MEDICINA NATURAL

Salvador Navarro Zamorano

Abril 2001

 

 

 

 

 

                                       LAS ENZIMAS, FERMENTO DE VIDA

 

          ¿Deseas sentirte joven y saludable, con la energía fluyendo alegremente por todo el cuerpo? . . .  No pienses que estás leyendo un anuncio de una de tantas panaceas que ofrecen beneficios imposibles. La fórmula para obtener esos y otros muchos efectos, se encuentran en las enzimas dentro de tu propio cuerpo. Producidas por casi todos los órganos y con influencia directa sobre cada función física y mental, desde el pulsar de una emoción hasta el crecimiento de los cabellos o la regeneración de las células de la piel, ellas son responsables de la producción de la energía vital que nos permite la recuperación de los esfuerzos y tensiones de la vida diaria.

          Sólo para que tengas una idea, existen en el organismo cerca de setecientos tipos diferentes de esas sustancias, formando sistemas; cada célula  (la unidad básica de los seres vivos) contiene hasta 100.000 sistemas enzimáticos, preparados para entrar en acción. Algunos con funciones curiosas, como la tiomucase, encontrada en el espermatozoide y que permite que él pueda perforar el óvulo, concretizando la fecundación.

          Pero debes estar queriendo saber cómo funcionan esas proteínas  mágicas de nombre extraño. Las enzimas son sustancias con la propiedad de facilitar la ocasión para determinadas reacciones bioquímicas.

          Ante eso, podemos concluir: las enzimas están intimamente conectadas a la actividad de cada célula del cuerpo humano. Y tienen un papel especial: funcionan como aceleradores de los procesos que transforman los alimentos ingeridos en nutrientes asimilables por el organismo. Su función es semejante a la del fuego en la preparación de los alimentos. Nadie come fuego, pero sin fuego nadie come. Así como el fuego transforma la harina en pan y la carne cruda en un bistec, las enzimas desencadenan cambios biológicos en los alimentos, preparándolos para ser absorbidos por el organismo.

          La importancia de esos auténticos “fermentos de vida” fue observada hace mucho tiempo por el hombre. Además, la palabra enzima viene del griego enzymos, que significa “estar en levadura”, o sea, dentro de la célula del fermento. Posteriormente, el término se generalizó, por el hecho de estar las enzimas dentro de las demás células del organismo. Y, de hecho, es el proceso de fermentación el que ayuda a crear un medio ácido propicio al desarrollo de las enzimas en alimentos y en el propio cuerpo.

          Hay quien atribuye la longevidad de los habitantes de algunos pueblos al consumo habitual de leche fermentada y a la activación que ese alimento provoca en el sistema enzimático; acelera la regeneración celular, provocando la mejoría general en las personas.

          No todos comparten esta opinión. Se piensa que la mayoría de las enzimas que ingerimos en la alimentación es degradada en el estómago o antes, en el tubo digestivo. Así, solamente hacen efecto aquellas de acción digestiva, como la papaína de la papaya, que ayuda a las enzimas del propio organismo a degradar las proteínas de los alimentos. Se advierte que el tiempo de vida de esas enzimas en el estómago es bien corto, cerca de 10 minutos. Seguidamente, ellas son degradas por otras enzimas y asimiladas. Debe quedar claro que las enzimas de los alimentos no estimulan la producción de las del organismo.

          Aun así, vale la pena saber que algunos alimentos son ricos en enzimas y si no se producen los maravillosos efectos que prometen muchos naturópatas, poseen indiscutibles cualidades nutritivas. Estos son: yogur, suero de leche y de manteca y zumo de col fermentada. Hay frutas consideradas como fuentes de enzimas, según se detalla:

          Aguacate:   Contiene enzimas que permiten el aprovechamiento de ácidos grasos esenciales (linoléico), útil para mantener las venas y arterias lubrificadas y, por tanto, flexibles. Esas enzimas utilizarían los ácidos grasos esenciales para disminuir el nivel de colesterol en la sangre.

          Mango:       Las enzimas de esta fruta, especialmente la papaína, ayuda en problemas de gastritis, dispepsia e indigestión. Las enzimas atacan y destruyen los tejidos muertos y las membranas en descomposición del tubo digestivo, limpiando los intestinos y eliminando la materia muerta acumulada. Además, auxilian en la asimilación de los alimentos en general y, particularmente, en la digestión de la carne.

          Melón:         Posee en alto grado fructuosa, aprovechada a través de una serie de enzimas específicas producidas por el propio organismo. Además, las enzimas del melón tienen funciones hematogénicas, facilitando la depuración y circulación de la sangre.

          Ananás:      Algunas de sus enzimas alivian inflamaciones e hinchazones provenientes de contusiones o molestias, como la artritis reumatoide. La más conocida (bromelina), degrada proteínas, presentando por eso propiedades digestivas.

          Ciertos nutrientes ayudan a las enzimas del organismo a permanecer activas. La amilase, encontrada en la boca, solamente funciona ante la presencia de ciertos minerales. Las enzimas intestinales necesitan de la vitamina B-2, para agregarse a las proteínas. La presencia de la vitamina C, oxigena la mayor parte de las enzimas, haciéndolas más actuantes; las del conducto digestivo mejoran ante la presencia de la vitamina B-1. Y, como se sabe, la mejor manera de garantizar el consumo adecuado de vitaminas y sales minerales, es tener una dieta rica y variada.

          Ahora, atención: las enzimas son fácilmente degradables. Temperaturas superiores a los 50º, así como los conservantes, acaban con ellas. De otro lado, fruta madurada en el propio árbol tienen siempre un contenido alto de enzimas. Por tanto, siempre que sea posible, se debe consumir frutas frescas.

          Aunque la alimentación y el propio organismo suministran las enzimas necesarias para una buena salud, hay personas que presentan deficiencias en sus sitemas enzimáticos. Individuos con enfermedades crónicas de páncreas o estómago, necesitan de medicamentos conteniendo enzimas para auxiliar el proceso digestivo. Aun así, estos productos son menos eficientes que las enzimas propias del cuerpo.

          Las enzimas utilizadas en medicamentos, pueden ser obtenidas de animales, vegetales y microorganismos. La mayoría de ellas son de fuente vegetal y animal, aunque la tendencia es la de ser sustituídas por fuentes microbianas. Estas últimas son análogas aunque no iguales a la de procedencia animal o vegetal, presentando resultados semejantes.

          En un punto todos los especialistas están de acuerdo: las enzimas desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la salud, y el camino pasa por una buena alimentación. Por tanto, a partir de ahora, hemos de poner enzimas en nuestros platos. El cuerpo, desde la cabeza a los pies, va a estar de acuerdo con esta decisión.

                                                           Salvador Navarro Zamorano

                                                           Especialista en Homeopatía

 

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