MEDICINA NATURAL

Salvador Navarro Zamorano

HAMAMELIS

 

 

 

 

                                                                                H A M A M E L I S

          Quien sufre de varices, hemorroides o tiene la piel y los cabellos excesivamente grasos, no puede dejar de conocer una planta largamente usada en homeopatía y que hace milagros en el tratamiento de estos problemas. Su nombre es Hamamelis  (Hamamelis virginiana) y se puede descubrir en un jardín por el agradable olor de sus hojas. El aroma está presente en champús, lociones y jaboncillos que lo utilizan en su composición.

          La planta, usada en cosmética, tiene múltiples cualidades terapéuticas. Entre las principales, el alto poder descongestionante, astringente y vasoconstrictor de las hojas y la corteza. Como resultado, la hamamelis actúa sobre la circulación y los poros, desatascando venas, vasos capilares y facilitando el flujo sanguíneo en el interior del organismo y la piel.

          Agradezcamos tales propiedades a la fuerte presencia de un principio activo, el hamamelitanino  que, según los Diccionarios de Plantas es capaz de beneficiar a quienes padecen de hemorroides, varices, hemorragias, congestión o hemorragias uterinas e irregularidades en la circulación venosa.

          Tales efectos, sabiamente limitados, se caracterizan por la armonía. La combinación de dos moléculas de ácido gálico y una de azúcar, el hamamelosio, lo hace reversible. El tanino “aprieta” las venas y poros; después de la comprensión todo vuelve a su estado natural, constituyendo una verdadera “gimnasia” que facilita la circulación venosa.

          La vasoconstricción también favorece la circulación de retorno, por ejemplo de los pies al corazón, con mejora del estado general y alivio de eventuales dolores provocados por las venas “empozadas”. De ahí la importancia del Hamamelis como auxiliar en el tratamiento de varices y hemorroides.

          Las virtudes de esta planta no quedan aquí. Las hojas y corteza contienen flavonoides, substancias biológicamente activas, con acción terapéutica diversa. Ricos en una vitamina exclusiva denominada P, los flavonoides son anti-hemorrágicos y disminuyen la fragilidad capilar. En la composición de la vitamina P entra la rutina, un antiespasmódico; y pigmentos amarillos, insolubles, largamente distribuidos en frutos y hojas de plantas verdes. No es una vitamina nutritiva, pero es una excelente substancia enzimática, colaborando en el equilibrio del metabolismo.

          Para coronar el comentario, su perfume es anti-stressante. La cualidad viene de un aceite esencial, formado por la mezcla de terpeno y pineno, componentes de la terebintina, encontrados en los aceites esenciales de las coníferas. Contribuyen también algunos elementos benéficos de raros nombres: alcalóides (substancias con nitrógeno en sus moléculas), una substancia fenólica y ácido gálico.

          Otros integrantes medicinales: palmitina, oleína y resina. El conjunto, sumado al tanino, actúa sobre la piel, favorece la circulación periférica y comprime los poros. Después de esto, se entiende por qué el Hamamelis es útil también en el tratamiento del exceso de grasa en la piel y cabellos.

          Ahora, vamos a sorprendernos: para la homeopatía, todos esos principios que contiene el Hamamelis, interesan poco. Lo que cuenta es la “energía” de la planta, su fuerza particular capaz de provocar un determinado tipo de reacción en el organismo.

          Cuando un paciente se queja de dolor en las venas y peso en las piernas, inmediatamente se ha de recordar que el Hamamelis causa esos síntomas en personas sanas. Se ha de recetar la planta para que su ingesta induzca al organismo a aumentar sus defensas. Resultado: desaparición de los dolores. Si el cuadro fuera muy agudo, la mejora puede ser más rápida. La aparente contradicción viene de la idea central de la homeopatía, que remedios semejantes a la enfermedad, curan. Para que el principio sea acertado es fundamental la preparación correcta del medicamento.

          En el caso del Hamamelis la corteza del tronco y las raíces son maceradas durante algunos días en alcohol, y después diluídas varias veces. Cada dilución (uno de los más importantes procesos en la elaboración de remedios homeopáticos) supone agitar la solución unas cien veces apróximadamente. De cada vez , se mantiene la proporción de una parte de la planta por un 99% de alcohol. O sea, después de cada dilución y agitación se toma una parte y se añade nuevamente un 99% de alcohol.

          Finalmente, el remedio tiene tan poco principio activo que, según los homeópatas, prácticamente sólo queda la energía. Esta se simboliza por el número de C, contenido en la solución final (unidad centecimal de medida). La indicación depende del grado y tipo de problema que el paciente presenta, pues cada número de C, sirve a diferentes fines en el organismo.

          Diluída en la proporción deseada, entonces la planta se transforma en medicamento, encontrado bajo la forma de líquido, pastillas o glóbulos.

          La causa de la diferencia de dilución es también porque la homeopatía trata siempre a un paciente específico y no una enfermedad en general, como hace la alopatía, entonces el Hamamelis sólo debe ser usado a partir de la indicación médica. pues además de ella, el homeópata receta el llamado “medicamento de fondo” (especial para cada persona) a fin de ayudar al organismo a recuperarse de forma completa.

          Por ejemplo, quien sufre de varices, probablemente saldrá del consultorio con una receta de actuación local más el remedio de fondo, preparado o no con Hamamelis.

          Aquí mucho cuidado. Las drogas hechas con plantas también tienen efectos colaterales. En el caso del Hamamelis , si se usa sin recomendación facultativa y en cantidades excesivas, tal vez cause debilidad general, sudores fríos, mucha secreción salivar, problemas visuales, taquicardia, pulso intermitente y tendencia al síncope. A pesar de que estos problemas desaparecen en poco tiempo, no hay que aventurarse a una auto-medicación.

          En el área de la cosmética, el Hamamelis se emplea con éxito para tratar la grasa excesiva en piel o cabellos. Se recomienda las cremas hechas a base de esta planta para tratamiento de espinillas y granos. Es una indicación para quien tiene la piel muy grasa: pasar agua de Hamamelis por el rostro cada día, después del aseo personal. El producto, baja el contenido de grasa y aumenta la tonicidad de la piel. Gracias a sus aceite esenciales con substancias volátiles, ejerce en la piel una acción antiséptica y refrescante. Por tales cualidades, puede ser usado incluso en el tratamiento de la conjuntivitis.

          Para la corrección de la piel grasa existe el jabón de Hamamelis, perfumado y astringente, que ayuda a cerrar los poros. Y también el champú, que neutraliza el cuero cabelludo excesivamente graso.

          Hamamelis, nombre de origen griego, es semejante a la parra, tal vez debido a la flor y bien podría ser el nombre de una ninfa. Pensemos en la planta para mejorar la circulación, combatir las varices y perfumar con su esencia en jabones de tocador.

                                                           Salvador Navarro Zamorano

                                                           Especialista en Homeopatía.

 

 

 

 

 

 

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