MEDICINA NATURAL

Salvador Navarro Zamorano

BUSCANDO CONSUELO

 

                  

 

                     BUSCANDO CONSUELO

A la hora de consolar a una persona que está sufriendo, lo más importante es saber escucharla, darle nuestro calor mientras llora, demostrarle afecto, más que darle grandes consejos.

Si al salir del trabajo encuentras un amigo que acaba de ser despedido de su empleo, o una vecina que te cuenta entre lágrimas que ha decidido separarse de su marido, o una madre desengañada de su familia, la primera reacción es intentar mostrar a tal persona lo que tú harías en su lugar; la frase “eso ya me ha ocurrido a mí”, también se acostumbra decir. Pero, no hay en la vida dos situaciones iguales. Además, se trata de una forma de retirar del centro de la escena a la persona que necesita de tu atención.

Primero, déjala hablar y cuenta después tu experiencia, señalando que aquella fue la manera que te enfrentaste al problema y no la receta para que la otra persona la aplique. En ese tipo de diálogo lo mejor es comportarse como un músico que acompaña a un solista: entregarle la dirección y seguirle muy de cerca, pautando sus respuestas según ellas vayan saliendo naturalmente..

Claro que no se trata de una tarea fácil. En general, nos angustiamos con la pregunta: ¿cómo puedo disminuir el sufrimiento de esta persona? Sin embargo, la interrogación es incorrecta. Sería mejor preguntar, ¿puedo ayudarle a liberar ese sentimiento de culpa?

Un camino es tener una sensibilidad que concuerde con la del otro o la manera de ser del otro. La persona activa, enérgica, ciertamente se sentirá mejor conversando durante un paseo; una persona habladora, se desahogará contando lo que le aflige, bastando sólo no ser interrumpido o desviándose del asunto que lo apena.

Recuerdo que, cierta vez, visité a un amigo que acababa de perder a una persona muy querida. En vez de entrar inmediatamente en el asunto, nos sentamos, escuchamos algo de música clásica (los dos somos aficionados a este tipo de música), luego estuvimos observando al hijo de mi amigo cómo jugaba con sus juguetes. Cuando finalmente comenzamos a hablar sobre la muerte de la persona querida, mi amigo estaba calmo, pues había hecho cosas que habitualmente lo tranquilizaba.

No solamente son las palabras las que confortan a alguien que sufre. Un toque, a veces, tiene más fuerza que una frase. Un abrazo, incluso un apretón de mano, mientras no se invada la privacidad del otro, puede funcionar como verdadera inyección de ánimo.

El contacto visual es también una de las eficaces maneras de crear la deseada atmósfera de confianza y calor humano. La mirada puede demostrar el interés de lo que la persona quiere decir.

Cerrar los ojos cuando se escucha y nos desviarlos, demuestra la atención en lo que se está diciendo. Y no hay que preocuparse en dar respuestas rápidas para evitar pausas incómodas. En nuestra cultura occidental, una interrupción de pocos segundos en el diálogo, parece ser una eternidad. De inmediato se crea una situación de incomodidad.

En la mayoría de los casos, en diálogos de ese tipo, desgraciadamente no hay respuestas que dar; y, con las prisas, es fácil decir palabras incoherentes. No tenemos que planear una respuesta mientras el otro habla. Puedes dejar de prestar atención y perder el hilo de la conversación, dejando escapar los puntos clave de una buena respuesta.

Aunque no encuentres una frase adecuada para el momento no te preocupes ni imagines que le has fallado al amigo. Di simplemente: “No he pasado por una situación parecida y por eso no sé qué decirte”. Demuestras así, que estás de su lado, que escuchas sus angustias, te preocupas y, antes que ninguna otra cosa, usa la sinceridad: “El amigo sabe que comparto esos sentimientos” y eso hará se sienta mejor.

Otro consejo es nunca limitarse a escuchar, sin hacer gestos de reacción, porque si no dices nada, luego el silencio puede ser pesado. La persona que está en una difícil situación puede imaginar que no te importa lo que le está ocurriendo o que te fastidia escucharla. Haz algún gesto, tócala, dile que deseas ayudar. En tus intervenciones, exprésate con afecto. Llama al otro por su nombre, cariñosamente, utiliza formas de tratamiento que rompan barreras. Y limita tus respuestas al mínimo necesario. El objetivo es establecer un diálogo, no hacer un discurso.

Y, por último, evitar dar consejos. En verdad no hay respuestas preparadas para los problemas más profundos de la vida. Cuando nos vemos en estas circunstancias, nuestro papel no es ofrecer fórmulas acabadas o decir las palabras perfectas, sino ayudar a que nuestro amigo encuentre su camino

                                                    Salvador Navarro Z.

                                                    Especialista en Homeopatía.

 

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