurosa: análisis en el cultivo de los tejidos lesionados revelan, eventualmente, la existencia del tipo I en los genitales y del tipo II en los labios. El fénomeno se debe, en gran parte, a la práctica extendida del sexo oral.

          A estas alturas quien nunca tuvo herpes genital o labial, encuentra que la suerte está de su lado. Lamentablemente, no siempre es así, este verdadero premio de lotería está poco repartido. Lo más probable es, que al menos, una vez en la vida el organismo haya entrado en contacto con uno de los agentes causantes del problema y no se haya notado.

          Menos del 1% de los pacientes presentan los síntomas característico de la enfermedad al contagiarse; en general, dura de 10 a 12 días, desde el instante que comienza a escocer hasta la cicatrización total. Por razones desconocidas, el 99% restante tal vez sientan apenas el malestar, tal como falta de apetito, fiebre y dolor de garganta, síntomas comunes en otros problemas de salud, inclusivenen gripes y resfriados.

          Todos los contaminados, posiblemente conservan el virus en el cuerpo durante el resto de su vida; es la llamada latencia, característica común al herpesvirus. Una vez inoculado a través de la piel, caminan por el organismo y quedan aprisionados en el núcleo de determinadas células.

          Es como si los herpesvirus de los tipos I y II fuesen malhechores. Después de la primera agresió, aunque la víctima no presente aparentes secuelas, son detenidos y condenados a prisión perpetua. Pero con derecho a escoger celdas especiales, bien escondidas en el interior del organismo: la raíz de las neuronas, las células del sistema nervioso central.

          Tales escondrijos no eliminan otros “habitáculos”.  Se ha comprobado en ratas de laboratorio, que el virus del herpes puede quedar latente en zonas de inoculación (patas y orejas en caso de animales) columna vertebral y piel genital

          Una cosa es cierta: en gran parte de las personas infectadas, probablemente debido a características peculiares del sistema inmunológico, los virus latentes permanecen inmóviles en sus celdas si causar molestias. De vez en cuando, promueven “movimientos” que resultan en agresiones herpéticas. Ocurren de la forma siguiente:

          Algunos virus rompen sus celdas y comienzan a multiplicarse.

          Rastreando por las terminaciones nerviosas, recorren el mismo trayecto que los llevó a su “prisión”, en sentido inverso. De ahí el nombre de herpesvirus, del griego herpes, que significa “que se arrastra”.

          Seguidamente, los virus encuentran la puerta de la calle o la superficie de la piel, lugar por donde entraron en el organismo. Y “huyen” causando estragos.

          Son las famosas recidivas, recaídas o reincidencias del herpes, desencadenado por la reactivación del virus latente. Tienen una media de actuación de cinco a siete días.

          Los médicos aún no saben por qué los virus se “rebelan”. Lo más probable es que la recidivas resulten de alteraciones en las células donde se encuentran prisioneros, o bajadas de la inmunidad biológica favorecida por algunos factores. Entre ellos, el exceso de sol.

          Pero, vamos a las buenas noticias. Podemos tener un acuerdo con estos “malhechores”. Frecuentemente, en la playa o piscina hasta las 10 de la mañana y después de las 2 de la tarde, usando un filtro solar para todo el cuerpo. También es útil proteger la cabeza con un sombrero y los labios con crema que contenga algún tipo de filtro solar.

          En la vida diaria hay otros promotores de “rebeliones” herpéticas, genitales y labiales, que pueden ocurrir en cualquier época del año. Prestemos atención:

          Stress emocional.

          Desgaste físico.

          Infecciones en general, incluyendo gripes y resfriados.

          Problemas gastrointestinales.

          Traumatismos en general. Por ejemplo, falta de lubrificación adecuada durante el acto sexual que puede provocar microlesiones en los genitales y favorecer la crisis. Biquinis muy ajustados comprimen los genitales y contribuyen al desencadenamiento del herpes en la zona, colaborando en ello la arena de la playa. De la misma forma, quien se mordisquea los labios, crea condiciones para recidivas en la zona castigada.

          Menstruación; tal vez por el cambio hormonal.

          Algunos alimentos con un denominador común, parecen asociados a reacciones alérgicas en personas sensibles. Chocolates, pescados, salsas picantes y frutas cítricas.

          Este conjunto de factores no siempre es común a todas las personas. En verdad, cada una tiene su grupo de desencadenantes. Identificarlos es, posiblemente, el primer paso para impedir su repetición.

          Por tanto, paciente y médico, necesitan actuar como detectives, procurando sabér qué es lo que ocurre antes de la aparición del problema de salud. Descubierta las causas, específicas para cada persona, el trabajo es intentar eliminarlas.

          A todos se les recomienda una medida profiláctica: Practicar algún deporte para descargar las tensiones diarias que tanto favorecen la enfermedad.

          El segundo paso para evitar recaídas es no avergorzarse de tener herpes. Aprender a convivir con los posibles ataques como si fuesen gripes, resfriados, diarreas u otra dolencia banal cualquiera. Además, el modo de reincidencias genera tensión y eso sí que aumenta las posibilidades de nueva crisis.

          También se puede contar con vacunas contra el virus latente del herpes tipo I y II. Hechas con el virus entero inactivo, son para quienes sufren de herpes manifestado.

          Si a pesar de todo los cuidados el herpes se hace presente, no hay que desesperarse. Primero, porque no hay como impedirlo y cada crisis tiene su evolución natural, que puede durar de tres a quince días, dependiendo del caso. . Segundo: no existe medicamento milagroso capaz de hacer que la lesión desaparezca inmediatamente.

          Por eso, de antemano, lo mejor es quedar lejos de recetas mágicas para no caer en el riesgo de alguna charlatanería que empeoraría la recaída.

          Además, en hipótesis alguna trate al herpes con pomadas a base de cortisona; ellas diseminan la lesión. Yodo y otros también debe estar prohibidos, pues irritan la lesión herpética atrasando la cicatrización.

          En verdad, para tratar la lesión basta lavar la zona con agua y jabón neutro. Después, aplicar dos veces al día un antiséptico, agua boricada, permanganato de potasio u otra solución indicada por el médico. El objetivo es aliviar los síntomas y evitar la aparición de una segunda infección en el mismo lugar.

          Otro recurso terapéutico contra el herpes es el medicamento antivírico a base de una sustancia aciclovir. Si la pomada se aplica después que se sienta los primeros síntomas de la llegada del herpes, ella puede reducir la intensidad y el tiempo de permanencia de la lesión; después de 24 a 48 horas el efecto es nulo.

          Reducir en uno o dos días el tiempo de crisis del herpes labial o genital es posible con inyecciones o comprimidos de aciclovir, cuando se administra en el inicio de los primeros síntomas. Explicación: el medicamento sólo funciona para la crisis que está siendo tratada, pues actúa en el virus en réplica; además, no libra al paciente de futuras recaídas, pues es ineficaz sobre los virus aprisionados en las células.

          Ante estas restricciones, hasta parece que el aciclovir es prácticamente inútil. De ninguna forma: es una solución eficaz para tratar herpes en los pacientes con cáncer o sida, donde las lesiones son muy intensas.

          Otra indicación en las cuales este medicamento es eficaz: cuando el virus alcanza el cerebro, provocando meningoencefalitis, que dá fiebre, convulsiones y confusión mental, letal en un 85% de los casos.

          En la fase de erupción de las lesiones que ocurren por las “fugas” de los virus, con posibilidad de ataque a otras personas, hay que evitar transmitir el herpes, adoptando los siguientes cuidados durante la crisis:

          No usar toallas, ropa interior y cubiertos de mesa, en común con otras personas. Aunque esta forma de transmisión pueda ser improbable, la medida es válida en términos higiénicos. Pero no hay que preocuparse en lavar los objetos separadamente, el virus vive como máximo dos minutos fuera del organismo.

          Evitar los besos, especialmente en los niños. Pero hay que recordar que es casi imposible evitar el contagio del virus del tipo I, pues ya se ha “escapado” antes de aparecer las pequeñas burbujas, 24 y hasta 48 horas antes.

          Si no tiene pareja fija, el preservativo debe ser usado durante las relaciones sexuales. En parejas monogámicas, el condón es dispensable, pues con seguridad uno de ellos ya ha sido contaminado, aunque no se manifieste los síntomas.

          Mujeres con historial de herpes genital que está a punto de dar a luz, sólo debe tener relaciones sexuales con su pareja usando el preservativo, preferentemente con un lubricante, en los dos últimos meses que anteceden al parto. Es para evitar un surgimiento del herpes que podría contaminar la criatura.

          Otro cuidado: próximo el parto es indispensable a la gestante hacer una exploración del virus del herpes en vagina. Si es positivo, el médico hará una cesárea evitando el contagio del recién nacido en el pasaje.

          Además de esos cuidados, no hay nada que hacer con este virus que enferma a tanta gente. Sólo encontrar una vacuna que sea eficaz y elaborada con una parte del virus. Si es más potente que lo ya conocido, es probable que venga a servir tanto a los portadores del herpes como a quien aún no ha sido contaminado.

                                                                     Salvador Navarro Zamorano

                                                                     Especialista en Homeopatía.

                         

 

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