ALCORAC

SALVADOR NAVARRO       

 

 

                                           

Dirigida a la Escuela de:

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                    Las Palmas

                    Barcelona

                                                                                  

                                                                                   Circular nº 2 , año XII

                                                                                   Bunyola, 1º Febrero de 2.006.

VIDA DE SAN PABLO.-

El capítulo 16 de la Epístola a los Romanos consta solamente de saludos a los amigos y colaboradores de Pablo. Es sorprendente el número de auxiliares apostólicos que poseía en la capital del Imperio.

“Os recomiendo a nuestra hermana Febe, que se encuentra al servicio de la iglesia de Cencréia. Acogedla en el Señor, así como conviene a los santos. Acudidle en todas las cosas que necesite de vosotros; ella ha acudido a muchos y también a mí”.

Saludos a Priscila y Aquila, auxiliares míos en Cristo Jesús, que arriesgaron sus cabezas por mi vida, y no solamente yo, sino también todas las iglesias del gentilismo, que agradecemos. Saludos a la cristiandad que se encuentra en casa de ellos. Saludos a mi querido Epeneto, primicia que Asia dio a Cristo. Saludos a María, que tanto trabajó por vosotros. Saludos a Adrónico y Junias, patricios míos y compañeros de prisión, tan estimados de los apóstoles y ya cristianos antes que yo. Saludos a Ampiato, a quien tanto quiero en el Señor. Saludos a Urbano, nuestro compañero de trabajos en Cristo, como también a mi amigo Staquis. Saludos a Apeles, probado en Cristo. Saludos a la familia de Aristóbulo. Saludos a mi patricio Herodiao. Saludos a la familia de Narciso, que viven en el Señor. Saludos a Trifena y Trifosa, que se fatigan en el Señor. Saludos a la querida Preside, que hace tiempo trabaja para el Señor. Saludos a Rufo, elegido del Señor y a su madre, que es también la mía. Saludos a Asincrito, a Flegonte, a Hermes y Patronas, a Hermas y a otros hermanos que ahí se encuentran. Saludos a Filólogo y Julia, a Nereu y a su hermana, a Olimpiades y a todos los santos que con él se hallan. Saludos a todos vosotros en el ósculo santo. Saludos a todas las iglesias del Cristo.

Saludos a Timoteo, compañero mío de trabajos; así como a mis patricios Lucio, Jasón y Sosípatro.

También yo, Tercio, que escribí esta carta, os saludo en el Señor.

Saludos de Gaio, hospedero mío y de toda la iglesia.

Saludos de Erasto, prefecto de la ciudad y del hermano Cuarto.

La gracia de nuestro Señor Jesús el Cristo sea con todos vosotros. Amén.”

Ningún saludo a Simón Pedro, que según la tradición posterior, había sido el jefe eclesiástico en la capital del Imperio Romano y pontífice del cristianismo. Pablo no sabe de una presencia de Pedro en Roma. Si allí hubiera estado, ciertamente Pablo lo habría mencionado y, en vez de remitir a los cristianos romanos, este largo tratado cristológico, lo habría mandado informando a Pedro, el supuesto jefe de la iglesia cristiana en Roma.

Por fuentes históricas, sabemos que en los principios del año 67, fue Pedro a Roma por primera y única vez; poco después fue preso por los esbirros de Nerón, juntamente con Pablo. La tradición da como fecha de la muerte de ellos el día 29 de Junio del año 67.

Siguió para Roma el gran tratado teológico de Pablo, donde lo aguardaban tanto amigos como cooperadores. Pablo también llegaría a la capital de los Césares, pero ¿de qué manera y en qué estado?

No lo sospechaba siquiera.

Dios, sin embargo, escribe derecho en líneas torcidas.

Terminaba el invierno.

El día 5 de Marzo del año 58, se abría Roma a la navegación, entre pompas religiosas, con el navío “Isis”. La diosa Isis era la protectora egipcia de los marinos.

Pablo dejó Corinto y fue hasta el puerto de Cencreia para embarcar hacia Jerusalén para entregar a los cristianos de allí el resultado de la colecta, y después proseguir viaje con destino a Roma.

Cada vez más asume la vida de Pablo la afición a la peregrinación inestable y laboriosa por su divino Maestro. A pesar de estar disuadido y hasta retenido por los amigos, el sigue con el corazón impávido y con paso firme, al encuentro de su fatal destino: ¡tan trágico y tan glorioso!

Por motivos de prudencia, Pablo no embarcó en el puerto de Cencreia. Supo por medio de amigos que una partida de hombres perversos conspiraba contra su vida y sólo aguardaban una oportunidad para eliminarlo.

Parece que, como consecuencia de este aviso, escogió el camino terrestre por Macedonia, al mismo tiempo que sus amigos despistaban a los conspiradores pasando por Éfeso para esperar al maestro en Troade.

No era posible el plan primitivo de celebrar la Pascua en Jerusalén. Decidió el apóstol pasar esta solemnidad en Filipos, con sus amigos en la intimidad.

Desde ese momento, reaparece Lucas al lado de Pablo. La narración retoma la primera persona del plural “nosotros”. Lucas es un observador y narrador experimentado, que sabe dar color y personalidad a los menores incidentes.

Se despidió Pablo de Filipos. En el puerto de Neápolis encontró un pequeño navío de carga con destino a Troade.

“Partimos”, escribe Lucas, y parece que va en este plural todo un mundo de alegrías y sentimiento, toda la plenitud de aquella alma vibrante y tallada para estrechar una indestructible amistad con el mayor discípulo del Cristo. Se transparenta una secreta afinidad espiritual entre Pablo y su primer y mejor biógrafo. ¿Habrá cosa más bella que una sincera amistad entre dos hombres unidos por el mismo ideal, los mismos trabajos y sufrimientos?

Debido a los vientos adversos, llegaron a Triade al domingo siguiente, día 17 de Abril.

Pasaron en esta ciudad el primer día de la semana, que ya en ese tiempo era llamado el “día del Señor” (domingo), como se ve por la narración de Lucas.

Ocurrió en esta ciudad un suceso dramático, en parte cómico y en parte trágico. Lucas, que nunca desmiente su talento de “pintor” de bellos detalles, nos lo describe con una plasticidad de nitidez cinematográfica.

“Cuando el primer día de la semana estábamos reunidos a fin de partir el pan, hizo Pablo un discurso. Siendo que en el día inmediato pretendía seguir viaje, prolongó el sermón hasta media noche. Ardían numerosas lámparas en la sala superior donde estábamos reunidos. Un joven, de nombre Eutico, estaba sentado sobre el pretil de la ventana. Como Pablo alargase el discurso, el mozo se adormeció profundamente, y llevado por el sueño cayó desde la tercera planta abajo y fue levantado muerto. Pablo descendió, se arrojó sobre él, lo tomó por los brazos y dijo: “No os perturbéis: aún está con vida”. Volvió a subir, partió el pan y comió. Habló todavía largo tiempo hasta que rompió el día; seguidamente partió. Sin embargo, al joven lo trajeron vivo, sintiéndose muy consolado”.(Hechos 20: 7-12).

Pablo, sabiendo que tenía que seguir su viaje a la mañana siguiente, quiso aprovechar su corta permanencia en Triade y, después del sensacional accidente, siguió hablando, prolongando su discurso hasta romper el día. Nadie más pensó en dormir.

El navío que llevaría a los amigos de Pablo hasta Assos estaba cargando metales por la mañana.

Embarcaron los compañeros. Pablo siguió por tierra. Tal vez por el camino intentase visitar a otros amigos o sintiese necesidad de soledad, después de una noche entera de plática.

Llegaron a Mitilene.

Al día siguiente, llegaron a un verdadero paraíso de flores y perfumes: la isla de Kios.

Dos días de navegación después, avistaron los pináculos del templo de Diana en Éfeso, que evocó en el alma de Pablo cuadros llenos de luces y sombras.

El 27 de Abril, después de una rápida visita a Samos, atracaron en Mileto. Pablo envió mensajes  a fin de avisar a los presbíteros de la cristiandad vecina, porque la permanencia del apóstol sería breve y deseaba, quizá por última vez, ver a sus hijos espirituales. Y ellos comparecieron en gran número.

La despedida de Mileto forma parte de las escenas más emocionantes en los diarios de Lucas. Pablo deja que su corazón hable, como un torrente de espontánea e irreprimible elocuencia: el amor de un padre, la solicitud de un pastor, el afecto de un amigo, el presentimiento de un vidente, la melancolía de un alma humana y cristiana, todo esto llora y ríe, gime y se llena de júbilo en las palabras del apóstol, palabras que su inteligente secretario conservó para la posteridad.

“Sabéis de qué modo he andado en medio de vosotros desde el primer día que puse los pies en Asia. Serví al Señor con toda la humildad, entre lágrimas y tribulaciones, que me ocurrieron por las celadas de los judíos. No os dejaré de anunciar y enseñar todo lo que pudiese ser útil, públicamente como también de casa en casa. Conjuré a los judíos y gentiles para que se convirtiesen a Dios y creyesen en nuestro Señor Jesús.

Ahora, sin embargo, me siento irresistiblemente impelido a marchar para Jerusalén. No sé lo que allí me ocurrirá; sólo una cosa me asegura el Espíritu Santo, que de ciudad en ciudad me esperan cadenas y tribulaciones. Pero no tomo cuenta de mi vida, en tanto que termine mi carrera y cumpla con la misión que recibí del Señor Jesús, de anunciar la nueva de la gracia de Dios”. (Hechos 20: 18-25).

A estas palabras respondieron llantos y sollozos en medio de la multitud. Pablo, dominando su emoción, se dirigió a los presbíteros y jefes espirituales de Mileto, diciendo:

“Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño, sobre el cual el Espíritu Santo os ha constituido pastores para llevarlos a la iglesia de Dios, que adquirió con su sangre. Sé que después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos ladrones que abusarán del rebaño. De vuestro propio medio se levantarán hombres que con doctrinas perversas procurarán llevar a su partido a los discípulos. Por lo que habéis de vigilar y recordar que por espacio de tres años, noche y día, no ceséis de amonestar con lágrimas a cada uno de vosotros”.

Y volviendo a hablar a los fieles en general, concluyó:

“Y ahora os recomiendo a Dios y la palabra de su gracia. Él, que es poderoso para edificaros y concederos la herencia de todos los santos. A nadie pedí oro, ni plata, ni vestido; bien sabéis que estas mis manos me suministraron el sustento, tanto a mí como a mis compañeros. En todo os tengo mostrado cómo conviene trabajar y acudir a los débiles, recordando la palabra del señor Jesús que dijo: “Mayor felicidad está en dar que en recibir”. (Hechos 20: 32:35).

“Después de estas palabras  - refiere el evangelista – Pablo se puso de rodillas y oró con todos ellos”.

“Rompieron todos en llantos, lanzándose al cuello de Pablo y besándolo. Lo que más los afligía era la palabra de que no le volverían a ver. Y lo acompañaron hast el navío”.

Era a principio de Mayo cuando vientos propicios llevaban a la pequeña caravana cristiana a Rodas, “isla de las rosas”, donde, como decían los antiguos, nunca hay un día sin sol.

Sigue en la Circular de Marzo de 2006.

VOSOTROS SOIS DIOSES.-                                                         (conclusión).

La exploración del mundo de nuestra consciencia, tan poco conocida por la mayoría de las personas, es necesaria para quien quiera conocerse tal cómo realmente es, como el Yo residente en su propio mundo, usando los tres cuerpos como vehículos de su consciencia, pero sin dejarse dominar por ellos.

En efecto, la mística jornada descrita en Circulares anteriores es un ejercicio que han de practicar todos los aspirantes, hasta ser tan expertos en ella que puedan mantener sin interrupción la consciencia egoísta. Lo ideal es que, una vez alcanzado el nivel del Yo, debemos permanecer ahí y negarnos a regresar a los rutinarios caminos de la esclavitud corporal. Están los que alcanzan éxito la primera vez que practican este ejercicio; otros pueden quedar sorprendidos por alguna excitación o trastorno y recaer en la antigua actitud antes de que hayan tenido tiempo de prevenirse. En ambos casos es necesaria la práctica regular de la consciencia del Yo. En el primero para conservar lo conquistado y en el segundo para recuperar lo que estuvo a punto de perderse.

Aunque en las Circulares precedentes hayamos explicado ampliamente diferentes puntos, tal vez no comprendas bien el efectivo ejercicio espiritual. Por tanto, no estará demás repetir los principales puntos del ejercicio como un camino de prueba para los que andan en busca de la consciencia. Debemos entender que hay muchos medios de alcanzar el mismo fin, pero lo que se ha descrito se ha revelado eficaz en muchos casos y para personas de distintos temperamentos. En vez de meditación, prefiero llamarlo ejercicio, aunque toda meditación debe ser un ejercicio. Si se lleva a cabo por varias personas, convendrá que una de ellas indique en voz baja las etapas del ejercicio para que se hagan simultáneamente todos los esfuerzos. Como en toda meditación, la comodidad del cuerpo físico es más ventajosa que la violencia de algunas posturas orientales; mejor será escoger un lugar tranquilo y silencioso y al abrigo de cualquier molestia.

Si el ejercicio se hace en grupo, hay que comenzar pensando en la unidad de ese grupo, tratando de experimentar la fusión del conjunto.

Después se piensa en algo elevado. Ideal, con preferencia en un Maestro de Sabiduría, que haya alcanzado la quinta iniciación, que en la terminología hindú es llamada Asaka, aquella que no tiene nada que aprender de este mundo. Que es el Cristo, que resucitó de entre los muertos, procurando sentir amor y devoción por él.

Seguidamente, piensa en el cuerpo físico e imagina que es tu siervo en este mundo material y considéralo como si recibiese salud, vigor y vitalidad desde tu interior. Retira el centro de la consciencia del cuerpo, tanto de la parte densa como de la etérica y contempla tu cuerpo astral. Límpialo de toda emoción y deseos transitorios y manifiesta por su medio las emociones superiores. Siente amor por todas las criaturas, devoción por el Altísimo, simpatía por los que sufren y aspiraciones espirituales. Deja que estas emociones irradien constantemente de tu cuerpo astral.

Retira del cuerpo astral el centro de consciencia y contempla el cuerpo mental. Límpialo de toda imagen mental y forma de pensamiento y lo iluminas con la luz de la mente superior, de modo que esta luz irradie de todo el cuerpo mental.

Forja en tu cuerpo mental tu propia imagen, como si fuese un hombre perfecto en amor, voluntad y pensamiento y ocupa el cuerpo mental con esta imagen.

Retira del cuerpo mental el centro de la consciencia y considera que los tres cuerpos son instrumentos perfectamente controlados en poder de tu Yo. Ahora reconócete como Yo Superior, concentra en el Yo tu consciencia y sabe que eres un Yo morando en su propio mundo de júbilo y belleza. Siente el gozo de la libertad y contemplar el esplendor de tu propio mundo, conociendo es tu verdadera Patria.

Después reconoce los poderes del Yo, primero su poder de amor o unidad con todas las cosas.

Siente la unidad con el Maestro, trata de sentir que eres parte de Su consciencia.

Después, intenta sentir la unión de la Gran Fraternidad; siente aquella potente consciencia que invade el mundo entero y reconoce que todos los seres son uno solo, enteramente uno en esa Consciencia. Además, intenta sentirte unido con todo cuanto vive, con la Naturaleza entera, con toda la Humanidad. Amar a todos los seres y sentir identificada tu consciencia con la Consciencia universal.

Siente la beatitud de esta unidad y que, empujados por este amor, llegas al corazón de todas las cosas, al amor del Cristo y te sientes parte de Su Vida y Amor. Después, reconoce la voluntad del Yo en el Atma y siente que esta voluntad inunda tu consciencia como indagadora luz de irresistible poder.

Emplea la voluntad con el único propósito de alcanzar “la perfección en beneficio del mundo”, y excluye todo lo demás, llenando tu consciencia con este único propósito hasta realizarlo.

Luego, reconoce a Manas, la energía creadora del Yo. Siente esta ilimitada energía; empléala para crear la idea de perfección y la llenas con el poder creador para plasmarla.

Hecho esto, une conjuntamente los tres poderes: la voluntad para determinar el único propósito de perfección en beneficio del mundo; el amor para identificarte con el propósito y el pensamiento para crearlo y realizarlo. Persiste en esta obra.

Reconoce nuevamente que eres un Yo. Trata de ver la belleza de tu propio mundo y tu propia belleza en ese mundo y determina mantenerte en estado de consciencia, suceda lo que suceda durante el día.

Después, contempla los tres cuerpos, pero sin identificarte nuevamente con ellos. Primero, el cuerpo mental, de modo que lo ilumines con la luz de la mente superior, y crea en él tu imagen como si ya hubieses alcanzado la perfección.

Seguidamente, contempla el cuerpo emocional y manifiesta por su intermedio las emociones del Yo, el amor a todos los seres, la devoción por lo elevado, la simpatía por los que sufren y la aspiración espiritual, dejando que estas emociones irradien continuamente del cuerpo emocional.

Finalmente, contempla el cuerpo físico y considéralo como una expresión del Atma, de la voluntad, y regenéralo de modo que esté siempre sano, vigoroso y radiante de vitalidad.

Sostiene así tus tres cuerpos como perfectos canales de energía divina, de suerte que por ellos se manifiesten los poderes del Yo.

Pero siempre y en toda circunstancia reconoce que eres el Yo y mantén siempre, incesantemente, la consciencia del Yo Superior.

Por último, derrama tus bendiciones espirituales sobre el mundo que te rodea, valiendo de tus reconocidos poderes.

A la finalización del ejercicio, no retornes de repente a tu normal consciencia corporal, sino que mantienes durante todo el día tu consciencia en el Yo, centrando en ella parte de tu atención mientras estés ocupado en tus menesteres de la vida diaria                                                       F I N

 

 

LA SABIDURÍA ANTIGUA.-

Conforme dijimos en la Circular del mes de Enero, cada uno de nosotros tiene potenciales enormes todavía no liberados. Todos los planos y principios de la Naturaleza están implantados en nosotros. Todo lo que es necesario para la realización de los objetivos de largo alcance de la evolución, ya existe dentro de nosotros, oculto en algún nivel inconsciente de nuestro ser. En esta oscuridad reside una esfera de experiencia totalmente diferente de nuestra consciencia normal despierta, vívida como la luz del día. Obtenemos insinuaciones de esta vasta área inexplorada a veces en sueños significativos, otras en momentos de claridad en las meditaciones y hasta el diario vivir de un día agitado, cuando repentinamente nuestra mente, emociones, intuición y voluntad se vuelven fuertemente centradas ante una crisis. Escuchamos: “leves ecos de esas regiones internas que pueden evocar una tenue respuesta en nuestras mentes, posibilitándonos captar vislumbres aquí y allá de nuestra naturaleza trascendental”. Somos como pájaros comunes, hasta que la luz nos alcanza en el momento exacto y lucen nuestros colores brillantes y radiantes.

Notamos riquezas y complejidades de nuestra naturaleza en la discusión sobre niveles o campos en nuestro interior. Todas esas variadas cualidades y funciones humanas, reconocidas en la espiritualidad desde la antigüedad, fueron agrupadas y divididas de manera diferente en variados sistemas de pensamientos. Los cristianos tienen la triple división de espíritu, alma y cuerpo, mientras que la filosofía esotérica defiende siete divisiones. Hasta la literatura teosófica encuentra colocaciones diferentes. Todas concuerdan con respecto a las tres principales divisiones en la constitución humana, aquello que puede ser llamado la personalidad, el alma y el Yo o Atma. En la literatura teosófica, los niveles más familiares: físico, etérico, emocional, mental concreto, son considerados como aglutinándose en la personalidad, que es el ego familiar diario que ordinariamente nosotros percibimos ser. Esto fue llamado de Yo inferior, pero es tan importante y esencial como cualquier elemento espiritual. El aspecto más permanente del Yo fue llamado alma el Yo Superior o sólo Yo, el Yo que reencarna, opuesto al ego, raíz del egoísmo. Éste consiste en la mente abstracta, la intuición y el alma.

De acuerdo con las enseñanzas espirituales, el Yo Superior perdura de vida en vida y su potencial es evocado durante largo períodos a través de experiencias de las personalidades que genera. Se habla de él como “alma espiritual”. Es el hombre que fue, que es y que será. Así, la filosofía espiritual ve nuestro verdadero hogar como el nivel del alma, del cual periódicamente proyectamos los aspectos más terrenales de nosotros mismos en los mundos inferiores. Atravesamos las experiencias infinitamente variadas de la vida en muchas encarnaciones, a veces como hombres, a veces como mujeres, a veces como ricos, otras como pobres, a veces culto, otras sin habilidad, a veces cuidando de los otros y otras como débiles y menesterosos. Aquellos con quienes tenemos estrechos vínculos continúan reapareciendo en varios reracionamientos, visto que el karma nos atrae continuamente para ambientes y relaciones que son determinadas por nuestras acciones pasadas, en las cuales antiguas energías pueden ser extinguidas, mientras que otras nuevas son emitidas. Más pronto o más tarde, en cada vida, somos inevitablemente atraídos hacia aquellas situaciones y junto a otras personas que pueden abrir nuestras capacidades, desafiándonos al crecimiento y al cambio. El alma fue comparada a una joya de múltiples facetas, revelando en varias encarnaciones sus diferentes lados.

Dicen los clarividentes que, en la medida que crecemos a través de muchas vidas, el vehículo del alma en el nivel mental abstracto, a veces llamado Cuerpo Causal, aumenta de tamaño y brillo. Este es el recipiente de la esencia de todas nuestras experiencias terrenales después que fueran asimiladas y transformadas en facultades y capacidades. A partir de ese punto de vista, aquellos que reconocemos como talento no es accidental o transmitido por Dios, sino que constituye un reflejo de ese nivel del alma donde fue desarrollada y facultada por medio de una larga práctica.

Nuestra capacidad de pensamiento y sentimiento impersonales, universales, está enraizada en este nivel, conforme ya escribimos. Aquí también se encuentra aquello que podríamos pensar como siendo nuestro arquetipo individual o Idea Divina de nosotros mismos, el aroma único de aquello que somos, la fuente de nuestra individualidad inherente, nuestra especial configuración de habilidades y poderes que se desarrollarán y se volverán realizados a través del tiempo. En momentos elevados, la personalidad puede abrirse para recibir poderes e influencias de este nivel y, por cierto tiempo, el arquetipo queda integrado con el Yo consciente. A veces tocamos este poder interno cuando estamos usando nuestras capacidades de manera altruista, absorbidos en el trabajo o en pensamiento profundo o en creatividad. Ocasionalmente, sentimos el toque del alma en momentos en los cuales tenemos una sensación clara de dirección que emana de una percepción de aquello que realmente somos.

A veces, cuando estamos muy tranquilos y el deseo, juntamente con la emoción, van quedando aquietados, podemos observar la formación serena de nosotros mismos, a partir de nuestro interior. Podemos ver la forma que pretendemos tomar, el trabajo que deberíamos realizar, su función en el medio ambiente y en el esquema de las cosas. Esto es una observación profunda e inteligente de nuestra propia naturaleza y sus impulsos.

En una profundidad mayor todavía que el nivel del alma, encontramos nuestra más íntima esencia, el Atma o eterno Yo, el aspecto verdaderamente universal de nosotros mismos, nuestro punto en la base divina, jamás separado del Uno. Cuando lo combinamos con el Espíritu, como una implicación o un contacto nebuloso con el mundo manifestado, se denominada mónada, un término que a veces también abarca el Manas superior. Esa forma de clasificar esos principios superiores se sobrepone en alguna extensión, al concepto de alma. Pero el Atma o Yo permanece como aquello que es verdaderamente eterno, nuestro lugar individual en lo Divino, que genera y se expresa a través del alma, de la misma manera como el alma lo hace por medio de la personalidad.

A veces, el intenso foco del Atma penetra hasta nuestra mente consciente cuando nos centramos, tal vez, en la meditación, cuando sentimos que todas las energías y niveles en nuestro interior están en el momento en equilibrio alrededor de un centro profundo y tranquilo en el corazón. Paradojalmente, en estos momentos de de concentración, sentimos también una expansión, una unidad, un reflejo momentáneo en nosotros de la unidad del Yo con el Todo, que podemos describir con estas palabras.

“Cuando se descubre el centro profundo, se hace un contacto creativo con el Uno, se pasa por la experiencia transformadora interna, comprendemos que la consciencia es sólo una parte de un Ser mayor, el espíritu total, el Yo, cuya parte principal existe en otra esfera”.

Así, aunque normalmente nos vemos como personalidad, el aspecto más periférico del Yo, también tenemos vislumbres e intuiciones del alma y hasta del alma, nuestra esencia más profunda.

Continuará en la Circular de Marzo.

 

 

EL PROPÓSITO DE LA VIDA.-

Si buscáramos la esencia de la revelación del Maestro Jesús, atestiguada por sus palabras y obras, nos llevaría al conocimiento del amor de Dios al hombre, y ello infundiría en nuestros corazones ánimo para conocer y seguir sus caminos, dando renovado vigor a la divina ley de humana confraternidad que realzaría la condición de individuos, familias, naciones y aún del mundo entero.

Reveló Jesús en toda su incomparable belleza una nueva actitud de mente y ánimo, para que en vez de seguir las tradiciones humanas fuéramos fieles al Padre, de suerte que asumiendo su primacía la divina ley en la mente y el corazón, fuésemos también fieles a nuestros prójimos. Estos son los puntos esenciales de la revelación del Maestro, los fundamentos de su vida. A ello se encaminan todas sus enseñanzas. Creo que cuantos esfuerzos se hicieron posteriormente para alucinar a las gentes con teorías acerca de Jesús son contrarias a sus enseñanzas fundamentales.

¿Por qué son fundamentales? Un doctor de la ley, autoridad eclesiástica en aquellos tiempos, le preguntó cuál era la esencia de sus enseñanzas. La alusión fue tan indirecta, que no podemos afirmar si la pregunta tuvo por objeto confundirle como muchas veces hacía con los doctores, o si esperaba una respuesta alentadora. El doctor preguntó: “¿Maestro, cuál es el mayor mandamiento de la ley?” Jesús respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y gran mandamiento. El segundo es semejante a este. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.

Aquí tenemos una admirable afirmación de fuente autorizada. Es tan clara que ni el más insensato puede tergiversarla. Y su verdad sube de punto al compararla con esta otra declaración de Jesús: “No penséis que he venido a abrogar la ley sino a cumplirla”. No hemos de olvidar que Jesús nació, vivió y murió judío, lo mismo que sus discípulos y nunca se consideraron de otro modo. La base de su religión era la religión de Israel, la que enseñó unas veces en la sinagoga y otras en las montañas y orillas de los lagos. Procuró enseñarla en su pureza, derribando las vallas que habían levantado a su alrededor los eclesiástico de entonces, y la realzó a mayor nivel.

No se encuentra en ninguna de las declaraciones de Jesús ni el más leve indicio de que hubiera otro propósito que el de establecer la nueva ley por el cumplimiento de la antigua, lo cual hizo admirablemente respecto de Dios y del hombre.

Ni vino Jesús a abolir la ley y los profetas, sino a cumplirlas. Las palabras inspiradas por Dios a los profetas se habían petrificado en un sistema instituido por quienes no estaban inspirados por Dios. Se les enseñaba a las gentes que sólo los sacerdotes podían acercarse a Dios y ser los intermediarios entre Él y los hombres.

Las ceremonias, ritos y observancias acabaron por sofocar el espíritu religioso. Los escribas y fariseos se atribuyeron el absoluto ministerio de regular la vida espiritual y el bienestar de las gentes, como suele suceder cuando se toma por base de una institución, la libre y universal verdad predicada por algún profeta o inspirado instructor religioso.

Así ha ocurrido repetidas veces y el cristianismo es de ello un ejemplo. Sólo con la escrupulosa vigilancia se ha conservado mediante la libertad de conciencia que enaltece la moral de los pueblos. Refiriéndose Jesús a la deplorable depresión del espíritu religioso en el pueblo judí9o, lanzó contra los fariseos aquella enérgica invectiva:

“Vosotros, fariseos, limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero vuestro interior está lleno de rapiña y de maldad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Que sois como sepulcros que no se ven y los hombres que andan encima no lo saben. ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! Que cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar; pero vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas . . . “Ay de vosotros, doctores de la ley!, que habéis quitado la llave del conocimiento. No entráis vosotros y a los que entraban impedisteis”.

Nos ha de aprovechar esta lección. Siempre debe mantenerse en su más alto grado el espíritu religioso. De otro modo, la revelación y la religión de Jesús quedaría oprimida en un código con los mismos instrumentos de interpretación que establecieron los fariseos con la ley y los profetas, dando motivo a que Jesús los condenara tan agriamente y con tanta intrepidez, que acabaron por tramar su muerte.

Si Dios no estuviese en el alma humana en espera de darse a conocer al corazón creyente y amoroso y ser accesible sin sujeción a ningún código, podríamos decir que las palabras de Jesús no son verdaderas. Y para confirmarnos en la creencia de que está directamente el alma humana relacionada con Dios, no hay más que considerar las instrucciones que dio Jesús explícita e inequívocamente acerca de la oración. Es fácil sustituir lo secundario por lo fundamental, lo accidental por lo esencial y el continente por el contenido. Cuando después de la Última Cena lavó los pies a sus discípulos, quiso enseñarnos la virtud de la humildad. El lavatorio de los pies simboliza la actitud de humilde servicio al prójimo. Todo cristiano debe tener espíritu de servicio. Sin embargo, fue tal la sorpresa del discípulo Pedro al ver tal acción que exclamó: “No me lavarás jamás los pies!” Jesús repuso: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”.

En los países orientales, donde se usan sandalias de plantilla, es costumbre que el dueño de la casa ofrezca al huésped agua para lavarse los pies. No hay razón de que este simbólico acto de humilde servicio sea condición esencial para la salvación; y sin embargo, algunos lo consideran indispensable, aunque a toda persona sensata se le alcanzará que no puede serlo en modo alguno.

Esto es un ejemplo de cómo cabe tergiversar el espíritu de un hermoso acto. Porque las palabras de Jesús son muy explícitas: “Si o te lavare, no tendrás parte conmigo”. Así, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, se sentó de nuevo a la mesa y les dijo: ¿Sabéis qué os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy; pues si yo, el Maestro y Señor, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies unos a otros. Porque ejemplo os he dado para que como yo os he hecho, vosotros también lo hagáis. En verdad os digo: El siervo no es mayor que su señor ni el apóstol es mayor que el que le envía”. Si las hiciereis de un medio para un fin y no un fin en sí mismo. Es esencial el espíritu que entraña, pero no el acto en sí.

Lo mismo cabe aplicar a otras obras de Jesús, que varias veces reprendió a sus discípulos por dar a sus palabras y obras interpretación material. Cierta vez dijo: “Yo soy el pan de vida . . . Para que el que de él comiere no muera . . . El pan que yo daré es mi carne”. Y los judíos contendían entre sí diciendo: “¿Cómo puede éste darnos su carne a comer? Jesús afirma su declaración, diciendo: “En verdad, en verdad os digo, que si no comiereis la carne del Hijo del Hombre y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros . . . Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida . . .” Sus discípulos, inclinados a interpretar sus palabras de un modo material, se decían entre sí: “Este lenguaje es muy duro. ¿Quién puede oírlo”?  Jesús les preguntó si lo que les acababa de decir los escandalizaba, y para que no tergiversaran su real significación y por lo tanto su doctrina, dijo: “El Espíritu vivifica. La carne nada aprovecha. Las palabras que os he hablado son espíritu y son vida”. No podía por lo tanto tomarse literalmente.

Es indudable que las palabras declaradas eran la expresión del pensamiento dominante en su mente. Así dijo: “Seguidme a mí y no a quien se arrogue mi representación, y seguidme porque yo os conduzco al Padre”.

Tanta importancia daba a esto el hijo del carpintero, que fue su principal misión dar a conocer la unidad de su vida con la de su Padre. Era capaz de conocerlo y por esto dijo: “El Padre y yo somos una misma cosa”. Pudo comunicar al mundo el conocimiento de la unidad esencial de lo humano con lo divino, de que Dios habita en quienes voluntariamente abren sus corazones a su divina presencia. Fue el mediador entre Dios y el hombre. “El que me ame observará mis palabras. Y mi Padre le amará e iremos a Él y haremos nuestra morada en Él . . . Si guardáis mis mandamientos, habitaréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y habito en su amor”.

Nuestra constante negativa en escuchar y cumplir las palabras de Jesús y nuestra inclinación a suplantarlas, nos lleva a frecuentes ilusiones en la vida diaria. Nos parece que hemos de creer en Jesús y que no hemos de creer a Jesús. De esto ha derivado el divorcio entre el cristianismo y la conducta. El motivo primordial ha sido la salvación del alma, resultando de ello una religión negativa, egoísta, represiva e ineficaz. Por esto dijo Jesús: “¿Y por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo”?

Todavía no sabemos bien lo que él significaba por salvación. Cuando la conducta se justifica por el poder de Dios interno, y amamos y servimos al prójimo, entonces se salva el alma.

Un hombre puede creer en Jesús durante millones de años, y sin embargo no haber encontrado el Reino de Dios y su justicia. Pero un hombre no puede creer a Jesús, lo cual significa seguir sus doctrinas, sin hallar al mismo tiempo el Reino de Dios y gozar de sus beneficios en esta y la otra vida. Si hay algo claro en las doctrinas del Cristo, es que la vida presente determina con absoluta precisión la vida futura.

Concluye en la Circular de Marzo.                                        

                  M U Y   I N T E R E S A N T E

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                    salvador navarro zamorano

                                                           NOTA IMPORTANTE

El mes de Diciembre terminó el período de suscripción a la Circular “Alcorac”, por lo que puedes renovar la nueva suscripción para el año 2.006. Si algún suscriptor desea recibir la Circular por correo electrónico no tiene más que enviar un e-mail a mi dirección: snz2111@yahoo.es.

Si el día 1º de Enero de 2006, no tengo noticias al respecto, entenderé que no desean recibir la Circular por correo electrónico. Aquellos lectores que no tengan sus cuotas al día dejarán de recibirla por interpretar ha dejado de interesarles.

 

                                                   OTRAS NOTICIAS

ISLAS CANARIAS.- Este mes de Febrero visitaré Las Palmas de G.C.,  donde en la calle Padre Cueto nº 22, Teléfono 928 – 27 11 70, daré un Curso de Relajación y de Meditaciones, en horas de las 16 a las 17 y de las 20 a las 21 horas, respectivamente. Los días serán desde el 20 al 24 del mismo mes. El sábado, día 25, impartiré un Cursillo de Hipnosis práctica, desde las 9 a la 13,30 de la tarde.

Estos cursillos son mensuales.

 EN PALMA DE MALLORCA,, cada miércoles se sigue dando charlas sobre diferentes temas. El 4 de Enero, el tema fue: “¿Cómo nació la civilización que conocemos?”. El 1º de Febrero daremos conclusión a dicho tema, que por su extensión no fue posible concluir. El 8 de Febrero la conferencia tratará sobre el tema “Sobre el morir y el ser”.

Para los interesados, la dirección es: calle Jafuda Cresques nº 17 – 1º derecha. Teléfono: 971 – 75 37 19 y 971 – 61 33 92. El horario es de las 20,30 hasta las 22,30 horas.

La entrada es libre, pero se aconseja llamar antes por la poca capacidad del local.

                                    Atención: si desea suscribirse a las Circulares mensuales, así como recibir información sobre otras publicaciones,  libros, C. D.  y cintas para radio-cassette, dirigirse a:

                                                     Salvador Navarro Zamorano

                                                     Madre de Dios de la Nieve nº 8. Teléf. 971 – 61 33 92

                                                     07110 - Bunyola (Mallorca).

                                                     Antonio del P. Viera Almeida

                                                     Edificio La Lajilla. Apartamento 106. Tfno. 609 - 58 91 48

                                                     35120 - Arguineguín (Mogán) Gran Canaria.

                                                     Jesús Navarro Sánchez

                                                     Padre Cueto nº 22. Centro de Talasoterapia. Tfno. 928-27 11 70

                                                     35008. Las Palmas de Gran Canaria.

 

 

 

 

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Integración y Evolución

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