ALCORAC

SALVADOR NAVARRO                            h

 

 

Dirigida a las Escuelas de:

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                                                                                   Circular nº 4 , año VIII

                                                                                   Llubí, 1º Abril de 2.002..

 

          La substancia extensa y la substancia sin extensión.-

          Descartes no se limitó a analizar el acto cognoscitivo; como matemático y estudioso de la física que era, también se ocupó vivamente del mundo externo. Y llegó a la conclusión de que el mundo objetivo está compuesto de dos substancias básicas, una de las cuales es extensa, y la otra sin extensión.

          No era llegado todavía el tiempo en que el hombre pensante percibiese claramente que, en la raíz de esa aparente dualidad, extensa y sin extensión, estaba la gran unidad, de la cual esas dos “substancias” no son sino manifestaciones o modalidades perceptibles. Descartes, educado en el espíritu dualista de la filosofía medieval, en el colegio de los jesuítas de La Flêche, no consiguió liberarse plenamente de esa tara, que hasta nuestros días perdura en la escolástica de la Edad Media, sobre todo en la filosofía tomista, basada en conceptos aritostélicos. Solamente ahora, en la alborada de la era atómica estamos llegando a la conclusión definitiva de que, en la base de todas las cosas extensas o tridimensionales (materia) está lo ilimitado, lo no-dimensional (energía); que la llamada “materia” no es una nueva substancia, sino un modo-de-ser de la energía, siendo ella de baja frecuencia, o sea, no conocida, “energía congelada”. Hoy sabemos  que los 92 elementos de la química no son, en último análisis, 92 substancias diferentes, sino una única realidad física, que la ciencia llama “luz”, expresada por la letra “c”.

          La palabra del Génesis de que, en el principio, Dios creó la luz (no las luces como el Sol, la Luna, las estrellas, sino la luz universal, cósmica) encuentra en la física nuclear de nuestros días la más brillante confirmación. Dice la ciencia nuclear que la luz es la madre cósmica de todas las cosas que están en el plano físico.

          Leibniz, dudando de la dualidad cartesiana, comenzó a sospechar de esa unidad esencial del cosmos, subyacente a todas las cosas visibles. Su “mónada” es el átomo de Demócrito traducido en términos de dinámica, sustituyendo a la estática del filósofo o la substancia extensa de Descartes.

          La verdadera filosofía va siempre desde la pluraridad a través de la dualidad, hasta culminar en la unidad.

          Descartes, sin embargo, considera la materia extensa y la energía sin límites como dos realidades paralelas, yuxtapuestas, no intercambiables; y de esta concepción nació la invencible dificultad que encontró en conciliar esas dos substancias dispares del universo.

          Comprendió nítidamente que el movimiento no puede resistir en la materia extensa, porque ello supone fuerza y, como tal, algo sin límites. Materia es “cantidad” y fuerza es “cualidad”.

          En los tiempos antiguos, Aritósteles había usado la célebre ilustración sacada de la rueda giratoria, mostrando que cuanto mayor es el movimiento extensivo camino a la superficie tanto menor es la fuerza intensiva; y cuanto más crece esta, camino del centro intensivo, más decrece aquella. En el centro dinámico del eje, el movimiento extensivo sería mínimo o nulo, y la fuerza máxima o absoluta. El máximo de energía equivale al mínimo de movimiento. Energía es intensidad cualitativa, movimiento es extensión cuantitativa.

          Ahora, siendo que, según Descartes, no sólo el mundo externo, sino también el hombre, ese microcosmos, está compuesto de substancia externa (cuerpo) y de sustancia interna (alma), no es posible que esta actúe sobre aquella y viceversa. Mientras tanto, la experiencia cotidiana muestra una constante inter-relación e interdependencia entre cuerpo y alma. ¿Cómo explicar este fenómeno?

          Frente a ese misterio, una parte de los discípulos de Descartes (los ocasionalistas) concibieron la idea extraña de que Dios, por ocasión (de ahí el nombre) de un movimiento del cuerpo, produce en el alma un movimiento correspondiente y viceversa, sin que ninguna dependencia exista entre los dos.

          El psicoanálisis y ciencias afines serían imposible si, de hecho, no hubiese inter-relación constante entre cuerpo y alma, si el hombre no fuese un todo orgánico y unitario, sino dos mitades mecánicamente interpuestas y ajenas la una a la otra.

          Felizmente, no duró mucho tiempo esa concepción dualista del mundo y del hombre. El indivíduo, cuanto más piensa, más se convence de que pluraridad y dualidad, son fenómenos existenciales, aparentes, mientras que la unidad es una realidad esencial, verdadera; sabe también que duración (tiempo) y dimensión (espacio), no son realidades objetivas, originales, sino modalidades subjetivas, derivadas, categorías perceptivas inherentes a nuestro proceso cognoscitivo sensitivo e intelectual.

          Así como el Algo fenomenal vino de la Nada fenomenal, que es al mismo tiempo el Todo Unidad; así como los diferentes colores del espectro solar nacen de lo incoloro; así se originan todos los fenómenos extensos de un substrato sin extensión. Duración y dimensión son imperfecciones, efectos; eternidad e infinito son perfecciones, causa.

          Para que el hombre llegase, finalmente, a esa conclusión, tuvo que recorrer varias etapas de errores e ilusiones; pero también esos zigs-zags son relativamente necesarios para la consecución firme y consciente de la Verdad.

Benedicto Spinoza (1.632 – 1.677)

          En 1.882 fue inaugurado en La Haya, donde Spinoza vivió algún tiempo, un monumento en memoria del gran filósofo. Para costear la obra, llegaron contribuciones espontáneas de todas las partes del mundo. Nunca ningún monumento tuvo más grande pedestal de amor que éste. De verdadero y sincero amor, y no de entusiasta admiración. Un profesor tiene alumnos, pero un maestro tiene discípulos, y el solitario pensador de una obscura pensión de Amsterdam, que vivió unos 44 años, dejó millares de ardientes discípulos, que se han multiplicado a través de los siglos, porque muchos encuentran su propio Yo en las páginas de ese “divino herético”.

          En ocasión de la inauguración del referido monumento Ernesto Renán pronunció el discurso oficial, terminando del modo siguiente:

          “Maldición sobre el transeúnte que insulta esta suave cabeza pensativa. Será castigado como todas las almas vulgares lo son, por su propia vulgaridad y por la incapacidad de conocer lo que es divino. Este hombre, desde su bloque de granito, apuntará hacia todos los caminos de la bienaventuranza encontrados por él; y por todos los tiempos, el hombre culto que por aquí pasara, dirá en su corazón: “¡Este es el hombre que tuvo la más profunda visión de Dios!”

          Benedicto Spinoza, hijo de judíos portugueses que, huyendo de la persecución católica, fijaran residencia en Amsterdam, donde el pequeño “Benito” nació y educó, es un ejemplo vivo de que una verdadera filosofía es al mismo tiempo una “religión” auténtica y una “ética” eficiente. Se ha dicho que la filosofía no ofrece base sólida para una vida profundamente espiritual y dignamente humana, porque es simple teoría y especulación; y esto es exacto tratándose de cualquier sistema filosófico que no vaya más allá del estrecho ámbito de las especulaciones meramente intelectuales y analíticas, porque esa especie de ideas que apenas pasan por la cabeza, sin encarnarse en la vida del hombre, no ejercen influencia real y duradera sobre la vida humana; son una especie de juegos filosóficos o de deporte científico con los que alguien maquilla su existencia y que positivamente le suministran agradables horas de entretenimiento intelectual; pero, en lances críticos y decisivos, no resisten al embate de los reveses de la vida real. Blas Pascal, por ejemplo, contemporáneo de Spinoza, considera la filosofía a través de este prisma puramente intelectual y humano, cuando dice que “el corazón tiene razones de las que la razón (inteligencia) nada sabe”. Para Spinoza, sin embargo, no existe esa división entre las “razones del corazón” y las “razones de la razón”. Para él, debido a su profunda experiencia de la suprema Realidad, Dios es tanto la Razón (el eterno Logos) como también el Corazón (el Amor). Concordaría plenamente con la frase lapidaria de Alberto Schweitzer, en nuestros días, cuando dice: “El Amor es la culminación de la Razón”. Claro está que, en la base de la pirámide, esas líneas están distantes la una de la otra, pudiendo hasta correr en sentido contrario, como la línea del Norte va en sentido contrario de la del Sur, pero en la cúspide de la pirámide todas esas líneas se funden en una sola, un único punto sin dimensiones. El hombre sin experiencia, que conoce las cosas por el oir decir, o por un proceso meramente analítico-intelectual, considera la racionalidad como contraria a la mística, la filosofía enemiga de la religión; pero todo hombre de experiencia profunda es un “racionalista” místico o un místico racional; es un “filósofo religioso” o un hombre religioso filosófico. Dios no es sólo el Infinito Amor, sino también la Razón eterna. Y la más deslumbrante encarnación de Dios, es el Cristo, la cima de la Razón y del Amor, el “Logos (Verbo) que se hizo carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y verdad”.

          Sócrates, guiado por la luz de una filosofía espiritual profundamente vivida, se enfrenta a la muerte con absoluta serenidad. Plotino, el pagano de la escuela neoplatónica de Alejandría y Roma, recibe de sus discípulos y amigos riquísimos regalos, pero los deja todos en beneficio de los niños pobres y lisiados y sigue viviendo la vida más simple de los hombres, desapegado tanto de bienes materiales como también de honores y glorias, que le prodigaron en gran abundancia; Spinoza, el mayor de los judíos de los tiempos modernos, eje entre Moisés y Einstein, el hombre de la ética y de la física, excomulgado, abandonado, odiado, no guarda rencor a nadie, trata con invariable benevolencia a todos, declina cualquier oferta lucrativa y sigue ganando su sustento en la humildad de una pensión de Amsterdam, puliendo con sus manos lentes para instrumentos ópticos y muere con la tranquilidad de quien duerme tranquilamente.

          Lo que es esencial es que se viva la Verdad y no solamente ser estudiada. La Verdad es una sola, sea religiosa o filosófica. Pero quien no vive la Verdad, en cualquiera de sus aspectos, no siente la fuerza mágica de la libertad, como decía Jesús. La Verdad cuando se estudia se llama así literalmente, pero cuando es vivida se llama Amor. El Amor es la culminación de la Verdad o de la Razón. “Si permaneciéreis en mi amor, permanecereis en la verdad”.

          El mal de la humanidad está en poseer una “filosofía estudiada y una religión creída”. La salvación está en “vivir la filosofía y la religión”, que es la misma cosa. Pero, frente la incesante y acelerada racionalización de la humanidad, sobre todo en esta Era Atómica, es inevitable que la religión vaya asumiendo cada vez más el color de la filosofía y menos dogmas esclesiásticos. Los tres hombres de más evidencia en el pasado siglo XX, fueron Gandhi en Oriente y Einstein o Schweitzer en Occidente, entre los que se combinan admirablemente la más profunda mística revelada en la más vasta ética, así como una verdadera pasión filosófica aliada a una maravillosa dinámica realizadora en el terreno social y filantrópico, en el África Ecuatorial Francesa. En Einstein, el legislador de la Era Atómica, tenemos el más bello consorcio entre la ciencia física, la filosofía y la religión.

          En este último siglo pasado del segundo milenio después de Cristo agonizan cada vez más las religiones puramente “creídas” y teológicamente estudiadas, y comienza a despertar la Religión vivida y filosóficamente comprendida. El hombre está cansado y desilusionado por estudiar bellas teorías y creer rígidos dogmas sobre Dios; el hombre está ansioso, hambriento, por una experiencia personal de Dios, quiere entrar en contacto directo con Dios; el hombre, por lo menos el hombre-élite, dejó de ser niño y se ha transformado en un adulto, y quiere una ciencia exacta sobre Dios, quiere experimentar y vivir a Dios.

          Lo más funesto que Iglesias y Sinagogas pueden hacer es no atender a ese legítimo deseo de sus fieles; se les prohibe entrar en contacto directo con Dios; se excomulga o se anematiza a renegados y ateos, cuando van sinceramente en busca de Dios, aunque por nuevos caminos, no pautados ni aprobados por las sociedades religiosas oficiales. En todos los tiempos, los sacerdotes “persiguieron a los profetas”; pero los profetas son los veraderos anunciadores y vehículos del progreso espiritual de la humanidad. Si nunca nadie osara decir sino lo que ha sido dicho, no sería posible ninguna evolución superior de la humanidad, seríamos un tristísimo museo de momias y fósiles inertes, en vez de ser un espléndido jardín de plantas vivas y vigorosas en pleno crecimiento.

          En el primer siglo de la Era Cristiana crucificó la Sinagoga de Jerusalen al mayor de sus hijos, porque ellos tenían “una Ley y según ella debía morir”, la ley del estancamiento espiritual, del dogma rígido e intolerante.

          En el siglo XVII, los sacerdotes de la Sinagoga de Amsterdan, excomulgaron al mayor de sus hijos de aquel tiempo, en nombre de la misma ley. Pero los excomulgadores desaparecieron en el anonimato de la Historia, mientras que el excomulgado sigue vivo a través de los siglos.

          Las grandes ideas pueden ser excomulgadas, quemadas, crucificadas, muertas y sepultadas, pero ellas resucitan para la inmortalidad. El tiempo es la mejor prueba de la verdad de una idea.

          ¿Cuál es la razón por la que la Sinagoga de Amsterdan excomulgó a Spinoza? ¿Y cuál la razón porque, a pesar de esa maldición, todos los hombres espirituales capaces de pensar lógicamente lo admiran y aman, desde hace más de tres siglos?

Continuará . . .


POEMAS DE KABIR

(Viene de la Circular anterior)

    

      El verdadero Maestro no es un técnico, sino alguien muy simple, pues no hay técnicas para llegar hasta Dios, porque Él no está en ningún lugar, ni es el final de una técnica. Dios siempre está disponible para ti. Tú estás en Dios.  Necesitas un poco más de atención.

          Algunas veces estás muy despierto, pero también lo haces inconscientemente. Estás conduciendo un automóvil; de repente, ves que un autobús está viniendo de frente y el conductor está loco o borracho. No tienes posibilidad de evitar el choque. En ese momento estás muy alerta, pero en un estado inconsciente. No sabes lo despierto que estás.

          En algunas situaciones peligrosas estás muy atento. Un Maestro te enseña como estarlo, pero siendo consciente de que lo estás. Te enseña una atención consciente. ¿Atención consciente? Piensas que consciencia significa atención y viceversa. Pero no es así. Si alguien te apunta con una pistola y va a disparar, estarás atento pero no consciente. El pensamiento se detiene. Todo es tan inesperado, que no consigues entender qué es lo que está sucediendo ante una muerte tan próxima. En ese momento tu mente se para, enmudece. Pero es una atención inconsciente.

          Si andas por la calle, lo haces inconscientemente. Puedes disponerte a estar atento de tu caminar, escuchar atentamente, prepararte para estar consciente, caminar con atención, y de repente sentir algo especial que te invade. Unos segundos de atención y tus puertas se abren. Dios entra, como si hubiese estado esperando ahí, golpeando en tu puerta. Pero tú estás tan preocupado . . .

          Dice Kabir:

          “Aquél que enseña la manera simple de llegar hasta Él . . .”

          Las personas que enseñan maneras complejas, están demostrando que no conocen a Dios, porque Él no necesita de habilidades. Pero los que enseñan de esta manera tienen una razón para hacer eso: así te pueden decir que no estás haciendo las cosas correctamente y, entonces, ¿cómo puedes llegar a alguna parte?

          Khalil Gibran tiene una historia para esto:

          “Un hombre acostumbraba ir de una ciudad a otra. Era un gran profesor y siempre predicaba a la gente: “Síganme, y les mostraré el camino hacia Dios”. Pero las personas estaban muy atareadas; tenían muchas cosas que hacer, y le respondían: “Nosotros te respetamos y algún día te seguiremos, pero ahora no es fácil seguirte”.

          Nadie está preparado en este momento, por eso existen tantos falsos maestros. San Agustín, en sus “Confesiones” dice: “Yo acostumbraba rezar a Dios cuando era joven, diciendo: “Sálvame, pero no ahora; sálvame, pero no ahora”, porque yo me estaba divirtiendo con tantas cosas y quería aprovechar todo lo que fuese posible. Por eso, lo que pedía no era para ser atendido inmediatamente. Rezaba porque aquello tenía que decirlo formalmente, pero siempre añadía: “Sálvame Señor, pero no ahora.”

          “Entonces, el predicador iba de ciudad en ciudad. Estaba satisfecho porque nadie lo seguía y él no tenía problemas. Pero, cierta vez, un loco le dijo: “Está bien, te acompaño” . El predicador quedó confuso, pero como era un hombre muy ladino, dijo: “Ven”. Y le dio unos métodos muy complejos, que era casi imposible practicarlos. Pero el hombre realmente estaba loco. Hizo exactamente todo lo que el profesor le dijo, de tal manera que no tenía fallo alguno. El profesor pensaba que, más tarde o temprano, él se cansaría.

          Pasó un año, pasaron dos, y el discípulo preguntaba: “¿Cuándo? Y ahora ¿qué tengo que hacer?” Hasta el profesor estaba con miedo: no sabía que más decirle para que el otro lo hiciera.

          Pasaron seis años y un día el discípulo dijo: “¿Cuánto tiempo me falta? Estoy preparado para hacer cualquier cosa, pero tú ya no me das nada”. Y dijo el profesor: “Escucha. La verdad es que, contigo, perdí mi propio camino . . . Ten misericordia de mí y déjame”.

          Se han inventado métodos complicados por personas astutas. Primero, porque nadie está preparado para practicarlos; entonces, el falso maestro puede seguir viviendo, porque sus técnicas no van a ser puestas en experimentación. Segundo, si alguien lo intenta, siempre se podrá decir que no las hace correctamente, porque son muy complejas. Así, tú no podrás confiar en ti mismo, y siempre tendrás miedo de que algo te haya salido mal. Pero, un verdadero Maestro, te da técnicas simples.

          “Aquél que enseña la manera simple de llegar a Él,

          que no son los ritos ni las ceremonias . . .”

          Él nunca enseña rituales ni ceremonias. Te puede enseñar el amor y la alegría, pero nunca ceremonias. La celebración es del corazón, las ceremonias son rituales de la mente.

          “Aquel que no te hace cerrar las puertas, contener la respiración,

          y renunciar al mundo . . .”

          El verdadero Maestro está totalmente a favor del mundo, porque es una manifestación de Dios. Este mundo está lleno de Dios. Cada roca, cada árbol, cada pájaro y todo lo que existe, está rebosando de Dios . . . ¿ A dónde ir? ¿Y, para qué? ¿Renunciar a quién? ¿Cómo se puede renunciar? Porque donde quiera que estés, tú estás en Dios, y donde quiera que estés, estás en este mundo . . . pues no hay otro.

          “Aquél que no te hace cerrar las puertas, contener la respiración

          y renunciar al mundo:

          Aquél que te hace percibir el Espíritu Supremo

          donde quiera que la mente se extienda . . .

          Repara en la belleza de este verso. Kabir dice:

          “Aquél que te hace percibir el Espíritu Supremo

          donde quiera que la mente se extienda . . .

          Él dice: “No te preocupes. Donde quiera que tu mente se siente apegada, no temas: vete hasta el fondo e intenta encontrar a Dios allí . . . y lo hallarás”. Ama a una mujer, pues no necesitas escapar de ella: mira profundamente en sus ojos . . . y encontrarás a Dios en ellos. Si amas a tu hijo, mira sus ojos, coloca tu oído sobre su corazón y escucha profundamente . . . y allí encontrarás a Dios.

          Kabir dice: Incondicionalmente, donde quiera que la mente se extienda, percibe al Ser Supremo.

          Donde quiera que deposites tu amor, no hay necesidad de huir ni de renunciar. Deja que tu amor sea tu oración.

          “Aquél que te enseña a quedar silencioso en medio de todas tus actividades.

          Eternamente bañado en la gracia, sin miedo de tu mente,

          él mantiene el espíritu de unión en medio de todas las diversiones”.

          Y Kabir dice: No huyas de las diversiones; recuerda que ellas son regalos. No escapes de las actividades mundanas; permanece quieto y silencioso en medio de ellas, queda pasivo. Anda entre la multitud, pero permanece solo. El punto importante es estar solo, y no ser un solitario. Puedes estar solo en medio de la multitud y estar en una multitud aunque estés sentado dentro de una gruta en una montaña. Todo depende de tu mente. Por eso, el cambio tiene que ser interior, no externo.

          “La morada infinita del Ser infinito está en todas partes:

          en la tierra, en el agua, en el cielo, en el aire .;

          Tan firme como el trueno, el lugar de aquél que busca

          está colocado sobre el vacío.

          Él, que está dentro y fuera: Lo veo y a nadie más.”

          Tienes apenas que volverte vacío de ti mismo. Vacíate, transfórmate en un vacío . . . y serás el lugar, la morada, el templo.

          “¡Oh, hermano!: cuando fui descuidado y desatento,

          mi verdadero Gurú me mostró el Camino.

          Entonces, abandoné todos los ritos y las ceremonias . . .”

          Cuando encuentras al Maestro, ¿de qué sirven los ritos y las ceremonias? Cuando encuentras un Maestro vivo, ¿de qué sirven las Escrituras y las tradiciones? Cuando encuentres tu Maestro . . .

          “. . . abandoné todos los ritos y las ceremonias.

          No me bañé más en las aguas sagradas:

          Entonces aprendí que yo estaba loco,

          y todo el mundo a mi alrededor estaba sano;

          y yo perturbé a aquellas personas sabias.”

          Esa debió ser su experiencia y puede ser la tuya. La gente pensará que estás loco.

          Y Kabir dice: Desde que abandoné las cosas estúpidas, no me baño más en el río sagrado Ganges, no he vuelto más al templo y no hago ningún ritual; las personas piensan que he enloquecido. Siempre que estás en contacto con un Maestro, el mundo pensará que te has vuelto loco. Las personas sanas son sabias. Su sabiduría nunca los ha llevado a ningún lugar; su sanidad no les dio un vislumbre de bienaventuranza, esa es su miseria, una sabiduría que es una estupidez, pero aún así piensan que son sabias. Si realmente lo fuesen deberían ser bienaventuradas, demostrarían creatividad, inteligencia. Pero ellas nunca han demostrado nada.

          Las personas que están en contacto con un Maestro, iluminadas por su ser, parecen locas. Siempre fue así y siempre lo será. Por eso, cuando te dicen que estás loco, no te preocupes. Lo mismo pensaban de Kabir.

          “Entonces aprendí que sólo yo estaba loco,

          y todo el mundo, a mi alrededor, estaba sano;

          y perturbé a aquellas personas sabias.

          Desde este tiempo no supe más como rodar

          por el suelo, en señal de obediencia:

          No volví a tocar las campanas del templo:

          no coloqué más la imagen en su trono;

          no volví a adorar la imagen con flores.

          No son las prácticas de la mortificación de la carne

          las que agradan al Señor”.

          Y Kabir declara: Si te mortificas a ti mismo, serás un ser pervertido, y Dios no será feliz contigo. Si te torturas, eres un masoquista. Dios es feliz cuando tú lo eres. Él se alegra con tu alegría . . . pues está escondido en tu ser más profundo. Cuando te castigas, estás castigando a Dios, ¿cómo Él puede ser feliz? Cuando te castigas, las personas te miran con admiración, ignorando que eres un ser pervertido, loco, torturando a Dios dentro de ti.

          “No son las prácticas de la mortificación de la carne

          las que agradan al Señor.

          Cuando te despojas de tus ropas y maltratas tu cuerpo,

          no estás agradando a Dios . . .

          Escucha bien estas frases de rebeldía. No agradamos a Dios cuando destruimos nuestro cuerpo; al contrario, está satisfecho cuando nuestra sensibilidad alcanza una altura determinada. Cuando puedes ver más belleza en el mundo, escuchar más música, cuando puedes amar más profundamente y estar más vivo, Él es feliz.

          “Cuando te despojas de tus ropas y maltratas tu cuerpo,

          no estás agradando a Dios.

          El hombre que es generoso y actúa con probidad,

          que permanece pasivo en medio de las cosas del mundo,

          que considera todas las criaturas de la tierra como sí mismo,

          ese hombre alcanza el Ser Inmortal; el verdadero Dios está siempre con él.

          Kabir dice: “Él alcanza el verdadero Nombre cuyas palabras son puras,

          y está libre del orgullo y la vanidad”.

          Aquél que es generoso consigo mismo y con los otros, que se ama a sí mismo y a los demás . . . Le enseñaron: “Nunca te ames a ti mismo” Y también: “Nunca seas generoso contigo mismo”. No hemos sido enseñados para perdonar, y sí a torturarnos: eres honrado en la misma proporción que te torturas. Si quieres ser considerado por los demás, tienes que transformarte en un masoquista. Si eres feliz, alegre, tienes buen humor, disfrutas de tu persona, ¿quién te irá a venerar? ¿Quién venera a un hombre feliz y contento consigo mismo? Todos adoran y respetan a las personas serias, sombrías, estúpidas, iracundas, que torturan a los demás y a sí mismos. Su única especialidad es torturarse, ser violentos consigo mismo.

          Kabir dice: Sé generoso y deja que ello  fluya a través de ti. Ámate a ti mismo, y sólo entonces podrás amar también a los otros. Cuando el amor y la sensibilidad son profundas, Dios está satisfecho.

          El punto principal es que tienes que ser un hedonista espiritual. Este es mi consejo. Existen personas espirituales, pero no son edonistas y hay edonistas que no son espirituales. Occidente es hedonista pero no espiritual: es materialista. Oriente es espiritual, pero no hedonista. Ambos están engañados. Una síntesis más alta es necesaria: hedonismo y espiritualismo. Cuando los dos se encuentren, el hombre total habrá nacido.  Ese hombre total es el hombre iluminado, el hombre sagrado.

AVISO.-   Para la última semana de Julio y primera de Agosto, se está organizando un Curso, titulado “El segundo nacimiento”, que se dará completo durante seis días. El precio es de 5.000.- Pesetas, más gastos de transportes y comida. El lugar será Gisclareny (Bagá), en Barcelona, donde se realizan habitualmente cada año. Para más información, llamar a Sefa, Teléfono 93 – 417  25  34 o a Epi Arqué, Teléfono 93 – 323 00 14. Gracias

2º AVISO.-   A partir del 8 de Abril y hasta el 13 del mismo mes, estaré en Barcelona en la dirección y teléfono habitual. Si deseas contactar conmigo, puedes llamar desde las 14 a las 23 horas.

                        Atención: si desea suscribirse a las Circulares mensuales, así como recibir información sobre otras publicaciones,  libros y cintas para radio-cassette, dirigirse a:

                                   Salvador Navarro Zamorano

                                   Bernat Coll, 9 - Tfno.971-52 24 11

                                   07430 - Llubí (Mallorca)

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